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Yassmín Barrios: una jueza de riesgos

Texto de Jennifer Avila, parte del libro Hay jueces en Berlín, producido por el ERIC y Radio Progreso editado en junio de 2017.

Yassmín Barrios tiene una bicicleta abandonada. Una sentencia que dictó como jueza en 2001 le modificó la vida a esta mujer guatemalteca, reconocida en todo el mundo por ser implacable en la aplicación de justicia. Antes salía a dar paseos, ahora se conforma con una bicicleta estacionaria para recrearse. Hoy sale escoltada, en carro blindado y usa chaleco antibalas cuando se lo indican. Su trabajo la hace estar cerca de la muerte, “es en el derecho penal donde está la parte humana más visible, la de más dolor y donde se encuentran los valores esenciales de las personas”, dice con su voz dulce, esta jueza, en ésta, otra de tantas entrevistas que ha contestado.

–Me describo muy humana, sensible, eminentemente profesional, y me gusta trabajar en la justicia.

Doctora en Derecho por la Universidad Mariano Gálvez. Abogada y Notaria Pública de Guatemala, con un periodo de ejercicio de seis años. Ha sido Juez de Sentencia Penal por 20 años consecutivos y Presidenta del Tribunal primero A de Mayor Riesgo de Guatemala. Siempre le gustó hablar de la justicia, y por muchos años la inculcó en la escuela donde daba clases. Yassmín Barrios es primero, maestra de educación primaria.

De eso trabajaba cuando estudió en la universidad, en contra de sus deseos, la carrera de derecho. Barrios quería ser ingeniera, le gusta la matemática pura, es más exacta. Pero tenía que trabajar y estudiar al mismo tiempo para sostenerse y la carrera de derecho le daba esa oportunidad.

Sin embargo, esta mujer no se arrepiente de nada. Amó siempre dar clases, incluso siguió haciéndolo unos años después de graduarse de abogada, amaba a sus niños y sobretodo le alegraba saber que podía enseñar la justicia.

–La justicia es dar a cada quien lo que le corresponde. La justicia es un valor esencial dentro de una sociedad y todos estamos llamados a practicar justicia en las actividades que realizamos a diario.

Yassmín Barrios se convirtió en una jueza reconocida en todo el mundo por dictar una sentencia contra un expresidente acusado de genocidio en Guatemala. Ella ya no solamente enseña justicia, la dicta.

–Como es parte de nuestro trabajo en el organismo judicial, porque es un sistema de administración de justicia, entonces tenemos que dar un servicio a la colectividad.

Barrios dice que su trabajo es como cualquier otro. En la oficina, aunque lleve ese gran rótulo “De Mayor Riesgo”, intentan llevar una vida normal. Incluso celebran cumpleaños y se solidarizan como compañeros, cuenta riendo.

Afuera de la oficina hay dos hombres armados, son amables y no llevan uniformes. Tratan de quitarle el drama y el misterio típico que se le puede poner a una oficina con ese nombre o a un trabajo tan riesgoso como el de hacer justicia en un país violento.

Es difícil preguntar a Yassmín Barrios y esperar que diga algo que no haya dicho ya, o pensar que se le puede incomodar o molestar. Es una mujer muy serena, termina siempre con una sonrisa, es calma y la trasmite. Cuesta romper esa cortina, entrar a conocer la mujer.

–Me gusta leer, aparte de las leyes, me gusta leer novelas clásicas, leer temas de actualidad, otro tipo de literaturas diferente a los temas de abogado, aprender de otras disciplinas que creo que son importantes para la vida, –responde a la pregunta obvia de entrada–, también me gusta cantar, me gusta andar en bicicleta pero por cuestiones de trabajo no puedo salir a la calle. Hubo un tiempo en el que practiqué gimnasia, me gusta bailar aunque sea en mi propia casa.

En su oficina hay reconocimientos, premios, fotografías con personajes destacados a nivel internacional. Tiene una fotografía con Michelle Obama, ex primera dama de Estados Unidos. Ella me los muestra, dice que está muy agradecida. Le pregunto si está orgullosa, y ella dice que no le gusta ese término.

-Orgullosa en sí, yo no creo, tal vez no me gustaría la cuestión de sentirme orgullosa. Sí sentirme contenta, tranquila y satisfecha el tener vida y poder ayudar a los demás. No me gusta mucho la idea de orgullo.

