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Guardianes de la patria: la huella militar y religiosa en la niñez de un país violento

Texto: Jennifer Avila y Fernando Silva

Fotografía: Martín Cálix

La unión «Dios y Patria» en Honduras se materializa en el programa Guardianes de la Patria. En los últimos 20 años, los gobiernos nacionalistas impulsaron la incursión de las Fuerzas Armadas en el manejo de la seguridad pública, primero como elemento disuasivo de la criminalidad y, con el paso de los años, en tareas de ataque al crimen organizado y prevención de violencia en barrios conflictivos. De verlos resguardando buses públicos pasamos a verlos en tareas como la formación cívica y ética de niños y niñas. En 2010 estas acciones se oficializaron a través de un programa llamado Guardianes de la Patria, en el que por 4 años llevaron a los niños de las escuelas a los batallones para darles clases cívico religiosas. De 2014 a 2019 el programa ha tenido algunos cambios y ahora, a través de enlaces civiles, Guardianes de la patria funciona en escuelas públicas a nivel nacional. A lo largo de 17 años, el programa ha abarcado aproximadamente el 12% de la población infantil de Honduras. De la sociedad civil quienes más acompañan son las iglesias, cabe mencionar que la Confraternidad Evangélica de Honduras es una de sus socias principales. Las Fuerzas Armadas de Honduras han logrado garantizar su existencia y su poder limpiando sus acciones violentas en la crisis política de los últimos 15 años, las iglesias, por su lado, han logrado intervenir directamente en el sistema educativo, mientras las comunidades continúan sumergidas en la violencia. Lo que esto le cuesta al Estado es reservado.

El 15 de febrero de 2019, cientos de niños y niñas con camisetas del Programa Guardianes de la Patria llegan en buses y camiones militares al Campo de Parada Marte, un «Megaparque para una Vida Mejor» inaugurado por el gobierno de Juan Orlando Hernández en 2017. Al entrar, lo primero que ven estos pequeños es un submarino azul que fue incautado en 2011 con 7.5 toneladas de cocaína y que ahora se exhibe como trofeo de las Fuerzas Armadas de Honduras.

Antes de empezar los actos de inauguración, mientras los niños y niñas esperan impacientes, hace su entrada el Jefe del Estado Mayor Conjunto, René Orlando Ponce Fonseca. Con una sonrisa saluda a cada niño o niña que se encuentra, a uno de ellos que lleva la gorra hacia atrás se la coloca de frente y le dice que así es la forma correcta de usarla. Los pequeños no saben quién es, pero hay respeto, temor ante el hombre de armas.
Estos actos de inauguración dan paso a un primer periodo de tres meses en el que niños, niñas y adolescentes de casi 50 escuelas a nivel nacional estarán recibiendo clases enfocadas en valores cívicos y morales, arte, deportes y formación religiosa.La formación espiritual o religiosa es el tema principal en la currícula del programa, por eso es que el pastor Oswaldo Canales, presidente de la Confraternidad Evangélica de Honduras (CEH), también asiste a la inauguración y da un discurso en el que destaca la importancia de trabajar para no dejar que los antivalores se apoderen de la sociedad.

Ante las críticas al programa que lo responsabilizan de fomentar la cultura de las armas en niños y niñas, el pastor Canales asegura que «están equivocados, el ejército tiene valores y eso es esencial. Es una responsabilidad de la casa, pero si en la casa no se hace, entonces otras organizaciones tienen que venir a hacerlo».

Según información de la página web de la Secretaría de Defensa Nacional, en junio de 2018 se firmó un convenio de cooperación con la organización internacional Christian Broadcasting Network (CBN), con el objetivo de «fortalecer los principios bíblicos en los niños para difundir un mensaje de fe y esperanza para las nuevas generaciones». Según una solicitud de información hecha por Contracorriente en julio del presente año, el convenio finalizó y no hubo renovación del mismo.

El pastor evangélico Oswaldo Canales y Orlando Ponce Fonseca, Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras, oran durante los actos de clausura del programa Guardianes de la Patria, Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Una oración es lo primero en la inauguración donde los altos mandos de las Fuerzas Armadas presencian un acto de exhibición y agradecimiento con Dios, la patria y el presidente. En las camisas de los niños se puede leer un versículo de la Biblia: Proverbios 22:6 «Instruye al niño en su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él»».

Según datos del Observatorio Nacional de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (OV-UNAH) el 54.5% de las muertes violentas en Honduras son niños, niñas y jóvenes.

En una entrevista dada a Contracorriente el pastor Canales confirmó que existe un acuerdo de cooperación entre las Fuerzas Armadas y la CEH ya que ambas instituciones «tienen un compromiso social en el que se preocupan por los niños y niñas».

Las iglesias evangélicas y las fuerzas militares han establecido alianzas cada vez más fuertes en los últimos años. Para el caso, el apoyo mutuo que mostraron ante el fortalecimiento de las relaciones diplomáticas entre Honduras e Israel, en donde las Fuerzas Armadas de Honduras firmaron un acuerdo por un total aproximado de 5 mil millones de lempiras ($206 millones) dirigido a «potenciar las capacidades de defensa y seguridad», mientras que la CEH se sentó a negociar el apoyo de esta institución con el embajador de Israel en Guatemala, concurrente para Honduras y Nicaragua, ofreciendo becas de estudio universitario y teológico para pastores.

Un niño es observado por sus compañeros mientras el Jefe del Estado Mayor Conjunto, General Orlando Ponce Fonseca, le ubica la gorra con la visera hacia enfrente, Tegucigalpa, 15 de febrero de 2019. Foto: Fernando Silva.

En ese mismo evento también se encuentra doña Reyna, madre de familia de la Escuela Álvaro Contreras del municipio de Sabana Grande al sur de Tegucigalpa, quien está feliz con el programa pues dice que han recibido donaciones que han servido para arreglar las escuelas, además de proveerles transporte y alimentación. Aunque doña Reyna confiesa que ella y otros padres de familia tenían miedo de dejar que sus hijos asistieran al Programa, dice que le gustaría que David, su hijo de trece años, decida ser militar para ayudar a la patria. «Es lo primero que nos dicen, que los niños conozcan del sistema y si les gusta les dicen que tal vez algún día ellos quieran venir y formar parte de los militares», finaliza.

Según datos del Latinobarómetro de 2018, Honduras está entre los países de América Latina con menos confianza ciudadana en las Fuerzas Armadas (35%), mientras que se encuentra entre los países que más confianza tiene en las iglesias (75%). Esa falta de confianza en las Fuerzas Armadas ha intentado resolverse con el respaldo que, al menos, 149 instituciones y organizaciones de sociedad civil le han otorgado al Programa en el 2019.

