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La recta final al 26 de noviembre

Las campañas políticas de los mayores contrincantes: el Partido Nacional con su candidatura por la reelección y la Alianza opositora contra la Dictadura con su lucha frontal contra la reelección de Juan Orlando Hernández, parecen estar enfrentando una guerra en la que los rostros más empobrecidos, el contexto de crisis que tiene el país no son los protagonistas, son más bien instrumentos para la demagogia.

Texto: Jennifer Avila y Martín Cálix

Fotografía: Martín Cálix

«¿Para qué sirve la regla?» preguntaba eufórico Nasry «Tito» Asfura a una multitud de varios miles de personas en Tegucigalpa, su municipalidad. Retórico, él mismo respondió «la regla sirve para poner rayas ¿y dónde vamos a poner la raya? en los diputados del Partido Nacional», la gente, mucha gente empobrecida, gritaba «¡Cuatro años más!». La campaña del Partido Nacional representa el gran retroceso del proceso electoral actual, lleva en la cabecera una candidatura presidencial por la reelección, en contra de la misma Constitución de la República e invita a la ciudadanía no a elegir a sus diputados sino a marcar una línea en todos los diputados de un solo partido, reviviendo el voto en plancha.

El pasado 5 de noviembre «la marea azul» inundó el bulevar Suyapa de Tegucigalpa. Antonio Rivera Callejas, un diputado que va por su cuarto periodo en el Congreso Nacional, aseguraba que eran alrededor de 40 mil personas que venían de todos los rincones del país. Filas largas de buses grandes estacionados en todo el bulevar, la Policía Nacional y la Policía Municipal cerraron juntos las calles y la capital simplemente obedeció, no hubo oposición a la obstrucción de la libre circulación.

La gente caminó hasta llegar a un escenario donde estaban los diputados, las caras donde la gente debe poner la raya con la regla, según el alcalde capitalino. Enfrente de todos estaba Juan Orlando Hernández con su esposa –Ana García Carías– bailando una ranchera que hablaba sobre la noble familia presidencial.

“Yo estoy aquí porque amo al presidente, a mi partido lo amo. Yo ahorita he tenido un problema en mi casa que no me lo han podido arreglar, pero espero, estoy con paciencia esperando que me arreglen lo que se me cayó de mi casa. Tengo 79 años y siempre he sido nacionalista, espero que me ayuden”, doña Crucita (79 años).

Jóvenes, ancianos, mujeres con sus hijos, todos cargaban una bolsa transparente que  contenía un jugo de naranja pequeño, un bote con agua y una bolsa de churros.

–Lo más seguro es que él va a ganar mi amiga. –Dice don José, un señor que descansaba en una acera junto con una mujer y una niña. –Venimos de acá, del lado de las Ayestas, esa zona es bien tranquila, bien suave, todos los aleros son clase. Venimos por el partido porque somos nacionalistas y andamos en esto. Pensamos que puede ser buen presidente de nuevo, creemos, no sabemos, pero estamos por él siempre, estamos en nombre de nuestro señor Dios.  –Se levanta, y se retira como puede porque ha venido borracho.

Navegando por la marea azul se ven familias enteras vistiendo de azul y los líderes de los barrios con un chaleco que dice «Guerreros azules». En medio de la multitud se abre paso una camioneta de lujo con un equipo de sonido, varios hombres en la camioneta vestidos con camisas blancas. Alrededor también se abren paso algunas mujeres vestidas de blanco. Los nacionalistas se dividen en colores por clases sociales en esta marea.

Mientras tanto, Hernández, conmovido dice que se siente orgulloso, se siente privilegiado, de que el pueblo le esté dando la oportunidad única de reelegirse. Una oportunidad que no se había tenido antes.

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«Quiero agradecerle al Señor porque me ha dado un privilegio que poca gente ha tenido en Honduras. Ana y yo cuando hablábamos nos quedábamos sorprendidos porque casi en un siglo nadie ha tenido el privilegio que ustedes me han dado a mí, me hicieron candidato de mi partido en la elección anterior, después me hicieron presidente de Honduras, en marzo recién pasado me hicieron candidato otra vez del partido, y como vemos en esta marcha pujante, primero Dios y el pueblo hondureño el próximo 26 de noviembre seré presidente otra vez de Honduras».

Doña Amada Ramos, líder de su comunidad en la colonia San Rafael en Tegucigalpa, asegura que Juan Orlando ha sido un buen presidente, «una persona que me llega porque le está ayudando a la gente pobre, eso lo estamos viendo a nivel nacional con el programa de Vida Mejor, un programa que ha beneficiado a miles y miles de personas de escasos recursos económicos, eso queremos el pueblo, un gobierno que se mire que ayuda al pueblo», dijo.