Barrios fue galardonada en 2014 con el premio International Women of Courage (Mujer Internacional de Valentía) por el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América; en 2013, con el Premio Derechos Humanos por el Consejo General de la Abogacía Española y en 2015, el Programa Cívico Permanente del Banco Industrial le dio un homenaje por su trayectoria.

“Son alegrías que da el trabajo”, dice Barrios.

–Uno de mis compañeros de facultad me decía: “Yassmín, tú vas a llegar a ser juez”, pero la verdad yo nunca me lo tomé en serio. Ni siquiera pensé sobre la idea, simplemente a mis compañeras les gustaba que les explicara y sacaba, gracias a Dios, buenas notas, entonces estudiaban en mis notas diarias, sacaban fotocopias y les gustaba que les explicara si no entendían algo.

En Guatemala se estaba implementando un nuevo Código Penal, y Barrios quien estuvo trabajando en un programa de Naciones Unidas y dando asesorías después de graduarse, quería aprender más sobre el mismo. Por eso tomó la capacitación que se estaba dando para ingresar al sistema de justicia.

–Vi la prensa y me enteré que había una posición para el cargo de jueces y que las capacitaciones las estaban dando profesores internacionales de muy alta capacidad, entonces me interesó para promoverme y para tener más conocimientos en el área penal, inicialmente no era la idea quedarme.

Pero se quedó y ha hecho historia.

La sentencia que le cambió la vida

En 2001 llegó al escritorio del Tribunal A de Mayor Riesgo presidido por Yassmín Barrios, el caso de asesinato de monseñor Juan Gerardi Conedera (1998), los acusados eran los militares Byron Lima Oliva y su hijo el coronel Byron Lima Estrada. Este fue un notable avance en el sistema de justicia.

Dos años había pasado la fiscalía investigando este caso por vías erróneas debido a la implicación que tenía. Monseñor Juan Gerardi fue asesinado a golpes un día después de presentar el informe “Guatemala: nunca más”, fruto del Proyecto Interdiocesano de “Recupe­ra­ción de la Memo­ria Histórica” (REMHI) para contar lo que pasó en Guatemala durante el conflicto armado. Cuatro tomos de testimonios sobre las terribles violaciones de derechos huma­nos producidos por la represión militar.

Durante dos años la fiscalía investigaba dos hipótesis: 1. El crimen pasional 2. El ataque de un perro.

Cuando se abrió el juicio contra los Lima, se abrió un nuevo capítulo en Guatemala. Barrios asegura que este caso le modificó su vida, pero también mostró que la justicia se estaba imponiendo en su país.

Un día antes de la fecha fijada para la apertura del juicio oral sobre el asesinato del obispo Gerardi, unos desconocidos arrojaron dos granadas contra la casa de la jueza quien estaba con su madre. Barrios agradece a Dios por la vida, casi las matan ese día. Se niega a dar detalles y mencionar a su madre, ella prefiere seguir agradeciendo a Dios que aún están vivas y que eso no la detuvo. El juicio duró dos meses y medio y a pesar del peligro y las amenazas, se dio la sentencia condenatoria. Barrios tenía esperanza y el pueblo guatemalteco también.

–Todas las sentencias son importantes pero creo que la que más ha influido fue el caso Gerardi porque sufrí un ataque con granadas de fragmentación en mi casa y eso conllevó a que me custodiaran, me conllevó a la pérdida de la libertad. Antes andaba sola, manejaba mi carro, venía de un lugar a otro, pero a partir de eso me vi en la necesidad de aceptar que me cuidaran y me custodiaran. El caso llegó al tribunal donde yo estaba trabajando, como parte del trabajo normal.

A pesar que la sentencia fue anulada en 2002 por la Sala de Apelaciones por “deficiente valoración de la prueba”, la sentencia rompió con la impunidad absoluta de la élite militar tan poderosa en Guatemala, a pesar de tener siempre un poder muy arraigado al Estado. Barrios presidió ese tribunal que dictó 30 años de cárcel a un capitán y a un coronel –un hecho histórico–  por un crimen que destapaba algo más: la responsabilidad de la clase política y militar en crímenes de lesa humanidad durante el conflicto armado, o quizá algo más: que Guatemala aún no estaba en paz, producto de la impunidad.

