Cultura y poder: Entrevista con Salvador Madrid, fundador del Festival Internacional de Los Confines

Entrevista: Óscar Estrada
 Fotografía: Persy Cabrera

Es difícil construir un espacio cultural en Honduras, sin recursos, partiendo de la nada y remando siempre a contracorriente en un país con élites políticas hostiles a la creación artística.

Quienes en algún momento hemos gestionado proyectos culturales sabemos que es desgastante. Por eso muchas iniciativas se quedan en la primera o la segunda edición. Y es que ni siquiera son espacios que generan recursos económicos para sus organizadores, si en algún momento ha sido ese el motivo para organizarlos. La gran mayoría de las veces, incluso, los eventos culturales toman de los escasos recursos que los gestores tienen y que, sin embargo, entregan con todo el cariño y la firme convicción de que se fundan para bien del país. 

Por eso es inusual el Festival Internacional de Los Confines, que este año tuvo su sexta edición el pasado mes de julio, atrayendo a más de setenta artistas, poetas, narradores, ensayistas, editores, académicos, políticos y actores culturales de más de 20 países a la pequeña ciudad de Gracias, en el departamento de Lempira al occidente de Honduras. 

Es la cuarta vez que asisto al Festival Internacional de Los Confines, y lo he visto crecer durante estos años hasta convertirse –a pesar de las fuertes tensiones políticas, del duro golpe que la pandemia representó para los eventos culturales del mundo entero y de la crisis económica– en un referente nacional e internacional de la literatura, y en un espacio libre en donde fluye la cultura. 

Este 2022, el Festival logró el patrocinio de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) y la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos de Honduras (SECAPPH). Debo ser enfático en que creo que los gobiernos tienen la obligación de apoyar este tipo de eventos culturales, no solo porque sirve para construir y consolidar alianzas entre los distintos actores que en ellos participan, sino porque generan un efecto liberador en la población que asiste a los eventos. Eventos en donde la poesía y las artes en general bajan de su torre de marfil para ponerse a la altura del pueblo. Pero hay un hilo muy fino, una leve frontera que existe entre ser un festival independiente y convertirse en parte de la agenda política en caso que su supervivencia dependa –enteramente– del apoyo del gobierno, cualquier color que este tenga. 

Con ese propósito conversé con Salvador Madrid, amigo, poeta, fundador del Festival Internacional de Los Confines y uno de los gestores culturales más importantes de Honduras. 

Óscar Estrada (OE): Salvador, ¿cómo ves esta relación del Festival con el Gobierno?

Salvador Madrid (SM): El Festival nunca ha sido bien visto por el ala conservadora de Honduras, que tiene una idea de la cultura como entretenimiento y espectáculo, decoración o romanticismo rancio; sin embargo, la verdadera cultura y sus expresiones nos hacen ver nuestra la belleza y las heridas, la risa y el llanto, la nostalgia y la memoria histórica. Y su filo. Por eso (la política rancia) ha querido destruirlo y por eso (en el pasado) nos han atacado, amenazado, hostigado y perseguido. La cercanía del Festival de Los Confines con el Gobierno de Xiomara Castro la veo transparente y necesaria. No hay agendas escondidas y más bien es maravilloso que Sedesol y la Secretaría de las Culturas le estén brindando un apoyo al Festival. Cumplen con su labor y sin duda lo harán con otros espacios culturales del país. Y lo vamos a aplaudir, a reconocer y a respaldar, porque es lo que debe hacer el Estado. De hecho, nuestro propósito inmediato será pedir al Estado que proteja al Festival de Los Confines y que esta relación crezca y se consolide. Lo mismo hay que hacer con el Paseo Real de Las Chimeneas de Trinidad Santa Bárbara, con la Feria del Libro de San Pedro Sula, con la Asociación de Editoriales Independientes de Honduras, con el Festival de Juegos Tradicionales de San Marcos, con el Encuentro de Escritores de Olanchito, con la Asociación Nacional de Escritoras de Honduras, con el Festival de Cantarranas, con el Festival de La Espera Infinita, con el Festival de Teatro Bambú y con todos los demás espacios que son verdaderamente culturales y que resisten.

