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Mientras los datos no coinciden, el sistema de salud colapsa 

El personal sanitario en Honduras, vive entre la saturación de los hospitales, los aplausos virtuales a través de redes sociales, el estigma en sus comunidades y el silencio impuesto por una retórica triunfalista. Son muy diversas sus formas de expresarse, algunos tienen miles de seguidores en twitter y otros son contratados por medios de comunicación para hacer propaganda de tratamientos que en Honduras son catalogados como «la cura» contra la COVID-19. A pesar de eso, la población  ha puesto su confianza en ellos, según lo demuestra la encuesta realizada por Contracorriente.

Hablamos con varios médicos que están enfrentando la pandemia desde diferentes especialidades y posiciones para conocer la situación del sistema de salud y lo contrastamos con lo que el gobierno ha expresado públicamente.

El doctor Cándido Mejía, es dermatólogo del Hospital Mario Catarino Rivas, uno de los hospitales públicos más importantes de la zona noroccidental, actualmente saturado por la pandemia, pero en permanente crisis desde hace años. En febrero de este año, justo antes de la identificación del primer caso de COVID-19 en Honduras, se publicó en el Diario Oficial La Gaceta el acuerdo ejecutivo PCM-003-2020, que intervenía este hospital. Sin embargo, desde hace algunos años, la seguridad del hospital, que estaba a cargo de una empresa de seguridad privada, fue intervenida por la Policía Militar, que poco a poco dio lugar a la intromisión de los militares en diversas áreas de la administración de la institución. Así se ha evitado el acceso a la prensa en múltiples ocasiones.

Solicitamos al Hospital Mario Catarino Rivas información sobre personas hospitalizadas, fallecidas y recuperadas de COVID-19 en ese centro asistencial, así como la capacidad actual de la sala COVID-19, pero no obtuvimos respuesta. Sin embargo, la Secretaría de Salud publicó en su portal a inicios de junio que se construirá una nueva sala de atención para atender sesenta pacientes  con COVID-19 en ese hospital,  a un costo de tres millones de lempiras. La Comisión interventora ha dicho que esto se hará con el presupuesto anual del hospital, no con el otorgado a la Secretaría de Salud, por la emergencia. Además, esa comisión agregó que dentro de un mes y medio se espera la habilitación de un hospital móvil con capacidad para noventa pacientes que ayudaría a descongestionar el Hospital Mario Catarino. Para este momento, la zona noroccidental es la más afectada con cerca de seis mil casos.

Cándido Mejía, atiende pacientes que lo buscan por problemas dermatológicos: dermatitis de contacto por los rociadores de desinfectante y enfermedades vinculadas al COVID-19. «De los pacientes que llegan con COVID-19, entre el 16 % y el 20 % llegan con lesiones dermatológicas», explica. Mejía ha atendido a personas infectadas y ha prescrito la hidroxicloroquina, para mejorar la condición de los pacientes.

En Honduras se ha popularizado un par de esquemas de tratamiento incluidos en el protocolo de la Secretaría de Salud y, en algunos casos, se ha promocionado como un tratamiento efectivo contra COVID-19, sin aún tener evidencia. Son llamados CATRACHO, utilizado en la fase tres y cuatro de la enfermedad, y MAIZ, utilizado en la primera fase. Las dosis de medicamentos necesarias para estos esquemas aún no llegan completas, sobre todo a hospitales como el Mario Catarino Rivas, con alta demanda, pero con pocos recursos. CATRACHO utiliza: colchicina, antiinflamatorio, tocilizumab, ivermectina, anticoagulante, hidroxicloroquina, oxígeno de alto flujo y pronación. 

«El Catracho se usa en centros hospitalarios de mucho dinero, con recursos económicos altos. El remdesivir no lo tienen los hospitales y hace poco fue aprobado en EE. UU., y el Tocilizumab, antiinflamatorio, también es caro. En el caso de MAIZ, que contiene microdacyn, azitromicina, ivermectina y zinc, se usa antes de la hospitalización. En este esquema faltan los antiinflamatorios y la hidroxicloroquina, yo he usado por más de veinte años ese medicamento y no pasa nada. Entonces yo receto, paracetamol ibuprofeno, esteroides e hidroxicloroquina», explica Mejía, quien además agrega que «algunos con el tratamiento se envían a la casa y se les monitorea por teléfono, otros van a centros de aislamiento. Muchos pacientes no van al hospital por el rechazo, prefieren que no se sepa, por el estigma. Esto del estigma es en todo, hasta a uno como médico la gente le tiene miedo, nos rechazan».

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En el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS) es donde más se ha utilizado el esquema CATRACHO y MAIZ. Esta semana, el IHSS nos envió la tabla de precios con que fueron adquiridos los medicamentos para estos tratamientos y sus proveedores, la información fue entregada de manera parcial, sin embargo nos da una idea de los precios de los medicamentos.

