Editoriales excluidas y autores varados a pesar de inversión de 1.5 millones de lempiras en Feria Internacional del Libro

Del 2 al 4 de diciembre de 2022 se realizó la Primera Feria Internacional del Libro en Honduras, organizada por la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras (SECAPPH) que tuvo un costo aproximado de un millón y medio de lempiras. La organización de la feria reunió a algunos invitados internacionales, editoriales y librerías hondureñas, pero, en su desarrollo, excluyó a varias editoriales y autores hondureños y estuvo marcada por la improvisación, demora de eventos y poca retribución para las editoriales que fueron parte.


Texto: Persy Cabrera
Fotografías: Fernando Destephen

En octubre de 2022, durante la Feria del Libro de San Pedro Sula, Javier Suazo, de Casasola Editores, comentó a Contracorriente que la principal amenaza para las editoriales hondureñas independientes es la invisibilidad, una que «sufre no solo el trabajo editorial, sino en sí el trabajo de cada autor hondureño». Es por eso que el anuncio de la Primera Feria Internacional del Libro, auspiciada por la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras (SECAPPH) a inicios de noviembre de 2022, postulaba este evento como una oportunidad para exhibir todo el trabajo literario de estas casas editoras. Pero, al final, a muchas de las nuevas editoriales y autores hondureños se les dejó fuera del evento que se desarrolló durante tres días principalmente en los bajos del Congreso Nacional y que, según declaraciones de la subdirectora de la feria, Carolina Torres, tuvo un coste de «entre millón y medio o máximo dos millones de lempiras», aunque esta información y el informe final del costo de la feria aún no se sube al portal de transparencia del Gobierno. 

La SECAPPHes una secretaría relativamente nueva, y cuyas funciones solían estar a cargo de una dirección bajo el Gobierno de Juan Orlando Hernández. Con la llegada de Xiomara Castro al poder, esta dependencia parecía tomar nuevos bríos con el nombramiento de la doctora y escritora Anarella Vélez y el regreso al rango de secretaría. A través del decreto No.30-2022 que permitió la modificación del presupuesto general de ingresos y egresos de la República, se dejó a la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras un presupuesto modificado de 336,008,504 lempiras para el ejercicio fiscal de 2022.

A pesar del robusto presupuesto con el que cuenta esta secretaría, en comparación a otros años, los autores y editoriales que iban a participar en la feria denunciaron que, en vez de darles apoyo, se les quería cobrar por su participación; mientras, varias editoriales y autores de los países invitados —México, Venezuela, Puerto Rico— fueron traídos a la feria con varios gastos pagados. 

Pero el primer problema de la feria tiene que ver con el tiempo de organización; porque, de acuerdo a Javier Suazo, la Primera Feria Internacional del Libro en Honduras se creó con poco tiempo de anticipación y, por eso, no creó la expectativa suficiente entre el público hondureño, que, según Suazo, de por sí no es un público lector. 

Giovanni Rodríguez, de Mimalapalabra Editores, considera que hubo «improvisación» en la planificación del evento por el poco tiempo en el que se organizó. De acuerdo a Rodríguez, Mimalapalabra fue contactada por los organizadores a finales de octubre y tres días después había que enviar la confirmación, cuando la feria iniciaba el 2 de diciembre. Aunque un mes parezca suficiente tiempo para que las editoriales gestionen su logística, Giovanni Rodríguez apunta que la mayoría de las editoriales independientes imprimen sus libros en Estados Unidos gracias a una plataforma en Amazon, y todo el proceso de envío a Honduras puede llegar a tardar hasta un mes.

Respecto a las invitaciones a las editoriales, Javier Suazo comentó que él recibió una invitación personal para el evento, pero que a Casasola Editores nunca llegó una, y aseguró que esto último pasó con varias editoriales independientes hondureñas. Juan José Bueso, de Hermandad de la Uva Editores, explicó que esta casa editora sí recibió una invitación pero que «se notó que no tenían conocimiento de varios proyectos editoriales dignos y funcionales en el país, pienso que no tenían conocimiento porque no quiero especular si se trató de omisiones premeditadas, como sucedió con muchos autores independientes quienes decidieron organizar su propio evento en Trinidad, Santa Bárbara».

Juan José se refiere a la feria del libro celebrada de manera simultánea al Festival de las Chimeneas Gigantes en Santa Bárbara. Bueso también aprovechó para señalar que incluso la selección de la fecha para la Feria Internacional del Libro en Honduras no era la óptima, pues se programó para lo que él considera «el evento cultural más importante del mes», efectivamente, la quema de las chimeneas gigantes que se festejó del 30 de noviembre al 3 de diciembre a la que asistió la presidenta de la república, Xiomara Castro.

