Contra Corriente

Honduras prepara un nuevo año escolar inmerso en la pandemia

En marzo de 2020, las clases presenciales en el sistema educativo fueron canceladas  por la llegada de la pandemia a Honduras. Un año después, la pandemia está lejos de ser controlada y el país se prepara para abrir un año lectivo en medio de la precariedad.

Texto: Allan Bú

Fotografías de Martín Cálix 

Durante tres meses, cada sábado, un vendedor de verduras pasó por la casa de la profesora Auxiliadora para recoger las tareas de seis niños de su aldea, ubicada en Puerto Cortés, departamento de Cortés, zona norte de Honduras. Ellos no tenían internet en sus casas, ni celulares. Cuando la pandemia llegó a Honduras a mediados de marzo de 2020, estos alumnos y alumnas quedaron excluidos de la educación virtual. Sus padres no podían pagar por una conexión a internet y el Estado de Honduras, como lo ha hecho por muchas décadas, no cumplió su obligación de procurar educación gratuita a sus habitantes. Quedaron a la deriva.

De acuerdo con datos proporcionados por la Secretaría de Educación a Contracorriente, 20,398 alumnos y alumnas de primaria abandonaron la escuela en el 2020. En educación media fueron 7,746 los que no continuaron. En marzo, tras detectarse los primeros casos de COVID-19, el Gobierno de Juan Orlando Hernández decretó un confinamiento que no permitió continuar las clases de forma presencial. Ni esa cuarentena ni el toque de queda aún vigente en el país, evitó el avance del virus, pues el viernes 5 de febrero los entes oficiales confirmaron 3669 muertes y 152,225 contagios. 

La profe Auxiliadora tiene 23 años en la docencia. Trabaja en la jornada vespertina en una aldea de Puerto Cortés y, antes de la pandemia, siempre preparaba su clase el día anterior. Salía a las 10:30 a. m. rumbo a la escuela. Para llegar tomaba dos buses. Almorzaba antes de comenzar su jornada a las 12:30 p. m. Las niñas y los niños hacían una fila para entrar al aula. Más de alguno le llevaba alguna fruta antes de comenzar la clase. Pero la pandemia la arrancó de las aulas en las que ha trabajado casi la mitad de su vida. «Extraño los mamones», nos dice, en referencia a una pequeña fruta que sus alumnos le llevaban en los tiempos de cosecha. 

El 2020, cuando la educación mutó a modo virtual o distancia, la profesora comenzó sacando copias para todos sus alumnos y después se las ingeniaba para llevarlas a una casa en la aldea donde trabajaba. Los niños iban a recogerlas. Pronto se dio cuenta que este proceso estaba afectando su bolsillo. Comenzó a trabajar de forma virtual: llamadas, videollamadas y mensajes. Se chocó con diversas situaciones, de sus 37 alumnos, solo 17 mandaban regularmente tareas. Otros eran intermitentes. Seis no tenían cómo enviar y recibir tareas y siete desaparecieron.

Luego de que el Gobierno hiciera la declaración oficial de la pandemia por COVID-19 en el país, en marzo de 2020, las escuelas cerraron y los niños volvieron a casa. En la fotografía, una aula de la Escuela República de Honduras que ha permanecido vacía durante meses por la ausencia de alumnos. Tegucigalpa, 30 de noviembre de 2020. Foto: Martín Cálix.

El más grande de los desafíos fue conseguir una conexión a internet. De los alumnos de la profesora Auxiliadora solo cinco tienen wifi en su casa. Y esta es una estadística que se extiende a todo Honduras. Según recoge el diario La Prensa, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), estima que 40 de cada 100 hondureños tuvo acceso a internet wifi o móvil en el 2020. Evidentemente en caseríos, como el lugar de trabajo de la profesora  Auxiliadora, las conexiones son menos. 

Mientras la maestra se las ingeniaba para hacer llegar las tareas a sus alumnos y que no terminaran en esa cifra de deserción escolar, un vendedor de verduras se convirtió en un canal para salvar el año escolar de seis niños. Ella ya lo conocía y un día le pidió que le llevara la encomienda. «Me mandaba mensaje reportando», recuerda la docente.

Pese a todos los esfuerzos, la profe piensa que la formación de los niños es sumamente endeble. «En mi caso, si abarqué la mitad de los temas de matemáticas fue mucho. Hay algunos que de manera virtual no podía abordarlos, desde mi experiencia como docente sentía que no me iba a dar resultado».

