La Biblia y los tatuajes del pasado

César Cerrato, un retirado de la Pandilla 18, lidera una iglesia evangélica en Honduras en donde comparten feligreses que pertenecieron a agrupaciones contrarias. Él y otros predican con los tatuajes de su antigua vida, que no se han borrado, como para no olvidar que son la prueba de un cambio. En un país con una crisis carcelaria y con un Estado de excepción en apogeo, los pastores hacen malabares para intentar rescatar a otros jóvenes de las pandillas. Lo hacen a cuenta gotas, con salvoconductos que imponen las mismas estructuras a los que se retiran de sus filas motivados por la fe.

Texto y fotografía: Jorge Cabrera

Cuando predica, César Cerrato suele mostrar su torso desnudo y los tatuajes de una vida que asegura haber dejado atrás gracias al Ministerio Amor por las Almas, una congregación cristiana que fundó hace 14 años cuando decidió abandonar la pandilla Barrio 18. Su ministerio le ha permitido rehabilitar a jóvenes en riesgo social, algunos de ellos miembros activos de las pandillas, a los que él intenta convencer para que se retiren. La fuerza de su congregación lo ha llevado a abrir 16 iglesias distribuidas en todo Honduras. 

Cerrato habla de Dios y muestra los tatuajes que lo acompañan como prueba de cambio. A su lado, un pandillero retirado de MS-13 se acerca con gritos de alegría, emulando al pastor Cerrato y también muestra sus tatuajes. 

En la iglesia de Cerrato se congregan personas de todas las clases sociales. A una de las sedes acude Elíseo, un joven de 27 años retirado del Barrio 18. Su vida dio un giro cuando decidió tomar el camino de la palabra de Dios en 2021. Su conversión, dice, fue como recibir un balde con agua fría, sobre todo cuando en la iglesia lo recibió un retirado de la pandilla contraria. «Sólo pensaba que me iba a atacar. No comía, no dormía, estaba ‘friquiado’ [con miedo] y no lo niego, mi instinto me llevó a pensar que debía explotarlo [matarlo] yo primero, antes de que me explotara a mí», comentó Eliseo.

Eliseo pasó recluido en la cárcel de máxima seguridad de Támara durante siete años y hoy lleva dos años de haberse retirado de la pandilla pidiendo perdón «a todo al que le causé dolor», dijo.

Para él, los tatuajes en su espalda «son las marcas de un pasado a lo que yo pertenecía. Pero hoy soy otro hombre, mis amigos podrán matar la carne, pero no mi alma». Actualmente,  mientras continúe en el camino por el cual pidió salir, Eliseo tiene el permiso del «retiro» brindado por el mismo Barrio 18.

En una mañana de domingo, un grupo de personas aguardaba al lado de un bus que los trasladaría hasta un río en la aldea de San Matías, a 45 km de la ciudad de Tegucigalpa. Allá, un grupo de pastores daba la bienvenida a los nuevos miembros de la iglesia, que ya habían pasado su proceso de restauración y que ese día darían paso al bautismo. «Hoy se convertirán, abiertamente hoy se vuelven enemigos del diablo», gritaba el pastor.

Vestidos de blanco, los nuevos creyentes se reunieron al lado del río en la aldea de San Matías, zona dominada por la pandilla 18. Los nuevos bautizados oraron momentos antes de entrar al río.

Kevin López, de 26 años, pandillero retirado de la MS-13, llevaba camisa blanca y avanzaba hacia el bautismo con los ojos llorosos. 

«Crecí sin papá, sin mamá, estuve en Estados Unidos durante 11 años, cometí muchos errores, muchos pecados y mucha violencia. Le hice daño a Honduras, pero estoy aquí tratando de sanarme. Esto no eliminará el pasado y pocos creerán, pero es mi proceso y caminaré hasta donde Dios me permita», dijo.

Antes del bautismo, los nuevos feligreses se abrazan los unos con los otros. Muchos lloraron, otros saltaron y algunos cayeron recostados sobre la tierra mientras los pastores oraban por ellos. Al finalizar la oración, todos caminaron en fila hacia la orilla del río.

Aquel domingo ocurrió el tercer bautismo para Kevin López. Él comentó que luego de las primeras dos visitas a la iglesia, la pandilla ganó la batalla y se quedó con ella [con la pandilla]. «Tuve miedo en el pasado al querer retirarme, pero estoy convencido, hoy es mi día. Todo ese daño que cometí contra la gente no desaparecerá nunca, pero esto es por mí. Predico con tanta fuerza que sé que traeré a más amigos que se quedaron allá [en la pandilla]», dijo.

Jóvenes cantan y oran durante una reunión del Ministerio Amor por las Almas. Foto CC/Jorge Cabrera
Jóvenes cantan y oran durante una reunión del Ministerio Amor por las Almas. Foto CC/Jorge Cabrera
Elíseo posa mostrando los tatuajes del pasado mientras carga una Biblia que representa su nueva vida. Foto CC/Jorge Cabrera
Elíseo posa mostrando los tatuajes del pasado mientras carga una Biblia que representa su nueva vida. Foto CC/Jorge Cabrera

Cárceles blindadas

Honduras atraviesa una crisis en los centros penales luego de una reyerta ocurrida en julio pasado en la que murieron 46 reclusas de la Penitenciaría Nacional Femenina de Adaptación Social (PNFAS). En las calles, además, hay un estado de excepción. Según el pastor Cerrato, ahora es difícil trabajar por la reinserción afuera y en las cárceles, donde cada vez es más complicado llevar su ministerio. «El comandante [Ramiro] Muñoz quitó los talleres, quitó la pulpería, ¿me entiende? Pensar que así logrará tener el control está equivocado. Los privados van a explotar si no tienen recreación», dijo.

Cerrato dice estar de acuerdo con el estado de excepción, pero que la forma de cómo lo están ejecutando no le parece correcta. «Ellos no tienen una estructura todavía, no están capacitados para un estado de excepción, no saben trabajar con los presos», dijo.

«Los presos tienen que trabajar para mantener a sus familias aunque estén encerrados. Y lo único que tenían eran esos talleres para luego buscar vender lo que realizan», manifestó Cerrato.

Según Cerrato, pese a las restricciones derivadas del estado de excepción, ellos no dejarán de intentar ingresar a las cárceles. «Por más amenazas, por más negaciones [que haya] no vamos a dejar de intentar llegar a esas almas que necesitan de Dios. Comandante Muñoz, ahí vamos a estar aunque a usted le moleste», dijo.

Sobre
De nacionalidad nicaragüense y hondureña. Fotoperiodista con 20 años de experiencia en coberturas de contenido internacional. “El fotoperiodismo está presente en mi vida desde hace más de dos década y continúa siéndolo día tras día. “
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