Jennifer Ávila recibirá el premio a la Excelencia Periodística de la Fundación Gabo en el 2023

Premio a la Excelencia de la Fundación Gabo en el 2023 jennifer avila Jennifer Avila

La directora editorial de Contracorriente, Jennifer Ávila, recibirá el Premio a la Excelencia de la Fundación Gabo en el 2023. Es la primera hondureña en recibir este reconocimiento internacional que se entrega desde 2013. «Este reconocimiento nos da fuerza para seguir en todo esto, es un momento de alegría y de sentirnos parte de algo más grande, un movimiento para que los países sean más democráticos» dijo Jennifer Avila.


Texto:Allan Bu
Fotografía: Jorge Cabrera

Tenía 15 años — quizás 16 — cuando a Jennifer Ávila, cofundadora y directora editorial de Contracorriente, se le acercó el sacerdote encargado de la iglesia a la que asistía para proponerle colaborar en un programa de televisión que se presentaría en un canal local de El Progreso, Yoro, al norte de Honduras. Hasta entonces, ella había pensado que sería doctora cumpliendo el deseo de sus padres, pero aquella experiencia la hizo cuestionar ese destino abriendo paso a la idea de convertirse en periodista. «Me empezó a gustar el tema de la edición de la tele y al salir del colegio me iba para el canal a ver cómo se editaban las noticias», recuerda Jennifer ahora convertida en una de las periodistas de referencia en Centroamérica y del resto de Latinoamérica, pues este lunes 6 de marzo la Fundación Gabo anunció que ella recibe el Premio Gabo a la Excelencia 2023.

Es curioso, porque Jennifer recuerda que en aquella adolescencia donde todavía pensaba en seguir los consejos de su familia y abrazar la medicina como profesión, ella leía con voracidad al escritor colombiano Gabriel García Márquez y mientras visitaba el canal donde era voluntaria esa lectura la acercaba más al periodismo: «A mí me gustaba leer mucho, mi autor favorito era García Márquez y había leído crónicas periodísticas de él, entonces se me metió en la cabeza que quería ser periodista». Y ahora, justamente la fundación que don Gabriel – Gabo — fundó para apoyar el periodismo, le reconoce el trabajo realizado desde un país hundido en corrupción, pobreza, violencia y recurrentes atentados contra la democracia. 

En el anuncio realizado por la Fundación Gabo explican que el Consejo Rector del Premio Gabo, compuesto por 14 periodistas, escritores y académicos decidió otorgar el reconocimiento a Jennifer por «ser una joven profesional, que a pesar de todas las dificultades, ha decidido perseverar en el ejercicio del buen periodismo haciendo honor al principio de que el derecho a la información no es un privilegio de los periodistas, sino un derecho de los pueblos». 

A través del reconocimiento dice el comunicado, el Consejo Rector respalda el coraje, la ética y la convicción de miles de jóvenes periodistas del continente, encarnadas en una gran exponente como Jennifer Ávila. En el reconocimiento se destaca en Jennifer una fuerza transformadora en Centroamérica y más allá. «Su liderazgo destaca en un entorno en el que no es claro cómo se puede seguir haciendo periodismo», concluye el Consejo Rector.

Este reconocimiento de la Fundación Gabo premia una chispa se encendió con la invitación a participar en un programa de televisión, y desde ese momento el sueño no dejó de crecer. Se matriculó en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) y mientras estudiaba, en el 2009 las élites políticas, económicas y militares defenestraron al entonces presidente Manuel Zelaya Rosales con un Golpe de Estado validado, apoyado y maquillado por los medios corporativos de gran alcance. Entonces, para Jennifer la idea de hacer periodismo se convirtió en una convicción, se propuso hacer un periodismo diferente. 

Ese hecho funesto que dividió familias, que desmanteló el endeble Estado de Derecho de Honduras y que desenmascaró el papel de los medios de comunicación fue un momento decisivo para Jennifer. En ese entonces ella tenía 19 años, y como casi todos los estudiantes en los primeros años en la Universidad, ella no entendía bien a qué se había metido, pero el Golpe de Estado fue decisivo para comprenderlo, «me parece justo el momento en el cuál me interesé en hacer periodismo». 

