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Gas lacrimógeno, imposición legislativa y golosinas

La calma y las vacaciones terminaron en Honduras. El 2018 arrancó con la misma indignación con la que cerró el 2017 en los barrios, en las ciudades, en el comercio, conductores de autobuses y vendedores de golosinas.

Doña Laura, una señora de aproximadamente 50 años aprovecha las tomas de calles para venderle golosinas a los manifestantes y a los militares. Ella dice que hay que ganarse la vida, pero que no hay que olvidar que el pueblo tiene derecho a manifestarse y a repudiar lo que está pasando en el país. Ella busca hacer dinero vendiendo chicles, cigarros, y cacahuates. Ella sabe combinar con certeza el negocio y la indignación.

Laura es diplomática, ella cuenta que está en contra de Juan Orlando Hernández, en contra de su dictadura y en contra del abandono gubernamental a los comerciantes informales, pero cuando de vender golosinas se trata, hasta a los militares se acerca. «Yo le vendo a todo el mundo, sí, me da miedo a veces acercarme a los militares y policías, pero a veces me compran cigarros o confites y yo tengo una familia a quien responder en casa». Laura dice que tiene cuatro hijos, y ella debe llevar dinero para su alimentación.

Laura escuchó la convocatoria de la Alianza de Oposición contra la Dictadura a paro nacional para el 20 y 21 de enero, al ver la televisión dijo que se puso a pensar a qué lugar iría a vender. Ella vive en El Carrizal, pero la mañana del sábado se trasladó a la sector de Villanueva, ubicada en la salida de Tegucigalpa hacia el departamento de El Paraíso.

Hubo mucha expectativa sobre lo que podría suceder en Honduras con la convocatoria. Los recuerdos en la ciudadanía del mes de diciembre siguen vigentes y todos se imaginaron que el país se volvería a paralizar, al menos en la zona norte, sector que, a mediados de diciembre, luego de la declaratoria del Tribunal Supremo Electoral (TSE) cerró sus carreteras al paso del tráfico.

Desde el sábado 20 de enero en horas de la mañana, se registraron tomas en los departamentos de Colón, Atlántida al norte del país; Yoro, Comayagua y Siguatepeque en la zona norte y centro de Honduras, y también en Tegucigalpa.

Esta nueva jornada de protestas tuvo menos intensidad que las de diciembre, pero no por ello se salvó de la represión militar. Las tomas de carretera se registraron en el departamento de Colón: en Trujillo, Tocoa y Sabá, lugar donde fue asesinado Anselmo Villareal, un campesino de la tercera edad, a manos de militares.

En Tegucigalpa hubo acciones en varios barrios y colonias: Miraflores, Carrizal, Comayagüela y Villanueva, en este último, Laura acudió a vender sus golosinas.

El sector de Villanueva es una zona donde habitan personas de bajos recursos económicos, históricamente ha sido un sitio conflictivo en la capital y además son barrios que evidencia la desigualdad y la pobreza.

Desde las 5:30 de la mañana estas colonias estaban militarizadas. Militares y policías estaban listos para reprimir a cualquier manifestante que intentara cerrar la vía de acceso hacia El Paraíso. Y esta escena se materializaba en todo el país, en el norte, sur, centro y oriente. Honduras estaba bajo el dominio militar.

Esa jornada desafió a los manifestantes, y a pesar de ello, la gente salió a las calles y logró instalar tomas de carretera, eso generó una reacción inmediata de las autoridades del orden, quienes reprimieron con gas lacrimógeno, toletes y en el peor de los casos con balas. Al final la jornada dejó una persona asesinada en el atlántico.

Pero esa realidad que se dibujaba en las calles de la colonia Villanueva no amedrentó a doña Laura, ella llegó con valentía y empezó en medio del fuego de las llantas a vender sus golosinas y también a repudiar cuando podía la represión y al gobierno que ahora se instala por cuatro años más.