Judith Matamoros es estudiante de pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), una de las instituciones que están apoyando al Programa, y dice que dan gracias porque en este proyecto se abre el espacio a estudiantes universitarios para que los puedan acompañar en escuelas en zonas de riesgo. Escuelas a las que no tienen acceso normalmente. «Es bueno que se vayan incluyendo los militares en las escuelas en zonas de riesgo, es importante que acompañen a los niños. Aquí la vida es muy compleja y los hondureños vamos aprendiendo poco a poco con la sabiduría divina», afirma Judith.

En los actos de inauguración del primer periodo de Guardianes de la Patria, destaca una demostración de la disciplina aprendida en la que un pequeño de ocho años da órdenes de trotar, hacer sentadillas y pechadas a diez niños y niñas. Cada niño grita «presente» cuando el pequeño líder menciona los valores aprendidos: honor, honradez, orden, patriotismo, puntualidad y respeto. Cada niño grita y alza su puño al aire en señal de batalla.

Cada año, el programa Guardianes de la Patria, gradúa 28 mil niños y niñas, la más reciente generación clausuró su año escolar como miembros del programa en el Campo de Parada Marte, Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Una justificación para seguir existiendo

Las Fuerzas Armadas en Honduras, tras la transición de la época de golpes de Estado militares, vivieron un momento de sombras. En el gobierno de Carlos Roberto Reina, en 1994, cuando se abolió el servicio militar obligatorio, los militares volvieron a sus cuarteles y es en 2002 cuando salen de nuevo a las calles.

La periodista Thelma Mejía, en su artículo «Desmilitarización del Estado», del libro Conducción civil de la defensa en Honduras: retos y desafíos del Centro de Estudios y Documentación de Honduras (CEDOH), explica esta transición: «Las reformas impulsadas por el gobierno del expresidente Reina, fueron parte de una fuerte proclama ciudadana que pedía cambios en las relaciones cívico militares, en particular lo vinculado a los reclutamientos forzosos de jóvenes para ejercer el servicio militar. A la presión interna ciudadana se suma el reacomodo de fuerzas internacionales como parte del fin de la guerra fría y la doctrina de seguridad nacional, dejando atrás los conflictos político ideológicos este-oeste. América Central, a su vez, había entrado a la ruta de los acuerdos de paz que dieron fin a las guerras internas en varios de sus países. Comenzaba así la época de la desmilitarización en Honduras, un país con raíces fuertemente autoritarias. Los registros de la época indican que el proceso de desmilitarización del Estado y de la sociedad no fue fácil. El régimen de Reina eliminó también el otrora poderoso Consejo Superior de las Fuerzas Armadas y en 1998 se elimina el cargo de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, mismo que recayó en la Presidencia de la República».

La coordinadora del CEDOH y analista en temas de defensa y seguridad, Leticia Salomón, asegura, por su parte, que el gobierno nacionalista de Ricardo Maduro es el que da impulso a las Fuerzas Armadas para tomar de nuevo el poder, el golpe de Estado solo lo acelera más.

Maduro recibe a Honduras con las consecuencias que dejó la catástrofe del huracán Mitch y la miseria en la que proliferaron las maras y pandillas. La mano dura era la mejor campaña.

Juan Orlando Hernández, conversa con el presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva, durante los actos de conmemoración del día del soldado, Tegucigalpa, 29 de octubre de 2019. Foto: Martín Cálix.

«Se va produciendo una división del trabajo, los militares dedicados al combate al narcotráfico y la policía a la delincuencia común. En esta división se dan cuenta que la delincuencia desborda a la policía y crean iniciativas gubernamentales como la de Ricardo Maduro del programa «Honduras Segura» en donde mete a los militares en su papel de disuasión, pone un militar en la entrada de un autobús y en la salida. Era intimidante para un ladronzuelo, pero ineficiente e insuficiente porque sacar a los militares a las calles también fue siempre una cosa muy onerosa para el Estado. Cada vez que sale un militar a las calles, le cobran cantidades increíbles al gobierno por salir, porque esas no son sus funciones. Cuando aparecieron las maras y pandillas, los policías trataban de entrar a una zona y al rato venían corriendo porque los mareros estaban organizados y los perseguían, se demostraron incapaces de combatir las maras y pandillas entonces los militares llegaron a proteger a los policías mientras hacían lo suyo, no era directa la intervención. Esta situación también llegó a desbordar cuando aumentaba la delincuencia y el narcotráfico, Los militares preferían estar en el combate al narcotráfico porque les daba más ganancia, además el militar rechaza que lo vean como policía porque los ven de menos», explica Salomón.

Juan Orlando Hernández, sin embargo, tiene un interés mayor en las Fuerzas Armadas, él mismo estudió en el Liceo Militar y uno de sus hermanos, José Amílcar Hernández, actual asesor de seguridad, es un coronel retirado que participó activamente en el golpe de Estado. Hernández intentó en su primer mandato elevar la Policía Militar del Orden Público a rango constitucional, violando los artículos de la Constitución que hablan sobre las funciones de las Fuerzas Armadas, entre las cuales no está incluida la seguridad pública. La reforma no pasó pero la Policía Militar y otras fuerzas especiales militarizadas tienen control de la seguridad en Honduras.

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Poner a los militares en tareas de seguridad pública no le dio buenas calificaciones a Honduras ante las organizaciones de Derechos Humanos en el mundo. En 2016, la entonces Viceministra de Derechos Humanos, Karla Cuevas, en la ciudad de Ginebra, Suiza, anunció ante el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas que Honduras retiraría los militares de las calles. Esto no sucedió, pero demostró que el gobierno estaba perdiendo algunos apoyos económicos.

«Hernández desde que era presidente del Congreso Nacional conducía el tema de seguridad desde el Congreso, son 10 años de militarización. Juan Orlando estaba claro en que a los militares nunca les iban a dar presupuesto para tareas de seguridad, por eso ese invento de la tasa de seguridad, es el tema de inteligencia e investigación, cuerpos especializados dependen de este fondo y este fondo depende del presidente. Entonces, por ellos (las FFAA) que este presidente siga 50 años, la posibilidad que se desbarate la estructura militar en apoyo al presidente está muy difícil», agrega Salomón.