–Por esta sentencia hubo cambios en la justicia; objetividad, transparencia, honradez de los funcionarios, de mis compañeros jueces y yo que dictamos la sentencia, es decir una nueva generación de jueces surgió.

Barrios dice que Guatemala ha demostrado que puede juzgar en sus tribunales crímenes de cualquier grado sin importar la figura que represente el acusado. Al escritorio de esta mujer siguieron llegando casos de militares implicados, por eso la han catalogado de “implacable verduga de militares” en algunos medios de comunicación, a su favor y en su contra. El caso Mack (el asesinato de una antropóloga en 1990 a manos de militares) o el caso Sepur Zarco en que militares esclavizaron sexualmente a mujeres indígenas en esa finca. O el más prominente, el caso por genocidio cometido contra el pueblo Ixil con el ex presidente Efraín Ríos Montt como supuesto culpable. También ha juzgado casos de narcotráfico, secuestros y el asesinato del trovador Facundo Cabral.

–Se dice últimamente que del año pasado para acá cambió el sistema de justicia. Posiblemente ha crecido más pero los cambios se iniciaron desde antes, se han juzgado muchísimos casos importantes.

Desde las granadas hasta ahora, las amenazas siguen y han variado. Cuenta que un día, ella andaba de compras muy tranquila, cuando llegó a su casa, sus amigas la habían estado llamando por teléfono, ella no entendía la urgencia por localizarla, le preguntaban cómo andaba vestida y si estaba bien. Mientras ella estuvo en la calle unos hombres le daban persecución para matarla. Eso le dijeron del Ministerio Público donde gracias a una intervención telefónica pudieron saber y protegerla a tiempo. En ese momento Barrios estaba conociendo un caso de una estructura criminal que luego fue condenada. La violencia y el ejercicio de la justicia son inseparables.

Cuando habla de violencia también recuerda un atentado que ocurrió en el mismo palacio de justicia. Barrios estaba en el estacionamiento llegando a su lugar de trabajo cuando comenzó un tiroteo, un recluso en juicio comenzó a disparar enfrentado con otra persona, Barrios y otros compañeros estaban allí y tuvieron que esconderse para no ser asesinados. Esa experiencia la recuerda mucho, estuvo cerca de la muerte, agradece a Dios por estar viva y dice que sin embargo, las cosas no son tan malas como antes.

Durante el juicio por genocidio, Barrios fue atacada, pero esta vez no físicamente. Fue y sigue siendo acosada, cuestionada por el hecho de ser mujer, señalada de poco profesional y de ser parcial al momento de dictar sentencia. Es tildada de incapaz de dictar una sentencia imparcial y asegura que es por eso que sus sentencias son anuladas en la Sala de Apelaciones. Esa es la violencia a la que ella ahora se enfrenta más a menudo.

El impacto de sus sentencias también le ha costado a Barrios que casi pierda sus títulos y su puesto.

Independencia judicial

–Han pasado muchos años y en diferentes momentos el sistema no ha respondido a esas demandas de justicia que tiene la sociedad, entonces quienes trabajamos como jueces estamos llamados a través de nuestro trabajo, nuestras resoluciones diarias y audiencias que tenemos a devolver esa credibilidad a la gente y que llegue a respetar nuevamente a sus jueces y autoridades y crea en el trabajo que se hace.

Es común en Centroamérica escuchar de la gente decir que no cree en el sistema de justicia, que la diosa Temis inclina su balanza según intereses de quienes tienen el poder. El poder se garantiza con impunidad y eso ocurre en el triángulo norte, una región pequeña pero sangrienta. En Guatemala, a pesar de los avances mencionados por la jueza Barrios y el funcionamiento de una Comisión Internacional contra la impunidad, aún existen altos índices de violencia y un 90% de impunidad sigue oscureciendo el panorama en este país.  A pesar de eso, Barrios es optimista.

–Yo creo que siempre se trabaja porque la credibilidad empieza por uno mismo y desde ahí trasciende hacia los demás espacios.

La población tiene derecho a saber la verdad de lo que pasó, de lo que sigue sucediendo, Barrios ha tomado esto como un llamado.

–La justicia en Guatemala pasa por muchas esferas, el mantener el Estado de derecho pasa por la emisión de resoluciones judiciales apegadas a la ley, al respeto, a los derechos humanos, a los tratados y convenciones de derechos humanos. También pasa por dar esa objetividad, esa transparencia para que las personas puedan confiar en el trabajo que se está realizando.