Como se puede ver en la tabla, el precio de Tocilizumab, incluido en el esquema CATRACHO, es mucho más alto que el del resto de medicamentos, es por esto que en hospitales como el Catarino o como el Hospital María en Tegucigalpa, este medicamento no ha llegado por parte de la Secretaría.

En el Hospital María de Tegucigalpa hay actualmente una sala con treinta y tres camas para la atención de adultos en fase tres o cuatro de COVID-19, totalmente ocupadas al momento y una sala con doce camas para menores de edad, también ocupadas en su totalidad. Este hospital, descentralizado de la Secretaría de Salud, fue uno de los elegidos para la atención de la pandemia, pero además de la falta de algunos medicamentos, al ser este un hospital de atención pediátrica, ha sido difícil adaptarlo para atender adultos con COVID19. Uno de los principales problemas es que cuentan con pocos especialistas para esta enfermedad.

De marzo a la fecha, en este hospital se han atendido 500 personas, el 30% de ellas de manera ambulatoria, el 70 % (350 personas) ha sido hospitalizado. Este hospital tiene un presupuesto de 178 millones de lempiras anuales, insuficiente, incluso, antes de la pandemia. Ahora con esto el hospital ha tenido que realizar gestiones propias para complementar lo poco que la Secretaría de Salud le otorga por la emergencia.

Sobre las personas hospitalizadas que fallecieron o se recuperaron hay poca información. En el departamento de Relaciones Públicas nos dijeron que apenas 10 personas han sido identificadas como recuperadas, ya que para hacer esto se requiere que la persona tenga dos pruebas con resultado negativo, y con la escasez de pruebas y el tiempo que tardan los resultados, no muchos tienen capacidad para hacerlas. Sobre los fallecidos no pueden hablar, la Secretaría de Salud ha indicado a los hospitales que ese dato no se otorgue sin su permiso.

El Foro Nacional de Convergencia (Fonac), ha sido el ente de sociedad civil indicado por el gobierno para realizar las auditorías en la emergencia, la semana pasada realizó auditoría social al sistema hospitalario del país, y ha generado diversas reacciones. Ya ha visitado el Hospital Escuela Universitario (HEU), las instalaciones del Instituto Nacional Cardiopulmonar, conocido como Hospital del Tórax, y el Hospital María. En la misma determinó la necesidad de habilitar más camas en las salas COVID-19 de estos centros hospitalarios, por esto en el HEU se está habilitando una sala con 45 camas, sumado a las 20 camas con las que ya cuenta y que actualmente están ocupadas en su totalidad. Pero esta auditoría produjo controversias con la dirección del HEU que ha sido crítica con el manejo que se le ha dado a la emergencia por parte de la Secretaría de Salud. «No solo son camas las que se necesitan para la atención a pacientes COVID-19»,  dijeron en su momento los médicos del HEU.

El doctor Osmín Tovar, director del HEU, asegura que han atendido a 537 personas, de manera ambulatoria en las clínicas periféricas de El Sitio; 390 en El Hato; mientras que en la carpa de triaje del HEU central han atendido a 350 personas entre marzo y mayo. A todas estas personas se les sacó muestra para identificar casos de COVID-19, pero con 12 días de retraso, Tovar, asegura que «estamos trabajando con una curva fantasma». Otro grave problema que han tenido en el HEU es el contagio del personal de salud, un microbiólogo ya falleció por esta enfermedad mientras trabajaba en el centro asistencial.

«Hemos tenido a 7 personas recuperadas del sistema sanitario y hemos muestreado a 1350 personas, de los cuales apenas tenemos 30 resultados, todos positivos», explicó Tovar. El doctor Tovar, informa que el HEU reportó 12 decesos por COVID-19 y que no saben qué pasa con el resto de las personas atendidas porque son remitidas a los hospitales asignados para la atención de la pandemia, el HEU no es uno de ellos. Además, aún está por determinarse el impacto en la atención general del hospital, ya que además estamos frente a la epidemia de dengue que ya tiene alrededor de 12 mil casos a nivel nacional.

Otro punto de discordia en este centro es que no están aplicando MAIZ o CATRACHO porque no hay evidencia de que esos tratamientos funcionen, según Tovar: «Si lo hacemos debe ser bajo protocolo de información al paciente, consentimiento informado explicando riesgos. Los antibióticos son para enfermedades bacterianas, nunca se han usado para enfermedades virales y la hidroxicloroquina es para enfermedades como lupus. Las instituciones deben poner sus protocolos de manejo y vamos a ser rigurosos, nadie ha parado la pandemia con medicamentos, si hubiera un tratamiento exitoso ya se hubiera parado. El tratamiento que se le da a la gente es de sostenimiento, oxígeno suplementario, aminas vasoactivas, ventilación mecánica en los últimos casos, los protocolos estándar de todo el mundo», explica.