OE: Reconocemos que hay una línea delgada en la relación de los artistas o los espacios forjados como independientes y el Gobierno. ¿Cómo ves vos esa línea? ¿Es posible sortearla?

SM: Puedo responder esta pregunta desde mi responsabilidad como Festival de Los Confines, no puedo responderla por otros gestores y espacios. Digo que nuestra relación con el Gobierno es horizontal, respetuosa y transparente. La agenda del Festival la definen los actores culturales que participan con total libertad, sin restricciones de expresión. El devenir del Festival lo modulan quienes lo protagonizan, ni siquiera nosotros como equipo gestor. Nos pasa igual con las sedes del Festival a las que respetamos profundamente. Por ejemplo, en Copán Ruinas el Festival tiene otra dinámica, muy hermosa, por cierto, pero el equipo únicamente asesora; es la Comisión de Cultura de Copán Ruinas, su sociedad civil y los autores quienes lo perfilan bajo una participación masiva de más de mil jóvenes. Nuestra relación con el Gobierno no es complaciente, es dialéctica, esencial y con base en visiones comunes. Cuando conversé con el ministro José Carlos Cardona coincidimos totalmente en la idea de cultura, lejana del folclorismo apolillado, del espectáculo y de la estampa decorativa; todo lo contrario, hablamos de una visión de la cultura crítica que genera conciencia para enfrentarnos a la realidad y que es clave para el desarrollo. Con Anarella Vélez, nuestra maestra por años antes de ser funcionaria, el diálogo sobre la cultura nos ha durado la vida entera y la recuerdo en el Festival de Los Confines de 2021, firme, expresando abiertamente en qué había avanzado el Festival y puntual con sus recomendaciones para fortalecer nuestro crecimiento, y hoy, que es ministra de Cultura, su relación con el Festival ha sido respetuosa y comprometida; alentando la búsqueda de recursos. 

Los creadores del país somos desconfiados y ariscos, y es normal, pues hemos sido estigmatizados, marginados y negados a lo largo de la historia, pero deberíamos darnos un chance y vincularnos más con los gobiernos democráticos. De hecho, deberíamos participar en política e incidir en la vida institucional y legal para crear leyes que protejan y fomenten la cultura. Anarella Vélez, ministra de Cultura, trabajó mucho y permaneció durante todo el Festival hasta la clausura en Copan Ruinas. Eso para nosotros es maravilloso y nos alegra, porque nos visibiliza, nos valida y nos fortalece. Vino el ministro Erick Tejada a presentar su libro, se sentó ante el público y habló de ficción, habló de literatura; no vino a dar un discurso político sobre energía o qué está pasando en el tema de la ENEE. Había muchos actores políticos del Gobierno en este Festival, y estuvieron entre el público participando, discretamente, hablando de arte y literatura, de políticas culturales. Y cuando se supo, las personas reaccionaron con respeto y alegría, estaban al lado de altas autoridades y no había guardaespaldas ni se militarizó la ciudad, fue un ambiente cálido y de confianza.

El VI Festival de Los Confines reunió a poetas de veinte países en Gracias, Lempira. FotoCC/Persy Cabrera.

OE: ¿Cuáles son los retos ahora, después del VI Festival de Los Confines? 

SM: Fundar públicos, fortalecer el tejido cultural de Gracias y Copán Ruinas, cuyas expresiones son maravillosas y requieren inversión. Necesitamos la formación de gestores culturales locales, potenciar los museos locales, rescatar la historia, las obras de escritores, formar y abrir oportunidades para los creadores jóvenes. Nosotros no nos consideramos un evento, nos consideramos un proceso crítico y dialéctico, un espacio democrático que no tiene miedo incluso de enfrentar nuestras propias carencias. 

Hay que dinamizar las alianzas más allá de las fechas del Festival; legalizarnos, consolidarnos y generar actividad cultural todo el año, de manera permanente, no solo los días del Festival. Hay retos de maduración de nuestro propio proceso como espacio de gestión para ofrecer una estructura a las expresiones culturales, forjar la producción literaria y artística local, convencer a la alcaldía de Gracias de generar una política municipal de protección cultural y de inversión. Si hacemos un buen festival, posicionamos a Gracias y a Copán, las visibilizamos como ciudades culturales, y ese resultado tiene que capitalizarse atrayendo públicos a las ciudades. En Gracias necesitamos actividad cultural permanente, uniendo las expresiones tradicionales y las contemporáneas que podamos albergar en una agenda sólida. Tenemos las ferias patronales, el Guancasco, tenemos la ruta de las iglesias coloniales, Celaque, las artesanías lencas, que son una serie de expresiones que están ahí, sobreviviendo todo el año.

