El candidato millenial en un partido tradicional

Kilvett Beltrand es la imagen fresca del partido con liderazgos más antiguos en Honduras. El relevo generacional se ve con la figura de Juan Orlando Hernández en el Partido Nacional, aunque siempre agradezca a la vieja guardia llevarlo a ser uno de los presidentes más jóvenes de la historia. Beltrán dice que está en política porque su generación ha crecido inconforme, pero se está formando en el partido más viejo y que en este momento está promoviendo la imagen de un líder absoluto que se podría reelegir como si no hubiera un liderazgo nuevo para relevar.

Cuando Kilvett llega a un lugar no falta quien le pida una selfie para subir a redes sociales. Se ha convertido en el icono de una nueva generación de nacionalistas que promueven la reelección de Juan Orlando Hernández convencidos que el modelo de su gobierno es lo mejor que le puede pasar al país. Si a Juan Orlando lo acusan de estar ligado al crimen, Kilvett sale en la televisión diciendo que son ataques sin pruebas, que son callcenters venezolanos. Si se critica a su partido por actos de corrupción en los que están involucrados dice que pide equilibrio, porque todos los partidos han robado. Si le piden coherencia porque antes criticaba a Hernández y ahora lo alaba, él también pide hablar de cuando Salvador Nasralla criticaba a Mel Zelaya. Kilvett es un entusiasta.

Esta semana con el editorial publicado en el New York Times, se volvió a poner en el ojo mundial la crítica al autoritarismo de Juan Orlando Hernández; Beltrand, quien parece ser la cara amable para defender su partido, dice que un editorial escrito por alguien de extrema izquierda y además acusada de violencia política, no es veraz en lo que dice y que todo se toma de donde viene.

Y cuando se le pregunta sobre el acto de corrupción que señala al Partido Nacional directamente en el desfalco del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), dice que es propaganda política.

–Hay una maquinaria bien orquestada para achacarle esto solo al Partido Nacional. Hay actores de todos los partidos en esto, es un ataque político electoral para generar una percepción y una imagen. Es entendible por la competencia política, desleal o leal, porque en política se vale de todo. Decía Joseph Goebbels estratega de marketing de la Alemania socialista «una mentira dicha tantas veces se convierte en verdad», y esto ha sucedido. Se habla de la cantidad de 7 mil millones que es mentira y otras cosas. Yo sostengo que debe ir a la cárcel todos los culpables del partido que sea.

Beltrand se considera un indignado, miembro de una generación que creció gritando, incómoda, sin embargo dice que el grito depende de donde se da, es útil y en las calles, el grito no soluciona nada. Tiene 30 años, lo que llamaríamos un millenial.

«Tengo que decir que yo era parte de las personas que me sentí indignado con lo del IHSS, debe caer hasta la última persona involucrada. Pero hay partidos políticos que se han encargado de acusar sin sustento. Por ejemplo, el líder de la Alianza, Salvador Nasralla dice que todos los periodistas son comprados, y no ha presentado ni una prueba. Él nunca ha ido a una conferencia de prensa presentando pruebas de acusaciones. Yo puedo decir cualquier cosa tuya, mientras no tenga como sustentarla se convertirá en un rumor de pasillo, un cierto sector de la población lo puede creer aunque no lo pueda probar», explica Kilvett, y al hacerlo parece no darse cuenta que es miembro del partido que ahora tiene control de todas las instituciones del Estado.

Y muchas cosas son de «show político». Beltrán ilustra esto diciendo que uno de los miembros del movimiento indignado, ahora candidato a diputado por la Alianza de Oposición contra la Dictadura, Miguel Briceño, lo abraza en persona y lo ataca en redes. Aún a esa forma de hacer política, dice Beltrán, no se acostumbra.

Reelección

Kilvett apenas tiene un año de haber comenzado su carrera política en el Partido Nacional, estudia y sabe manejar el discurso de acuerdo a la imagen que proyecta. Podría ser un cuadro en formación para la presidencia. Él habla de la reelección presidencial como que solo fuera un tema de modernidad, de estar a la vanguardia en la política frente a nuestros vecinos.