Costa Rica no tiene ejército y es el país con la tasa más baja de homicidios en la región y las tasas más altas de desarrollo humano. Desde hace más de cien años no hay conflictos bélicos significativos entre los países centroamericanos (el enfrentamiento armado entre Honduras y El Salvador en 1969 y el conflicto por el Golfo de Fonseca no justifican hoy acciones bélicas de gran escala). Si ya terminaron los conflictos territoriales o marítimos con otros países ¿para qué tenemos Fuerzas Armadas? Dice Salomón que las Fuerzas Armadas aplican el dicho: «mejor tenerlas y no necesitarlas que necesitarlas y no tenerlas».

Un soldado permanece formado en su pelotón durante los actos de celebración del día del soldado hondureño, Tegucigalpa, 29 de octubre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Renacer como Fuerzas Armadas

Bajo el entendido de que si un niño se interviene muy pequeño, en 10 o 15 años no será pandillero, las Fuerzas Armadas han unido esfuerzos con iglesias tanto evangélicas como católicas, maestros, líderes comunitarios y organizaciones de sociedad civil para graduar cada año 25 mil niños y niñas del programa Guardianes de la Patria, su lema: «Líderes con valores».

Desde 2011, Guardianes de la Patria graduó 191,105 niños y niñas, según lo que dijeron los encargados en la ceremonia de clausura. Los datos que solicitamos a la Secretaría de Defensa son incompletos, se cuentan 172,605 solo en los años 2011 y de 2014 a 2019. De 2012 y 2013 no hay datos. De 2002 a 2011 tampoco hay datos, el coronel Saúl Coca, encargado en ese momento, dice que al menos 10 mil niños era el promedio de graduados en esos años.

En Honduras, para 2017, la población infantil superaba el 39% de la población total, unos 3,493,181. Si tomamos como promedio la meta de graduados (25,000) de 2002 a 2019, Guardianes de la Patria habría graduado 425 mil niños y niñas, el 12% de la población infantil del país. Pero esto no lo sabemos a ciencia cierta y la Secretaría de Defensa, tras varios intentos, sigue sin darnos información precisa. De los datos que tenemos, desde 2014 hasta la fecha, la cantidad de niños graduados supera la meta, sin embargo, el dato es exactamente igual de 2016 a 2019.

En marzo de 2019, Contracorriente solicitó a la Secretaría de Defensa la currícula completa, el manual de contenidos y el listado de escuelas intervenidas por el programa. Después de solicitar prórroga, la Secretaría resolvió brindarnos información parcial en la que se estipula que las clases que se dan son: Formación espiritual (11 horas) y el resto de horas distribuida una por una en temas de: familia, habilidades para la vida, prevención de violencia, prevención de VIH/SIDA y ETS, arte, cultura y deporte, nomofobia, tolerancia, primeros auxilios escolares, acoso virtual, pánico escénico, medioambiente, la valentía, el bullying, la dignidad, creatividad, civismo, higiene bucal, autoestima, derechos de los niños. Sin embargo, no enviaron el manual de contenidos solicitado.

Realizamos dos intentos más en el año, cuando solicitamos el presupuesto del programa, la currícula, el manual, el listado de organizaciones de sociedad civil socias y el listado de las escuelas intervenidas. Contestaron a todo, menos al presupuesto sin justificar si es reservado o no. Después de dos prórrogas seguimos sin respuesta oficial, aunque el jefe de las Fuerzas Armadas, el general René Orlando Ponce Fonseca, nos dijo que la información es abierta al público, que siempre nos atienden como medio y que la volvamos a pedir. Ni la tercera petición fue la vencida.

«Donde come un soldado come un niño», contestó el coronel en retiro Saúl Coca, creador del programa en 2002, cuando le preguntamos sobre esta reserva de información. Y agregó que era como la multiplicación de los peces y panes de Jesucristo «el programa se sostiene por gracia de Dios». Sin embargo, la gracia de Dios se legisla en el Congreso Nacional.

En el análisis del presupuesto 2020 que el Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (ICEFI) realizó el mes pasado, se apunta que dentro de las reducciones por el plan de ajuste de contracción del gasto público, se destacan significativamente las disminuciones a las transferencias a instituciones sin fines de lucro que reportan una contracción del 60.0%. Las transferencias a las universidades públicas se reducen en 23.1% (adicionalmente se reducen 20.6% las transferencias de capital), las asignaciones a becas nacionales disminuyen un 27.5% y las becas externas un 37.5%.

En general, esta dinámica se presenta en muchos de los rubros destinados al apoyo social, los cuales presentan fuertes contracciones en las asignaciones para 2020. En los gastos de capital o de inversión en activos, se reducen las asignaciones en 33.5% para bienes capitalizables, 38.5% para maquinaria y equipo y 34.6% en construcciones. En sentido contrario, en este rubro, destaca el aumento del 39.6% en inversión para equipo militar y de seguridad.

Orlando Ponce Fonseca, Jefe del Estado Mayor Conjunto, juega con los niños del programa Guardianes de la Patria, custodiado de jóvenes militares fuertemente armados, Tegucigalpa, 15 de febrero de 2019. Foto: Fernando Silva.

El dinero del programa sale del presupuesto general de la república destinado a la Secretaría de Defensa, que cada año aumenta en detrimento de los programas de atención a sectores vulnerables de la población y al sector educación.

Según las solicitudes de acceso a la información pública que sí fueron resueltas por la Secretaría de Defensa, se puede observar que las iglesias no son el único acompañante del proyecto. Son 149 instituciones y organizaciones de sociedad civil que integran la red de apoyo al programa Guardianes de la Patria en las diferentes zonas del país, entre las que se encuentran diversas iglesias evangélicas y parroquias católicas, universidades públicas y privadas, la Comisión Permanente de Contingencias (COPECO), la Cruz Roja Hondureña y hasta una organización que en la lista aparece como «Casa Magnolia, Honorable Diputada Gladys Aurora López».

El programa Guardianes de la Patria se divide en el año en tres periodos de tres meses cada uno, en el último periodo de 2019 llegaron a 48 escuelas, centros de educación básica y colegios en 17 departamentos del país donde los instructores impartieron charlas educativas y religiosas a más de 28 mil niños, niñas y adolescentes. El departamento de mayor incidencia del programa en ese periodo fue Francisco Morazán, en el que se intervinieron 15 centros educativos del área rural y urbana con casi 3 mil menores que el 23 de noviembre se graduaron de Guardianes de la Patria. Según datos del ONV-UNAH, Francisco Morazán ocupó el segundo lugar de muertes violentas registradas en 2018.