Confiesa que el año 2020 ella lo considera un fracaso para sus alumnos pues ella los había imaginado en escenarios que no pudo llevar a cabo por la ausencia de las aulas. Por ejemplo, esperaba que sus alumnos comenzaran a realizar exposiciones. «Estaba emocionada porque hasta me había comprado un parlante con micrófono», dice.

El año anterior las autoridades de Educación aseguraron que con las modalidades de enseñanza a través de radio, televisión y virtual se atendió aproximadamente al 80 % de la población estudiantil, sin embargo en casos como los alumnos de la profesora Auxiliadora parece que esto no funcionó. 

El ministro de Educación, Arnaldo Bueso, dijo a Contracorriente que «todos los recursos utilizados ayudaron, en el entendido que nada sustituirá al maestro frente al alumno. Este año esperamos poder ser más agresivos en el área de apoyo tecnológico con el internet gratuito, la Comisión Nacional de Telecomunicaciones está trabajando con ello» . 

El Pilotaje

 

El año lectivo 2020 terminó. Muchos alumnos fueron aprobados sin cumplir con los requerimientos básicos para hacerlo, pero la pandemia puso a un obsoleto sistema de educación como el de Honduras en una situación compleja. 

Y la pandemia sigue. Los hospitales nuevamente están colapsados como en julio y agosto del año anterior. El porcentaje de positividad en las pruebas va en aumento en departamentos como Cortés, Atlántida y Francisco Morazán. 

El nivel de contagios y la situación sanitaria del país es mucho más crítica, en este momento —cuando la Secretaría de Educación se prepara para inaugurar otro año lectivo en medio de 3669 fallecidos— que cuando se suspendieron las clases presenciales en marzo anterior cuando solo se habían diagnosticado dos casos en el país. 

Con este escenario los niños y niñas de Honduras volverán a clases. El ministro de Educación, Arnaldo Bueso,  menciona que se iniciará un programa de pilotaje en unos 18 centros, pero tiene que ser en una zona que no haya registros de casos de COVID-19 o donde se haya manejado muy bien la pandemia. «La idea es abrir con todas la medidas de bioseguridad para educando y docentes», dice. 

Este proceso, dice el funcionario, se realizará después de que la comunidad educativa de los lugares seleccionados evalúe las condiciones. «Entendemos que a nivel nacional hay diferentes contextos. Se requiere la autorización del Sistema Nacional de Gestión de Riesgos para establecer si se puede abrir un centro o no», acotó el ministro.

«Con los pilotajes buscamos evaluar si es efectivo el proceso que hemos diseñado y así, a medida vaya bajando la pandemia, ir sistemáticamente abriendo los centros educativos en las zonas donde no hay riesgos», señaló Bueso. 

En este plan se brindan lineamientos generales para  arrancar el año escolar en contexto de pandemia. Mediante este instrumento el Gobierno confía que se permita a los niños, niñas y jóvenes no solo el acceso oportuno al sistema educativo, sino también, el desarrollo de un enfoque curricular simplificado, pero efectivo dirigido al alcance de competencias y habilidades en los próximo tres años. 

Lo anterior no concuerda con lo dicho por el director de la organización Casa Alianza, Guadalupe Ruelas, quien señala que Honduras, a pesar de las grandes cantidades(de dinero) que se han destinado del erario y la cooperación internacional, no tenemos un paquete pedagógico adaptado a la realidad de nuestra niñez: «No tenemos un sistema educativo para los niños y las niñas de Honduras, es un proceso mecánico de enseñanza, muchas veces obsoleto».   Casa Alianza es una ong hondureña que se dedica a la atención de niños y niñas en vulnerabilidad social.

La escritora y docente, Yadira Eguiguren, imparte la clase de español para alumnos del Instituto Técnico Honduras. Tegucigalpa, 20 de febrero de 2020. Foto: Martín Cálix.

El Gobierno a través del despacho de educación plantea que el regreso a clases pueda hacerse de tres formas: virtual, semipresencial y presencial. Esto, analizando los contextos y circunstancias de cada zona del país respecto a los contagios de COVID-19.

En el documento se señalan elementos a considerar para una propuesta de retorno a clases en cualquier zona del país, algunos son: el comportamiento de la pandemia en la comunidad; coordinación, cuando se requiera, con el Sistema Nacional de Gestión de Riesgos (Sinager); diálogo de consenso con personal directivo, docentes, estudiantes, padres y madres de familia; plan de acción por centro educativo que indique la forma de atención por grado y nivel educativo, ya sea a través de la modalidad presencial, semipresencial o virtual; aprobación de los padres y madres de familia para que sus hijos continúen su proceso de aprendizaje a través de la modalidad a distancia o mixta, entre otros, que se mencionan de acuerdo al contexto local. 