Juan Orlando y la pornomiseria

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El programa Vida Mejor dirigido por la presidencia de la república y bastión principal de la campaña anterior y actual de Hernández, comprende la asistencia social en ámbitos de mejoras a la vivienda, instalación de eco fogones, la bolsa solidaria con alimentos de consumo básico y construcción de espacios de recreación comunitaria. Este programa es financiado con préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, un programa que según análisis del Foro Social para la Deuda Externa de Honduras (FOSDEH) no incentiva la capacidad productiva de las personas.

«Creyeron que a mí me iba a ofender que me dijeran Juan Fogón, pero no. Criticaron y cuestionaron todos los beneficios de Vida Mejor, ¿saben por qué? Porque no le puede pedir a un candidato que nunca ha puesto el pie ni descalzo ni con zapato en el piso de tierra de una casa donde vive gente, nunca ha visto a un niño gatear allí donde nace el lodo. Nunca han visto eso porque nacieron en cuna de oro, nacieron con piso de cerámica, no le pidan peras al olmo, ayúdenme a que el pueblo de Honduras comprenda que la única manera de masificar Vida Mejor, es votar por todos los diputados del Partido Nacional de Honduras», decía en su discurso Juan Orlando ante miles de rostros cansados, quemados, hambrientos. Él con su camisa blanca reluciente.

Crucita Ramos, una anciana de 79 años estaba allí escuchando, emocionada. Ella fue a caminar para pedir 4 años más de gobierno de Juan Orlando porque tiene la esperanza de que después de ese sacrificio, de caminar a su avanzada edad, los nacionalistas le reconstruyan su casita.

–Yo estoy aquí porque amo al presidente, a mi partido lo amo. Yo ahorita he tenido un problema en mi casa que no me lo han podido arreglar, pero espero, estoy con paciencia esperando que me arreglen lo que se me cayó de mi casa. Tengo 79 años y siempre he sido nacionalista, espero que me ayuden. –Cuenta Crucita.

Con 79 años, doña Crucita marcha porque le reconstruyan su casa. Foto: Martín Cálix

«En aquella época que gobernaban los de la oposición, recibieron miles y miles de dólares para invertir en la reducción de la pobreza para que el país fuera solidario con los más necesitados, pero ese dinero pregunto ahora, que si los de la alianza que hoy tienen como partido eran gobierno en aquella época le llevaron a ustedes el dinero de la Estrategia de Reducción de la Pobeza ¿no verdad? No, esa es la misma respuesta que escucho siempre, los humildes se sintieron burlados. Si algo va a hacer el Congreso Nacional es honrar el principio cristiano que dice que ante Dios todos los seres humanos somos iguales, en el lenguaje nacionalista eso se llama justicia social. Por eso decidimos dejar un presupuesto especial para aquellos que han vivido en pobreza, en cajas de cartón. Por eso decidimos lanzar el programa más grande y agresivo para atender a los pobres, por eso hace unos meses ONU invitó al gobierno de Honduras para presidir el foro del tratamiento de la pobreza multidimensional por lo que Honduras había avanzado atendiendo a sus hermanos más humildes a través de la plataforma Vida Mejor», decía con rabia Hernández. La gente respondía con la misma rabia con la que alguien se indigna porque le quieren quitar algo que le ha costado mucho.

El FOSDEH hizo un análisis del Programa Vida Mejor en el que determina que los mismos pobres financian sus propios programas de asistencia. El Congreso Nacional  aprobó el  incremento del 12% al 15% en el Impuesto Sobre Ventas en diciembre de 2013, luego de las elecciones generales de ese año, periodo en el cuál Hernández se convirtió en el presidente electo de Honduras.

El diferencial del 3% correspondiente de incremento al gravamen, se destinó directamente a programas de asistencia social, y en particular al programa «Vida Mejor». Programa que desde su creación le ha apostado a las transferencias de fondos condicionados en la línea de reducción de la pobreza.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas, en 2016 Honduras tenía un 60.9 por ciento de la población viviendo en pobreza y el 38.4 por ciento en extrema pobreza, en su mayoría residiendo en el área urbana. Han sido 15 años en que la pobreza no se ha reducido, y para Juan Orlando Hernández son más que cifras, es por eso lo que lo ubica como tema principal en su discurso, porque está frente a miles de personas que representan esos números y que votarán por el asistencialismo.