También ese fortalecimiento del Estado de derecho pasa por capacitación, por procesos de selección de los jueces de manera objetiva, personas preparadas en estudio del Derecho, en este caso abogados y notarios, pero también que se tenga honradez, rectitud a la hora de aplicar la ley. Entonces diría que no solamente es cuestión de dominar las leyes y el derecho, sino tener una actitud también de servicio.  Juzgar sin privilegios de ninguna naturaleza, el juez no puede ser obediente a cualquier tipo de injerencia a nivel interno o externo, sino juzgar en apego a la ley y a las pruebas que se le presenten.

Mantenernos actualizados porque la sociedad evoluciona entonces nosotros también tenemos que evolucionar al compás de esa sociedad.

Pero en la otra parte que es fundamental, la independencia, los jueces representamos la soberanía del pueblo de Guatemala porque la soberanía radica en el pueblo y el pueblo la delega en tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Cuando dictamos sentencias juramos en nombre del pueblo, de la República de Guatemala, entonces en este momento nosotros estamos ejerciendo esa soberanía, esa potestad para juzgar en nombre de ese poder, eso es importantísimo.

La justicia debe ser horizontal, asegura Barrios, todos los jueces son importantes, tanto el juez de paz como el de instancia, o un juez de sentencia como un magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Y a todos los debe poner en común su propia independencia. Y es una dualidad, ya que es su derecho ser independientes, pero también su obligación.

–Nuestras decisiones tienen que ser sumamente independientes, apegadas únicamente a la ley, a los tratados sobre derechos humanos y a las pruebas que se producen, eso significa que no podemos permitir que una persona quiera interferir el trabajo que estamos realizando; ni el Poder Ejecutivo, ni el Poder Legislativo pueden intervenir en el trabajo que realizamos los jueces porque es nuestro derecho ser independientes pero también es derecho de la ciudadanía y eso es primero.

También los propios ciudadanos están llamados a pedir que sus jueces sean independientes, tienen ese derecho a exigir. Yo creo que cada vez más los ciudadanos están despertando, tenemos una democracia incipiente pero ya existe esa capacidad de poder discernir.

Pero en Guatemala, defender la independencia judicial y ejercerla es peligroso. Pasa por amenazas, persecución, destituciones.

–No es una materia que hemos alcanzado pero no podemos quedarnos quietos esperando a que todo siga, no, me parece que debe ser una constante por la cual tenemos que seguir luchando y tenemos claro que existe un derecho, una obligación pero que no es algo ya listo para quedarse, tenemos que seguir luchando por ello.

Y Barrios ha sido independiente. En los últimos años ha juzgado casos de asesinatos plagios o secuestros, el caso de niñas decapitadas en Zacatepec, narcotráfico, estructuras criminales, delincuencia organizada, también casos de justicia transicional como la masacre de las dos erres (perpetrada por militares y fuerza élite de Guatemala en el gobierno de Efraín Ríos Montt), plan de Sánchez, y casos institucionales como el caso Rosenbeg, también el caso de los parlamentarios salvadoreños (Eduardo D’Aubuisson, William Pichinte y José Ramón González asesinados en Ciudad Guatemala cuando iban camino al Parlacen).También desapariciones forzadas, por ejemplo, el de Edgar García que era un sindicalista que desapareció en los años de conflicto armado.

Pero el más reconocido, el juicio por genocidio que le trajo también implicaciones fuertes en su trabajo.

–Estos casos tienen importancia por varias razones, el derecho de las personas a conocer la verdad, a evitar la repetición de hechos de la misma naturaleza y también a exigir la reparación para las víctimas, la reparación digna.

Los casos de justicia transicional sirven para que las personas en el caso de Guatemala conozcan la historia reciente de nuestro país, los niños, los jóvenes puedan conocer qué es lo que pasó durante esos años y también formarse una conciencia crítica.

Por otra parte, reparar a las víctimas porque sabemos que los daños muy difícilmente regresan a su mismo lugar, sin embargo, el hecho de hacer justicia le sirve como un proceso de catarsis para dar a conocer lo que les ocurrió y de alguna medida tratar de sanar sus heridas. Lograr un tratamiento de carácter físico, psicológico y en algunos casos una remuneración de carácter económico cuando lo piden porque muchos no lo solicitan y tratamiento terapéutico, hay otro tipo de reparaciones, por ejemplo, mandar a hacer un monumento para resaltar el papel de las víctimas, el escribir un libro, incluirlo en los libros de texto lo relativo a lo que han pasado las personas.