«Hay gente que quiere creer en algo, que busca esperanza, cree que en algún momento puedan descubrir algo que genere un impacto. Hay gente que quiere sobresalir y hay gente que tiene intereses ocultos, no sabría decir qué predomina aquí», agrega Tovar, con respecto a la publicidad gubernamental y por parte de algunos médicos sobre los tratamientos antes mencionados.

Ante la saturación de los hospitales en Tegucigalpa, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, ha habilitado una parte del Polideportivo para atender pacientes COVID-19, un proyecto en el que también participa la organización Médicos Sin Fronteras (MSF).

El espacio donde MSF atenderá pacientes con COVID-19 en estado severo, contará con 20 camas. Sus equipos atenderán a  pacientes con necesidad de oxígeno que sean referidos de los hospitales de la ciudad y de las otras dos alas del polideportivo, manejadas por la Secretaría de Salud (Sesal) y Copeco, en donde se atienden pacientes con COVID-19 que tienen síntomas leves o son asintomáticos, para evitar el desbordamiento de los servicios hospitalarios en la capital hondureña.

«Hemos trabajado en coordinación con la UNAH, Copeco, Sesal, Cancillería y el Sinager para apoyar la respuesta a la emergencia COVID-19, en la ciudad de Tegucigalpa. En este sentido, buscamos que el centro preste atención médica de calidad para las personas que lo necesitan, cumpliendo con el objetivo de contribuir a descargar el sistema de salud», comentó José Antonio Silva, coordinador de proyecto de MSF en Tegucigalpa.

Los datos de hospitalizaciones no coinciden

El número de personas que han necesitado hospitalización en Honduras es impreciso. Hicimos varias solicitudes de información pública a la Sesal, por ser esta la institución responsable de publicar los datos consolidados de todos los centros de atención del país. Sus datos indican que actualmente hay 620 personas hospitalizadas en todo el país.

En marzo, la Sesal reportó cero hospitalizados, pero solo el IHSS reportó ese mismo mes, 57 personas en sus hospitales. En abril, la Sesal reportó 591 hospitalizados en todos los hospitales del país, sin embargo, el IHSS reportó 250 hospitalizadas. En los datos de la Sesal, en mayo, las cifras se disparan a 4995 personas hospitalizadas, lo que es imposible, dado que representaría el 90% de las personas contagiadas en ese mes. Eso no podría haber ocurrido en unos pocos días, dado que a inicios de junio, la Sesal reportó solo 620 hospitalizados. El 31 de mayo, la misma Sesal reportó, en el comunicado oficial número 83 que el total de personas hospitalizadas fue de 524. Eso tampoco es posible dado que solo el el IHSS reportó 516 personas hospitalizadas en ese mismo mes.

Mientras los números no cuadran, los hospitales colapsan.

Medicamentos en ensayo

Para saber sobre los estudios que se están haciendo en Honduras, para tratar la pandemia, entrevistamos al doctor Marco Tulio Medina, encargado del ensayo Solidaridad de la OMS. Este ensayo se está realizando en veinte países, uno de ellos Honduras, con el uso de varios medicamentos, entre ellos la hidroxicloroquina y el remdesivir. La OMS suspendió temporalmente el uso de la hidroxicloroquina en este ensayo, debido a un artículo publicado en la Revista Lancet en la que se decía que el medicamento era riesgoso para los pacientes con COVID-19. El artículo no logró sustentar científicamente sus afirmaciones y la OMS retomó el uso de ese medicamento en el ensayo. En Honduras se ha aplicado en diez pacientes de los tres mil quinientos a los que se les ha aplicado de manera aleatoria a nivel mundial.

Los hospitales que participan en el ensayo son el Instituto Cardiopulmonar (Tórax), el Hospital Atlántida, el Hospital Militar y el Hospital Leonardo Martínez. Un equipo de diecisiete investigadores evalúa los cuatro medicamentos que pueden ser usados versus el tratamiento estándar. La OMS donó el remdesivir, el único medicamento del cual se tiene evidencia de su utilidad en la fase tres, la Hidroxicloroquina que está sujeto a investigación, el lopinavir y la combinación con Interferón Beta 1 A. Hasta el momento, ningún medicamento ha pasado la fase tres de investigación requerida para aprobar un medicamento.

