El fantasma postelectoral de 2017 espanta al Valle de Sula ante nuevas elecciones

En el Valle de Sula, la zona más productiva de Honduras, miles de pobladores permanecen en incertidumbre por el resultado de las próximas elecciones. Esta zona fue donde se registraron más protestas tras el fraude electoral en el 2017. Un recorrido realizado por Contracorriente en las ciudades de San Pedro Sula, El Progreso, Pimienta y Villanueva refleja que las personas temen que el caos vuelva y están preparándose.

Texto: Allan Bu
Fotografía: Antonio Gutiérrez


«La política no me interesa, si es de eso, no tengo nada que hablar», nos dice aquel hombre robusto, que acaba  de cerrar con energía, pero sin golpear la puerta del taxi que conduce. «¿Qué gano con eso?», refunfuña mientras da vueltas alrededor del vehículo que ha estacionado en uno de los costados del parque central de San Pedro Sula, segunda ciudad de Honduras y principal polo industrial del país.

La reacción fue provocada por la  siguiente pregunta: ¿Cómo ve el panorama electoral?, la respuesta hostil de este hombre a una consulta aparentemente inofensiva es apenas normal faltando pocas horas para el 28 de noviembre, día en el que se elegirá a un nuevo presidente o presidenta, en un país que acumula doce años de polarización y debilitamiento del Estado de derecho a partir del derrocamiento del expresidente José Manuel Zelaya Rosales, también conocido como «Mel» Zelaya, el 28 de junio de 2009. 

En San Pedro Sula, aparentemente la vida continúa, el centro de la ciudad se encuentra muy concurrido de personas y vendedores ambulantes. El comercio permanece abierto y operando. Estamos en la tercera avenida, entre el parque y la catedral San Pedro Apóstol, uno de los puntos más concurridos de la ciudad. Hace calor sofocante, pero no impide que grupos de personas se reúnan para conversar sobre diferentes temas, incluyendo el político.

El domingo, Honduras vivirá unos comicios en los que hay catorce candidatos presidenciales, pero los sondeos de opinión indican que la lucha se redujo al oficialista Nasry Asfura y a la opositora Xiomara Castro, que encabeza una alianza con Salvador Nasralla, Doris Gutiérrez y el periodista Milton Benítez.

Las elecciones no se perciben como una fiesta cívica. Contracorriente realizó un recorrido por San Pedro Sula, El Progreso, Pimienta y Villanueva. La mayoría de los ciudadanos entrevistados siente temor. Están seguros que algo pasará. Hablan de fraude, protestas, saqueos y muertes. Durante las protestas contra el golpe de Estado en 2009 y el fraude electoral en 2017, Honduras registró cerca de un centenar de muertos.

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Por eso hay miedo en muchos ciudadanos y  en otros hay molestia, como en el fornido taxista, quien después de preguntarse varias veces «¿Para qué voy a hablar de política?», se nos acercó y más calmado nos contó que la mayoría de pasajeros que se suben a su carro tienen temor: «La gente tiene miedo, hay barrios militarizados. Mire en Cabañas (un populoso barrio de San Pedro Sula), hay retenes por todos lados». 

Los temores que menciona el taxista no son de un pequeño grupo de personas. Contracorriente recorrió cuatro municipios del Valle de Sula y todos los testimonios confluyen en lo siguiente: El día de las elecciones no será un día tranquilo para Honduras. Nadie de las personas consultadas espera que la jornada transcurra en paz. 

Tras el funesto golpe de Estado a «Mel», el país ha sido golpeado por varios escándalos de corrupción, narcotráfico e irrespeto al Estado de Derecho. En 2012, Honduras observó cómo el Congreso Nacional asestaba otro zarpazo al Estado de derecho, dando un golpe técnico a cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional. El mandatario Juan Orlando Hernández era presidente del hemiciclo. 

En 2017, Juan Orlando Hernández se presentó como candidato a la reelección después de un fallo de la Corte Suprema de Justicia, que concluyó en la desaplicación del artículo 41 de la Constitución de la República que prohíbe al ciudadano que ha ejercido la titularidad del Ejecutivo sea  presidente o vicepresidente de nuevo.  

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Ya había un clima de crispación con la inconstitucional candidatura de Hernández y para agregarle ingredientes a la crisis, tras una serie de irregularidades y entre denuncias de fraude electoral, JOH se quedó en la silla presidencial por cuatro años más.  Ahora, con las elecciones a la vuelta de la esquina, podemos observar que cuatro años no han alcanzado para «cerrar las heridas». El país está dividido y la mayoría de su población está preocupada por lo que sucederá a partir de los comicios del domingo.