Transcurría la mañana y la toma seguía instalada, a eso de las 10:30 de la mañana del sábado, la Policía Militar, junto a la Policía Nacional desalojó al calor del gas lacrimógeno, el que además de ser lanzado contra los manifestantes, también afectó a periodistas y a la gente que habita en las viviendas ubicadas en ambos lados de la carretera a oriente.

Mientras las bombas lacrimógenas eran lanzadas por los elementos de seguridad, doña Laura junto a los manifestantes corría sin freno hacia un lugar seguro, ella trató de buscar un sitio seguro, mientras los más jóvenes respondían con piedras el ataque lacrimógeno.

La represión duró más de una hora. La gente a pesar de la agresión, dos horas después –a eso de la una de la tarde– hizo otro intento de toma, el que también fue desalojado por las fuerzas del orden.

Doña Laura logró llegar a un lugar seguro, se quejó con los vendedores de verduras y tortillas que se ubican en la entrada a Villanueva y luego se fue del lugar con destino desconocido.

***

Las acciones del sábado 20 de enero terminaron, pero el sol marcaba un nuevo día, uno lleno de expectativas por la convocatoria de tomas, pero más por la sesión del Congreso Nacional que se convocó a las siete de la mañana del domingo.

Los alrededores del Congreso estaban totalmente cerrados, con único acceso a los diputados, personal del Congreso autorizado y periodistas acreditados. Ese día, además, la Alianza convocó a una movilización desde el Estadio Nacional hacia el Congreso, pues se instalaba la Junta Directiva provisional del Congreso.

La convocatoria era a las 7 de la mañana, generalmente las sesiones inician con demora, dos o tres horas después de la hora pactada, pero en esta ocasión no fue así; a las 6:50 de la mañana el ministro de Gobernación, Justicia y Descentralización, Leonel Ayala acompañado de su secretario de despacho Ricardo Montes, dieron por inaugurada la sesión haciendo el llamado a la apertura de mociones por parte de la bancada del Partido Nacional.

De inmediato la palabra se concedió al Partido Nacional, instituto político al que pertenecen Ayala y Montes, lo han dicho públicamente y además son activistas del gobierno de Hernández. Al tener la palabra, el presidente del Partido Nacional, Reynaldo Sánchez dio a conocer la propuesta del oficialismo para integrar la Junta provisional que preparará la elección de la Junta Permanente y la instalación de la nueva legislatura.

«La propuesta es Mauricio Oliva en la presidencia, el honorable diputado por Francisco Morazán de la Alianza Patriótica Dennis Bobadilla en la vicepresidencia y el diputado Tomás Zambrano en la secretaría», dijo Sánchez.

La moción fue recibida, Ayala y Montes asintieron con la cabeza y Montes dijo a los presentes: «moción recibida y suficientemente discutida», se dio paso a la juramentación y posterior cierre de la sesión.

Mientras Montes decía que la moción estaba suficientemente discutida, varios diputados de la oposición en el Congreso levantaban la mano, para pedir la palabra y dar a conocer su propuesta que era encabezada por el Partido Liberal, para así obtener la presidencia del Congreso. Su solicitud ni siquiera fue recibida para presentar la moción, y ante el grito de «fuera JOH», los representantes de Gobernación y Justicia juramentaron a sus correligionarios nacionalistas.

Las reacciones se dieron de inmediato. Mauricio Villeda, diputado del Partido Liberal y excandidato a la presidencia por este instituto político dijo que este método demuestra el carácter dictatorial del oficialismo. Manifestó que esto no puede seguir así y que desde el Partido Liberal no respaldan esa imposición.

«Necesitamos en Honduras un nuevo aire, uno que no sea de gas lacrimógeno ni de dictadura», dijo el diputado Darío Banegas, también del Partido Liberal.