–Es duro el choque generacional, no puedo decir que no, el partido se ha formado en base a liderazgos fuertes, sin embargo hay una apertura real. Hoy lo podemos ver en el partido, el presidente Hernández es el más joven en la historia del país, Reynaldo Sánchez, presidente del Partido Nacional es el más joven de la historia del partido. Hay hartazgo de la gente en política tradicional en esa imagen cuadrada del político que existe. Honduras era de los pocos países que no tenían la reelección. Incluso bajo el mismo proceso, Colombia la aprobó, está Nicaragua. Ortega es casi un prócer para la Alianza.

–¿Pero no es también un aliado del actual presidente Juan Orlando Hernández?

–Ortega es un aliado de Juan Orlando, muy fuerte, que ha reconocido los enormes avances, hemos trabajado de la mano con Nicaragua en el tema del triángulo norte. Supuestamente alguien de corte izquierda tiene relaciones con alguien de centro derecha pero si encuentran algo que beneficia a los dos trabajan juntos.

Según Beltrand, cuando la militancia nacionalista le pidió a Juan Orlando Hernández ser candidato nuevamente por parte del partido, entendieron desde el inicio que la reelección no es algo dado, que la gente lo decidirá en las urnas, y que ésa es la forma correcta, aunque no lo permita la Constitución de la República.

A pesar de eso, Beltrand no ve que sea necesario cambiar la Constitución, así puede quedar, siempre y cuando se sepa maniobrar.

Voto en plancha

La línea continua, base de la campaña del Partido Nacional, revive esa antigua práctica del voto en plancha, que había sido prohibido antes de estas elecciones y se reactivó ante la necesidad del Partido Nacional de ganar el Congreso de la República. A Kilvett, siendo un joven inconforme no le parece raro, ni molesto, lo importante es que la línea pase por su rostro en la papeleta.

–¿Para qué se crean los partidos políticos? –Pregunta, retórico, confiando en tener la respuesta–. –Para ganar elecciones, es para lo único, para llegar al poder. Recordame una vez que un partido político dejara de pedir el voto en plancha, mi primera noción es de 1994, yo recuerdo escuchar a Reina pedir el voto en plancha. Lo que te quiero decir es que ésa es una posición partidaria, el elector tiene la última palabra, hay gente como tú que no le gusta votar en plancha, hay otra que piensa como partido. «La línea continua», decían que es ilegal, es una forma diferente, pero no te estoy influyendo a ti, claramente veo que estás en contra del voto en plancha, no te estamos obligando a nada. –Dice, intentando su mejor sonrisa, la más simpática.

Hernández convenció a Kilvett y él, de paso se libra de toda la culpa de su partido, él dice no ser responsable de lo que otros nacionalistas hicieron. Confía en que lo avale su juventud, y su corta experiencia dentro del Partido Nacional, aún –confían– no ha tenido la oportunidad de llegar al poder. Pero este joven asegura que Hernández ha convencido con obras.

–En año electoral el país siempre iba mal económicamente. Ahora este es el año con más crecimiento económico a nivel macro que ha tenido el país. Hemos bajado casi en 30 puntos la violencia, es casi un milagro. Cuando me critican, esto sí creo que es demasiado, esos parques que ha hecho Juan Orlando para el esparcimiento, el desarrollo cultural, eso no se puede criticar. –Asegura Kilvett, quien además pone como prioridad el arte y los deportes en su propuesta para ser diputado, porque él –dice– también ha sido artista, ha  «declamado» poesía.

Kilvett, sin duda, es un entusiasta. Y podría ser el cuadro en formación del próximo liderazgo del partido más viejo de Honduras. Qué le falta. Qué tiene. Mañana lo sabremos.

Fotos: Martín Cálix
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Directora de Contra Corriente Periodista, artista y documentalista. Amante del cine, la música y la literatura. Cofundadora de Contra Corriente.
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