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Nadie mira al vigilante

Texto: Kelvin Enamorado

Portada: Fotografía de archivo/ Martín Cálix

La imagen mental que tengo de un guardia de seguridad es la de un señor con cincuenta años de edad o más, vistiendo una gorra con el logo de la empresa donde trabaja, pantalones y camisa de uniforme con cierto estilo militar, con una mochila a sus espaldas donde carga repuestos de emergencia para su bicicleta, una bolsa grande para cubrirse en caso de lluvia, recipientes donde lleva su comida y un bote con agua. Se moviliza pedaleando en su bicicleta bajo el sol de la una de la tarde en las calles de cemento de San Pedro Sula o incluso, a las diez u once de la noche en las oscuras avenidas de la ciudad. Esta imagen se ha mantenido así desde hace mucho, porque sin importar las condiciones climáticas, golpes de Estado, índices de violencia, pandemia mundial, el vigilante debe estar en el lugar asignado.

¿Por qué tengo esta imagen de un guardia de seguridad? Porque ese es el trabajo de mi papá desde hace 20 años. Recuerdo que cuando yo era niño lo observaba y escuchaba las historias que contaba junto con mis tíos, ya que casi todos estuvieron en las Fuerzas Armadas antes de ser guardias de seguridad. Al crecer yo también quería entrar a esa institución y ser «todo un hombre», pues como ellos decían «en el batallón a los niños los hacen hombres». Sin embargo, gracias al sacrificio propio y al de mi familia tuve otras oportunidades y mi destino fue diferente.

Hace dos noches mi papá me llamó por videollamada desde su lugar de trabajo, me decía que no saliera porque era peligroso, que quizá se quedaría durmiendo allí porque además estaba lloviendo. Las medidas tomadas por el gobierno a raíz de la COVID-19, lo han obligado a aprender a usar las aplicaciones del teléfono móvil para poder comunicarse con la familia. Su trabajo siempre ha sido de alto riesgo, pero ahora con la crisis que ha generado la pandemia el peligro creció.

Durante el inicio de la cuarentena, en San Pedro Sula únicamente se veían circular por las calles al personal de salud, agentes del orden público, trabajadores de la línea de suministro de alimentos y por supuesto a los guardias de seguridad privada, estos últimos permanecían frente a la puerta de la tienda, en una calle totalmente desolada, con la sospecha que si esa tienda quebraba por falta de ventas ellos también serían despedidos.

«Un día cualquiera» para un guardia de seguridad, significa levantarse a las cuatro de la mañana, mientras su esposa prepara el desayuno y almuerzo, se viste con el uniforme que fue descontado de su salario, prepara la mochila, la bicicleta y se dispone a pedalear su bicicleta durante una hora desde algún barrio, en las periferias de la ciudad, hasta el puesto asignado donde debe estar a las seis de la mañana para relevar a otro compañero. En muchos casos debe estar de pie durante todo el día, no puede dejar el puesto hasta cumplir su jornada de doce horas, a las seis de la tarde llega otro compañero a relevarlo, entonces debe nuevamente pedalear una hora para llegar a su casa, cenar y dormir porque al día siguiente toca madrugar, todo esto por siete mil quinientos lempiras (trescientos seis dólares aproximadamente) al mes, incluso en algunos casos su salario es menor. 

Un guardia, en el mejor de los casos tiene todos sus derechos: vacaciones, prestaciones y aguinaldos, pero la mayoría no tiene ninguno y pueden ser despedidos de un día para otro sin reclamar nada. Sin embargo, si es necesario debe hacer doble turno, que significa trabajar veinticuatro horas seguidas, luego descansa media jornada y vuelve a trabajar. 

Recordemos que Honduras tiene índices alarmantes de violencia: más de cuarenta y un homicidios por cada cien mil habitantes. Así que en una tienda, por ejemplo, se requiere un guardia las veinticuatro horas del día los siete días de la semana. Esto significa uno durante el día y uno durante la noche, ambos descansan un día a la semana, de manera que se requiere un tercer guardia que cubra estos días de descanso. Al tercer guardia le va peor, porque no solo tiene un horario irregular, sino que apenas le pagan doscientos lempiras por cada jornada que cubre, es decir mil seiscientos lempiras (sesenta y cinco dólares aproximadamente) al mes. La mayoría de los guardias tienen familias numerosas, su esposa y tres o más hijos. Viven en pobreza extrema y en la mayoría de los casos han cursado apenas la escuela primaria, así que no tuvieron más opción que ingresar al batallón. 

