Sobrevivir entre el desabastecimiento y el alto costo de la canasta básica


El suministro de alimentos para las familias hondureñas parece complicarse a medida que avanza la crisis sanitaria en el país. Por un lado, a pesar de que existe un decreto que congela algunos productos de la canasta básica de alimentos, los precios en mercaditos y pulperías continúan siendo altos. Por el otro, hay un desabastecimiento de mascarillas, gel de manos, alcohol y los productos obligatorios para poder salir de casa. Esto que provoca que lo poco que hay en el mercado tenga un costo hasta diez veces mayor a su precio regular.

En medio de la crisis por el abastecimiento, el alza de precios y la venta de producto, una empresa en Tegucigalpa que se dedica a impresiones digitales señalaba en redes la venta de gel de mano de 70 mililitros que contiene 80 % de alcohol etílico, a un precio de 80 lempiras, esto, aunque el gobierno ya había estimado una tabla de precios en la que un gel de 60 mililitros debe costar 23 lempiras. Al asistir al local y probarlo, el gel no parecía contener alcohol.

A pocos kilómetros de la imprenta, una farmacia anuncia en redes sociales: «tenemos mascarillas, alcohol y gel de manos». En la publicación no especifican los precios y cuando se consulta, responden asegurando tener mascarillas N95 a 100 lempiras. Sin embargo, al comprar en la tienda lo que ofrecen es una mascarilla quirúrgica, la misma que antes de la crisis costaba un máximo de 3 lempiras en farmacias. 

«Es un daño al consumidor, independientemente del precio. Si le están vendiendo mascarilla quirúrgica por N95 tiene que hacer el reclamo o la denuncia a través del correo electrónico en de la página de internet para nosotros darle el seguimiento», dice Mario Castejón, director de la oficina de Protección al Consumidor. Además señala que desde que inició la crisis en marzo, han encontrado solo a 20 empresas (pulperías y mercaditos) que no respetaron la estabilización de precios en Tegucigalpa. De estas, dos son por la venta de gel de manos. Sin embargo, asegura que las denuncias son más y a nivel nacional se están coordinando con fiscales del Ministerio Público para proceder en los próximos días.

Una pareja camina luego de hacer sus compras en la colonia Toncontín, Tegucigalpa, 22 de marzo de 2020. Foto: Martín Cálix.

Entre las empresas que incumplen los acuerdos, la Fiscalía del Consumidor ha detectado que existe un aumento de el 10 % y 15 % en los precios de varios productos, como huevos, manteca, aceite y azúcar. Por el momento los términos legales para proceder están suspendidos por el toque de queda, por lo que, de manera momentánea, solo realizan un levantamiento de acta por incumplimiento. 

Para Adalid Irías, presidente de la Asociación para la Defensa de la Canasta Básica en Honduras, la canasta en realidad ha subido hasta un 30 % y por esa razón los inspectores deberían visitar todos los barrios y colonias. «Deben darles sanciones administrativas fuertes para persuadir a los demás que si están en esta situación serán penalizados» señaló. 

Aunque el congelamiento de precios no parece haber funcionado con el gel de manos, el alcohol y la canasta básica, la Secretaría de Desarrollo Económico decretó un congelamiento en los precios de mascarillas: las quirúrgicas deben costar 18 lempiras ($0.75), las N95 sin válvula a 120 lempiras ($4.75) y las N95 con válvula a 200 lempiras ($8).

El desabastecimiento de las mascarillas y el aprovechamiento de la crisis provocó que la ciudadanía comprara hasta 10 veces más de su precio normal. Una mascarilla quirúrgica, que es de un solo uso, puede encontrarse en pocas farmacias a un precio mínimo de 25 lempiras ($1), pero otros negocios y vendedores particulares las estaban ofreciendo a 100 lempiras ($4). 

Un vendedor de verduras revisa su balanza, Tegucigalpa, 22 de marzo de 2020. Foto: Martín Cálix.

La discusión sobre el uso de mascarillas

En Honduras es obligatorio, desde el martes 7 de abril, usar una mascarilla al salir de casa. Según las autoridades, en ese momento, dos de cada tres personas ya las utilizaban como medida de protección. En el comunicado se señaló que los centros de abastecimiento aprobados para operar no deberán atender a clientes que no porten una y los negocios deberán mantener ese protocolo en sus empleados. 

Según Gabriel Rubí, director del Comité de Contingencias (COPECO), el desabastecimiento es a nivel mundial: «nos encontramos en una encrucijada entre comprar lo que hay y buscar lo que no hay por la alta demanda en el mundo y los precios alterados que tienen muchas empresas. Por ejemplo, esa mascarilla de dos horas (la quirúrgica) costaba 1.50 lempiras y ahora la unidad está costando 10 lempiras. Hay un desabastecimiento y una sobredemanda». Mientras tanto, el gobierno planteó como solución la creación de mascarillas a través de la Industria Militar que se encuentra confeccionando 3 000 a diario y hasta el momento ya hizo entrega de 40 000 mascarillas.

