¡No hay otro pueblo más macho que el pueblo catracho!

militares en honduras

Texto: Jennifer Ávila
Fotografía: Jorge Cabrera

Todos y todas recordamos las fiestas patrias como el momento en que nos adentrábamos en el folclore hondureño y aprendíamos frases de los ilustres «Padres de la Patria». Cuando leíamos en el libro El Hondureñito la letra de aquella canción que resonaba en las aulas de clase: «No hay otro pueblo más macho, que el pueblo catracho, del cual vengo yo», y los niños y niñas hacíamos énfasis –con un zapatazo– en la palabra «macho». Este año –nos han dicho– que será diferente, porque el Gobierno quiere cambiar la narrativa de los festejos por la Independencia de Honduras renombrando las mismas como «Fiestas Cívicas Refundacionales». 

El viceministro de Educación, Edwin Hernández, trató de explicar en medios de comunicación que «como no todos marchan, algunos se movilizan, quisimos dejarlo así porque va con el plan de gobierno de la compañera Xiomara Castro. Lo de la patria es porque nos mete en el espacio del patriarcado». Hernández estaba nervioso, como entrando en un terreno minado. En otros medios de comunicación expresó que «sabemos que nuestra presidenta es una mujer, (las mujeres) tienen mucho que darnos a nivel intelectual y cultural en todas las etapas, y no es solo con sus movimientos tradicionales que vamos a presentar a nuestras muchachas y jóvenes de nuestro país». 

El Gobierno de Castro camina torpemente sobre las arenas movedizas del discurso de izquierda, revolucionario y feminista. Aun así, si esto nos sirve para discutir términos como patria, poder, nación y patriarcado, es algo positivo, hasta cierto punto. Pero «del dicho al hecho hay mucho trecho» y cuando se trata de «temas» de mujeres o población LGTBIQ –que son obligatorios si en realidad queremos desmontar el patriarcado– el Gobierno ha dejado claro que no entrará en polémicas aprobando la Píldora Anticonceptiva de Emergencia (PAE), por ejemplo, a pesar de las cifras alarmantes de violencia sexual que sufren las mujeres y niñas del país, o aprobando una ley de identidad de género que le dé más derechos a las personas LGTBIQ. 

Lo que se está cuestionando, según lo que dijo el viceministro, son «los movimientos tradicionales», que serían los bailes de las palillonas al ritmo de las bandas marciales que, poco a poco, han mezclado el popular reggaeton con las marchas de guerra. También «Los desfiles», que ahora ya no se llamarán así y que han sido por décadas un acto de exhibicionismo machista de las jovencitas que son filmadas mientras bailan punta frente a las cámaras que las recorren desde los tobillos hacia arriba. La tradición de los padres de familia, ahorrando todo el año para poder comprar en septiembre los vestidos para las reinas de las flores o los uniformes militares de sus hijos para el gran desfile. Pero ¿es algo que se puede «refundar»? ¿Cambiar de nombre a las «Fiestas Patrias» refunda esta cultura popular, militarista y machista?

Cambiar esta narrativa es inútil si no se acompaña de un proceso de reforma educativa, de crítica a «los valores patrios» y de supervisión de que todas las escuelas públicas, privadas y religiosas adopten una nueva forma de conmemorar las fiestas patrias, estudiando, analizando y debatiendo las fechas históricas del país: la independencia, la vida republicana, el concepto de Estado-nación, la historia de los golpes de Estado y el papel de las Fuerzas Armadas en medio de una fallida construcción de democracia; así como también el papel de las mujeres en la historia hondureña, las identidades diversas de la sociedad, la laicidad del Estado. Es necesaria una conmemoración que priorice los estudios cívicos y no el espectáculo que ridiculiza la identidad de toda una sociedad y que exalta los valores patriarcales por encima de todo. Una conmemoración, pero que no se convierta en el espectáculo demagógico de un Gobierno en el que el patriarca tiene el mayor protagonismo a costa de retóricas complacientes con sectores que en otros tiempos fueron críticos. 

Otro punto importante que se ha socializado por parte del nuevo Gobierno es que se reconocerán, como parte de las fiestas, las manifestaciones y demandas de la ciudadanía organizada y de los movimientos sociales que desde el golpe de Estado de 2009 han realizado marchas paralelas a los desfiles para exigir una independencia real.

¿Cómo reacciona la sociedad hondureña a estos cambios en la agenda patriótica? Hace pocos días, la Asociación de Pastores Evangélicos de Honduras publicó un comunicado –que reprodujo la mayoría de medios de comunicación de Honduras– en el que categóricamente rechazaban que los colectivos LGTBIQ participen en los «desfiles al frente de nuestros símbolos patrios»; según ellos, atentan contra la moral de la patria y de lo inculcado por Francisco Morazán y José Cecilio del Valle, «El Sabio». Este comunicado y la difusión que los medios le han dado es importante porque un poco más de la mitad de la población es de religión evangélica, la otra parte es católica, y en estos temas ambas religiones están en la misma página, sobre todo cuando de influir en decisiones políticas se trata.

No es cierto que las tradiciones son inofensivas o solamente decorativas. Encarnan valores a través de símbolos que se introducen en la mentalidad de las personas y que dan forma a sus conductas a lo largo de los años. Algunas tradiciones patrias representan y elevan hasta la sublimación rasgos lamentables de nuestra historia patria: el machismo y el militarismo. Y con ellos van los «valores» que nutren la exclusión y la intolerancia y, en su extremo, la violencia. Refundar es transformar valores, conductas y normas, no solo etiquetas. La refundación no puede limitarse a ser un diccionario de eufemismos, un diccionario con nombres política e ideológicamente correctos, pero con los mismos significados –y zapatazos– para que lo mismo persista con un nombre diferente.

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Directora de Contra Corriente Periodista, artista y documentalista. Amante del cine, la música y la literatura. Cofundadora de Contra Corriente.
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De nacionalidad nicaragüense y hondureña. Fotoperiodista con 20 años de experiencia en coberturas de contenido internacional. “El fotoperiodismo está presente en mi vida desde hace más de dos década y continúa siéndolo día tras día. “
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