La Tercera Avenida, fue una de las zonas donde hubo saqueos y protestas por el fraude electoral. San Pedro Sula, Cortés, 17 de noviembre de 2021. Foto: Antonio Gutiérrez.

Sentado bajo la sombra de un árbol frente al Palacio Municipal de la Ciudad Industrial e identificado con una camisa del presidenciable Yani Rosenthal, del Partido Liberal, nos encontramos a Nolberto Paz quien se muestra preocupado porque sabe del impacto que tienen las crisis políticas en la economía: «Yo no tengo trabajo, me rebusco en los mercados, pero la gente que tiene permanencia y los empresarios imagínese cuánto van a perder», nos dice.

Nolberto Paz ha escuchado hablar de que un toque de queda entraría en vigor después de cerrados los centros de votación, «es la bulla», dice mientras enciende un cigarrillo y se acomoda para expresar dos deseos: «Quiero paz, aunque claro también quisiera que hubiera un cambio (de gobierno). Este país está reclutado por el ejército y el gobierno que tenemos, ¡estamos presos!», dice. 

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Nolberto recuerda cuando «Mel» Zelaya, siendo presidente, se dispuso a implementar una cuarta urna en las elecciones de 2009 para preguntar a la población si estaba de acuerdo o no con la reelección presidencial, él fue uno de los que apoyaba en las calles la iniciativa de Mel, pero fue agredido por un oficial de la Policía Nacional y terminó con una luxación en el hombro: «No quisiera que nos estuviéramos matando entre compatriotas», dice.

Nolberto Paz es un simpatizante del Partido Liberal y vive en Chamelecón. En noviembre de 2020 perdió todo por los huracanes Eta y Iota. San Pedro Sula, Cortés, 17 de noviembre de 2021. Foto: Antonio Gutiérrez.

El 18 de noviembre, un día después que conversamos con Nolberto, el representante de los empleados públicos en la Mesa Multisectorial,  César Chirinos, propuso decretar un toque de queda absoluto a nivel nacional después del cierre de las urnas para evitar protestas. Esto no se ha hecho efectivo hasta el momento. 

Ingresando a su tienda, ubicada a un costado de la Catedral de la Ciudad Industrial, abordamos al comerciante Nabil Khoury, quien manifestó que él no percibe temor aún, pero esto puede cambiar después del 28 de noviembre. «Hay un miedo de lo que pueda pasar el domingo o lunes, cuando se conozcan los resultados», manifestó. 

Las precauciones de los comerciantes en San Pedro Sula son palpables. Días antes de las elecciones, decenas de negocios han comenzado a proteger sus establecimientos con vallas de materiales capaces de resistir golpes de proyectiles como piedras.

El empresario advierte que sería un golpe terrible para la economía de todos si se suscitan eventos como los de 2017 cuando hubo toma de carreteras, masivas protestas y saqueos a negocios. «El año pasado fue pésimo por los huracanes y la pandemia, este año casi todos se verían afectados si da algo  parecido a lo de 2017», dijo.

De acuerdo con lo dicho recientemente por el mandatario Juan Orlando Hernández, el país perdió alrededor de 45,000 millones de lempiras con la devastación provocada por Eta y Iota. Además, la pandemia provocó la pérdida de medio millón de empleos, según estimaciones del Consejo Hondureños de la Empresa Privada (Cohep).

El taxista, que debe irse porque lo espera un pasajero, sostiene que la gente solo habla de prepararse con víveres ante el temor de una eventual revuelta. «El comercio está malo, la gente está ahorrando dinero para abastecerse si hay relajo», nos dice. 

***

En El Progreso, Yoro, ciudad gobernada desde hace cuatro períodos por el liberal Alexander López y en donde existe una fuerte militancia de Libre, encontramos, en un concurrido parque, un ambiente favorable al candidato presidencial del Partido Nacional porque en ese momento se estaban entregando miles de bonos de 7000 lempiras (290 dólares), los cuales eran reclamados en instituciones bancarias que lucían abarrotadas.

En La Perla del Ulúa se dieron masivas protestas contra el fraude de 2017, incluso despojando a policías de sus escudos protectores.  Además,  los progreseños protestaron por meses hasta evitar que se instalaran peaje en la carretera que conduce de San Pedro Sula a la ciudad ribereña. 

