Taekwondo en la Rivera Hernández, entrenando a pesar de la corrupción y el abandono

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Texto y fotografías: Fernando Destephen

En el sector de la Rivera Hernández, en San Pedro Sula, los esfuerzos de jóvenes como Gabriel Umanzor suelen ser invisibles. Gabriel, de 22 años, es un apasionado entrenador de taekwondo en su comunidad. Habla con ilusión de sus estudiantes, de lo que ha logrado en una zona considerada hostil, y de que, a pesar de no contar con apoyo de ninguna federación deportiva del país, entrena con la convicción de ser un punto de bien dentro de una extensión de males.

El enfoque de las artes marciales en general es la disciplina, el autocontrol, no buscar o incentivar la violencia, sino encontrar la paz espiritual mediante el entrenamiento del cuerpo físico, algo que Gabriel intenta inculcar en los 40 niños y niñas que entrena.

A medida se avanza dentro del sector de la Rivera Hernández, las calles de tierra se estrechan hasta llegar a «La Frontera», ahí donde está la cancha de fútbol en la que Gabriel Umanzor entrena. 

Aunque hay otras canchas, también en zonas difíciles y en abandono, esta cuenta con instalación eléctrica. En el lateral del campo hay un perro sentado en lo que parece la espera infinita de alguien para jugar, o correr, o acompañar. 

Este proyecto de alumbrado y «mejoramiento» con el que esta cancha fue beneficiada es parte de un fideicomiso para promover y fortalecer el deporte a nivel nacional, y del cual entre 2016 y 2021 se ejecutaron 493 millones de lempiras sin que mejoraran las condiciones del deporte en general. El dinero no llegó a dónde tenía que llegar, que era a las federaciones de otros deportes distintos al fútbol. En lugar de ello, se desvió en pagos a empresas constructoras, diputados y a la selección mayor de fútbol de Honduras, recién eliminada de la clasificación al mundial de fútbol en Qatar.

Los muros que rodean la cancha, los postes nuevos, las lámparas nuevas, no calzan con las calles de tierra que mantienen agua estancada, ni con el panorama completo de la zona en la que aún se siente el paso de las tormentas tropicales Eta e Iota.

Pareciera que sí hay apoyo al deporte; aunque Gabriel Umanzor, como instructor de Taekwondo, no sabe qué es eso. Cada vez que ha pedido apoyo, cuenta, recibe el mismo «no» de una maquinaria burocrática que le pide padrinos para obtener ayuda. 

«Esa es mi casa, se inundó con Eta e Iota», dice cuando pasamos por la colonia Asentamientos Humanos, dentro de la Rivera Hernández. «En ese tiempo tenía un trabajo y pensé que me iban a despedir, pero no, me ayudaron», continúa contando mientras revisa el teléfono porque se ha retrasado para la clase de las 11:00 a. m., donde entrena de gratis, ganando únicamente el respeto de una comunidad que vive al borde de la violencia.

Sobre
Fernando Destephen 1985 Tegucigalpa, Honduras. Fotoperiodista y contador de historias.
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