En Puerto Cortés, la profesora Auxiliadora regresará a clases con una jornada mixta. Asistirá a la escuela dos días a la semana para servir dos horas de clase. No habrá recreo y se intentará mantener las medidas básicas de bioseguridad. Nos aclaró que el retorno a las aulas es voluntario. 

«Cada maestro hará su cronograma de actividades para hacerlo llegar a las autoridades de educación y que den su visto bueno», nos cuenta.

Las circunstancias cambian en una escuela de la colonia Villa Real en Villanueva, Cortés, en donde la maestra Beatriz ha convocado a sus alumnos para iniciar la etapa de reforzamiento el 15 de febrero, pero no habrá visitas a la escuela. El proceso educativo seguirá siendo de forma totalmente virtual. Cortés, es el departamento con mayor cantidad de contagios desde el inicio de la pandemia. En el último recuento, registra 45,640 contagios, que significan el 31.6 % de la incidencia nacional. 

El profesor Selvin de Sensenti, municipio de Ocotepeque, asistirá lunes, martes y miércoles. Él, como trabaja en una escuela con pocos maestros, atiende a más de un grado, así que trabajará un día con cada grado. Su jornada será de 8 a. m. a 10:30 a. m. No habrá recreo para los niños, para evitar contacto entre ellos y se va  priorizar temas de las cuatro asignaturas básicas: Matemáticas, Español, Ciencias Naturales y Ciencias Sociales. 

Una de las encrucijadas que deben resolver maestros y alumnos es mantener las medidas básicas de bioseguridad, pues en el plan del despacho de educación no aparece este renglón. «Estamos empantanados. Del Gobierno no hay ningún compromiso. Hemos pensado ir a una sesión de la municipalidad a exponer esa situación», nos explica Selvin. Los maestros quieren solicitar apoyo para bioseguridad.  

La educación media también funcionará a partir de las determinaciones que se tomen con base en el contexto de las comunidades. En el colegio Manuel Pagán Lozano de la colonia López Arellano, el maestro que quiera asistirá a las aulas, pero en este centro educativo no se impartirá ninguna clase, los alumnos solo podrán ir para traer materiales y tareas. El resto del proceso, casi todo, se seguirá haciendo de forma virtual. 

El ministro Bueso asegura que la  gran mayoría del país operará de forma no presencial y que las clases llegarán a través de diferentes plataformas, pues se contará con más 130 canales de televisión y radio y plataformas de internet para ellos. Los alumnos que no tengan ningún acceso a tecnología recibirán cuadernos de trabajo. 

Al preguntarle si todos los centros consultados por Contracorriente en donde al menos se recibirá un día de clases están dentro del pilotaje se limitó a contestar que «deben estar bajo los lineamientos establecidos por la Seduc». 

Jóvenes reciben clases en la escuela de la comunidad garífuna de Vallecito, la única escuela primaria en muchos kilómetros para los niños y jóvenes de la comunidad que reciben clases en la misma aula aunque pertenezcan a grados distintos. Limón, Colón, 21 de octubre de 2019. Foto: Martín Cálix / Contracorriente.

El plan de la Seduc menciona que se realizarán alianzas  interinstitucionales, locales, nacionales e internacionales de cooperación, para «proporcionar a los educandos un ambiente pedagógico, socioemocional y de bioseguridad básico para continuar su proceso de aprendizaje». No obstante, los maestros a quienes Contracorriente consultó mencionan que la inversión en las medidas de bioseguridad corresponderá al docente y a los alumnos. 

El retorno gradual, seguro y flexible que propone el Gobierno se aplicará en una diversidad de contextos, pues es de acuerdo a centros educativos y zonas geográficas. La constante que se repite es la ausencia del Gobierno en procurar los recursos para que este proceso se lleve a cabo con éxito.

Este año y los dos siguientes, el currículo nacional se adaptará, según el plan antes mencionado, a los diferentes canales de enseñanza como la presencial, virtual y mixta, incluyendo las distintas técnicas de enseñanza, con la flexibilidad necesaria para ajustarlos a los desafíos que se presenten en el contexto regional, departamental y municipal.