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A una cuadra del parque Las Mercedes, Julio está ofreciendo rambután (lichas), mandarinas y bananos maduros. Es joven y habla de lo que puede venir muy a su modo: «Hay miedo y sí hay  ambiente de que se armará vergueo y que pasará lo mismo que la vez anterior. También la gente tiene incertidumbre si van a cerrar (toque de queda) o no», dice.

Un grupo de vendedores se encuentran en una de las esquinas del Parque Las Mercedes, en Choloma. Los vendedores dicen haber escuchado rumores de que puede haber mucho daño en caso de que «Papi» se coloque en la presidencia, ya que temen a que nuevamente hayan saqueos y cierren el país, porque de ser así no podrán salir a la calle y hacer sus ventas. Choloma, Cortés, 17 de noviembre de 2021. Foto: Antonio Gutiérrez.

«Se armará relajo porque los cachurecos van a ganar. Mire, un montón de gente sacando dinero de los bancos y todos esos ya comprometieron el voto. Les dieron 7000 pesos (291 dólares). Esos ya están comprados», asegura Julio.

La escena descrita por el joven vendedor es una que se ha repetido en las principales ciudades del país. El Gobierno de Hernández, en un acto de proselitismo político patrocinado por el Estado ha entregado bonos del programa Vida Mejor a miles de personas. El Congreso Nacional aprobó 1300 millones de lempiras con este fin.

Julio nos está contando que  aunque haya conflicto su idea es no dejar de vender frutas, pero de repente la conversación es interrumpida por un taxista que le pregunta: «¿Le estás diciendo que “Papi” va a ganar, verdad?, porque ya ganó las elecciones», dice con convicción quien antes solo escuchaba, y que antes de marcharse nos dejó otra frase: «Quiero que sepan algo, Juan Orlando no va ir preso. Ni aquí en Honduras ni en ninguna parte del mundo, ese hombre es inteligente». 

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La plática ha sido escuchada por un hombre de unos 30 años que vende salchichas con papas muy cerca del puesto de frutas. Este manifestó abiertamente su rechazo al comunismo y con esto se manifestó en contra de candidatura de Xiomara, quien ha sido objeto de una campaña anticomunista en la que incluso han participado voceros internacionales como el expresidente de Colombia, Andrés Pastrana. El muchacho, quien omitió su nombre, también presagió un caos postelectoral: «Es que Honduras no estamos acostumbrados a perder, peor ahorita que no hay tolerancia. Los dos partidos (Partido Nacional y Libre)  promueven el caos y la división, ningún candidato ha promovido la unidad», dice.

Caminamos unos metros para encontrar a don Carlos. Un hombre de pronunciado abdomen, quien dijo ser el presidente de los lustrabotas del parque progreseño y se declaró seguidor del Partido Liberal. Sin ser consultado por el resultado de los comicios nos dijo: «Veo que puede ganar el cachureco. Será contundente ese gane porque ahora están repartiendo dinero y todas esas viejitas andan alegres con esos 7000 lempiras. Hay personas que somos agradecidos, y a quien nos ayuda, le ayudamos», manifestó.

Don Carlos adelantó que se va a repetir lo de 2017, que en El Progreso muchas empresas están haciendo cercos y vallas para protegerse de los saqueos, piensa que esto pasa,  «porque la izquierda quiere ganar a huevos y no es así, este país es de derecha». Aquel hombre, muerde un pedazo de pollo que sostiene con su mano izquierda, para mostrar la perspectiva misógina con la cual muchos, en este país de cultura patriarcal,  verán estas elecciones.  «A mí nunca me ha gustado que me gobierne una mujer en mi casa. Nunca. Y siempre me ha gustado que mi país lo gobierne un hombre, no una mujer». 

Nos despedimos de la Perla del Ulúa y en el recorrido por el Valle de Sula llegamos al apacible pueblo de Pimienta, Cortés, un municipio que en los últimos cinco períodos (20 años), ha sido gobernado por el nacionalista Raúl Ugarte, pero que tras el fraude electoral en las elecciones de 2017 fue el escenario de violentas protestas que terminaron con la quema de la posta policial de la comunidad.

El Centro Cívico de Pimienta, ubicado en la orilla de la calle principal de Pimienta Cortés. Villanueva, Cortés, 17 de noviembre de 2021. Foto: Antonio Gutiérrez.

Un empleado municipal, que rehuye a dar su nombre y agita con fuerza una escoba,  cree que las elecciones traerán caos igual que en el 2017.  Piensa que los militantes de la oposición buscan acabar con 12 años de gobierno nacionalista y que no aceptarán una victoria de Nasry Asfura.