Zonas de influencia del programa en 2019

Guardianes de la Patria es un programa que funciona los sábados de 7:30 de la mañana a 12 del mediodía, en 2019 funcionó en escuelas donde juntan niños y niñas de comunidades aledañas. Para iniciar hay una hora de oración, luego se divide en charlas que normalmente realizan estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán de las carreras de Psicología, Pedagogía y Trabajo Social. Los militares con sus uniformes del programa merodean el lugar, resguardan la escuela y vigilan las aulas.

La Universidad Nacional Autónoma de Honduras aporta al programa con estudiantes de las carreras de psicología, pedagogía y trabajo social, esto a través de su proyecto de vinculación universidad-sociedad. Cuando quisimos consultar a los coordinadores de las carreras de psicología y pedagogía sobre las implicaciones de esta participación, no quisieron dar declaraciones y solo mencionaron que no están plenamente informados de todas las actividades en que cada docente involucra a sus estudiantes.
En el Centro Básico José Trinidad Cabañas, la directora Blanca Nolasco cuenta que desde hace tres años participan como escuela en el programa Guardianes de la Patria, varios de sus alumnos se ganaron beca para seguir estudiando la secundaria por parte del Grupo Intur, empresa de comidas rápidas de Honduras. Nolasco cuenta que cada año se va descuidando el Programa, que hay más deserción porque aunque el Programa es bueno, la creatividad no es su fuerte y ahora a los niños y niñas se les debe incentivar para que lleguen. Un problema que afecta la asistencia al programa, según Nolasco, es que los sábados hay algunas familias que se dedican a trabajar y llevan a los niños, ya sea en la agricultura o en la venta de alimentos.

Datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), muestran que en 2019 más de 40 mil niños entre 5 y 17 años trabajan en Honduras. «La mayoría de niños aquí son pobres, sus padres viven de siembras y las madres trabajan de lavar ropa o asear. Vienen bastantes alumnos de la zona baja donde siembran culantro, y el año pasado tuvimos un caso de trabajo infantil en el que el niño era obligado a vender tajaditas. Nosotros conocemos varios casos de familias que eran papá y mamá que ahora están separados por infidelidades entonces los niños tienen problemas también», explica la maestra de esta escuela rural a 5 kilómetros de Tegucigalpa. Otra razón por la que podría estarse dando la deserción, según la maestra, es que la desconfianza hacia las Fuerzas Armadas ha aumentado desde la crisis política que vive el país.

José Antonio Molina de 11 años, es el niño con mejor índice académico del programa Guardianes de la Patria, por lo que el programa lo ha becado de por vida. José y su familia viven en la Col. Australia y asiste a la Escuela Doctor David Corea Sánchez, Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Según la Directora, esa no es una escuela donde el riesgo mayor sea que un niño entre en pandillas, sin embargo, la pobreza ha hecho que algunos jóvenes se involucren en delincuencia común. «Hemos aprendido sobre la honestidad y la tolerancia y sobre la nomofobia (miedo irracional a salir de casa sin el celular)», dicen cinco niños que nos rodean para hablar del programa Guardianes de la patria. Hablan tímidamente y en pocas palabras dicen que les gusta ir al Programa para aprender.

Luego es el turno de las niñas, la maestra Nolasco ha organizado que el grupo hable del Programa y nos cuenta que ya varios han dado entrevistas al programa televisivo de las Fuerzas Armadas. Las niñas también hablan de la nomofobia, que el celular es una especie de amenaza que quiebra las familias. Son casi doce sábados que han estado en el Programa, pronto se van a graduar y aseguran que se han divertido, pero que quizá sería mejor estar más tiempo y dicen que las charlas son repetitivas, que podrían tener charlas más diversas y que les gustaría hablar sobre los suicidios.
«Donde yo vivo sí hubo un suicidio, se mató porque se había peleado con su familia. Deberíamos hablar de esto porque no hablamos mucho con los padres de lo que nos pasa en la adolescencia. Los militares son formales y educados, ellos nos dan mucha seguridad aquí, ellos dicen que hace poco hubo mareros aquí entonces nos dan seguridad», dicen dos niñas de esta aldea, ambas sueñan con seguir estudiando y poder tener una oportunidad de trabajo al salir del colegio.

Anthony de 10 años, reside en la Col. El Durazno y va a la Escuela José Trinidad Cabañas, quiere ser cantante cuando sea grande, Anthony es uno de los 28 mil niños que las Fuerzas Armadas de Honduras graduaron en 2019 como parte del programa Guardianes de la Patria, Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

En la ciudad, en el barrio El Guanabano, en las faldas del crematorio municipal, dos jóvenes a quienes llamaremos Kevin y Josué, de 17 y 14 años, nos cuentan que se graduaron de Guardianes de la Patria el trimestre pasado. Los jóvenes nos esperan en una esquina de su barrio, calles angostas de tierra y piedras, perros callejeros y miradas desconfiadas. Allí hay otros jóvenes más, en la esquina pasando un sábado bajo el sol como mirando hacia la nada, o mejor dicho, hacia el botadero del que vive la mayoría de familias, de su comunidad. De la basura de la ciudad comen varias comunidades que rodean el sector, que además es controlado por la mara.

En la escuela de esta comunidad estudian alrededor de 200 jóvenes dice Kevin, y recuerda que en el programa Guardianes de la Patria les hablaron de las drogas y les ayudaron a sembrar árboles. En esta comunidad los militares sí dieron las clases, cuentan los jóvenes que eran ellos quienes les hablaban de valores y de Dios. «Nos preguntaban cómo vivíamos y yo les decía que normal», cuenta Kevin mientras Josué solo sonríe, se ve distraído, desde la esquina nos escuchan, hablan cada vez más bajo. «Yo tenía pensado en meterme a la policía, pero no sé, hay que pasar el examen de admisión», cuenta Kevin. A su barrio no llega ni la Policía Nacional ni la Policía Militar para patrullar y una pequeña posta con dos policías es inútil. «Si vuelven sería bueno porque los jóvenes usan mucho las drogas y quizá con esto, los jóvenes aprendan lo que es bueno y lo que es malo». Kevin ha visto a varios jóvenes de su barrio irse, huyendo de la pobreza en su comunidad, su hermano tiene tres meses de estar buscando trabajo y no lo logra, él cree que en la policía habrá trabajo fijo.

