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Donde el horizonte es la palma aceitera

Sobre el valle, las fincas de palma aceitera se extienden hasta donde la vista alcanza. Invadido, de un lado y de otro, el Valle del Aguán es ahora un valle de palma africana. Quienes viven en sus comunidades, los más jóvenes, o trabajan en las plantaciones cortando fruta de palma o migran porque las oportunidades son escasas.

En Honduras existen 190 mil hectáreas sembradas con palma aceitera, según la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG), estas plantaciones se extienden a lo largo del litoral atlántico, desde Cortés hasta Colón. Para 2018 las ventas de aceite de palma africana se estimó en al menos unos 400 millones de dólares, una cifra que dificilmente imaginaría un cortero de palma que trabaja de 5 a 10 de la mañana por unos 3200 dólares al año.

La Cooperativa Agropecuaria Brisas de San Pedro tiene 33 socios y cuenta con una extensión que supera las 500 manzanas de tierra donde cultivan palma aceitera. Foto: Martín Cálix.

Los corteros de Zamora comienzan sus jornadas de corte de fruta a las 5 de la mañana. Foto: Martín Cálix.

Franklin, 31 años, trabaja por 216 lempiras diarios, en jornadas de corte de fruta de palma aceitera que comienzan a las 5 de la mañana. Desde hace 14 años que realiza este trabajo. Foto: Martín Cálix

Es diciembre, y aunque las lluvias de la temporada parecen no acabar nunca, los corteros que trabajan en la plantación de más de 500 manzanas que la Cooperativa Agropecuaria Brisas de San Pedro, llegan temprano, toman sus instrumentos de trabajo y comienzan la jornada. Una jornada que sólo se ve ligeramente interrumpida para tomar un descanso a mitad de mañana, unos minutos para tomar aire, para conversar entre ellos, para tomar refresco de cola y unos churritos.

Toda la fruta cosechada por esta cuadrilla de unos 7 hombres irá luego al plantel de COAPALMA para su procesamiento. Ahí se le extrae el aceite a la fruta, y se procesa en manteca o se envasa en las pipas para exportación al mercado europeo, el principal cliente de los productores de aceite de palma hondureño.

Tres trabajadores de la Cooperativa Agraria Brisas de San Pedro recolectan la fruta en un tractor que arrastra un contenedor para transportar la fruta hasta el plantel de la refinería. Foto: Martín Cálix.

Las fincas de palma aceitera invaden todo territorio fértil, incluso las reservas y parques nacionales. Entre 1994 y 2016, las plantaciones de palma africana invadieron de un 5% a un 20% del Parque Nacional Jeannette Kawas, denunciaba su administración a la prensa nacional. Lo mismo ha ocurrido en otras zonas protegidas del país: Punta Izopo en Tela, Mico Quemado en Yoro y Cuero y Salado en Ceiba. Los residuos de la palma africana son vendidos como comida para cerdos a las granjas porcinas y el agua contaminada, en el valle, se descarga en el Río Aguán, no hay desperdicio en la cadena productiva del aceite de palma. El monocultivo de palma aceitera es apenas una de las tantas variables que hacen del Valle del Aguán una zona de mucha conflictividad agraria. Ejemplo de ello es Luxón: una comunidad campesina que disputa sus tierras con otra cooperativa. Aquí también, en Luxón, a los campesinos no les basta para sobrevivir cultivando plátano, maíz o frijol, una parte de su tierra está ocupada por el monocultivo.

A mitad de mañana los trabadores hacen un alto en sus labores para desayunar y descansar un poco, esa mañana lluviosa, el desayuno fue refresco y churritos. Foto: Martín Cálix.

Un cortero descansa unos minutos antes de volver a sus labores. Foto: Martín Cálix.

En Zamora, a 10,3 km del centro de Tocoa en el departamento de Colón, los corteros de la Cooperativa Brisas de San Pedro, trabajan en condiciones más estables, estas tierras no están en disputa, pero sus condiciones de vida no son muy distintas que las del resto de habitantes del valle.

Un joven recolector carga el contenedor con fruta que luego será transportada a las instalaciones de COAPALMA. Foto: Martín Cálix.

Para saber más sobre la situación de los campesinos en el Aguán y de qué huyen recomendamos leer este reportaje: Huir del despojo

En los tanques de almacenamiento en el plantel de COAPALMA se pueden leer las siglas RSPO, o Mesa Redonda de Aceite de Palma. La RSPO es una asociación sin ánimo de lucro que reúne a diversos actores en la cadena de valor palmera, con el objetivo de promover la producción y uso de aceite de palma con criterios de sostenibilidad ambiental, social y económica. Foto: Martín Cálix.

La fruta de aceite de palma es almacenada en un contenedor antes de ser transportada a las calderas de agua caliente. Foto: Martín Cálix

Don Julián, presidente de la Cooperativa Agraria Brisas de San Pedro, observa un tractor transportando fruta de palma aceitera en las instalaciones de COAPALMA. Foto: Martín Cálix.

Un joven empaca paquetes de La Exquisita, la marca de manteca producida por COPALMA. Foto: Martín Cálix.

Un joven carga una carretilla con residuos de fruta de palma africana. Foto: Martín Cálix.

Los residuos de aceite de palma aceitera son empacados y estribados para luego ser vendidos a las granjas porcinas donde servirá como alimento para cerdos. Foto: Martín Cálix.

Según el informe de huella de carbono del aceite de palma producido por COAPALMA, con la promoción de la CEPAL, publicado en 2014 la mayoría de las emisiones de GEI generadas a lo largo del ciclo de vida se producen en la etapa de cultivo (63,35%), seguidas de las emisiones generadas durante extracción del aceite crudo (19,55%). Foto: Martín Cálix.

Cajas de La Exquisita son estribadas para su distribución. La manteca es uno de los tantos productos que invaden los supermercados y que contienen aceite de palma. Foto: Martín Cálix.

Martín Cálix Contributor
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Escritor hondureño. Autor de los libros “Partiendo a la locura” (Ñ Editores, 2011 segunda edición para Casasola Editores, 2012) “45” (Ñ Editores 2013), “Lecciones para monstruos” (90s Plaquettes 2014) y “El año del armadillo” (Difácil 2016).
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