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Discurso de terror

«Dicen que de todos los seres vivos en la tierra, el ser humano es el que no aprender del error, vuelve a tropezar con la misma piedra. A los hondureños casi nos robaron la libertad, la esperanza, el deseo genuino de ser dadivoso con el que más necesita, casi nos roban la alegría, casi lo perdemos todo. Nunca olviden de dónde venimos ni quiénes estaban en el gobierno cuando se pelearon entre ellos sin importarles, ni su partido, ni el compromiso de gobierno, ni el país, aún estamos pagando esa factura. En aquella época los aviones cargados de droga parecían enjambres de abejas o zancudos aterrizando en Honduras, trayendo muerte y dolor, nos decían que éramos el país más violento del mundo, una nación fracasada, muchos de la oposición decían que no había manera de levantar Honduras, que el país había tocado fondo, que estábamos destinados a trabajar y todos en el lado oscuro, sin esperanza. Pero miles, millones de hondureños, los últimos años hemos trabajado arduamente, ahora Honduras recibe calificaciones que nunca había recibido en la historia, el despliegue económico de Honduras es el más grande visto en la región, ahora decimos los hondureños que sí se puede», continuó Hernández.

Una prioridad en su discurso también ha sido la seguridad. Ahora con la presentación de la tasa de homicidios de los último 6 meses que presenta una reducción grande con 42 homicidios por cada 100 mil habitantes, el gobierno asegura ir por el buen camino: hacia la paz.

“A  aquellos que quieren que nos pongamos a pelear usted dígales: sssshhhh  calladito, calmadito se ve más bonito”. Juan Orlando Hernández.

En ese sentido se ha desatado una campaña de terror, quien se oponga a la reelección se opone a la seguridad y la paz. En esta semana fue asesinado Mario Reinieri González, un activista nacionalista cuya familia asegura que fue asesinado por pandilleros que lo habían amenazado por apoyar a Hernández. Esto se mueve como una campaña sutil para mostrar lo que Hernandez asegura, que la oposición debe estar involucrada en el crimen para no querer que los cambios en seguridad sigan.

«Hoy en esta campaña muchos quieren que usted y yo nos prestemos al pleito pero el Partido Nacional no va a pelear con nadie en esta contienda política, mi papá decía que para pelear se ocupan dos y nosotros no vamos a pelear con otro partido. Eso sí, voy a agarrar de frente siempre el tema de la pobreza, a agarrar de frente en todos sus niveles la corrupción y vamos a agarrar de frente a las bandas criminales que han querido tener arrodillada a la población. A  aquellos que quieren que nos pongamos a pelear usted dígales: sssshhhh  calladito, calmadito se ve más bonito», dijo Hernández.

La apuesta nacionalista es llamar a votar por un Congreso Nacional azul. Esto responde a la amenaza que pueda representar la Alianza, disputándose el Congreso Nacional, lugar que controla el presupuesto de la república, la posibilidad de darle rango constitucional a la Policía Militar del Orden Público y que ha logrado concentrar mucho poder en los últimos años, desde que Hernández fue presidente del mismo. La guerra no es únicamente por la presidencia.

La Alianza: entre lo electoral y las demandas populares

Foto: Martín Cálix

La Alianza se movilizó este siete de noviembre en la ciudad de Tegucigalpa desde el parque El Obelisco en Comayaguela hasta el Tribunal Supremo Electoral en compañía del movimiento popular aglutinados en «Convergencia contra el Continuismo» para demandar el cese de la candidatura por la reelección de Juan Orlando Hernández actual presidente de la república y candidato presidencial del Partido Nacional por considerarse la misma como un atentado contra la endeble institucionalidad hondureña.

La presencia del movimiento popular no se puede explicar sin entender que son la columna fundadora del Frente Nacional de Resistencia Popular –plataforma de donde luego saldría LIBRE como proyecto de partido político–. Dicha presencia parece ser el mal menor, algo no convence en la Alianza de Oposición justo sobre la recta final de la campaña electoral. Quién se fortalece, quién pierde más, si LIBRE podrá soportar el aliento hacia el final de noviembre, qué tanto cederá el movimiento popular ante lo electoral –terreno poco conocido para dirigentes como Carlos H. Reyes–, qué tanto más podrán soportarse.

–No somos partido político, somos ciudadanía, sectores sociales, alarmados y en alerta por el peligro en el que se encuentra la patria ante la amenaza de una dictadura por la vía electoral. –Comenzaba diciendo Ismael Moreno, sacerdote jesuita, y el primero en hablar en un festival de discursos que rozarían lo incendiario.