«Eso es normal en ciencia, lo que pasa es que el tema de la hidroxicloroquina se ha vuelto muy mediático, políticamente manejado y además manipulado. El problema es cuando la política se mete en cuestiones de ciencia, la ciencia no es política en su sentido estricto, son hechos, constataciones. La política depende de qué bando esté usted. Nosotros ya comenzamos el protocolo y llevamos diez pacientes, se han reclutado, revisado y dado su tratamiento, a nivel mundial llevan más de tres mil quinientos pacientes, Francia es el que más ha aportado, es un país de primer mundo, y también Irán donde ya ocurrió una segunda ola de contagios», explica Medina.

El doctor Medina añade que está sorprendido sobre las declaraciones de otros médicos que  dicen tener ya la prueba de un medicamento para tratar COVID-19. «Eso no puede ser porque se tiene la prueba cuando se tienen las investigaciones y se ha constatado y replicado. Hay personas que dicen que se usó hace setenta años y lo hemos venido usando en otras enfermedades, eso tampoco es correcto, un medicamento debe ser constatado científicamente, esto no es algo político o de intuición o porque yo anticipo. En ciencia se tienen los datos o no se tienen, en este sentido. es necesario hacer las investigaciones, eso es lo ético, eso es lo que ha mandado la Convención de Helsinki y lo que el mundo aprobó, incluyendo Honduras», explica, refiriéndose a los esquemas MAIZ y CATRACHO, aplicados en el protocolo de atención por COVID-19 en Honduras.

«Yo respeto y quiero manifestarle que respeto la opinión de mis colegas que buscan opciones terapéuticas, de hecho, la UNAH apoyó para el análisis al doctor Sierra Hoffman (creador del esquema CATRACHO), y al doctor Oscar Díaz (actualmente consultor de Televicentro, sobre la pandemia), ellos han hecho un estudio entre Victoria, Texas, y San Pedro Sula, colocando los datos en un estudio de multi abordaje de varios tratamientos manejados en el paciente y los datos preliminares muestran que hay una reducción de la mortalidad y la hospitalización, pero este es un estudio pequeño. En el estudio MAIZ, la recomendación es que debe ir bajo un ensayo clínico aprobado por un comité de ética, con un consentimiento informado indicado por médicos y viendo si hay efectos secundarios. Nosotros debemos seguir la línea internacional de cómo se manejan medicamentos de los que todavía no se tiene constatación científica de que son útiles», explica.

Medina agrega que hay una campaña en contra de la OMS, por errores que ha cometido, pero que esta organización de la ONU, fundada en 1948, o la OPS (su rama panamericana), son organismos importantes y que ya habrá oportunidad de deducir responsabilidades a la gente que cometió errores. Pero Honduras depende de las donaciones para tratar el COVID-19. «Muy pocas personas están donando cosas a Honduras, hay que ver las cosas de manera equilibrada», asegura.   

Hay esfuerzos en diversas vías, actualmente la Cruz Roja Internacional está desarrollando un proyecto de recolección de plasma de recuperados y ahora realizando pruebas a trescientos cincuenta lempiras, para ayudar a identificarlos, ya que en ese punto, también la Secretaría de Salud se ha mostrado deficiente. El número de pruebas ha variado entre seiscientos y mil diarias en el último mes. Según datos de la Secretaría de Salud, en mayo se realizaron ocho mil setenta y nueve pruebas PCR en todo el país, pero los resultados siguen tardando entre quince y veinte días. El doctor Medina estima que, debido a ese retraso, la dimensión de la pandemia es entre cinco a diez veces más grande de lo que se reporta.

«Honduras es un país que de acuerdo con el Banco Mundial está en un nivel intermedio bajo, donde más del 60 % de la población es pobre y más del 30 % está en extrema pobreza. Entonces estamos ante un dilema entre el riesgo de alteración de la seguridad alimentaria de los hondureños y la estabilidad social, porque al haber hambruna una población puede entrar en una situación de inestabilidad. Por otro lado, esta pandemia claramente está en fase ascendente, sobre todo en el Valle de Sula y Tegucigalpa, tanto que, de acuerdo con los directores de los hospitales más importantes de la ciudad —como el HEU o el Cardiopulmonar—, estamos saturados con pacientes. Aquí es un equilibrio muy frágil, al abrir la economía corremos el riesgo de un repunte de casos, pero estamos entre la espada y la pared. Lo que epidemiológicamente se vaticina es que habrá un repunte de los casos, tendremos que aprender a vivir con el virus. El problema es la educación: tenemos que reforzar las medidas de bioseguridad en la población, se debe insistir en la importancia del uso de mascarillas, distanciarse uno del otro, personas de tercera edad y con factores de riesgo deben quedarse en casa», concluye.

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Directora de Contra Corriente
Periodista, artista y documentalista. Amante del cine, la música y la literatura. Cofundadora de Contra Corriente.
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14 junio, 2020
¿En quiénes y en qué confía la población hondureña en tiempos de pandemia?
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