Con voz cautelosa nos dice que en ese pueblo se «oyen un montón de cosas»  que pueden pasar durante y después de las elecciones: «Se ha oído que que se irá la luz y hasta que aquel que ande votando por los nacionalistas lo van a matar, pero el temor está más por lo que pueda pasar en la noche(del domingo 28)».

El servidor municipal recordó que en el 2017 el pequeño pueblo se convirtió en un campo de batalla pues quemaron las camas y motos de la estación de la Policía Nacional y si los protestantes no incendiaron el edificio municipal fue porque elementos de seguridad la estaban defendiendo. «Allá en la carretera, habían llantas y furgones atravesados. Ahora yo he escuchado que pasará esto u lo otro, pero no es por la alcaldía sino por la cuestión presidencial», nos dice. 

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 A solo nueve kilómetros de Pimienta, se encuentra Villanueva,  la tierra donde el doctor Walter Perdomo (PL) busca un cuarto período al frente de la alcaldía municipal. La «Ciudad que Endulza a Honduras» también fue escenario de nutridas y violentas protestas después de noviembre en el 2017.

Miriam Castro dice que hay gran cantidad de rumores entre sus vecinos, «hay que prepararse con comida porque no se sabe. A saber cómo va a estar esto (las elecciones). Hay que comprar lo más esencial. Mire en la maquila donde trabaja una prima les dijeron que los van a retirar después de las elecciones, salen el 27 y no saben a qué fecha de diciembre. A ellos ya les dieron aguinaldos, canasta y hasta el pollo, porque dicen que es peligroso. Les dieron todo antes porque dicen que hasta los supermercados  van a cerrar», expresó diciendo que no hay que escatimar en tomar precauciones. 

El semáforo ubicado en el Bulevar CA-5 en Villanueva Cortés, fue uno de los puntos más fuertes donde hubo manifestaciones en 2017. Villanueva, Cortés, 17 de noviembre de 2021. Foto: Antonio Gutiérrez.

Varios operarios de maquila, aunque no ofrecieron entrevista, sí confirmaron que en las empresas donde laboran les han advertido que no regresarán a laborar después de las elecciones. En la mayoría de los casos no les han dicho cuánto tiempo durará la suspensión de labores, pero tienen claro que harán una pausa.

«Aquí (en la colonia donde vive)  todo mundo está asustado, están yendo a comprar al supermercado, como dicen que van a cerrar las ciudades y se irá la luz», resume Miriam. 

Polarización

La percepción de una buena parte de la población que en las elecciones no habrá transparencia, recordando el fraude que pasó en 2017, da origen a buena parte del temor colectivo. La mayoría de las personas entrevistadas piensan que no hay condiciones para asegurar la transparencia y sí hay un clima propicio para que vuelva el caos y la confrontación.

Elvin Hernández, sociólogo del Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación de la Compañía de Jesús (Eric-sj), sostiene que desde 2009 cuando defenestraron a Manuel Zelaya, previo a cada elección, el país se divide en dos bandos. «La polarización no es nueva. Esta es la cuarta elección después del golpe de Estado y cada cuatro años las heridas de ese golpe vuelven a surgir», dice.

Hernández sostiene que hay una polarización política que enfrenta a quienes están del lado del Gobierno con  aquellos acusados de ser «comunistas», pero piensa que hay otro proceso paralelo llamado «polarización real», en la que la oligarquía del país, que ha aumentado sus riquezas en la última década, choca con aquellos hondureños que están en contra de la privatización  de los bienes públicos y exigen un alto a la corrupción.

No obstante, Hernández manifestó que el proceso electoral que finaliza el domingo se venía desarrollando en un ambiente normal, hasta que se anunció la coalición entre Libre, Partido Salvador de Honduras (PSH) y el PINU: «Esa coalición generó dos cosas: Entusiasmo en las bases (de los partidos aliados), pero también en las cúpulas del Partido Liberal y el Partido Nacional se generó miedo, siento que a raíz de eso se arrecia la polarización», sostiene.

En el último mes el Partido Nacional inició una campaña anticomunista contra la candidata de Libre, Xiomara Castro, en la que los voceros nacionales e internacionales han colocado la mirada del pueblo que el domingo se librará una lucha entre comunismo y democracia.  En las principales ciudades del país han aparecido enormes pancartas contra el Partido Libre.