Sobre las invitaciones a editoriales y autores, Carolina Torres, subdirectora de la Feria Internacional del Libro en Honduras, explicó en una entrevista a Contracorriente que para la organización del evento se realizó una invitación abierta a través de redes sociales y «que diferentes editoriales lo que hicieron fue escribir a las páginas y ahí se les brindó la información de cómo se obtenían los espacios para los stands». También mencionó que, si había dificultades para llenar los requerimientos, podían comunicarse con la organización para evacuar dudas.

Torres, además, expresó que hubo dificultad para contactar a todas las editoriales «porque no hay información concreta de las librerías y las editoriales en un solo espacio» y confirmó que solo algunas editoriales recibieron invitaciones directamente pues fueron los contactos de correo electrónico que encontraron en la Cámara Hondureña del Libro. Torres admitió que este es un tema que se puede mejorar para la próxima edición de la feria: tener una mejor comunicación.

El lema de la Feria Internacional del Libro en Honduras fue: «Por el derecho a leer y soñar». FotoCC/ Fernando Destephen

Sumado al limitado tiempo de gestión para que las editoriales hondureñas independientes pudieran participar, los encargados de Mimalapalabra, Casasola o Hermandad de la Uva en entrevista para Contracorriente también señalan la determinación —errónea en su opinión— de los organizadores de realizar las actividades de esta feria hasta en cinco localidades distintas en Tegucigalpa. Un formato que rompe con la «idea primigenia de lo que debe ser una feria del libro», de acuerdo a Giovanni Rodríguez, y que en consecuencia perjudica las expectativas económicas para que las distintas casas editoras pudieran participar.

Los bajos del Congreso Nacional, la Biblioteca Nacional Juan Ramón Molina, Casa Museo Morazán, el Teatro Manuel Bonilla y la Concha Acústica en el Parque Central fueron los lugares que hospedaron las diversas actividades que tenía la feria. La idea de organizar una feria del libro en diferentes espacios resulta «insólito» para Giovanni Rodríguez: «Una feria del libro es la concentración de todos sus participantes en un solo espacio común, un espacio por el que fluye el público y en el que se desarrollan actividades en torno a la actividad relacionada con el libro, es decir, se organizan presentaciones y conversatorios en torno a los libros que se ofrecen en la feria».

Giovanni continuó explicando que «para nosotros en las editoriales no vale la pena hacer un esfuerzo económico por trasladarnos tres días a Tegucigalpa para que solo vayamos a tener el 25% del público posible de la feria puesto que el otro 75 % está en otros tres lugares». Es oportuno señalar que, de acuerdo a Rodríguez, los organizadores de la Primera Feria Internacional del Libro en Honduras se acercaron a él para obtener ayuda en la planificación y en esa reunión recuerda que «yo ahí les les recomendé algunas cosas y una de las cosas fundamentales era que la feria se desarrollara en un solo lugar». A pesar de la recomendación, la feria igual se planificó y desarrolló fragmentada en diferentes espacios del centro de Tegucigalpa.

Juan José Bueso estima que «el espacio seleccionado no fue el óptimo, los eventos se realizaron en varios lugares, cosa que dividió la afluencia del público, al final, lo último que importó fue lo principal: la venta de libros, es decir, lo que tenía que ser más importante quedó relegado a un papel secundario».

La feria inició el 2 de diciembre con México como país invitado de honor y con la participación de escritores de catorce países. FotoCC/ Fernando Destephen

La Primera Feria Internacional del Libro en Honduras contó con invitados internacionales de México —que fue elegido como país invitado de honor—, Colombia, Argentina, Guatemala, Panamá, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Puerto Rico. Los representantes de estos países tuvieron espacio para exhibir y vender libros, un espacio que no se construyó para ser compartido con el catálogo hondureño que se está produciendo.

Giovanni Rodríguez y Juan José Bueso explicaron que la organización de la feria les ofreció el hospedaje para una persona para participar en el evento, algo que les imposibilitaba participar en presentaciones de libros de sus catálogos y estar al tanto de la venta en sus puestos. Rodríguez comentó que «solicitamos que fueran dos personas invitadas por editorial, pero no fue considerado».

Aunque en la experiencia de los tres encargados de estas editoriales en las ferias de libros —nacionales o internacionales— siempre se cobra a las casas editoras por su participación en la feria, Juan José Bueso dice que cree que eso es algo normal en iniciativas privadas, pero no debería serlo «en una gubernamental que anunció la presencia de autores foráneos». Carolina Torres, subdirectora de la Feria Internacional del Libro en Honduras, confirmó a Contracorriente que sí se solicitó una colaboración de quinientos lempiras a las editoriales y librerías que «incluía la alimentación del día, el espacio del alquiler de las sillas y mesas», comentó Torres.