Un reto es reflexionar sobre la manera de rescatar las ciudades sedes que ya teníamos consolidadas. 

OE: Durante la pandemia perdimos mucho como país, pero el sector cultura se vio fuertemente golpeado. ¿Cuánto perdió el Festival de Los Confines con la pandemia? 

SM: El Festival comienza a recuperarse, porque perdimos cuatro sedes por la pandemia. En la edición de 2019 tuvimos actividad en Tegucigalpa, San Pedro Sula, Siguatepeque, Santa Rosa de Copán y en Copan Ruinas; ya habíamos generado estructura y relaciones con las entidades públicas y privadas para crecer. Ahora nos queda valorar si fortalecemos Gracias y Copán Ruinas, ciudades donde hemos crecido y que nos han dado su respaldo y, quizá con el tiempo, retomar actividad en otras ciudades.

OE: ¿Cómo visualizas el público del Festival de Los Confines? 

SM: El público del Festival es versátil y diverso. Hay un público muy culto, otro público popular, familiar, estudiantil, infantil y académico. Esto es así porque la agenda es diversa.

El Festival de Los Confines está posicionado como un gran espacio cultural en América Latina. Los autores quieren presentarse aquí porque el público es extraordinario, totalmente diverso y culto. Lo mejor es que es un público orgánico, en fundación, que permite la relación entre intelectuales. Yo tengo esa imagen del sábado 23 de julio a las ocho de la mañana en Casa Galeano, cuando llegaron sorpresivamente más de 100 niños, niñas y adolescentes de las comunidades de Lempira, y los locatarios apenas estaban abriendo la Feria del Libro, así que nos tocó improvisar tres lecturas para estos chicos. Eso quiere decir que el Festival te mueve públicos. Me conmoví cuando fui a conversar con ellos y les pregunté cómo llegaron: «Salimos hace dos horas de nuestra aldea –me dijeron–, andamos con nuestros padres y maestros. Hicimos varias actividades como venta de comida para ganar un poco de dinero y poder contratar un bus para venir a oír a los poetas y ver la exposición en la Fortaleza San Cristóbal». Yo me quedé al borde de las lágrimas en medio del patio de Casa Galeano. Todo sacrificio y dolor se me borró, y en medio de esa luz sentí el sabor del éxito como gestor cultural ¿Acaso no es eso lo que buscamos con el arte, llegar ahí donde solo se creía que existía la imposibilidad?

OE: La comunidad de Gracias, ¿cómo se relaciona con el Festival ? 

SM: La ciudad de Gracias y el Festival tienen una relación generosa. La ciudad –a través de sus empresarios e instituciones públicas y privadas– provee estructura para que las cosas sucedan y también es consumidora de contenido cultural. El Festival le da contenido, buen nombre y posicionamiento a Gracias y a Copán Ruinas como destinos interesantísimos, pues son ciudades cuya fuerza es la cultura y necesitan identificar un público sensible para activar una relación de consumo de sus servicios. 

OE:Este año el festival tuvo una actividad que podríamos definir como bastante avant-garde para lo que son los espacios culturales en Honduras y más en provincia. Hablamos de la presentación del tema de los Derechos LGTBI y sus expresiones culturales. ¿Los debates, temas o actividades del Festival generan conflictos? 

