Teatro Memorias nos trae el teatro a casa

El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. Y al hacerse, habla y grita, llora y se desespera. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vean los huesos, la sangre.

Federico García Lorca

Texto: Linda María Ordóñez

Fotografías: Martín Cálix

Muchas cosas han cambiado para el Teatro Memorias desde el 14 de marzo, cuando inició la cuarentena a causa de la COVID-19: «nosotros habíamos estrenado la obra El sueño de una noche de verano de William Shakespeare, el 12 de marzo, y esperábamos tenerla dos meses en cartelera, pero la pandemia nos cayó y tuvimos que cerrar la sala. Desde ese momento en que se cerró la entrada del teatro sentimos que estábamos totalmente indefensos, acéfalos, huérfanos y sin saber qué hacer». Tito Ochoa, director de Memorias, nos comentó que les tocó esperar casi un mes para poder reaccionar y saber que esta pandemia no iba a durar uno, dos o cuatro meses, sino que iba a durar casi todo el año: «posiblemente en 2021 vamos a tener bastantes inconvenientes, entonces a la productora de la Casa del Teatro, Inma López, se le ocurrió la idea de crear la casa del Teatro Memorias virtual».

En los siete años que lleva desde su fundación, Memorias ha producido un promedio de ciento cincuenta presentaciones anuales, con un repertorio de veinte espectáculos. Sin duda se ha convertido en un referente muy importante de gestión, de producción, de investigación y creación teatral, no solo de Honduras, sino también en Centroamérica, ya que ha demostrado que es un modelo muy importante para la creación de las artes escénicas. 

En la década de los setenta, la familia Ochoa Camacho formaba parte fundamental del Teatro obrero del pueblo unido (TOPU), y años después, en los ochenta, los hermanos Tito, Blanca, Alba y Lourdes Ochoa, fundaron el grupo teatral Rascaniguas. En 1990 emprendieron el proyecto de la Asociación Cultural  Memorias, que comenzó con la realización de obras de carácter ecológico, estos espectáculos se presentaron durante cinco años. Para el año 1996 aparece el Teatro Estudio, que es una vertiente de lo que hoy conocemos como el Teatro Memorias, y se monta la obra El enemigo del pueblo de Henrik Ibsen, y con eso se inicia lo que se conoce hoy en día como el Teatro Memorias, dedicado al montaje de obras de autor. 

La actriz Marey Álvarez, durante la presentación de «Monólogos de la vagina». Tegucigalpa, 13 de febrero de 2020. Foto: Martín Cálix.

«En el año 2007, mis hermanas Blanca y Lourdes hicieron una primera versión de Los monólogos de la vagina. En 2009 regresé de Colombia junto con mi esposa Inma Lopez, y retomamos la actividad de la Asociación Cultural Memorias. Montamos cuatro obras:  Lisístrata de Aristófanes, El inspector de Gógol, La mirandolina de Goldoni y La visita de la vieja dama de Durrenmatt», nos comentó Tito Ochoa, quien además es un destacado actor y director de teatro, egresado de la Academia de Arte de las Musas, de la República Checa. 

Todas esas obras sirvieron de inicio para lo que será la primera sala de teatro privado en Tegucigalpa, un espacio alternativo que hoy se conoce como la Casa del Teatro Memorias y que se encuentra ubicada en el barrio La plazuela, en el centro de Tegucigalpa. «En el 2013 la inauguramos con la obra Los monólogos de la vagina. Desde ese momento se produce una transformación de lo que venía siendo la actividad teatral en la capital, que se dedicaba casi exclusivamente a las presentaciones en el teatro Manuel Bonilla y que realizaba presentaciones para estudiantes de colegios y universidades», nos comentó Tito. 

Con la creación de este espacio se establece un nuevo paradigma en la vida teatral de Tegucigalpa, porque por primera vez se produce un teatro de repertorio, que trabaja todo el año ofreciendo funciones de temporada de obras clásicas, contemporáneas y de teatro hondureño, y que ha revolucionado la actividad artística en la ciudad. 

El Teatro Memorias realiza una importante actividad de montaje de obra, y además participa en la realización de grandes eventos internacionales como la Muestra Centroamericana de Teatro, que invita a lo mejor del teatro profesional de la región. «Estamos hablando de gente que está exclusivamente dedicada al teatro profesional, que lo han estudiado y que se dedican a esto como un oficio. En la Casa del Teatro Memorias, hemos incrementado la participación del público que acogen estas presentaciones de manera masiva», dijo Tito Ochoa.

A raíz de la crisis sanitaria, han realizado lo que se conoce como cápsulas artísticas y los actores, que no podían salir de sus casas, trabajaron en la elaboración de videos caseros rememorando lo que había estado pasando antes de la cuarentena y expresando lo que estaba sucediendo con sus vidas en ese momento. Luego anunciaron que iban a presentar obras de teatro —en línea— que se habían realizado durante todo el proceso del funcionamiento desde su inauguración. 