Se lee bien, pero la realidad indica hacia otro horizonte. La profesora Auxiliadora comenzó el año anterior con 31 alumnos, siete de ellos no aprobaron por no tener acceso a internet. Para el año lectivo en su grado se han matriculado 28, pero tres le reportaron que no cuentan con un teléfono. En su plan para el trienio 2021-23, la Seduc contempla establecer acuerdos con las compañías proveedoras del servicio de conectividad de internet para proveer navegación gratuita a docentes y educandos en sitios de enseñanza. 

También se menciona que para un proceso incluyente y equitativo se debe dotar a maestros y alumnos de herramientas curriculares digitales o impresas que faciliten el proceso de aprendizaje  desde la modalidad o plataforma  que sea.  

La profe Auxiliadora recuerda que antes de la pandemia la mayoría del material didáctico utilizado salía del bolsillo de los profesores «de una u otra manera, uno tenía que ver de dónde lo sacaba y terminaba saliendo del sueldo de uno».

Aclara que no es su intención hacer un comentario de tipo político partidario, pero ella recuerda que la última vez que recibieron materiales para preparar su clase no fue en un Gobierno nacionalista: «tenemos años de no recibir, no lo quiero mencionar, pero es la verdad, la última vez que nos mandaron fue cuando estaba Mel Zelaya (2006-09), y tampoco era un buen material didáctico, pero al menos había algo».

 

Descuido histórico

 

El sistema educativo de Honduras, dice Guadalupe Ruelas, ya tenía un «abandono terrible» antes que llegara la pandemia de COVID-19, pero considera que dentro de lo complicado que fue el año escolar, presenta una oportunidad para redireccionar la educación en Honduras. «Creo que siempre es tiempo para replantear cuál es la apuesta educativa del país en materia de cobertura, de calidez o de calidad, de lo contrario condenamos a la sociedad a no salir adelante», sostiene. 

Para el año 2021, la Secretaría de Educación, tiene asignado 32,234 millones de lempiras (1,322 millones de dólares), que es un poco más del 11 % del Presupuesto General de la República, que ronda los 288,871.9 millones de lempiras (más de 11,000 millones de dólares). 

Según datos oficiales, hasta un 80 % del presupuesto se invierte en el pago de salarios a docentes, que en prebásica son 6,379, en primaria 51,961 y en secundaria 32,296. 

Honduras —aunque ha priorizado a sectores como defensa y seguridad— sí destina considerables cantidades de fondos a la educación, pero aún así el sistema educativo sigue en precariedad. En su informe Honduras en cifras, el Banco Central de Honduras (BCH) recoge que la tasa de analfabetismo en el 2019 era de 11.5 % y nuestro promedio de escolaridad apenas alcanzaba los ocho grados. En América Central solo está por delante de El Salvador, que ese mismo año alcanzaba un 88 % de alfabetización. 

Ruelas aseguró que antes de que los fenómenos naturales Eta y Iota devastaran el Valle de Sula, el 75 % de la infraestructura escolar ya estaba en mal estado y no se aprovechó este tiempo de pandemia para mejorar las condiciones pedagógicas de los centros de estudio. Después de los huracanes la situación de los centros educativos empeoró.

«La pandemia simplemente evidenció ese hecho, pero también agudizó el problema de alcance y cobertura, de esa forma ahora tenemos menos niños en el sistema educativo», aseguró el director de Casa Alianza. 

En los próximos tres años, las autoridades revisarán las vacantes de docentes para reestructurar conforme a la demanda. Se dará un énfasis en el área rural donde la mayoría de maestros todavía trabajan con varios grados o más grave aún, en algunos casos solo hay un maestro en la escuela. 

La pandemia en Honduras y en el mundo ha golpeado a los más excluidos. En materia educativa también ha sido así. Los niños que no contaban con un teléfono «inteligente» o sus padres no tenían 25 lempiras (1 dólar) para la compra de internet quedaron excluidos del sistema educativo. 

Guadalupe Ruelas sostiene que cuando hablamos el lenguaje del subdesarrollo y mencionamos excluidos pensamos que es una minoría, pero en caso de Honduras, los excluidos son una gran mayoría: «según datos de Unicef, en Honduras 77 de cada 100 niños viven en familias pobres. El nivel de pobreza infantil es más alto que las personas adultas», sostiene. 

Respecto a los estándares internacionales, Honduras está muy rezagado pues del 100 % de las niñas y niños en edad escolar, que son aproximadamente cuatro millones, un 49 % está fuera de las aulas.

Allan Bu Author
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