SM: El Festival también tiene otras tensiones: ser inclusivo, por ejemplo, nos ha costado la crítica, pero tenemos que asumir nuestra realidad. En esta edición participó abiertamente la comunidad LGTBI, específicamente la comunidad transexual en un conversatorio que me sacudió todos los dilemas. ¡Cuán retrogradas somos y cuánto debemos aprender! Carla Antonelli es un nombre que no olvidaremos, su entereza humana y política, su sensibilidad y solidaridad, su dimensión espiritual nos compromete a abrir este espacio cada vez más y, sobre todo, a no tener miedo. Escuchar a Grecia O`Hara, conocer su postura política –con base en el derecho–, además de interiorizar sus históricos reclamos y sentir que –como comunidad cultural– estamos tan distantes de los liderazgos de la diversidad a los que debemos sumarnos, ha sido un aprendizaje muy fuerte que nos reta a dar esa primera batalla contra nosotros mismos para cambiar, crecer y asumir posturas más beligerantes. Sin duda las palabras de O´Hara golpean y nos plantean imaginar de otro modo la cultura y, por ende, el Festival. Por eso hablo que este es un espacio de grandes tensiones, la tensión política apenas es una de ellas, y no está por sobre las otras, forma parte de un universo que exige configurarse desde todos sus astros y no desde uno solo, por eso el Festival avanza a los liderazgos más abiertos, incluso mi liderazgo como gestor del Festival debe replantearse una y otra vez, al grado de compartirlo no solo con el equipo gestor, sino con los participantes del Festival. 

OE: ¿Qué otros detalles podés identificar? 

SM: Otro detalle son las miradas de la prensa, que superaron las expectativas, porque ya no se involucran solo con reportajes o crónicas referenciales e informativas, sino críticas y con el ejercicio profesional del periodismo cultural. En otras palabras, el Festival no es Gracias: es Honduras; el Festival no son las disciplinas estéticas, sino su ejercicio de expresión, libertad y crecimiento. Nuestro festival es y será un espacio de resistencia cultural que no claudicará en su idea de ser parte de los ideales democráticos a los que debe avanzar el país. Resistimos bajo la idea de bien común donde todos y todas avancemos a eso que llamamos justicia y nos sumaremos a quienes luchen por esas ideas.

OE: ¿El Festival tiene enemigos?

SM: El Festival de Los Confines está en el centro de muchas tensiones de todo tipo. Sé bien que hay gente y grupos que lo quieren destruir y sé bien quiénes son, lo que dicen, incluso conozco sus agendas, sus reuniones para conspirar, sé dónde han llegado a pedir mi cabeza, y no se trata de envidias, se trata de acciones organizadas, estructuradas con total alevosía. No olvido nunca cuando en una reunión me dijeron: «Te detenemos con abogados o con plomo», no olvido esa frase, pero tampoco olvido el silencio de la sociedad civil y de la mayoría de gente de poder que estaba ahí y que agacharon la cabeza en franca complicidad. 

Si el Festival fuera un espacio mediocre, a nadie le importaría, pero es un espacio esencial para nuestra cultura. El único remedio que tenemos contra estos males es la participación libre y espontánea para que la gente se apropie de él. Es decir, al Festival le queda un largo recorrido de resistencia y necesita todos los abrazos.

OE:¿Los escritores y artistas, cómo crees que perciben al Festival de Los Confines?

SM: Llegaron más de 700 solicitudes de participación para esta edición de 2022. ¡Dimensionemos esto! ¡700 solicitudes de participación de casi todo el país a un espacio que dura cuatro días! Por eso la agenda del Festival se saturó con 64 actividades. Podemos hacer varias lecturas de lo que esto significa: la primera es el poder simbólico del Festival como espacio validado: los autores y artistas quieren ser parte de él a través de su trabajo creativo. Pero también podemos hacer otra lectura que no deja de ser triste: significa que la infraestructura cultural del país está totalmente destruida y que debemos reflexionar sobre la enorme necesidad de generar o rescatar este tipo de espacios donde la cultura fluye de una forma libre. Aquí entra de nuevo tu pregunta sobre la relación con el Estado administrado por el Gobierno, y se valida mi postura. Sí, por supuesto que necesitamos trabajar con el Gobierno, no solo por recursos, sino porque hay iniciativas de este Gobierno que perfectamente pueden potenciarse desde el arte y la cultura en las que estamos de acuerdo y que se deben apoyar. 