La analista Leticia Salomón asegura que este programa tiene una falla de origen y esto no parece ser evaluado dentro de las Fuerzas Armadas. «Les dan charlas, intervienen iglesias les meten a los niños que no vayan a ser ladrones, mareros, etc, pero después de esas horas esos niños vuelven al mismo medio en donde viven llenos de privaciones, exclusión social, padres ausentes, se quedan encerrados en casa, esos seis días y medio destruyen lo que en ese día del programa hacen. Es el medio el que condiciona que un niño se meta a delincuente, no los inhibe que un militar o un pastor les diga que robar es malo. La propia debilidad de la sociedad civil hace que los militares hagan estas barbaridades y que nadie proteste. Hay en el fondo y sobre todo en las comunidades de escasos recursos esa idea de que los niños lo que ocupan es mano dura, la gente dice: “yo no sé porqué quitaron el servicio militar, yo hubiera puesto a estos cipotes allí para que se compongan”. Esa visión hace que muchas personas aplaudan ese tipo de iniciativas y que sean precisamente los padres de familia los que aplaudan y lleven a sus niños al programa Guardianes de la patria para que los disciplinen», concluye.

Niños son transportados en un camión de las Fuerzas Armadas de Honduras, Tegucigalpa, 15 de febrero de 2019. Foto: Fernando Silva.

En la colonia Kennedy de Tegucigalpa, existen ocho centros educativos públicos, entre ellos la escuela Roberto Sosa, donde casi toda la matrícula es de niños y niñas que no viven en la zona. Todas las mañanas las aulas de clase se llenan con menores originarios de colonias controladas por pandillas como la Villanueva, Los Pinos y Las Palmas. Esta escuela representa una zona neutral para el acceso del Programa Guardianes de la Patria.

Desde octubre de este año, 200 niños y niñas de esta escuela recibieron clases en valores cívicos y formación espiritual de parte de instructores militares. Según Jenny Álvarez, quien es la subdirectora de este centro educativo, no hubo enlaces civiles en este lugar mientras duró el programa. «Siento que es un proyecto productivo para los centros educativos, como tienen esa disciplina de militares son muy atentos a asistirnos en la colaboración que les solicitamos», dice Álvarez cuando nos recibe en su oficina. Durante los tres meses que el programa se mantuvo en la escuela, recibieron donaciones de piñatas para la celebración del día del niño y la clausura de clases.

Muchos de los niños y niñas que asisten a esta escuela vienen de hogares en los que pueden pasar un día completo sin comer, por eso la merienda que los militares llevaron cada sábado fue esencial para ganarse a docentes, padres de familia y alumnos. «Los niños de quinto y sexto grado estuvieron interesados en poder ser militares en el futuro por la admiración que les tienen, si usted pregunta en un aula de clases ¿qué quiere ser cuando sea grande?, algunos le van a contestar que quieren ser policía o militar», asegura Álvarez.

Una niña espera junto a sus compañeras que inicien los actos de clausura del Programa Guardianes de la Patria en el Campo de Parada Marte, Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Rosa es madre de una de las niñas que participó del Programa en la escuela Roberto Sosa. Viven en la colonia Villanueva, una zona de la capital que hasta 2017, el último registro estadístico del ONV-UNAH, se encontraba entre los 10 barrios y colonias con mayor incidencia de homicidios en la capital. Rosa dice que no tienen miedo de los militares y que hay respeto mutuo; además, asegura que la presencia de las Fuerzas Armadas es constante, especialmente los fines de semana cuando patrullan en los alrededores de la colonia y preguntan a las personas en la calle si han visto algo sospechoso. «Nosotros averiguamos primero lo que les van a enseñar y depende de eso nosotros los mandamos», dice Rosa quien es madre soltera y mientras nos responde intenta controlar a un pequeño de tres años que también es su hijo. Ante la posibilidad de que en este programa se les de entrenamiento militar, dice que si el niño está dispuesto a esforzarse a ella le parece bien. Además, piensa que cuando estos niños y niñas crezcan es mejor que ingresen a la academia militar y no que «se pierdan o terminen muertos».

En esta escuela no solo los niños se interesaron en las actividades militares, la Subdirectora cuenta que algunos docentes preguntaron a los militares sobre un diplomado de seis meses en las Fuerzas Armadas que les permite egresar con un rango de subteniente. El interés en este tipo de programas por parte de docentes y alumnos se vuelve una solución a sus necesidades, porque al salir pueden obtener un trabajo permanente dentro de la estructura militar.

Al otro lado de la ciudad, en la colonia Divino Paraíso, en la premiación de los niños y niñas de excelencia académica de la escuela República de Honduras, un militar encargado del Programa Guardianes de la Patria comparte la mesa principal con las autoridades de la escuela. Gracias al apoyo económico del programa se está desarrollando esta premiación por primera vez en la historia del centro educativo y se le está entregando una medalla a los estudiantes. Los militares cargan con sus armas de reglamento mientras reparten arroz con pollo a los asistentes del evento. Ante la petición de una entrevista mencionan que no tienen autorización para concederla. Sin embargo, durante el desarrollo de la premiación, una joven militar se dirige a los menores para motivarlos a seguir esforzándose, pero antes que todo, recordarles el temor a Dios que se les ha enseñado durante tres meses de clases sabatinas.

«Creo que el papel que desempeñan las Fuerzas Armadas a través de estos programas ayudan mucho a los niños y les va sembrando esa semilla de querer ser como ellos», dice la profesora Mayra Sosa, directora de la escuela, quien también asegura que muchos niños y niñas de su escuela sueñan con la academia militar. Esta es la segunda ocasión que Guardianes de la Patria interviene en la escuela República de Honduras, y su directora espera que en 2020 vuelvan a apoyarles. «Mejor que estén en el ejército siendo productivos, ayudando al país, en lugar de que los recluten las maras o el narcotráfico», finaliza.

Como invitados de honor, dos militares del US Army, asistieron a la ceremonia de clausura del programa Guardianes de la Patria en Campo de Parada Marte, Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Un programa criticado

Un informe de investigación sobre el Programa Guardianes de la Patria elaborado en 2014 por el licenciado Carlos Del Cid, en ese entonces coordinador del Programa Derechos Humanos de Niñez y Adolescencia del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH), señalaba que no es una tarea constitucional de las Fuerzas Armadas la formación de menores de edad en principios y valores, tampoco la formación de líderes comunitarios ni mucho menos el rescate de menores en riesgo social.