El movimiento popular llegó a plantear un pliego de demandas al candidato de la Alianza en el cierre de la movilización. Los nuevos doce puntos, que recuerdan de alguna manera a la desaparecida Coordinadora Nacional de Resistencia Popular, emplazan a la candidatura de la Alianza de Oposición –formada por LIBRE, PINU y Salvador Nasralla– principalmente en que no se puede aceptar los resultados electorales emitidos por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) por considerar a esta institución como una institución carente de autonomía e independencia. Este fuego que se agitaría aún más tras las recientes declaraciones del presidente del TSE, David Matamoros Batson, que en conferencia de prensa anunciaba que los insultos serán tomados como votos válidos.

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Un pliego de peticiones construido esencialmente desde lo coyuntural, desde la necesidad inmediata de los movimiento sociales, leído íntegramente por Moreno unificaría viejas y nuevas consignas: la constituyente, la lucha contra las privatización de las instituciones públicas, la lucha contra el extractivismo y la defensa de la soberanía, los derechos laborales, la reestructuración urgente del engranaje agrario, la lucha contra la oligarquía, que se impulse una verdadera política fiscal, la necesidad de una verdadera política en materia de seguridad que desmilitarice la sociedad hondureña, la lucha contra la corrupción en las instituciones públicas, que se esclarezca el asesinato de Berta Cáceres, que el gobierno de la Alianza impulse una verdadera democracia participativa y no sólo se limite al plano electoral.

–Ustedes, representantes de la oposición política van a las elecciones, si se comprometen con estas demandas contarán con nuestra presencia y nuestra vigilancia crítica. Ustedes cumplen y nosotros estaremos en las calles presionando y exigiendo porque siempre seremos Convergencia con nuestra identidad política ciudadana activa y movilizada. –Concluía Melo la lectura de las peticiones.

Terminada la lectura del pliego de demandas se hacía sonar a todo volumen «El pueblo unido», para darle paso a Berta Zúniga, y la gente, que había llegado de muchas regiones del país, gente pobre, gente que tiene puesta las esperanzas en la Alianza, gritaba a coro aquello de que «Bertha no murió, multiplicó». Berta hablaría en contra de la militarización, hablaría en contra del modelo extractivo, vaticinó que la dictadura va a imponerse.

–Desde los territorios nuestra apuesta es contra ese modelo extractivo que impone este gobierno y que sabemos que no va a parar en cuatro años de dictadura.

Mientras Berta continuaba con su discurso, abajo en el público que la escuchaba –o no– y que ondeaba banderas de las alianza, de Libre, alguna del Pinu, los olores se mezclaban entre el sudor de los miles de simpatizantes que habían llegado para ubicarse frente al escenario y el TSE que se mantuvo custodiado por la Policía Nacional. Arriba, en el escenario, Salvador Nasralla parecía prestar atención, y cada tanto parecía también tomar nota, y cada tanto alguien le gritaba a los camarógrafos que se hicieran a un lado para hacerle la foto con el celular a Nasralla, o a Mel.

–Llamamos primordialmente a la organización que no se trata únicamente de un presidente que hoy es un títere que se llama Juan Orlando Hernández, es una estructura criminal, una estructura que se sostiene en la corrupción, en el uso de las fuerzas represivas, en la empresa privada, en una maquinaria mediática de comunicación que invisibiliza las luchas, incluso en fuerzas paramilitares que ya se están construyendo en nuestro país y que asesinan como asesinaron a Berta Cáceres. –Y así como había iniciado, Berta terminaba su discurso, entre consignas y «El pueblo unido».

“No somos partido político, somos ciudadanía, sectores sociales, alarmados y en alerta por el peligro en el que se encuentra la patria ante la amenaza de una dictadura por la vía electoral.” Ismael Moreno, SJ.

Algo que aún no se comprende es la forma en la que el representando de los estudiantes universitarios comenzaba cuando le tocó tomar el micrófono, algo de Morazán, algo de la juventud decía, pero su voz se diluyó entre el tartamudeo y el griterío de una multitud que no terminó de entender lo que el joven dijo.

–Ellos asesinaron a nuestro General Morazán, y lo siguen asesinando. –Dijo –o gritó, que es casi lo mismo en este caso– Efraín Ordóñez, quién hablaba en representación de los estudiantes de la UNAH.

De este discurso militante nada nuevo se saca, y en una situación similar quedaría la participación de Carlos H. Reyes. Quien no dudó en recordar el esfuerzo y el aporte que a la lucha por la liberación de la patria han hecho los sindicatos del país.