Este Gobierno ha sido claro en sus inquietudes acerca de la cultura, ya nos regresó la Secretaría de Cultura en apenas tres meses. Nos habíamos pasado doce años sin esta entidad, una tragedia histórica en materia de administración democrática. Estoy seguro que, en la medida que avancemos como república, la Secretaría de las Culturas, las Artes y los Patrimonios de los Pueblos será esencial para generar un entramado institucional que no solamente será soporte de la producción cultural, sino que se integrará a las iniciativas de desarrollo social, de educación y de turismo del propio Estado. Y algo más, yo estoy muy inquieto con la proyección social y cultural desde Sedesol, porque hay un fuerte equipo con un gran perfil intelectual vinculado no solo a desarrollo social, sino a la cultura. Lo que afirmo es un transparente interés ciudadano como gestor cultural, ya que pienso que se puede forjar un hito en materia de inversión social con base en la necesidad y la idiosincrasia de nuestros pueblos; yendo, por primera vez, en años, más allá del asistencialismo y profundizando en la formación y en el planteamiento de una agenda cultural social, respaldada por la estrategia de inversión, pero con un enfoque en las necesidades comunitarias definidas por los diferentes territorios del país. Esto también es cultura. 

Mi optimismo con el nuevo Gobierno no es ingenuo, también hago lecturas críticas, pero no soy ciego para dejar de ver las luchas en materia de cultura que ha emprendido tratando de salvar algo de los escombros de un periodo pavoroso de nuestra historia. Y esto no es discurso proselitista, es una postura honesta, civil y a la luz de la verdad.

***

Al salir de Gracias quedaron circulando en mi cabeza las palabras de Salvador Madrid. Sé, en efecto, que tanto participantes, artistas y espectadores quedaron con un buen sabor de lo que fue esta edición de Los Confines. Y ese optimismo cauto que caracteriza a Salvador en esos espacios calmó un poco mi desconfianza en las estructuras del Estado. Es natural, concluí, que el Gobierno de Xiomara busque esos espacios definitorios de la cultura nacional, como es natural que el Festival los reciba. Toca confiar en la madurez de los organizadores, de los artistas y de las autoridades, apoyar y ser vigilantes, con toda la buena voluntad que este espacio cultural requiere, y, sobre todo, por el bien de Honduras.

Sobre

Óscar Estrada (San Pedro Sula, 1974) es escritor, guionista y periodista hondureño. Fundador de Casasola Editores. Ha publicado las novelas Cuando el río suena (2022), El pescador de sirenas, la vida poética de Juan Ramón Molina (2019) e Invisibles, una novela de migración y brujería (2012); la colección de cuentos El Dios de Víctor y otras herejías (2015), y los libros de crónicas  Héroes y villanos del golpe de Estado (2022), Tierra que vivo (2020) y Honduras, crónicas de un pueblo golpeado (2013). Es autor además del libro Tierra de narcos, como las mafias se apropiaron de Honduras, que será publicado en su segunda edición por Grijalbo en 2022. Como guionista ha trabajado en los largometrajes para cine La condesa (2020), de Cabezahueca Films; Operación Navidad, Como el xocolatl y El monstruo de San Judas de Guacamaya Films; así como varios guiones para televisión y radio.

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Persy Cabrera nació en Tegucigalpa en 1997. Es graduado de bachiller técnico en electricidad del Instituto Técnico Saúl Zelaya Jiménez y cursó media ingeniería eléctrica en la UNAH antes de pasarse a estudiar periodismo. Actualmente es practicante como periodista cultural en Contracorriente. Le gusta el cine, las series, el anime, el manga y los libros. Practica fútbol y es entusiasta del deporte en general.

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1 comentario en “Cultura y poder: Entrevista con Salvador Madrid, fundador del Festival Internacional de Los Confines”

  1. Excelente y oportunos aportes para construcción y proyección de una propuesta cultural abierta al mundo, pero consolidadas desde el propio territorio y de sus protagonistas mas auténticos y generosos. La propuesta de desarrollo cultural de Los Confines, cada vez mas avanza hacia la consolidación de aspectos Ambientales, Socioculturales y Económicos. Permitiendo generar incidencia pública y política a nivel de Gracias y otras ciudades, cuya evolución progresiva puede aportar para el afinamiento de una propuesta de desarrollo influyente a diferentes ámbitos territoriales cercanos y lejanos…

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