El cuarto poder: ¿la kryptonita de la democracia?

Texto: Christian Castro
Portada: Persy Cabrera

El ser humano es un ser sociable. Desde sus orígenes siempre ha tenido la necesidad de comunicarse y asociarse en grupos. Es de ahí donde surgen las primeras agrupaciones sociales. Desde las hordas, pasando por los clanes y desde los inicios de las polis, hasta los Estados que hoy conocemos. Ante estos cambios sociales, los medios y formas de comunicación también se han adaptado a la evolución. Desde la invención de la imprenta hasta la telegrafía, y desde los primeros teléfonos hasta las redes sociales en la era digital inteligente que vivimos hoy. Dinamizando las estructuras sociales y políticas de los Estados, estos han sido protagonistas de muchas revoluciones y luchas populares.


Los medios de comunicación en masa han logrado una influencia significativa en asuntos sociales y políticos de los Estados, lo que popularmente se les conoce como el «Cuarto Poder».  Ese fue el caso del francés Jean-Paul Marat y sus publicaciones en el periódico L´Ami du Peuple (El Amigo del Pueblo), que se convirtieron en la voz de la insurrección en la Revolución Francesa. Su influencia y los acontecimientos posteriores resultaron en la condena del Rey Luis XVI y María Antonieta a la guillotina, así como a todos aquellos que no compartían los ideales de la nueva República.


El poder adquisitivo de los medios corporativos, la manipulación y el control de las masas son el verdadero dilema de este cuarto poder, porque existe una lucha de intereses sobre los asuntos que se comunican y promueven, y es que cada parte en este proceso de comunicación aclama ser dueño de la verdad absoluta. Es ahí donde inicia un conflicto por la diferencia de opiniones y el control sobre el monopolio de la verdad, mismo que repercute debilitando la democracia, la cual representa todo lo contrario: la pluralidad de ideas, participación, representación y las opiniones de toda la población.


En términos democráticos y en aras de la preservación del Estado de Derecho, la manipulación de la verdad o de la narrativa pública por parte de grupos de medios o individuos es perjudicial, ya que ello compromete la legitimidad de las instituciones y la confianza de la ciudadanía en el sistema político. Es preciso el papel de la institucionalidad, que según Correa (1999) es el conjunto de ideas, valores, principios, representaciones colectivas, estructuras y relaciones que condicionan las conductas de los integrantes de una sociedad, caracterizándola y estructurándola a través de un proceso ordenado de fortalecimiento de conductas e ideas por medio de organizaciones y normas, que tienen como objetivo el bien social y la generación de valores.


Si lo examinamos en un plano nacional, el marco constitucional de Honduras consagra garantías y disposiciones especiales sobre la libre emisión del pensamiento que se traducen a la libertad de expresión a través de diferentes medios. Sin embargo, desde el retorno a la democracia en 1982, los medios de comunicación tradicionales, las corporaciones de media y el periodismo han jugado un rol fundamental en la vida sociopolítica del país, ya sea como opresores de la verdad por intereses partidarios, políticos y personales, o como reprimidos por mantener posturas imparciales y veraces en sus comunicaciones.


La ausencia de la moral y la ética como ejes de su estructura institucional han promovido la monopolización de la verdad absoluta con fines de lucro, resultando en el ocaso del periodismo de investigación objetivo e imparcial.


Los esfuerzos gubernamentales apuntan a promover su imagen a expensas de la verdad al involucrar a los medios oficialistas. Estos promueven lo que les dictan sus mayores patrocinadores en lugar de priorizar la información imparcial de los hechos. Además de la narrativa sesgada, también recurren a las «cortinas de humo» como principales herramientas de desinformación para desviar la atención de la población a través de espectáculos mediáticos en noticieros, paneles y foros matutinos.


Es necesario destacar que esta situación se agrava debido a la falta de una regulación adecuada en el ejercicio de la profesión periodística. En la actualidad, cualquier persona puede hacerse llamar periodista y difundir información sin tener la capacitación ni la ética necesarias para hacerlo. Esto contribuye a la propagación de noticias falsas, la desinformación y la manipulación de la opinión pública.


Ante esta manipulación mediática, es necesario fortalecer la institucionalidad en el gremio periodístico, promoviendo la creación de organismos reguladores que garanticen la calidad y veracidad de la información difundida por los medios de comunicación. Además, es importante fomentar la capacitación continua de los periodistas, en temas como ética, deontología y verificación de datos, para garantizar que la información que se divulga sea objetiva y rigurosa.


En la legislación de Honduras existen mecanismos reguladores de los servicios de telecomunicaciones que tienen un rango de aplicación desde su emisión, transmisión hasta la recepción, de conformidad como lo establece la Ley Marco del Sector de Telecomunicaciones. Estas funciones reguladoras de cierta forma se limitan cuando se establecen las atribuciones principales de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) en su artículo 13: promover la universalización de los servicios de telecomunicación y procurar su más alta calidad y menor costo posible, que estos servicios se brinden en forma eficiente, ininterrumpida, sin interferencia y sin discriminaciones, respetar  los derechos de los usuarios.