En el caso del Sepur Zarco se incluyó en la sentencia la realización de un libro sobre lo que les pasó a estas mujeres en los diferentes idiomas mayenses del país, también se ordenó que se construyeran escuelas y un instituto de enseñanza básica en esas comunidades para que las niñas y niños puedan recibir educación, la construcción de un hospital que cuente con lo básico para poder atender a las personas de la localidad, también se ordenó que las personas del ejército reciban cursos sobre derechos humanos y especialmente de no violencia contra las mujeres, una perspectiva de género, es decir que tratamos de dar en la medida de lo posible una reparación integral.

Juicio por genocidio

El Código Penal de Guatemala que data de 1973 establece el delito de genocidio de la siguiente manera:

 

Comete delito de genocidio quien, con el propósito de destruir total o  parcialmente un grupo nacional, étnico o religioso, efectuare cualquiera de los siguientes hechos:

1o. Muerte de miembros del grupo.

2o. Lesión que afecte gravemente la integridad física o mental de miembros del grupo.

3o. Sometimiento del grupo o de miembros del mismo, a condiciones de existencia que pueda producir su destrucción física, total o parcial.

4o. Desplazamiento compulsivo de niños o adultos del grupo, a otro grupo.

5o. Medidas destinadas a esterilizar a miembros del grupo o de cualquiera otra manera impedir su reproducción.

El responsable de genocidio será sancionado con prisión de 30 a 50 años.

 

También incluye los delitos de instigación al genocidio y delitos contra los deberes de la humanidad.

El caso de genocidio entró como un caso más al tribunal presidido por la jueza Barrios. Pero desde el inicio comenzaron con un ataque sistemático contra el tribunal antes, durante y después del debate y especialmente contra Barrios, ella cree que es posible que su condición de mujer la puso en esta condición ante quienes defendían a los acusados. Sigue siendo evidente que a pesar de la fuerza, la preparación y el poder de las mujeres en muchos ámbitos, su género las pone en una posición de vulnerabilidad y los ataques, desde lo absurdo hasta lo amenazante, ratifican el machismo que sigue sosteniendo el sistema de inequidad actual.

–Guatemala es un país todavía de orden patriarcal o machista si se quiere decir en otras palabras y otra connotación, entonces el hecho de ser una mujer la que presidió el tribunal también dio apertura para estar siendo constantemente atacado.

Barrios prefiere no entrar en detalles de los ataques, porque a pesar de los mismos, nada cambió su entereza al dictar sentencia.

–Dimos a toda la colectividad el mensaje de cordura, transparencia, de objetividad, de perseverancia, de tolerancia, porque si se revisan todas las audiencias se verá que el tribunal se mantuvo siempre con la educación y respeto hacia todos los sujetos procesales, los ataques vinieron en ese momento de los abogados de los acusados pero nosotros mantuvimos la altura. Dimos a conocer que sí somos jueces capaces con pocos recursos humanos y materiales llevamos a cabo el debate, pusimos todo nuestro esfuerzo los tres jueces.

Este juicio, a nivel internacional fue contado de una forma, pero dentro de Guatemala demostró, además de la fortaleza del sistema de justicia, la polarización de la sociedad. Barrios fue aplaudida por unos y acusada por otros de ser una jueza apoyada por la guerrilla, con un sesgo contra los militares, e incluso, el embajador de Estados Unidos en ese momento que se mostró desde el inicio con su respaldo al tribunal en el proceso, fue acusado de ser pro-guerrilla. La reconciliación en Guatemala no ha llegado, las heridas siguen abiertas y eso hizo aún más grande el impacto de la sentencia contra Efraín Ríos Montt, el presidente cristiano-militar acusado de genocidio contra la comunidad Ixil.

–A nivel nacional y no voy a decir todos porque no todos fueron así pero una gran cantidad de medios de comunicación guatemaltecos en ese momento estuvieron mediatizando y no daban a conocer las noticias en forma completa tal como estaba ocurriendo en la sala de audiencia, por fortuna se contó con la riqueza humana y procesal de los medios de comunicación de carácter extranjero que vinieron a constituir una fortaleza y dar a conocer lo que estaba ocurriendo en la sala de audiencia donde siempre se respetó todos los derechos y garantías de los acusados.