En este informe, Del Cid apuntaba que desde septiembre de 2010 niños, niñas y jóvenes identificados por estar en peligro «de desviar sus vidas», asistían semanalmente a las unidades militares para recibir charlas de fortalecimiento de valores. La cifra aproximada de menores participantes llegó hasta 10 mil en 17 unidades militares hasta septiembre de 2011, según una nota de diario La Prensa citada en el informe. Para poder evaluar los resultados del Programa en la ejecución de su periodo entre 2011 y 2013, Del Cid solicitó al coronel Gustavo Amador, quien era coordinador del Programa, una serie de informes, presupuestos y listado de instructores civiles y militares que impartían las charlas. Dicha solicitud no fue resuelta hasta la fecha de entrega del informe en mayo de 2014.
Después de esta primer fase, que arroja más dudas que datos concretos en su ejecución, el 29 de marzo de 2014, el presidente Juan Orlando Hernández hizo el relanzamiento del Programa en el Campo de Parada Marte en la ciudad de Tegucigalpa. A partir de ese año Guardianes de la Patria quedaría completamente institucionalizado.

Wilmer Vásquez, director ejecutivo de la red Coordinadora de Instituciones Privadas Pro las Niñas, Niños, Jóvenes, Adolescentes y sus Derechos (COIPRODEN), dice que «una vez que vieron que el programa podía ser efectivo entonces le dieron mayor publicidad y más a partir del momento en que entra Juan Orlando a la presidencia, que es cuando cobraron mayor fuerza porque contaron con mayores recursos logísticos y financieros».

La red COIPRODEN, y su aglutinación de más de 30 organizaciones que trabajan con niñez y juventud en todo el país, fue consultada en el informe elaborado por Del Cid en 2014 donde demandó al presidente «girar instrucciones al Secretario de Defensa y al Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Honduras para que suspendan, de inmediato, la implementación y expansión del programa “Guardianes de la Patria”».

Algunas de las preocupaciones que expresa el informe son la exposición a la cultura de las armas y la guerra a una edad en la que sus mentes no están lo suficientemente maduras para entenderlo. Además, se expone el enfoque excluyente del proyecto que solo incluye a niños, niñas y jóvenes de zonas en riesgo exponiéndose a consecuencias o represalias de maras y pandillas. En el informe también se describe como una fortaleza del programa que «para la población adolescente de 15 a 18 años que vive en poblaciones marginadas, conocer las oportunidades de formación, capacitación y hasta empleo que ofrecen las FFAA es un poderoso atractivo para querer superarse a través de las mismas».

«Honduras necesita de programas de prevención como “Guardianes de la Patria”, solo que con un nombre diferente y con un ejecutor a la cabeza que no sean las FFAA», concluye el informe.

Un grupo de niños y de niñas, durante la inauguración del programa Guardianes de la Patria en Campo de Parada Marte, Tegucigalpa, 15 de febrero de 2019. Foto: Fernando Silva.

De esto, el CONADEH hizo una pequeña mención en su informe anual y cuando solicitamos a esta instancia el informe realizado por Del Cid, la respuesta era que lo único que había con respecto al Programa era esa mención en el informe publicado en su página web que dice: «En relación con la situación del programa “Guardianes de la Patria”, en todas las condiciones relativas a los servicios que ofrece, debe prevalecer el interés superior del niño y las leyes vigentes que garanticen su cuidado y protección. El CONADEH siempre ha mantenido invitación abierta a buscar arreglos para mejorar beneficios, pues las condiciones de descuido de nuestra niñez requiere el concurso de todos. Su bienestar depende de lo que hagamos los adultos, conforme a la normativa que obliga a sujetarse a lo que indican las leyes vigentes. De acuerdo a la edad de niños y adolescentes que participan en el programa se debe cumplir con su educación formal, desde el preescolar hasta el noveno grado de manera obligatoria y gratuita, y tener acceso a los servicios de salud previstos así como al resto de sus derechos. Ya que la base legal de las Fuerzas Armadas no contempla expresamente el trabajo con niños que se encuentran en lo que antes se conocía como situación de “riesgo social”: debería en todo caso, asegurarse que no se violenten normas, se respeten e integren apoyos con la participación formal de la Secretaría de Educación y Secretaría de Salud y de otras instancias, para que sean intervenciones conjuntas y no solamente del personal militar. En la práctica se dan estas colaboraciones pero no de manera formal. En relación con lo anterior, el 13 de octubre de 2014, el CONADEH reiteró sus recomendaciones al Gobierno de promover un diálogo con instituciones públicas y organizaciones de sociedad civil concernidas por la situación de la niñez en Honduras, y que mientras ello ocurría, que la Dirección de la Niñez, Adolescencia y Familia (DINAF), la Secretaría de Educación y la Secretaría de Desarrollo e Inclusión Social aseguren el acompañamiento y seguimiento de dicho Programa, sin perjuicio de la supervisión que efectúa el CONADEH».

Por su parte, UNICEF, en su informe de situación sobre derechos de la niñez y adolescencia en Honduras alertó sobre el programa Guardianes de la Patria, «en el que se da adiestramiento a niños, niñas y adolescentes de comunidades marginadas, 25,000 niños, niñas y adolescentes con fusiles y toda la indumentaria militar». Este programa, según los informantes que UNICEF consultó, existe desde hace más de diez años y su justificación es que la niñez en riesgo social debe incorporar a su vida los valores de las Fuerzas Armadas, sustituyendo en alguna medida las acciones que ejecutan las escuelas, las ONG y la iglesia.

Origen y camino a la institucionalización

Saúl Orlando Coca, General en condición de retiro, fundador del programa Guardianes de la Patria, recibe un reconocimiento del Jefe del Estado Mayor Conjunto, General Orlando Ponce Fonseca, Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Según la página web oficial de la Secretaría de Defensa Nacional, el Programa inicia en el año 2002 en las instalaciones del Cuarto Grupo Logístico (G.R.L.) de Naco, Cortés, como un proyecto piloto por iniciativa del Coronel en materia de guerra, Saúl Orlando Coca Cantarero.
El coronel Coca, ahora director nacional de Intervención Social y coordinador de Recreo Vías a nivel nacional, asegura que el Programa «funcionaba bien porque había sociedad con las iglesias y se recogía a los niños en la mañana en los camiones militares para trasladarlos a los batallones donde las iglesias trabajaban con ellos». Explica que desde ese entonces se les daba desayuno, merienda y almuerzo a los niños y niñas que asistían; jugaban y se regresaban a sus casas en la tarde. Habían voluntarios, padres de familia y pastores trabajando en el proyecto.

