La pseudo-cancelación de Pepe Le Pew y la nostalgia por delante

pepe le pew

Por Yeye Balám
 

Hace unos meses las redes sociales estuvieron plagadas de memes y quejas (por decirlo de algún modo) alrededor de la cancelación (sea lo que sea que concretamente que signifique eso) de Pepe Le Pew, el zorrillo mano larga de los Looney Tunes. Sobre esto hay mucha tela que cortar.

He escrito en el título «pseudo-cancelación» porque la circulación en redes se ha hecho alrededor de la idea de que un periodista del New York Times publicara un artículo crítico sobre el famoso zorrillo animado y su relación con la cultura de la violación, y que luego Warner informaría de que dicho zorrillo no aparecería en la película Space Jam 2. La gente asoció lo segundo como consecuencia de lo primero, pero esa supuesta causalidad realmente no correspondía. Si bien es cierto que el zorrillo animado no estará en la película y que el columnista Charles Blow escribió que Le Pew es una expresión de la cultura de la violación, se trata de eventos no relacionados. En un artículo de The Hollywood Reporter dicen que la decisión de prescindir del zorrillo fue tomada hace más de un año, es decir, en algún momento a inicios de 2020. Ahora, si atendemos el citado artículo notaremos que cierra diciendo: «No está claro si el personaje animado será retirado por completo». O lo que es lo mismo, el hecho de que Le Pew no aparezca en Space Jam 2 no implica que Warner haya prescindido del personaje.

Una cultura lo es en función de las costumbres que la constituyen. Ahora, las costumbres van y vienen, cambian, pero siempre se configuran en un conjunto correlacionado mayor o menor, o sea, siempre se manifiesta cultura, algunas menores (cultura literaria, cultura teatral, cultura otaku) y otras mayores (cultura nacional, cultura occidental, etc.). También entendemos que, en general, las costumbres de una cultura son inherentemente toleradas. Pero esto no significa que todas las costumbres sean tolerables.

Toda costumbre tolerada lo es porque apela cierta vigencia cultural, pero esto no ocurre con todas las costumbres. En el devenir de la cotidianidad y los cambios culturales, determinadas costumbres se descubren como no tolerables, independientemente de lo tolerada que haya sido en el pasado. Naturalmente, ese cambio de tolerancia rara vez se da de forma revolucionaria, sino que suele realizarse paulatinamente, y esto significa que durante el proceso de transición hay gente que resuelve como abolida la vigencia cultural de una determinada costumbre y, por tanto, intolerable; en tanto que otras personas, la encuentran aún culturalmente vigente y por tanto resulta tolerada.

Cuando una costumbre pierde su vigencia cultural, o sea, su tolerancia, todas sus expresiones comienzan a ser canceladas. Pongamos un ejemplo más o menos reciente: la tolerancia respecto a las costumbres de la cultura del tabaco. En un momento del pasado gozaron de plena vigencia cultural y eran ampliamente toleradas. Tanto que incluso se promocionaban en caricaturas.

Pero la vigencia cultural de estas costumbres fue decayendo. Hoy día aún existe la costumbre de fumar, pero ya no se tolera como una actividad pública, ni tampoco su publicidad, mucho menos su apología en animaciones (incluso animaciones extranjeras pasan por esta censura). ¿Qué ha ocurrido? Pues seríamos certeros en decir que, en gran medida, se han cancelado las costumbres de la cultura del tabaco. Y sabemos que no fue una «cancelación suave», sino que se enfrentó a fuerte oposición durante los períodos de transición.

Las costumbres y las expresiones artísticas

Resulta natural que de nuestras costumbres tengamos expresiones artísticas. Cuando nuestra especie se dedicaba a la cacería de mamuts, aquella gente se lo pasó bomba pintando las paredes de sus cuevas ilustrando aquellas cacerías.

Cuando la animación se convirtió en una forma de expresión artística más, entonces llegaron a las animaciones reflejos de nuestras costumbres. Por ejemplo, la caricatura citada como propaganda del tabaco.

