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El orgasmo en la cotidianidad

Fue un día agitado y productivo, las endorfinas se percibían como se percibe el miedo en los tumultos de los puntos de taxi o buses. Tenía mucha hambre, así que pedí una baleada sencilla, me la comí y disfruté, pero no tuve mayor sensación en mi paladar hasta que decidí ser atrevida y meter el dedo en la copa de salsa con mayonesa y chimichurri de mi pareja.

Metí rápido mi dedo a la copa y luego a mi boca y solté casi de inmediato un gemido, de esos que una suelta con toda naturalidad al experimentar el placer. En fracción de segundos, pasaron escenas candentes frente a mis ojos. Era uno de esos recuerdos orgásmicos que la cotidianidad te regala.

Como cuando vas caminando y sentís el roce de tu pantalón y recordás que allá abajo hay una vagina con vida propia que siente, que disfruta y a veces duele en los días de la tan controversial menstruación, o como cuando el carro vibra y te relajas.

Hoy 8 de agosto es el día internacional del orgasmo y quizás pueda parecer una locura que exista un día para tal acto de placer, no obstante, hace 16 años que fue aprobado por unanimidad en el Ayuntamiento de Esperantina en Brasil, fue un acto de transgresión del entonces alcalde que invitaba a hablar de la sexualidad sin tapujos. Quizás algunos se sientan ofendidos con ello, por no ser el día del orgasmo femenino y masculino o porque no lleva la palabra “eyaculación”.

Y no sé si es por el día en el que me encuentro de mi ciclo menstrual o simplemente es el día, la sensación y los recuerdos, me hicieron de pronto sentir nostalgia por aquellos orgasmos retraídos, olvidados o nunca experimentados. Recordé a Doña Martha del bordo cerca de la Empresa de Alimentos Dixie, una señora de 54 años a quién entrevistábamos para un caso de estudio sobre el peligro o la forma en cómo mitigaban los riesgos por desastres naturales en la comunidad que está muy cerca de una quebrada que cuando llueve crece y puede ser devastadora.

Tan devastadora como el escuchar a aquella señora, relatar cómo desde los 12 años empezó a huir de hombres y cómo uno de ellos le había perseguido de pueblo en pueblo en el occidente, hasta que finalmente la secuestró y llevó a su hacienda con el consentimiento de la madre del joven.

“Eso era normal en aquel tiempo, yo fui su mujer por años y tuve hijos de él, aunque él tenía su mujer formal abajo”, dice Martha, refiriéndose a la casa oficial que tenía el hombre en el pueblo.

Como pudo migró a San Pedro Sula y logró entrar a una maquila, en ese entonces ya estaba con otra persona con quien había procreado 4 hijos más. Pero éste la maltrataba y violentaba, así que lo dejó y se fue a una colonia que era controlada por la Mara Salvatrucha, un día llegó su ex pareja borracho y amenazándola, que lo dejará entrar a la casa que ella pagaba, los muchachos de la mara como dice ella, ese día lo enfrentaron, lo golpearon y le dijeron que no volviera a molestarla.

Doña Martha tuvo miedo que lo mataran y se sentía culpable, porque, aunque no le ayudaba mucho ella necesitaba quién le apoyará a criar a sus hijos, así que se juntó con su vecino con quién tiene más de 25 años de estar juntos.

¿Y de éste sí está enamorada? Le preguntó mi amiga.

No, yo no sé qué es el amor. Nunca lo he conocido y a él lo respeto y aprecio, pero no más.

Ante esa respuesta seca y con nuestra experiencia en el tema de VIH y la lucha por los derechos sexuales y reproductivos, mi amiga y yo proseguimos la conversación preguntando, sobre cómo se cuidaba de infecciones de transmisión sexual y si alguna vez había disfrutado hacer el amor.

Nunca he disfrutado el sexo, apenas recuerdo haber disfrutado los besos. Respondió.

Doña Martha nunca tuvo oportunidad de apreciar su cuerpo, de conocerlo y explorarlo. ¿Cómo diablos hacerlo? Me preguntaba en mi cabeza, cuando desde que entró a su adolescencia, fue acosada, secuestrada y violada. Obligada a ser sólo un pedazo de carne.

Ella nunca ha conocido lo que es tener un orgasmo, nunca le enseñaron a sentirse orgullosa de su cuerpo y recordé la historia de esa señora de los Monólogos de la Vagina en la que está en el automóvil de su pretendiente y de pronto después de un beso se mojó, se mojó tanto que no entendía qué pasaba. No sabía que estaba excitada y se sintió muy apenada, su pretendiente la avergonzó reprochándole lo que había pasado, le dijo que era sucio y nunca más ella pudo disfrutar de su vagina.

Cuando el alcalde José Arimateia Dantas Lacerda, justificaba que el tener un día especial para celebrar el orgasmo femenino, sería una forma de hablar sin tapujos sobre la sexualidad femenina y que también era un acto político, lo dijo porque el tema era un asunto de salud pública.

Quizás no estaba tan equivocado, según la Revista Cosmopolitan que publicó una encuesta al respecto. Luego de obtener cuestionarios resueltos por 2 mil 300 mujeres de entre 18 y 40 años en la que el 42% dijeron lo hicieron porque no querían lastimar los sentimientos de su pareja y porque sabían que no alcanzarían el orgasmo y querían terminar con el encuentro lo más pronto posible mientras que el 39% logran la mayoría de sus orgasmos masturbándose o con un juguete.

Quizás la idea de José Arimateia no está tan alejada, puesto que a medida que hablemos sin tapujos sobre la sexualidad femenina también iremos reconociendo nosotras las mujeres, que no hay nada de malo con nuestra vagina y que en realidad lo que tenemos entre las piernas no es una araña o un pescado como vulgarmente nos hacen creer.

Gracias a esa iniciativa estamos hoy acá hablando sobre cómo en la cotidianidad encontramos orgasmos: al probar una comida que nos gusta, cómo disfrutamos algunos roces de los pantalones o vibraciones del carro o cómo hay mujeres en este siglo XXI que nunca han sabido siquiera que es eso que llaman orgasmo femenino, como le ha sucedido a Martha.

Hoy es un día perfecto para reflexionar que en pleno siglo XXI todavía haya generaciones que piensen que para tener un orgasmo es necesario un pene y penetración. Ojalá cada año podamos ir sintiendo y disfrutando eróticamente de aquello que hay en nuestra cotidianidad. Que aprendamos a tocarnos y explorarnos, pero que también disfrutemos de los más mínimos placeres como el comer y darnos gustos de vez en cuando.

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Escrito por:

Comunicadora y publicista, madre del proyecto cultural Arte Que Mueve y Comunicando & Conectando co-fundadora de Contra Corriente.

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