Juan Ramón Soto, gerente de la Industria Militar, asegura que estas mascarillas solo son para abastecer al personal de las Fuerzas Armadas y algunas dependencias del Sistema Nacional de Gestión de Riesgo de Desastres (SINAGER). Además asegura que estas fueron certificadas por el Hospital Militar de Honduras para que puedan utilizarse al salir a la calle, pero que no podrían proteger a una persona dentro de un centro asistencial. «Queremos ser responsables en eso. Estas mascarillas son para utilizarlas como medida de prevención cuando uno sale a la calle, compararla con una N95 no lo vamos a hacer y tampoco vamos a decir que usted puede estar seguro en un hospital con ella. Lo que podemos hacer es asegurar que los soldados anden protegidos en la calle», añadió el coronel Soto, y dice que realizarán 20 000 mascarillas para proporcionar a ciudadanos particulares.

Miembros del Ejército se colocan guantes de látex y usan tapabocas rosados durante una jornada de entrega de alimentos del programa «Honduras solidaria», Tegucigalpa, 8 de abril de 2020. Foto: Martín Cálix.

Las mascarillas que produce la industria son de tela revestida de un material conocido como pelum que posee un plástico que, al fusionarlas, logran hacer un filtro de aire. Estas se pueden utilizar 5 o 6 veces, con el cuidado de limpiarlas cada vez que se utilizan y dejarlas reposar en un contenedor con agua, cloro y jabón por varios minutos, para lavar sin frotar y que no pierda la forma. 

El presupuesto utilizado para la fabricación de este equipo es parte del presupuesto asignado para la Industria Militar y con material que ya formaba parte de la industria que han readecuado para la emergencia, además de materia prima que proviene de la maquila. El coronel Soto dice que solo recibió órdenes de ir a traer esa materia a las maquilas, por lo que no podría asegurar que son donaciones o que es parte de algún otro presupuesto. De igual forma, la industria está produciendo caretas 3D para la protección de personal de salud y las han distribuido en los centros hospitalarios de Tegucigalpa. Además se encuentran en proceso de certificar trajes de bioseguridad y respiradores mecánicos, pero que de estos últimos hay equipo necesario que no se encuentra a nivel mundial. 

«El uso de las mascarillas es obligatorio, si no tiene una profesional hágala en su casa y para mayor seguridad hágale un doblez», señaló Juan Orlando Hernández en un medio televisivo. Mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS), acaba de publicar un nuevo informe en que reafirma que «no hay evidencia científica de que llevar una mascarilla, ya sea médica o de otro tipo, pueda prevenir la infección por coronavirus en personas sanas».

Sin embargo, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés) recomiendan que todos las utilicen, después de que en estudios recientes comprobaran que una cantidad significativa de personas con el nuevo coronavirus son asintomáticas y pueden contagiar a otras aún antes de manifestar las señales de la enfermedad. «Al haber interacción cercana —al hablar, estornudar o toser— puede ocurrir el contagio sin que el infectado se percate de ello, y un cubreboca ralentizaría la propagación del virus», señalaron los CDC, a la vez que recomiendan llevar una mascarilla de tela a los lugares públicos donde es difícil mantener el distanciamiento de metro y medio que se sugiere para no ser infectado.

Los CDC aseguran que una mascarilla casera no tendrá la eficacia que ofrecen las quirúrgicas o las N95, pero que las personas sin síntomas deberían utilizar mascarillas de tela y no asumir que garantiza protección: «Sirven para desacelerar la propagación del virus y ayudar a evitar que las personas que podrían tenerlo y no saberlo transmitan el virus a los demás», además así se puede evitar el desabastecimiento para el personal de salud. Mientras tanto, la OMS señala que aunque no recomiendan su uso en personas sin síntomas, es crucial que las mascarillas de un solo uso no se reutilicen y que a medida que se humedezcan por llevarlas, se cambian por una seca. 

En medio de la discusión entre las entidades de salud, lo único en lo parecen estar de acuerdo es en las medidas de seguridad como lavarse las manos antes de colocarla y después al retirar las mascarillas, y en que el uso de solo mascarilla no garantiza que no vaya a haber infección a menos que se apliquen las demás medidas: lavarse las manos, mantener la distancia y usar gel de manos. 

Mientras tanto, Taiwan envió una donación de 180 000 mascarillas quirúrgicas para su distribución en el personal de salud hondureño. Sin embargo, la transparencia en el manejo de las donaciones y los fondos aprobados ha sido muy cuestionado por distintas entidades.  