Ahora, no todas las expresiones son publicitarias o apologistas, también las hay críticas. Está claro que el famoso cuadro de Guernica (Pablo Picasso, 1937) no es una apología al bombardeo al que se refiere, sino todo lo contrario, es una apelación crítica sobre aquel terrible bombardeo durante la guerra civil española.

Así, debemos tener presente que existe una diferencia entre aquellas expresiones artísticas que fungen como propaganda, elogio o apología, y aquellas que lo hacen como crítica, sátira y denuncia. Siguiendo con el ejemplo del tabaco, se pasó de animar su propaganda a animar campañas contra el tabaquismo.

También debe considerarse cuál es la manifestación nuclear de una expresión. No es lo mismo la manifestación de una caricatura en tanto conjunto que la manifestación de un personaje dentro del mundo de dicha caricatura. Algunos aspectos culturales se verán expresados accesoriamente, mientras que otros lo serán activamente.

Dicho lo anterior, lo que me interesa es abordar la reacción en redes respecto del supuesto, es decir, la forma en cómo reaccionó muchísima gente creyendo que el zorrillo animado había sido «cancelado», considerando los conceptos de expresión y tolerancia que he expuesto.

Cultura de la violación

Para empezar debemos reconocer que en efecto existe una «cultura de la violación», que es la causa inicial por la que se desencadena todo este asunto. La denominamos «cultura de» porque involucra un conjunto de costumbres. Es decir, no se trata únicamente del delito de violación, sino de todas las costumbres y supuestos, dados alrededor de la misma. Algunos de los supuestos implican una carga de dominación de un sujeto sobre otro, es decir, se establece una relación jerárquica en la que un sujeto es reducido a objeto respecto de otro sujeto que, conservando su condición de sujeto, se vuelve dominador. Luego, en esta relación jerarquizada el sujeto se entiende como alguien con potestad sobre el sujeto objetificado.

¿Por qué he dicho «sujeto» y no «mujeres»? Porque el fenómeno no se reduce a la violencia machista contra las mujeres, sino que también abarca otras esferas como el abuso de menores, por ejemplo los muchos casos de curas católicos que han abusado de niños y niñas. En este tipo de abusos se impone previamente la jerarquización y objetificación de la que hablaba anteriormente, es decir, el cura reduce a un menor de edad a un objeto del cual dispone a voluntad para cometer un abuso, pero por dicha jerarquización el abusador se niega a sí mismo como abusador, y más bien se piensa como alguien que hace un uso legítimo de su objeto. Claro está que no es así, que la persona abusada nunca ha perdido su condición de sujeto, si bien ha sido reducida y objetificada por el abusador como condición previa para someterla al abuso. Otros ejemplos que podríamos citar son aquellos cometidos contra cualquier colectivo minoritario, por ejemplo personas de la comunidad LGTBIQ+, entre otros.

Dados los supuestos, entonces tenemos las costumbres. El sistema heteronormativo ecuménico y canónico (aún vigente) construye una imagen objetificada de la mujer: presenta a la mujer no como un sujeto semejante al hombre, sino como un objeto disponible al servicio del hombre. Así, la mujer no es considerada como una igual, sino como un ser inferior del que el hombre tiene derecho a utilizar a voluntad. Y esto deviene en las costumbres denunciadas como abuso por los movimientos feministas, a saber: los piropos, los manoseos no consentidos, los insultos, las violencias en general, y por supuesto, las violaciones y los asesinatos (femicidios).

Puede que lo anterior a algunos les haga un ruido que rechacen de entrada, pero recordemos que matar en una u otra forma (sacrificios, pena de muerte) constituyen costumbres de las culturas. Es decir, esos piropos, esas nalgadas, esos insultos, esas violaciones, esos femicidios, son en efecto costumbres constituyentes de la cultura de la violación. Y debemos recordar que lo que se tiene por costumbre, se tiene por normal, así como lo que se tiene por normal se tiene por tolerado, independientemente de que se trate o no de una costumbre intolerable.