Yo respeto muchísimo a los medios de comunicación, siempre he dicho que es el cuarto poder dentro de un país. En el caso del debate de genocidio en algunos medios solo se daba a conocer la parte que interesaba a algunos de los acusados, sin embargo, sigo respetando los medios de comunicación y creo que la labor que ejercen es buena. Solo llamaría a la reflexión que debe darse a conocer la noticia en general para que sean las personas quienes se formen su propio criterio.

La sentencia se dio y luego fue anulada y eso puede leerse de muchas maneras, ¿hay injerencia en las otras salas de la Corte? ¿existen presiones externas? ¿sigue estando el poder de las Fuerzas Armadas por encima de la justicia? ¿realmente la sentencia estuvo parcializada?

–Yo creo que un gran conglomerado ha leído la sentencia y yo creo que cada persona se hace su propio criterio, al leerla pueda entenderla muy bien y al estar en la sala de debate podían sacar sus propias percepciones y arribar a sus propias conclusiones.

Lamentablemente hay sectores que se sintieron impresionados o pensaron que en algún momento se iba a llegar a estudiar o aplicar para otras personas u otros casos y en realidad nosotros solo estábamos juzgando a dos personas: al sujeto A y al sujeto B. Entonces ese es el marco legal dentro del cual nosotros estábamos juzgando, me imagino que algunas personas tal vez se sintieron atemorizadas o intimidadas por el debate que se estaba realizando, pero en realidad nosotros solo estábamos juzgando a dos personas entonces no íbamos para más. Las pruebas que se aportaron determinaron la participación de uno y la absolución de otro, creo que fue una gran equivocación que atacaran la sentencia en esa forma.

La resolución de la Corte Constitucional ordenó regresar todo lo actuado dentro del juicio a partir del 19 de abril pasado, bajo el argumento de que el Tribunal Primero A de Mayor Riesgo no resolvió una recusación planteada en contra de dos miembros de esa judicatura por el abogado Francisco García Gudiel, defensor de Ríos Montt. Sin embargo, un comunicado del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF) previo a esta sentencia presionando para que se diera, deja espacio para creer que hubo injerencia.

“El presidente de la Asociación de Azucareros de Guatemala (Asazgua) y directivo del CACIFMarco Augusto García, aseguró que la condena a José Efraín Ríos Montt se dio debido a la presión internacional y que por ello, el máximo órgano del sector empresarial organizado del país pide la anulación del juicio, porque, en su opinión, no hubo genocidio, y la petición no es que no haya juicio, sino que se respete el debido proceso”, dijo el portal Todo Noticias de Guatemala.

En un comunicado de prensa, el sector empresarial organizado aseguró que “no se ha demostrado la intencionalidad específica del Estado por exterminar a un grupo étnico particular, además que ha quedado de manifiesto la forma en que se vulneró la legítima defensa, el principio de inocencia y retroactividad de la Ley, así como la desobediencia pública del tribunal a las resoluciones emitidas por otras instancias judiciales.”

Además, el CACIF señala que “este fallo abona a la polarización y deja una percepción muy clara de que la justicia ha sido presa del conflicto ideológico”.

Barrios dice que una sentencia no puede polarizar, la sociedad ya lo está. Muchos prefieren que las heridas sigan supurando en silencio.

–La sentencia lo que vino a demostrar fue el crecimiento del sistema de justicia, la capacidad de juzgar a un alto nivel, de mantener y aplicar los estándares a nivel internacional. A pesar de que fue anulada se dio a conocer que Guatemala tiene capacidad de juzgar ese tipo de procesos en territorio nacional con jueces nacionales y aplicando ley nacional y también convenios y tratados de Derecho Internacional, es decir, que al final es una riqueza para el sistema jurídico guatemalteco.

Si una instancia como el CACIF se pronuncia de la manera que lo hizo, los medios corporativos hicieron su parte contra el proceso y un sector conservador del país lanzó campañas para decir que en Guatemala NO hubo genocidio, algo muy delicado se estaba moviendo en la estructura social, algo que va más allá del debate en tribunales. Aunque la jueza cree que hubo la percepción equivocada de que este caso implicaba más culpables, más involucrados, y no era así.