Recuerdo una reunión a la que asistí hace más de seis años, donde estaban varias organizaciones comunitarias y un exmilitar en representación del Estado, este se dirigió a los jóvenes en cierto momento aconsejando que nos uniéramos al ejército donde tendríamos comida, ropa y un pago, además de una carrera militar, pero ¿que opción tiene una persona cuando cumple con su tiempo de servicio en el ejército más que buscar trabajo como guardia de seguridad? 

Ser guardia de seguridad es un trabajo donde el riesgo es el pan de cada día, existen casos en los que los delincuentes han asesinado al guardia solo por quitarle el arma. Muchas veces también son enviados a un lugar donde el día anterior ha sido asesinado un compañero. Y sí, también hay casos en los que el guardia ha asesinado. También están aquellos guardias de los carros repartidores de productos que entran a todos los barrios con altos niveles de violencia. Se arriesgan a pesar de que la empresa no paga el impuesto de guerra (cantidad que se debe pagar a una o varias bandas a cambio de seguridad) y a sabiendas de que los delincuentes pueden asaltarlos o prohíben la entrada de estos vehículos, en cualquier caso el primero que puede resultar muerto es el guardia.

Esto es solo un poco de la compleja situación que viven los guardias en Honduras, una población laboral que pocas veces es percibida por la mayoría. 

La próxima ocasión en que vean a un guardia recuerden que probablemente tiene hijos a los que —preocupado— les hace videollamadas a media noche, mientras se alista para subir a su bicicleta y pedalear una hora para llegar a la casa, cenar y dormir porque el siguiente día toca trabajar. Uno de ellos es mi papá.

Sobre
Nacido el 18 de agosto de 1990 en departamento de Colón, vive en el sector Chamelecón de San Pedro Sula desde el 2008. Actualmente estudia Pedagogía en la UNAH VS, es gestor cultural y artista multidisciplinario (músico, rapero, graffitero y bailarín de danza Hiphop)
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Comentarios

  • David Cruz
    REPLY

    Me consta lo que cuentas Kelvin, la situación de los trabajadores de la seguridad, es precaria y debería ser motivo de revisión en un país o sociedad decente.
    Igual me consta tu talento , perseverancia y humildad.
    Debes seguir adelante y mantener la línea , has honrado a tu familia con tu ejemplo y , mejores cosas vendrán compa, saludos

    16 septiembre, 2020
  • Sasquia
    REPLY

    Que importante mensaje y llamado a la conciencia ciudadana.

    17 septiembre, 2020
  • Prefiero no decirlo por esta ocasión
    REPLY

    Una lectura no solo educativa si nos une también entretenida pero sin dejar de lado la cruda realidad, Tmtambien ver ese montón de historia ms de Guardias asesinados por órdenes de Jesús superiores para no pagarles sus derechos unas vez son despedidos, y podríamos decir muchas cosas más pero claro “es clavo” decir esas cosas.

    17 septiembre, 2020
  • Uno más
    REPLY

    Y con todo y letras mal encajadas en medio de pensamientos y sentimientos de frustración.

    17 septiembre, 2020
  • Johan Garrido
    REPLY

    Muy Buena Crónica Lic.Kelvin soy testigo de todo lo que nos transmites en ella hermano, por que mi Abuelo justamente trabaja como guardia de seguridad y así durante muchos años logrando graduar a sus 6 hijos y aún está en la lucha, ellos también tienen sueños ellos también sufren por las olas de violencia en el país, y pensar que hay personas incluso que a veces hasta les provocan o los desprecian más no saben que ellos también tienen sus problemas personales y responsabilidades, en el caso de mi Abuelo trabaja 24 horas y descansa 24 horas, donde hasta para darles las vacaciones y los pagos se les retrasan, muy desapercibidos pasan aún sabiendo que ellos son heroes y velan por nuestra seguridad en los establecimientos que frecuentamos.

    17 septiembre, 2020
  • Johan Garrido
    REPLY

    Muy buen mensaje Lic. Kelvin, yo soy testigo de todo lo que nos transmites, justamente mi Abuelo lleva mucho tiempo trabajando como guardia de seguridad, siendo el hasta víctima de violación de derechos como trabajador en este cargo.

    17 septiembre, 2020
  • Susana
    REPLY

    Que buen post, realmente es dura la situacion de estos trabajadores autsorcing o dicho en espñol despojados de derechos y que durante la pandemia fueron envestidos como trabadores esenciales, tienes razon nadie mira al vigilante…

    18 septiembre, 2020

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