¿Cuáles son las costumbres más comunes de la cultura de la violación? Pues los abordajes sexointencionados, los manoseos, los piropos, etcétera, es decir, aquellas costumbres más públicas. La violación y el asesinato (femicidio) son menos comunes, pero son los más nefastos (evidentemente) y se suceden, usualmente, posteriormente a la ejecución de las costumbres más comunes. Luego, podemos esperar que sean las costumbres públicas, las más comunes, las reflejadas en expresiones artísticas, como lo es en efecto las animaciones de Pepe Le Pew. Naturalmente el zorrillo animado no es el único caso, pero de otros casos hablaré en otro momento.

El caso es que ahora se reconoce que existen esas costumbres de la cultura de la violación, que dichas costumbres son nocivas y que por tanto hay que acabar con tales costumbres, es decir, ya existe una percepción (si bien no generalizada) de intolerancia hacia estas. Pero estamos en un periodo de transición, y evidentemente las expresiones artísticas alrededor de la cultura de la violación no se perciben tan ampliamente con la misma intolerancia que las costumbres que reflejan.

El fin de la tolerancia y la nostalgia por delante

El zorrillo animado es una expresión estereotípica de las costumbres de la cultura de la violación, como bien lo señaló Charles Blow, y como es fácil de ver en un fragmento de la caricatura. Para quienes estas costumbres carecen ya de vigencia cultural, el video les resultará inaceptable, pero para quienes aún no, la caricatura la entenderán como mera caricatura, sin considerar el contenido cultural que la animación refleja.

Ahora, parte de esa tolerancia se debe también a la nostalgia. Estas caricaturas fueron parte de la infancia para millones de personas, y al consumir la animación se antepone el sentimiento de nostalgia a cualquier otro juicio, por eso niegan la expresión de la animación, que es claramente una expresión de costumbres abusivas. En defensa de la animación se esgrimen argumentos de que se trata «solo de una caricatura» o que «claramente» se trata de una ficción, de un zorrillo y una gata, no de personas. Pero estos argumentos adolecen de omitir ese hecho de que las expresiones artísticas no son gratuitas, sino que determinadas condiciones culturales le anteceden y determinan.

Las animaciones de Pepe Le Pew respondían a expresar, aunque fuese en caricatura, un evento cotidiano, una costumbre normal. Pero como dije párrafos más arriba, que algo sea «tolerado» no lo convierte en «tolerable». Traigo otro ejemplo a colación: la esclavitud, que fue por milenios legal y tolerada, parte de la cultura de muchas civilizaciones, pero hoy tenemos muy claro que independientemente de los contextos históricos que llevaron a la humanidad a la práctica de la esclavitud, en sí misma es intolerable. «La esclavitud es un estado (de la persona) tan vil y miserable (…) que no es fácil entender como (…) un caballero se atreve a defenderla», comienza John Locke en el primer capítulo de su Primer ensayo sobre el Gobierno civil (1690). Y aunque Locke fue sumamente influyente para la independencia estadounidense, en el país del norte la esclavitud se toleró como práctica legal hasta 1865, y aún así las costumbres de discriminación racial perduran hasta nuestros días.

En nuestra época se está marcando el cambio, es en nuestra época que esta cultura ha comenzado a denunciarse, y por tanto no solo las costumbres, sino también sus expresiones artísticas comienzan a caer en tela de juicio. Y ciertamente apenas estamos ante el principio. Como hemos visto, Pepe Le Pew no ha sido realmente cancelado, lo que hemos presenciado es tan solo la reacción de personas apasionadas y nostálgicas ante un supuesto de cancelación. Pero precisamente porque es la nostalgia el velo que cubre el contenido, es necesario hacer un llamado a la reflexión, a poner esa nostalgia a un lado y prestar atención a los muy bien animados ojos de angustia de la gatita Penélope, ojos que en dibujos puedan parecer los de una inocente caricatura, pero que en realidad reflejan la verdadera angustia de quienes sufren uno de los fenómenos más perversos y nocivos de las costumbres del macho contemporáneo. El zorrillo mano larga, pese a la nostalgia, ya no tiene plena vigencia cultural (aunque claro está, alguna aún le queda).