Comenzaron presentando en Youtube, de manera gratuita, la obra La cena de los idiotas, que tuvo un impacto impresionante, ya que fue vista por seis mil espectadores: «esto es algo que jamás habíamos tenido en una temporada normal, la obra ha sido vista en un montón de sitios y ha tenido una repercusión nacional e internacional. Creo que haberla presentado en esta plataforma abrió la posibilidad de llegar a muchas personas y lugares, esto no hubiese sido posible de haberla presentado en nuestra sala. En este momento estamos perfeccionando una idea para poder tener nuestra propia plataforma que permita que la gente pueda ver las obras y que nos pueda apoyar, de manera directa, con un pequeño pago simbólico para poder sostener la Casa del Teatro Memorias, ya que tenemos costos y gastos impresionantes en cuanto al alquiler y a los servicios, porque no hemos recibido un solo peso en los últimos cinco meses». 

A pesar de la crisis, Tito Ochoa nos comentó que considera que este momento de la historia  es una oportunidad para poder buscar y desarrollar nuevas maneras de encontrar vínculos para que el público pueda ver las obras. «Al principio nosotros estábamos reticentes a desarrollar una actividad virtual porque consideramos que el teatro es eminentemente presencial. Lo que estamos haciendo ahora es en realidad una actividad que no es el teatro tal y como lo conocemos, pero dadas las condiciones en que estamos no podemos quedarnos cruzados de brazos y decir “esto no es teatro y por lo tanto no lo vamos a hacer”. Pienso que hay que realizarlo y no considero que sea perjudicial, por el contrario creo que es una alternativa a lo que estamos viviendo. Esto también va a permitir que mucho público que no vive en Tegucigalpa —y que no tiene acceso cuando hacemos las giras nacionales— tenga la oportunidad de presenciar nuestro trabajo». 

Tito Ochoa, director de la compañía del Teatro Memorias. Tegucigalpa, 13 de febrero de 2020. Foto: Martín Cálix.

Hace diez años, las funciones eran gratuitas porque la gente tampoco quería pagar por ver teatro, entonces poco a poco, Memorias comenzó a cobrar un boleto de cincuenta lempiras. En la medida que las personas tomaron conciencia de que lo que estaban presenciando tenía un alto nivel de profesionalismo y calidad y que era realizado por personas que conocen el lenguaje, acudían a ver la obras por el valor que se establecía. «A nosotros la gente no solo nos paga un boleto, también nos ha donado mucho más del precio propuesto para la presentación. Por ejemplo, en La cena de los idiotas algunas personas nos donaron desde seiscientos hasta mil lempiras, sin que nosotros lo pidiéramos. Entonces ahí es donde te das cuenta de que las personas sí valoran este gran esfuerzo que se está realizando desde la Casa del Teatro Memorias», nos comentó Tito Ochoa.

Memorias cuenta con el apoyo de la Cooperación Suiza para el Desarrollo, que es quien los sostiene en gran medida, pero también hay costos que ellos como organización tienen que cubrir. «El público juega un papel fundamental porque el gobierno realmente no ha hecho nada ni siquiera en las cuestiones de salud y educación, ¿cómo vamos a esperar que en la cultura, en el arte y en el teatro hagan algo? Lo único que nos puede salvar es el pueblo y los medios de comunicación que generan espacios que permiten la divulgación de las actividades artísticas y teatrales alternativas, que posibilitan que la gente se informe y que apoyen este tipo de actividades, solo así vamos a salir. Como dicen “solo el pueblo salva al pueblo”, por tanto, no esperamos nada del gobierno ni de ninguna organización que no aportó cuando la cuestión era presencial, mucho menos lo hará ahora que es virtual».

Teatro Memorias ha planificado para esta semana la presentación de la obra La doncella, del autor Ariel Dorfma. También están realizando gestiones con docentes que iban junto con sus estudiantes cuando se realizaban las presentaciones presenciales. Además esperan presentar la obra Pareja abierta, del autor Dario Fo, para estudiantes de la Cátedra de la mujer que lidera la profesora Hilda Caldera. Están gestionando, con el Centro Cultural de España, la realización de la obra La ciudad oscura de Antonio Rojano. 

Memorias es la prueba del trabajo riguroso, profesional e independiente, es la prueba de que existen alternativas para la creación artística aún en medio de la pandemia. Su futuro parece incierto, sin embargo nos están mostrando cómo es posible enfrentarse a la adversidad y al mismo tiempo darle continuidad al trabajo escénico. «No podría decir exactamente qué va a pasar con la Casa del Teatro Memorias de aquí a abril del próximo año, pero lo único que puedo decir es que estamos resistiendo», finalizó Tito Ochoa.

Puedes ver La doncella, por Teatro Memorias, desde este enlace:   https://teatromemoriasvirtual.uscreen.io/

Correctora de estilo
Sobre
Pianista y filóloga hondureña. Máster en estudios avanzados en Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad de Barcelona. Licenciada en Arte por la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, misma institución en la que se desempeña como docente. Es autora de numerosos ensayos sobre poesía y literatura. Correctora de estilo y editora de la sección Cronistas de la cotidianidad en Contracorriente.
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Escritor y fotoperiodista. Actualmente director de fotografía en Contracorriente.

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