Un equipo técnico del Tribunal Superior de Cuentas (TSC), después de inspeccionar la bodega de COPECO, recomendó que la dependencia de Ayuda y Asistencia Humanitaria de la institución debería hacer documentos que certifiquen la salida de insumos y establecer un área para agrupar los insumos que reciben como donación, porque no se diferencian de los insumos adquiridos con fondos asignados a la institución. 

Un militar gana una bolsa solidaria durante una jornada de entrega de alimentos, Tegucigalpa, 8 de abril de 2020. Foto: Martín Cálix.

Un presupuesto cuestionado que sigue en aumento 

De acuerdo con el portal de transparencia de la Secretaría de Finanzas (SEFIN), el presupuesto utilizado para atender la emergencia es de 2,195.9 millones de lempiras ($87.8 millones). La cifra, actualizada hasta el 3 de abril, corresponde a fondos del Presupuesto General de la República 2020 que se han reorientado para la emergencia.

Estas medidas forman parte del decreto ejecutivo PCM-020-2020, publicado el 16 de marzo en La Gaceta, que detallan austeridad y contención del gasto en todas las instituciones del sector público. Entre ellas la reducción de todos los presupuestos que no pertenecen a salud, educación, energía, seguridad y defensa para obtener el 2 % del total aprobado para 2020. 

Otras disposiciones incluyen la restricción de nuevas plazas permanentes, nombramiento de personal con salarios mayores a lo establecido en otros decretos, compra y arrendamiento de vehículos, así como compra de mobiliario y equipo de oficina para aquellos departamentos que se mudarán al Centro Cívico Gubernamental, entre otras. «El gasto no ha sido mayor, se han hecho transferencias a las instituciones, pero no ha sido ejecutado ese presupuesto porque en primer lugar no estamos ni siquiera en el 15 % de la fuerza con que el coronavirus va a atacar a Honduras», señaló Gabriel Rubí, comisionado del Comité Permanente de Contingencias (COPECO), en declaraciones a un medio. 

Mientras tanto, el portal de transparencia de la Secretaría de Finanzas, detalla que se hizo una compra de 450 ventiladores mecánicos, sin especificar el modelo, por un total de 324 millones de lempiras ($13 millones) a través del presupuesto ejecutado por Inversión Estratégica de Honduras (INVEST-H), contraparte nacional de la Cuenta del Milenio, encargada de gestionar proyectos y programas de desarrollo con fondos internacionales y nacionales.

Mientras tanto, las autoridades de SINAGER dieron a conocer que de los primeros 140 ventiladores mecánicos comprados por el gobierno ya se han instalado al menos tres en el Hospital Cardiopulmonar del Tórax y ahora cuentan con 6 respiradores. El Tórax es uno de los principales centros de atención en la capital. Los demás centros asistenciales que recibirán ventiladores son el San Felipe, en Tegucigalpa, el Mario Catarino Rivas y el Leonardo Martínez en San Pedro Sula, el Hospital de Atlántida en La Ceiba y el Salvador Paredes en Trujillo. De igual manera, los hospitales de Santa Bárbara, Ocotepeque, San Lorenzo, Valle, Roatán y Danlí. 

Finanzas también señala que se hizo la compra de 7 hospitales móviles, cuatro de 51 camas, uno de 91 camas, dos que no especifican su capacidad. El monto total es de 1 159 millones de lempiras ($46 millones). Anteriormente el portal de Finanzas señalaba que uno de estos hospitales móviles estaba en el Aeropuerto Toncontín. Según señala Gabriel Rubí, titular de COPECO, inicialmente se planteaba tener uno en Toncontín y otro en Roatán, pero estos no se instalaron porque las terminales aéreas cerraron y llegaron más tarde de lo previsto. Sin embargo, los hospitales se pueden ubicar en otros lugares. Ante el brote creciente de COVID-19 en Cortés, las autoridades están definiendo si lo instalarán en Choloma o Villanueva. 

Hasta el momento el gobierno aprobó 144 millones de dólares en préstamos, más 424 millones de dólares a través del Congreso Nacional y el Consejo de Ministros. Han utilizado 87 millones de dólares provenientes del Presupuesto de la República, el total es de 638 millones de dólares para atender la emergencia. 

Por su parte, el Foro Social para la Deuda Externa (FOSDEH) señala que «debemos tener sumo cuidado con el uso del nuevo endeudamiento para enfrentar la emergencia del COVID-19, por los compromisos que esto significaría a futuro», a la vez que recuerda que para que el país supere esta pandemia «no sólo es necesario la transparencia y rendición de cuentas en el uso de los recursos, sino también, el conocer los escenarios durante y después de la crisis».

Un vendedor de verduras se lava las manos después de hacer una venta, Tegucigalpa, 22 de marzo de 2020. Foto: Martín Cálix.
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