«Lo que hicimos fue diseñar un programa que nos diera respuesta a la incidencia de menores siendo reclutados por maras y pandillas en barrios donde encontrábamos a niños de 13 o 14 años con una metralleta en la mano. Entonces diseñamos un programa con pilares donde están el arte, deporte, valores y fortalecimiento espiritual», dice el coronel Coca y recuerda que la primera lección de la Biblia que se les enseña es el temor a Dios.

Es hasta el año 2011, cuando el programa se traslada a Tegucigalpa en las instalaciones del Comando de Apoyo Logístico de las Fuerzas Armadas de Honduras (CALFFAA) y la Industria Militar de las Fuerzas Armadas de Honduras (IMFFAA) beneficiando, según datos brindados por la Oficina de Acceso a la Información Pública, a más de 10 mil niños, niñas y adolescentes hasta 2014.

A partir de 2011, el programa empieza un proceso de institucionalización asignando al departamento que maneja todo el programa a nivel nacional, el presidente Juan Orlando Hernández asigna un presupuesto al Ministerio de Defensa y envían la orden a comandantes de fuerza y unidades de graduar una nueva promoción de Guardianes de la Patria cada tres meses.

Sobre los señalamientos de militarizar a la niñez que ha recibido el programa, el Coronel Coca responde que «hay un manual para el programa hecho por pedagogos, así que tratamos de que aquellos que no hacen nada y lo único que saben es señalar porque nunca han hecho nada por el país, vengan y vean el manual para ver dónde dice que estamos militarizando. Las Fuerzas Armadas no necesitan militarizar a esos niños, porque la oferta de trabajo hoy le permite tener todos sus cuadros llenos», enfatiza el Coronel Coca. Contracorriente quiso acceder a dicho manual, pero la solicitud de información no obtuvo respuesta y se limitaron a enviar un cuadro con la carga académica de las clases sabatinas.

Linzi de 8 años y su madre, Nelsy, posan para la foto durante los actos de clausura del programa Guardianes de la Patria en Campo de Parada Marte. Linzi asiste a la Escuela Rómulo Durón de la Aldea Mateo, Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Wilmer Vásquez, director ejecutivo de COIPRODEN, manifiesta que este programa surge en su trasfondo justamente como una estrategia de las Fuerzas Armadas después de que se eliminó el servicio militar obligatorio en el país, y que también justifica la entrada de más presupuesto a la institución. «Nos preocupa no solo por lo riesgoso que es que los militares estén formando a los niños y jóvenes, sino también nos preocupa porque las Fuerzas Armadas no tienen dentro de sus funciones la formación en valores, esto quiere decir que están sustituyendo la responsabilidad que tienen otras instituciones del Estado», apunta Vásquez.

También dice que la justificación principal de las Fuerzas Armadas ha radicado en el incremento en el número de miembros de las pandillas supuestamente provocado por la ausencia del servicio militar obligatorio que habría generado mayor simpatía de la niñez y juventud en el crimen organizado.

El Servicio Militar Obligatorio fue abolido el 18 de mayo de 1994, durante la presidencia de Carlos Roberto Reina, como resultado de una lucha emprendida por organizaciones de derechos humanos y la instalación de una huelga de hambre para lograr la aprobación del servicio voluntario. Sin embargo, el 22 de noviembre de 2019 en una sesión del Congreso Nacional, el diputado nacionalista David Chávez presentó una moción para que se apruebe el retorno al servicio obligatorio. En ese sentido, el abogado Fernando Anduray, exprecandidato presidencial y activista del Partido Nacional, señala que hay una «cortina histórica» que separa a la juventud que tenía que prestar servicio obligatorio y las generaciones posteriores que asegura «han venido perdiendo valores cívicos y han permitido la aparición de las pandillas».

«Se perdió el control del proceso de formación de jóvenes», apunta Anduray y dice que si se asocia con el resultado del concurso nacional docente realizado por la Secretaría de Educación hace algunas semanas, se puede diagnosticar que los maestros «tienen muy poca capacidad transformadora y formadora de jóvenes». A partir del concurso docente se esperaba cubrir más de 5 mil plazas para maestros en el sistema público nacional; sin embargo, de 22 mil aplicantes apenas 2400 aprobaron el examen con la nota mínima de 75 por ciento. «Y si tampoco tenemos servicio militar obligatorio y hay fuertes procesos políticos de la izquierda internacional para tratar de destruir los valores de formación de la conciencia de los hondureños en materia religiosa, tenemos una sociedad con una juventud que puede ser una bomba a punto de explotar», finaliza Anduray.

Por otro lado, para Wilmer Vásquez no es cierto que los niños, adolescentes y jóvenes son los responsables de la violencia en el país sino que «es el Estado que ha generado las condiciones y los verdaderos responsables del control que ejercen maras y pandillas han sido altos oficiales del ejército y algunos políticos en el país». Según los datos de COIPRODEN, la incidencia de menores infractores no ha aumentado ni se ha reducido porque se esté implementando este programa, y actualmente hay más de un millón de niñas y niños entre 5 y 17 años fuera del sistema educativo nacional, más de 500 mil menores trabajando, y más del 55% de muertes violentas en Honduras son adolescentes y jóvenes.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos reiteró, en sus observaciones preliminares dadas en la visita que realizó en agosto de 2018, su preocupación por este programa, donde apuntan que «no es adecuado a los objetivos que debe perseguir la educación, ya que impulsa una cultura castrense y contraria a la paz, además de estigmatizar y poner en riesgo a los niños y las niñas de determinados sectores sociales».
Para el Coronel Saúl Orlando Coca, el problema de los que critican el programa es que «son capaces de ver un punto negro en una pizarra blanca. El programa ha tenido críticas a lo largo de su existencia, lo llevaron a Naciones Unidas y lo colocaron en informes de derechos humanos pero el programa sigue porque nosotros los hondureños estamos claros que necesitamos que más instituciones se sumen a este proceso», finaliza el Coronel en condición de retiro.

Warren Ochoa, psicólogo y catedrático de la facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, Tegucigalpa, 22 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Warren Ochoa, psicólogo y docente de la Escuela de Ciencias Psicológicas de la UNAH, apunta que una de las mayores implicaciones de este programa en la mente de los niños y niñas que participan, es el fenómeno de la maduración cognitiva. «Las personas que son beneficiarias de este programa no tienen ni las capacidades cognitivas, ni las estructuras cerebrales ni el desarrollo de capacidades mentales superiores que le permitan tener un juicio adecuado de qué es lo que se le están enseñando», apunta Ochoa y recuerda que, según la corriente psicológica del conductismo, se dice que se puede moldear a un niño para convertirlo en una buena persona o un criminal.