Paralelo a la «guerra» contra el comunismo, en el país se ha generado un clima de miedo por violencia política que ha cobrado la vida de candidatos a elección popular como el alcalde Cantarranas, Francisco Gaytan. De acuerdo con un comunicado del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, (Oacnudh) emitido en la semana previa a las elecciones, desde septiembre de 2020 hasta el 25 de noviembre se registraron 29 muertes por violencia política, es decir, candidatos o militantes de partidos políticos.

En El Progreso, el candidato a alcalde por el PSH, Juan Carlos Carvajal, sufrió un atentado. Su vehículo recibió varios disparos, pero él resultó ileso. Contracorriente lo contactó y él afirmó que «tanto el gobierno central como el municipal, quieren tener un ambiente hostil para  hacer de las suyas. Es que un pueblo atemorizado no querrá salir a las urnas y no sentirá  confianza en el proceso».

«Todas las personas tienen la percepción que habrá desorden, saqueos, muertes, que los policías saldrán a matar gente… Ese es el ambiente que han creado con sus noticias, por más que se quiera ver  bien el panorama, es imposible. Nada en política es casualidad», apuntó Carvajal.

Elvin Hernández, investigador del Eric-sj, consideró  que la campaña de miedo intenta evitar que el votante independiente o sin partido vaya a las urnas, Según estudios realizados por el Eric-sj los independientes son un 42 % del padrón electoral: «En ese nicho quién está pescando más votos es la coalición, entonces la estrategia es meter miedo para que ellos  no salgan a votar», aseguró.

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A la polarización y la campaña de miedo, hay que añadir el clima de desconfianza en la institucionalidad para que garantice certeza en los resultados.  El Consejo Nacional Electoral (CNE) con representantes del Partido Nacional, Partido Liberal y Libre no ha podido crear un clima de confianza. Las maletas electorales están siendo entregadas contra el tiempo, las credenciales se entregarán sin el nombre del representante de Junta Receptora de Votos (JRV) y el sistema de transmisión de resultados electorales preliminares (TREP), colapsó en las pruebas realizadas.  Hay un escenario propicio para la duda y el caos.

Una valla anticomunista contra Xiomara Castro, candidata presidencial por el Partido Libre colocada a la altura del bulevar del norte o CA-13, es parte de la campaña sucia implementada contra Libre y sus candidatos. San Pedro Sula, Cortés, 17 de noviembre de 2021. Foto: Antonio Gutiérrez.

Por eso Miguel, un vendedor de chicles, replica como propias algunas teorías que ha escuchado acerca del resultado. «Es posible que ese mismo día,  después que terminen las votaciones, haya un cierre total, para que nadie salga y hacer lo que ellos quieran. Así como la vez pasada que al mes vinieron a decir quién era el presidente», recordó.

«Con tal de quedarse a ellos no les importa el derramamiento de sangre, la única esperanza es que los gringos metan la mano. Hay que esperar, porque (Joe) Biden no está de acuerdo con Juan Orlando», cree Miguel, mostrando que no desconoce de la influencia de Estados Unidos en la vida política de Honduras.

Y desde el gran país del norte se ha anunciado la llegada de Brian A. Nichols, el secretario adjunto de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental. El alto funcionario visitará Honduras el día de las elecciones como una muestra  del apoyo a las elecciones. La Embajada estadounidense en el país dijo mediante un comunicado que Nichols, «alentará la realización pacífica y transparente de las elecciones libres y justas».

Antes, la jefa de la Misión de Observación de la Unión (MOEUE), Zeljana Zovko, había pedido a los partidos políticos y candidatos respetar los resultados de las elecciones. Llamó a respetar la institucionalidad del CNE para que las elecciones, «sean pacíficas y reflejen la libre expresión de la voluntad de ciudadanos y ciudadanas».

El martes 23 de noviembre, la alta comisionada de la Naciones Unidas para los derechos humanos, Michelle Bachelet, expresó a través de un comunicado su profunda preocupación por la violencia política en Honduras: «Estoy profundamente preocupada por lo que estamos observando en Honduras. Las elecciones no se han celebrado, pero la violencia ya ha alcanzado niveles inquietantes. La violencia no es, y nunca debería, la respuesta», mencionó Bachelet.

Para Nabil Khoury, dueño de una tienda en el centro de San Pedro Sula,  estas serán las elecciones más vigiladas en la historia de Honduras. «La experiencia de 2017 dejó malas sensaciones. Hay que buscar que el resultado sea claro y que no tenga mucha duda para que no genere intranquilidad, de esta forma quien pierda lo reconozca, sea quien sea». 

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