Javier Suazo manifestó que esto significaba «para los compañeros del interior un gran gasto porque tenían que pagar su transporte, alimentación, hospedaje, más un cobro que se estaba haciendo por participación y eso nos lo iban a ver redituado ni en imagen, ni en flujo de gente que llegara a comprar. Creo que son consideraciones que debieron tomar en cuenta, porque no era económicamente atractivo».

Carolina Torres, subdirectora de la primera Feria Internacional del Libro en Honduras, estimó que la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos en Honduras, institución organizadora del evento, hizo un gasto aproximado de «entre millón y medio o máximo dos millones» de lempiras para financiar la feria. 

Contracorriente consultó a Giovanni Rodríguez sobre la financiación de la Feria del Libro de San Pedro Sula, evento en el que forma parte del equipo organizador, y detalló que para esta feria se recaudaron 52,000 lempiras, de los que se gastaron 49,500. La recaudación se obtuvo con 30,000 lempiras aportados personalmente por algunos regidores de San Pedro Sula, y 22,000 lempiras que se recaudaron por la inscripción de autores, librerías y editoriales. Rodríguez agregó que con esa recaudación se cubrió el «hospedaje a 8 personas, alquilamos mobiliario, mandamos a hacer banners, rótulos de identificación, gafetes, y, además, compramos una sala lounge, les reconocimos los gastos a los músicos y pagamos alimentación a los organizadores».

La Feria Internacional del Libro en Honduras culminó el domingo, 4 de diciembre, con el concierto de la banda de rock Diablos Negros. FotoCC/ Fernando Destephen

El programa de la Primera Feria Internacional del Libro en Honduras contaba con lecturas de poesía por invitados internacionales, talleres de pintura, bisutería, cuento y de narrativa corta, teatro acrobático con zancos, conferencias, conversatorios, presentaciones de antologías y de libros, conciertos, etcétera. 

De acuerdo a Bueso, por contactos cercanos que sí asistieron a la feria, «las ventas de libros de autores hondureños fueron paupérrimas». Dos librerías hondureñas también aseguraron a Contracorriente que aunque sí llegaba gente a los bajos del Congreso Nacional, las ventas fueron muy malas durante el desarrollo de la feria.

Javier Suazo, de Casasola Editores, considera que todos los problemas parten del desconocimiento de cuáles eran los objetivos de la feria: «Si el objetivo es colocar la literatura hondureña a nivel internacional, pues era importante que participarán las editoriales, y si era importante que participaran las editoriales, entonces se debería haber resuelto el problema de qué hacer con los compañeros del interior del país que tienen que viajar hasta acá», explicó.

Giovanni Rodríguez expresó que la presencia de los y las editores a la Primera Feria Internacional del Libro en Honduras era importante porque «la feria del libro la constituyen las editoriales que son las empresas que producen los libros, los editan, los producen y los venden, establecen un mercado del libro en el país».

Era una excelente noticia, «un espacio más ganado», pensó Giovanni Rodríguez. «Es una gran cosa que haya en Honduras una feria internacional», dijo Javier Suazo en la entrevista antes que se realizara la feria. Días después de culminada, Juan José Bueso la calificó como una «una iniciativa que pudo ser algo muy positivo para la literatura nacional», pero que, a juzgar por sus declaraciones, no lo fue. 

Durante la feria las condiciones climatológicas tampoco ayudaron. Las corrientes de viento de la época navideña «tiraban» de vez en cuando algún libro de las mesas. El programa no se seguía al pie de la letra y era normal notar que alguna actividad iniciaba hasta cuarenta minutos más tarde de lo que estimaba el programa.

En el escenario en los bajos del Congreso Nacional en ciertos puntos del programa se combinaba un ambiente caótico y desconcertante sobre la agenda cultural de la feria. El viernes 2 de diciembre, por la mañana, alguien subió sin ser presentado a cantar canciones de Vicente Fernández —presentación que no figuraba en el programa cultural impreso—. El domingo 4, mientras cuatro mujeres realizaban una lectura en el 4to. Círculo Internacional de Poesía y Arte Mujeres Puño Violeta, tres personas realizaban el montaje de una batería para el concierto de la tarde, una imagen que distrajo a parte de la audiencia que asistió a la lectura. 