Sobre la alianza entre la religión y este programa, Ochoa menciona que es la fórmula perfecta para fomentar la violencia ya que es en esta clase de pensamientos donde se ve marcado el estilo de establecer un pensamiento único o modelo de persona, el que es diferente se vuelve parte del «exogrupo», causando división que luego pasa a ser polarización en la sociedad. Este psicólogo asegura que la mejor forma de control social es imponer un discurso en la mente de las personas a través de la educación. Las autoridades del Programa Guardianes de la Patria lo habrían entendido bien.

«Guardianes de la Patria es lo mismo que las juventudes formadas en las guerras. Es una doctrina fundamentada en valores, religión, cultura militarista que está fundamentada en el no pensar porque van a programar qué es lo que tiene que pensar, sentir o hacer», concluye.

***

Suena música variada, Black Eyed Peas y algún regueatón de moda. El Parque de Parada Marte está decorado con banners de Guardianes de la Patria. Frente a frente, los niños beneficiarios y los miembros distinguidos de las Fuerzas Armadas, un par de soldados del US Army de invitados especiales, secretarios de Estado y el director de la Confraternidad Evangélica de Honduras, Oswaldo Canales. Hay bajo la carpa un grupo de madres y padres que esperan que comiencen los actos o al menos que les den desayuno a sus hijos que llevan un par de horas en las graderías, jugueteando, esperando que empiece todo.

Un joven soldado toma a una niña de los hombros, la suspende y la coloca en su lugar, hace calor y los niños ya desesperados comienzan a desobedecer. El himno nacional ejecutado por la Banda Sinfónica de las Fuerzas Armadas de Honduras da la pauta de que todo ha comenzado y lo que sigue es una oración. Dan gracias a Dios y al presidente Juan Orlando Hernández. El Campo de Parada Marte se ha convertido en un espacio de congregación y un parque de diversiones, para muchos de estos niños de comunidades empobrecidas, esto es un sueño.

«Al sacar estos jóvenes de sus barrios y acompañarlos entre las FFAA, las escuelas, varias instituciones, los padres de familia, les damos la oportunidad de salir de estas dinámicas de conflicto que hay allí y contrarrestarlas con enseñanzas de ética, identidad de patria, identidad de familia. Algunos ya han tenido la oportunidad de ir a academias militares, escuelas técnicas. Este es un programa que tiene el apoyo de la casa de gobierno y de Grupo Intur. Las Fuerzas Armadas dan acompañamiento, pero son muchas las organizaciones que participan», da una entrevista el portavoz de las Fuerzas Armadas, capitán de navío, José Domingo Meza.

Actos de clausura del programa Guardianes de la Patria en Campo de Parada Marte, Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Los actos de graduación transcurren entre bailes folklóricos en los que la Sopa de Caracol emociona al público, mezcla de orgullo patrio y ritmo pegajoso. Tres adolescentes freestylers que con música underground le dicen a las Fuerzas Armadas que son su refugio, la presentación de un niño de al menos 9 años, corte militar y oratoria de pastor evangélico explicando las bondades del Programa, la plegaria de una madre de familia pidiendo protección divina para el presidente Juan Orlando Hernández y las palabras del pastor Oswaldo Canales, el Ministro de Defensa, general Freddy Díaz Zelaya y el Ministro de Educación Arnaldo Bueso.

Entre los niños presentes destacan los estudiantes internos de la Villa de los niños, una escuela católica que beca durante la secundaria a alrededor de 500 niños de escasos recursos. La Fundación Aloysius de Guatemala y registrada en Honduras por religiosa Jum Soon Chung de origen coreano, ha llevado a sus alumnos al programa Guardianes de la Patria por 3 años consecutivos. Los niños de la Villa hacen presentación de Taekwon- Do y un pequeño concierto con su banda musical, las presentaciones son precisas, los niños se mueven a un mismo tiempo. Mientras la gente rodea la banda musical que toca música de los Ángeles Azules, la hermana Aracely explica que en el programa Guardianes los niños suplementan los valores de la patria y así pueden entender los riesgos que hay en la sociedad. «Ellos pueden ver a niños en riesgo social, así ellos practican sus valores y ven las consecuencias que hay porque estos niños están internos todo el año con nosotras», explica. Para los niños, Guardianes es su polo a tierra, el programa que llevan con las religiosas es permanente.

Un grupo de niños del centro de internado la Villa de los Niños, realiza una demostración de artes marciales durante los actos de clausura del programa Guardianes de la Patria, Tegucigalpa, 24 de noviembre de 2019. Foto: Martín Cálix.

Informe de Fundación Aloysius ante Secretaría de Gobernación y Justicia.

Guardianes de la patria seguirá en 2020, las Fuerzas Armadas estarán próximas a cumplir veinte años de intervenir niños y niñas en Honduras. El general René Orlando Ponce Fonseca a pocos días de dejar su cargo e irse al retiro, da gracias a Dios por ver el desborde de talento de los niños graduándose del programa. «Es un momento importante para dedicar el trabajo que hacemos a Dios y seguir creyendo que una institución como la nuestra va a seguir trabajando para la sociedad, el presupuesto es de los recursos que como Fuerzas Armadas tenemos, pero lo importante es el amor, el cariño, la dedicación de nuestros soldados junto a otro grupo de otros profesionales que se han sumado, que a través de los programas que el presidente de la república tiene vamos a seguir trabajando. En una sociedad se puede ver el bien y el mal, mientras hay unos que se dedican a la apología del odio habemos otros que estamos del lado del bien contribuyendo en principios y valores, no nos van a hacer cambiar de mentalidad».«En lo que va del año van alrededor de 61 masacres, general»- interrumpe un periodista de televisión.

«Desafortunadamente lo lamentamos, pero los responsables somos toda la sociedad, por eso sigamos creyendo que al reforzar valores vamos a construir un mejor país. El programa seguirá mejorando, esto servirá para contestar esta pregunta, fortaleciendo los valores, implementando becas, vamos a evitar que estos niños estén metidos en maras o pandillas u otras organizaciones que nada más traen luto y dolor. Los resultados no serían 61 masacres sino 500 si no hubiera voluntad para trabajar todos juntos».
El general Ponce Fonseca termina de hablar diciendo que esto es bíblico, que Dios ha dicho que instruir a un niño es como ver el futuro, y cierra diciendo: «”Dejad que los niños vengan a mí”, dijo nuestro señor Jesucristo en su filosofía cuando estuvo predicando en los desiertos, hoy pregonemos lo mismo».

Con el apoyo de:

Editora/Periodista
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