Por otro lado, en un plano internacional, Estados Unidos también tiene una legislación similar. Los noticieros y otros programas están sujetos a regulaciones por parte de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, por sus siglas en inglés) y de la Federal Trade Commission (FTC). La FCC tiene la autoridad para regular el contenido de los programas de televisión y radio, incluyendo los noticieros, para asegurarse de que cumplan con ciertas normas de decencia y moralidad. También tiene reglas específicas que se aplican a la publicidad en los programas de noticias, como la obligación de identificar claramente los anuncios pagados y la prohibición de ciertas prácticas engañosas en la publicidad.


A pesar de estas regulaciones y fiscalizadores han ocurrido casos donde se ha criticado a los medios de comunicación, hondureños y estadounidenses,  por su cobertura sesgada a favor de candidatos como Juan Orlando Hernández en Honduras, durante la elección presidencial de 2017, y a Joe Biden en EE. UU., durante las elecciones de 2020. También otros medios han sido afectados por sus críticas hacia el gobierno, como los cuestionamientos durante el golpe de Estado en 2009 y el caso de difamación contra David Romero que le condenó a prisión.


Todo esto supone que ha habido un intento fallido por regular los medios de comunicación, y aquí es donde debemos reflexionar si ¿debería el Estado-Gobierno ser el principal ente regulador que garantice la libertad de expresión?, o ¿deberían los medios corporativos ser desregulados para alcanzar una verdadera democratización? Ante este debate, han surgido nuevas fuentes y medios de información alternativos que buscan plantear otro tipo de narrativa, tales como el periodismo de investigación diverso y participativo de Contracorriente, Divergentes, Reportar Sin Miedo, entre otros. A ello se agrega la reciente ola de inteligencias artificiales, como Chat GPT, entre otras, que hasta generan artes e imágenes automáticas con características únicas, como el caso de las imágenes virales del Papa Francisco vistiendo al estilo Balenciaga y la duda que generó en todas las audiencias sobre su veracidad.

Estamos viviendo una era donde los ciudadanos democratizados digitalmente tienen la habilidad y el poder de crear, cuando se integran como un grupo o colectivo, narrativas alternas que difieren del marco mediático establecido. Sin embargo, pese a la alternativa digital que estos medios representan, al ser dependientes del internet sumamente globalizado se podría poner en riesgo su veracidad, imparcialidad y revisión, resultando en una de desinformación estructural que fácilmente se propaga.


Como ciudadanos conscientes de nuestros entornos físicos y digitales no estamos eximidos de responsabilidad, ni apelar a la ignorancia sobre los hechos. El internet, el uso de las inteligencias artificiales y la digitalización de los medios convencionales son una aguda herramienta que pueden fortalecer la democracia, la gobernanza y el desarrollo. No hacer uso adecuado y responsable de estos resultaría en la promoción de discursos de odio, corrupción y narrativas manipuladas para vulnerar la sociedad democrática.


¿Por qué la kryptonita?

Dentro del universo de DC Comics se describe a Superman como poseedor de habilidades sobrehumanas como fuerza, resistencia y velocidad, pero sufre de una única debilidad que lo afecta, la kryptonita, un elemento radioactivo que inhibe sus capacidades fisiológicas. En nuestro universo, aunque no contamos con la presencia de un superhéroe como tal, sí encontramos en la democracia una figura representativa que permite la participación y la integración en las construcciones sociales. Es preciso cuestionar y reflexionar sobre que su posible kryptonita podría ser la manipulación narrativa mediática de los medios convencionales, o el desinterés colectivo de los ciudadanos. 

                   

La democracia no es perfecta y presenta decenas de desafíos, siendo la influencia de los medios de comunicación uno de ellos, por lo que es fundamental que estos actores sociales contribuyan a la construcción de una nueva cultura política democrática que involucre a todos los sectores de la sociedad.


Por último, la consolidación de la democracia es precisa para el equilibrio de los cuatro poderes (ejecutivo, legislativo, judicial y los medios de comunicación) que conforman el Estado. Un deber de cada ciudadano es mantenerse vigilante y promover la concientización, el análisis y el cuestionamiento de fuentes de información en aras del fortalecimiento de la institucionalidad.

Autor
Licenciado in fieri en Relaciones Internacionales con orientación en Comercio Internacional, Diplomacia y Ciencias Políticas, con cualidades para la comunicación, la organización, administración financiera, liderazgo y trabajo en equipo. Interesado ampliamente en las instituciones con fines sociales y la política; es practicante de la doctrina rotaria y jesuita, que lo inspiran a dedicar su vida al servicio de las personas, y la doctrina liberal, que lo lleva a poner en primer lugar a los individuos. Dispuesto a contribuir con el engrandecimiento de Centroamérica. Ha colaborado con empresas multinacionales, organizaciones internacionales y no gubernamentales de voluntariado, colaborando en departamentos de atención al cliente, gestión de proyectos, comunicación y relaciones públicas, a través de redes sociales y medios de comunicación, promoviendo campañas de concientización de interés local.
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