La postergación e incluso cancelación de algunos eventos también fue una constante durante el desarrollo de la feria. Carolina Torres, subdirectora del evento explicó que esto fue producto de «problemas logísticos, y para poder aprovechar en mejor forma el espacio del escenario en el centro principal de la Feria, que eran los bajos del Congreso, el programa se modificó en función de poder desarrollarse mayormente en dicho espacio», y agrega que la mayoría de los eventos pudieron realizarse a excepción de algunos en los que las personas encargadas «no pudieron llegar a tiempo por motivos de viaje o enfermedad».

Una fuente con acceso a la organización del evento confirmó a Contracorriente que por lo menos dos autores internacionales invitados al evento fueron avisados apenas un día antes de que iniciara la feria que no se iba a poder concretar su llegada a Honduras, que estaba a cargo de la SECAPPH. Una de las autoras que quedó «varada» después de ser invitada a la feria, habló desde el anonimato con Contracorriente: «Estoy un poco molesta. Porque una feria internacional no puede permitirse eso. Y hemos perdido tiempo y energía para nada». A esta autora se le invitó y se le dijo que se iban a cubrir sus gastos, pero el último día, y después de que ella hubiese hecho todas las gestiones para asistir, recibió un escueto mensaje diciendo que la persona encargada de comprar sus boletos no lo había hecho. 

Carolina Torres, sin embargo, considera que el evento fue un «éxito», y dijo que la feria «ha logrado nuestro objetivo, que era poder generar espacios para libreros, para editoriales, para autores y autoras tanto nacionales como internacionales».

La Primera Feria Internacional del Libro de Honduras se erigía como un sueño por cumplir para muchos autores y editoriales nacionales. Un lugar de encuentro y de respeto por y para el libro. Pero, para muchos editores y autores, hicieron falta condiciones para ellos. No solo económicamente, sino simbólicamente, la feria quedó debiendo. Por ejemplo, entre los autores publicados por las editoriales que se dejaron por fuera están los libros de Roberto Castillo, considerado por muchos como el último «gran» escritor hondureño; autor de la La guerra mortal de los sentidos, El Corneta, yel célebre cuento «Anita, la cazadora de insectos», y quien alguna vez escribió: «Al realismo —además de chato, empeñado en reciclar toda la chatarra— le opongo un país que sólo existe en el sueño».

Sobre

Persy Cabrera nació en Tegucigalpa en 1997. Es graduado de bachiller técnico en electricidad del Instituto Técnico Saúl Zelaya Jiménez y cursó media ingeniería eléctrica en la UNAH antes de pasarse a estudiar periodismo. Actualmente es practicante como periodista cultural en Contracorriente. Le gusta el cine, las series, el anime, el manga y los libros. Practica fútbol y es entusiasta del deporte en general.

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Fernando Destephen 1985 Tegucigalpa, Honduras. Fotoperiodista y contador de historias.
Editora/Periodista
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Directora de Contra Corriente Periodista, artista y documentalista. Amante del cine, la música y la literatura. Cofundadora de Contra Corriente.
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3 comentarios en “Editoriales excluidas y autores varados a pesar de inversión de 1.5 millones de lempiras en Feria Internacional del Libro”

  1. Qué triste la mala interpretación…
    En vez de estar alegres por el primer intento de Feria Internacional de libro… y apuntarnos para una mejor edición el próximo año… hacen un bochorno Nacional. Como medio de desacreditación .
    Y ya se sabe de la riña entre escritores… no es nada nuevo para mi, este artículo lo refleja.
    No pudieron abordar la situación de frente y lanzan esta nota.
    Poco profesional.. la verdad.

  2. En el artículo se destaca la falta de compromiso de las autoridades por generar la participación de todos los escritores.
    Ello se puede evidenciar en que el evento vende una idea parcial de la textualidad porque negaron la participación de todos los escritores y escritoras nacionales. Las invitaciones fueron cerradas y particulares.
    Como bien señalan en el artículo, la invitación estuvo dentro de un marco delimitado que especificó y no generalizada, de manera que su propósito desnuda sus intereses particulares.
    Admiten haber gastado casi dos millones de lempiras en un evento prácticamente nulo en resultados económicos, pero aun más lamentable es que tanta inversión no logró ningún alcance comunicativo para la promoción de los textos, ya sea en literatura o en otros ámbitos textuales.
    Por algunos momentos me vi tentado a llevar mi texto “La enseñanza desde la perspectiva social: ideología y lingüística” para tratar de promocionarlo en el evento, pero me decepcioné al pensar que por ningún medio se había invitado a los escritores independientes.
    Gracias por escribir sus criterios sobre ese evento en un artículo que me resulta interesante para compartir como un deber para difundir la verdad.

  3. Sorprendido! Este día sé de tal evento. Soy autor de cuatro libros:poesía y relato. Con participaciones en Argentina, España y México. Mayor difusión espero para próximo año.

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