Naturalmente no solo el zorrillo animado debe ser cancelado y quedar en la historia sumido en los libros de los oscuros pasados de la humanidad, sino que toda expresión artística que en sí misma sea un reflejo de las costumbres de la cultura de la violación debe perder toda vigencia cultural, tal como lo ha sido cada miseria que la humanidad ha superado, tal como debe ocurrir con las tantas otras aún pendientes, aún latentes, todas ellas siempre tan intolerables como la vil esclavitud.

Epílogo: cancelar todos o ninguno

Una reacción recurrente ha sido la acusación de hipocresía por señalar a Pepe Le Pew pero no a Pucca, o bien, que si se cancela al zorrillo se debe cancelar hasta Ranma ½. Esto de entrada plantea una falacia de falso dilema. En un proceso de transición de ninguna forma es admisible el «todo o nada», precisamente porque por eso es un proceso, lleva tiempo, reflexión, y entonces cambios.

Quiero repasar brevemente algunos ejemplos: El caso de Pucca sale a colación por el de Pepe, pero las costumbres que refleja Pucca no son las de la cultura de la violación, sino otras de las que también hay que hablar largo y tendido.

Por otra parte, Johnny Bravo tampoco está reflejando en sí la cultura de la violación, sino que se trata de una parodia sobre el típico sujeto fanfarrón. Y la parodia se emplea a modo de crítica. Podemos notar una sustancial diferencia en la reacción al abordaje que hace Le Pew y Bravo. La gatita Penélope refleja la angustia de verse acosada, en cambio las chicas abordadas por Bravo expresan desdén, burla o hastío, pero nunca angustia.

Respecto a otros personajes mano larga, por ejemplo el Maestro Roshi de la saga Dragon Ball, o Hipposai de Ranma ½ , además de reflejar una cultura diferente (la japonesa, donde la cultura de la violación tiene sus propias dimensiones, que también debemos estudiar) tenemos una situación semejante a la de Bravo, suelen ser personajes paródicos en los que no se refleja angustia en aquellos personajes que abordan, sino que suelen ser puestos en lugar a veces hasta de formas reivindicativas.

Estos matices son importantes para distinguir bien una expresión que hace apología a la cultura de la violación de una que no, porque estos son los criterios que deben considerarse para determinar la vigencia cultural de alguna expresión artística. Por ejemplo en la película Perfect Blue hay un abordaje muy profundo respecto de como se percibe la violación en la sociedad japonesa, sus repercusiones en actrices que interpretan este tipo de papeles, las vulnerabilidades y juicios que sufren, etcétera. Una animación como Perfect Blue provee de un material valiosísimo para el estudio de estos fenómenos.

Otro ejemplo japonés lo podemos ver con el caso de Ranma ½ en función de las costumbres matrimoniales japonesas y evaluar su vigencia cultural respecto a la cultura occidental y a la cultura japonesa. Debemos considerar que las expresiones artísticas japonesas suelen ser mucho más profundas que las estadounidenses, y por tanto no podemos estudiarlas (ni evaluarlas ni analizarlas) igual que hacemos con estas últimas.

Finalmente, sobre el eufemismo de la «generación de mazapán» no he querido expresarme porque eso es poco más que la superficie de la reacción, como todo aquella persona que molesta por X motivo suelta un improperio gratuito. Me pareció mucho más importante abordar el tema más a fondo, con las consideraciones antropológicas y éticas que he considerado.

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Informático de oficio, filósofo por vocación (estudiante de la carrera de filosofía en la UNAH). Le llevo cierta alergia a las jerarquías. Llevo por delante un par de máximas aristotélicas: lo más importante es la amistad, y no hay amistad más loable que procurar la verdad.

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