–Este mar de hondureños y hondureñas me recuerda las enormes y patrióticas movilizaciones que hicimos y que tuvimos después del Golpe de Estado de 2009. –H. Reyes lo decía y la gente se fundía en el «¡qué viva la resistencia nacional!».

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Carlos H. Reyes también hablaría del militarismo, y también diría que Juan Orlando Hernández es un títere, que detrás de él lo que está es la oligarquía hondureña y el imperialismo de los Estados Unidos. Hablaría de la inconstritucionalidad de la candidatura por la reelección que el Partido Nacional ha asumido de manera oficial desde el mes de marzo de 2017, y recordaría la gran patria centroamericana que fuera desarticulada –decía H. Reyes– por los intereses del imperio español, del imperio estadounidense y de las oligarquías criollas. Luego del discurso de H. Reyes el «¡Fuera JOH!» llenaba las gargantas de los presentes.

–Mel amigo, el pueblo está contigo. –gritaba una pareja de señores que se abrazaban, pero el grito de la consigna era callada por el bullicio irreconocible de las personas a su alrededor.

Zelaya hablaría en un tono conciliador, reconociendo en sus palabras el aporte del movimiento popular, pero recordando la importancia de la lucha en el plano de lo electoral, que la alianza era posible gracias a Salvador, a Libre y al Pinu. Que la Alianza contra el Continuismo era una propuesta de gobierno del pueblo hondureño, que era pacífica pero revolucionaria, que era una propuesta para cambiar la realidad hondureña. En su breve discurso también se atrevía a decir que el mejor gobierno en la historia de Honduras había sido el interrumpido gobierno del poder ciudadano.

–La Alianza de oposición en su propuesta de gobierno asume, retoma, todo el planteamiento que hoy se ha hecho en esta tribuna de parte de este proceso social de la Convergencia contra el Continuismo. –Aseguraba Zelaya.

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La Alianza afirma que no aceptará los resultados que emanen del Tribunal Supremo Electoral, que únicamente reconocerán los resultados del conteo de las actas físicas, una decisión tomada en base a la desconfianza que existe en las instituciones del Estado. Se llama a votar, se llama a defender el voto, pero también se llama desconfiar en los resultados oficiales. Este ambiente, que es mucho más parecido al de un hervidero, es el ambiente de la realidad alterada de la Honduras de noviembre 2017, una Honduras que escribe su historia con protagonistas que parecen sacados del realismo mágico, donde todo es posible, donde nada es tan fácil de comprender porque el entramado es cada vez más largo y más complejo.

El «¡yo vine porque quise, a mí no me pagaron!», consigna que se corea como respuesta a los supuestos pagos que el Partido Nacional hace a las personas que llenan las concentraciones nacionalistas, hacía eco del «gracias por hacer este esfuerzo por venir gratis, ¿a alguien le pagaron?» de Salvador Nasralla.

“Llamamos primordialmente a la organización que no se trata únicamente de un presidente que hoy es un títere que se llama Juan Orlando Hernández, es una estructura criminal, una estructura que se sostiene en la corrupción, en el uso de las fuerzas represivas, en la empresa privada, en una maquinaria mediática de comunicación que invisibiliza las luchas, incluso en fuerzas paramilitares que ya se están construyendo en nuestro país y que asesinan como asesinaron a Berta Cáceres”, Berta Zúniga Cáceres.

Salvador comenzó afirmando estar de acuerdo en cada uno de los puntos leídos por Ismael Moreno al principio de la larga cadena de discursos. Todos y cada uno de los puntos, Nasralla firmaba el pliego de demandas. Se limitó a ello, se limitó a conciliar con el movimiento popular de cara a la recta final hacia el 26 de noviembre. Luego no dijo mucho más de lo que ya se había dicho. Que no aceptaba los resultados emitidos por el TSE.

–El único documento que reconoceremos para el escrutinio es el acta física, no nos importa si los resultados los tenemos que conocer hasta el 28 o 29 de noviembre.

Según Nasralla, la Alianza hará cuatro cosas el día de las elecciones: encuestas a boca de urna, se realizarán conteos rápidos de muestras de urnas preseleccionadas, los representantes de la Alianza  transmitirán desde cada una de las 18 mil mesas el resultado al centro de cómputo de la Alianza, se tomarán fotografías de las actas y se transmitirán al centro de cómputo de la Alianza. Y así, Nasralla concluía llamando a votar por los diputados de la Alianza.

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