Por su parte el diputado nacionalista, exvicepresidente del Congreso, Antonio Rivera Callejas dijo que este es el reflejo de democracia y que el abogado Mauricio Oliva es un hombre capaz, que puede dialogar y que por eso el respaldo de los diputados nacionalistas, de la Democracia Cristiana y de la Alianza Patriótica. Al final 67 votos a favor de esa moción dieron positiva la juramentación de la Junta Provisional.

El martes 23 de enero se nombrará a la Junta definitiva, y por los vientos que soplan todo indica que será siempre bajo el mando de Mauricio Oliva, con la integración de las distintas bancadas en el Congreso.

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Así arrancó la mañana en Tegucigalpa. Todo el país concentró su atención en lo que sucedía en el Congreso, las acciones disminuyeron su intensidad en comparación al sábado. Para la capital a las ocho de la mañana se convocó a una movilización hacia el Congreso, las condiciones para que se diera eran complejas, pues todos los accesos tanto al Estadio Nacional como para el Congreso estaban limitados por los retenes militares.

Allí estaba desde temprano doña Laura, vendiendo sus golosinas. A las nueve de la mañana había muy pocas personas, pero acompañadas de su candidato Salvador Nasralla, él estaba dando declaraciones a los medios de comunicación en el que reiteró el llamado a los diputados para que no asumieran el cargo y que con esa actitud de protesta pidieran la repetición de las elecciones, porque las mismas generaron fraude hasta en el Congreso Nacional.

Al final, ningún diputado hizo caso al llamado, cada uno de ellos, los que integran la oposición manifestaron que deben estar en el Congreso, porque de no hacerlo a pesar del fraude, sería dejar el camino abierto al oficialismo para aprobar leyes sin oposición alguna.

Doña Laura, con su cajita llena de golosinas vendía cacahuates, los andaba a cinco lempiras la bolsa (aproximadamente 25 centavos de dólar), y mientras intentaba convencer a sus clientes, de reojo ponía atención a Nasralla y sus declaraciones.

«Verdad que no deberían ir los diputados al Congreso le preguntaba a un cliente, que le compró dos bolsas de cacahuates, él le contestó, es complejo, pero en el Congreso hay que estar, sino los cachurecos harán lo que quieran con el país».

La mañana avanzó en medio de esa discusión de los manifestantes y también entre la duda de la llegada de más personas, en esta ocasión hubo muy poca presencia de gente, en el transcurso de la mañana hasta las doce del mediodía la cantidad no pasó de las 500 personas.

La jornada se dio al calor de una manifestación que por las condiciones mismas se convirtió en un plantón, no le quedó de otra a los manifestantes porque no había la cantidad necesaria para movilizarse, además la militarización y cierre de accesos era muy fuerte.

El reloj marcó las doce treinta del mediodía, doña Laura seguía vendiendo, ahora ofrecía cigarros a los militares, pero lo hacía viendo a la gente que le pedía a los militares que dejarán de atacar al pueblo, que al final ellos vienen de allí.

Mientras la gente seguía gritando «Fuera JOH», los manifestantes preparaban piedras para lanzar al contingente militar y policial que superaba los 500 elementos, fue en ese momento en el que uno de ellos lanzó una piedra contra ellos y la represión se desató.

Las bombas lacrimógenas volaban, mientras las piedras de los manifestantes sonaban en los escudos de los militares y policías, doña Laura salió corriendo con su caja de golosinas, ella junto a otros manifestantes salió fuertemente dañada por el gas lacrimógeno.

La represión se dio por todo el barrio Morazán, sector que colinda con el Estadio Nacional y el Congreso, la Policía Militar inició la cacería de brujas en búsqueda de los jóvenes manifestantes. El uso desmedido de la fuerza fue una vez más el factor determinante de la imposición del gobierno de Hernández, quien sigue controlando las protestas y sosteniendo su poder a base de gas lacrimógeno, toletes y balas.

Doña Laura tragó gas, corrió para salvar su vida, pero al menos llevó algo de dinero para darle de comer a sus hijos que la esperaban en casa.

 

Fotos: Jafeth Lagos

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