–No pudieron analizar que concretamente se trataba de un caso, nuestro derecho penal y procesal penal es objetivo, se juzga a las personas a quiénes se les ha presentado acusación, nosotros no podíamos entrar a juzgar a otras personas en aplicación de la propia ley y el principio de legalidad, por eso le digo que fue una percepción equivocada.

El derecho penal es de acto no de actor, entonces nosotros juzgamos en sí los hechos ocurridos, la responsabilidad, las acciones cometidas.

Antes del debate empezaron a presentarse acciones para que no se realizara el debate, durante el desarrollo del debate también, durante ese ínterin presentaron tres antejuicios y gran cantidad de procesos contra de los tres jueces integrantes del tribunal, después de que ya se emitió el fallo, trataron de quitarle a la jueza sus profesionales y que dejara el cargo de juez. Ella interpuso una acción de amparo y apenas el año pasado la ganó, ella dice que con ese fallo se respetó su independencia judicial.

–Me acusaron ante el colegio de abogados y el tribunal de honor del colegio de abogados en ese momento, ya ahora son nuevas autoridades. Se emitió un fallo que no era de acorde a derecho, entonces tuve que salir a luchar por mi independencia judicial, a defenderme.

Debo reconocer que sentí la compañía de la sociedad civil y la sociedad a nivel internacional, posiblemente porque este fallo fue conocido en Guatemala como en otros territorios entonces sentí la compañía de diferentes personas que sabían que estaba actuando correctamente.

Pero Yassmín Barrios dice ser una mujer muy práctica: cada caso se juzga, se da el mejor esfuerzo, pero ya emitida la sentencia, todo sigue su camino.

–En el momento que nosotros dictamos la sentencia damos a conocer qué es lo que pensamos y de ahí cada caso sigue su normalidad, el procedimiento que le corresponda, en el caso de genocidio la sentencia fue anulada por mayoría de tres votos a dos por la corte de constitucionalidad y ahora lo conoce otro tribunal entonces nosotros no tenemos que ver con el caso. Respeto la decisión de la CC pero lógicamente no la comparto, para nosotros sí existió el delito.

–¿Volvería a dictaminar la misma decisión?

–Seguro que sí, la misma prueba, la misma circunstancia, el mismo fallo.

Me sorprendió que esta mujer, con su responsabilidad y su conocimiento de la realidad dijo que no sentía miedo, lo dijo con una certeza y tranquilidad que impresiona. No parece mentir, ocultarlo. El miedo es tan humano, pero ella no lo siente. Lo dice y después cuenta que ya son 6 ocasiones en que la han intentado matar y pude ver el brillo en sus ojos que muestra algo de nostalgia, pero aún intento leer en su rostro el miedo y no puedo.

–Confío en que habrá tiempos mejores y que con el tiempo ya no haya persecución hacia los jueces que actuamos correctamente, que no haya amenazas. Actualmente somos un grupo de jueces que estamos amenazados, no tengo números para dar en este momento, pero sí estamos amenazados, sobre todo los de alto riesgo, pero eso no implica que seamos los únicos, hay más.

Después de decirme eso, le pregunté si tenía más casos, mucho trabajo.

Ella me señaló su archivero y me dijo: Esas son las sentencias que hemos dictado, de acuerdo a eso nos evalúan y determinan si seguimos o no en el sistema de justicia. Pero hace meses no me mandan casos.

Se levantó del mueble donde estábamos las dos sentadas y me mostró una carta en la que hacía saber a la Cámara Penal de la Corte Suprema de Justicia esto, y solicitaba saber por qué no están mandando casos de un tiempo acá.

–No lo sé porque ahorita nuestra agenda va por febrero de 2017 pero ya se hizo ver en forma escrita, ya mandé la nota para que nos asignen casos, porque nuestro deseo es trabajar, nos gusta trabajar y para eso estamos.

Le pregunto si cree que es producto de injerencia y me dice que espera que no. Le pregunto si se arrepiente de algo, si a veces piensa que habría sido mejor estudiar ingeniería, y ella dice que no, se ríe, dice que está contenta con su trabajo, que la dejen trabajar que es su servicio para la sociedad y así tiene que ser.

Nadie de sus cercanos se atreve a decirle a Yassmín Barrios que se retire, que es muy peligroso, que no quieren enterrarla antes de tiempo. La respetan demasiado y saben que les dirá que es su llamado, dictar algo en lo que pocos creen, la justicia en el nombre del pueblo soberano de Guatemala

 

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