Jennifer, como gran parte de la población hondureña, se desencantó del papel del periodismo hondureño y de cómo los medios formaron parte de la estructura de poder que dio el Golpe de Estado: «Me decepcioné de los medios y yo dije nunca voy a trabajar en un medio de Honduras; es que mi sueño era trabajar en la AP (Associated Press), porque muchos de los reportes del Golpe que yo leía eran de la AP». 

Durante el post golpe, en la cátedra de Derecho Constitucional, el maestro asignó a sus alumnos realizar un ensayo sobre la Cuarta Urna, una de las justificaciones que dieron los golpistas para derrocar a Manuel Zelaya Rosales. La búsqueda de opiniones sobre el tema, llevó a Jennifer a Radio Progreso, uno de los pocos medios que condenó el Golpe de Estado y que ahora sigue bregando contra la corrupción y la impunidad. En la radio entrevistó al padre Ismael Moreno y a sus periodistas y recuerda que encontró explicaciones que no había escuchado en otro medio o espacio «ni siquiera en la Universidad». Días después la llamaron para que trabajara en la radio, ahí estuvo durante seis años y medio hasta que el sueño de periodista continuó de la mano de su gran proyecto personal. 

El reconocimiento que ahora recibe no es el primero otorgado a Jennifer por su ejercicio como periodista. En 2020, Latin American Studies Asociation (LASA) le otorgó el premio de medios por su aporte a la investigación en Honduras. En 2021, Contracorriente fue galardonado por su periodismo riguroso y profundo con el Democracy Award. Jennifer además ha escrito opinión para el Washington Post en su versión en español, la revista del North American Congress on Latin America (NACLA) y el medio nicaragüense Divergentes. También es documentalista, en el 2016 dirigió el documental «Guardiana de los Ríos», que trata sobre el legado que dejó la líder indígena y ambiental Berta Cáceres, asesinada en 2016.

Jennifer participó en el 2022 en Tedx en San Pedro Sula, que fue un ejerci cio local de un evento global donde algunos de los pensadores y emprendedores más importantes del mundo están invitados a compartir lo que más les apasiona. La directora de Contracorriente habló a la audiencia de periodismo, «Quería saber si la justicia era posible en Honduras», le dijo a la audiencia para explicar por qué estudió periodismo.

Ahí le expresó a una numerosa audiencia que en su ideal, Contracorriente «busca ser una herramienta para que la población se convierta en ciudadanía». En esa conferencia Jennifer confesó que la ola de violencia que tiene de rodillas al país le arrebató dos familiares. Uno de esos crímenes quedó impune. Eso no es raro en Honduras, donde al menos el 95% de los homicidios se quedan sin llevar a los culpables a la justicia. Cuando estudió, Jennifer pensaba que el periodismo le daría «herramientas para contar historias, pero también para buscar la verdad y revelarla». 

Contra la corriente

Eran noches eternas. A veces de comer baleadas y a veces de no comer nada. No faltó el día en el que compartieron una cerveza. Nunca faltaban las ideas y los sueños. El aula de una escuela de idiomas en San Pedro Sula era la guarida de Jennifer Ávila y Catherine Calderón donde juntas planificaban el lanzamiento de su medio digital. En un papelógrafo escribieron los frentes de investigación que serían los guías de aquel medio aún en estado embrionario y ahí soñaron que si el periodismo se hacía bien, la ciudadanía informada y empoderada, exigiría democracia. «Teníamos una idea muy romántica», reconoce ahora Jennifer. 

Con Cattherine se conocieron en 2015, durante las protestas de los indignados, un poderoso movimiento ciudadano que hizo tambalear al gobierno de Juan Orlando Hernández después de salir a luz el desfalco por más de 7,000 millones de lempiras al Instituto Hondureño de Seguridad de Social (IHSS). Ahí se cruzaron sus intereses, se conocieron, y después de varios encuentros tomando mucho café nació la idea de remar juntas contra la corriente.

Foto del equipo de Contracorriente.Foto CC/Jorge Cabrera

Fueron meses de planificación para definir el norte del medio y su política editorial, que no se puede entender si no se hace desde la independencia y la rigurosidad. Contracorriente realizó su primera publicación en línea en marzo de 2017. Catherine Calderón, directora de 

desarrollo, mencionó que una vez lanzado el medio llegaron las encrucijadas. «El reto más grande que nos planteamos en ese momento era cómo existir y cómo buscar la independencia, era difícil pero era la única opción», recordó.

Al inicio financiaron el proyecto con sus sueldos y con las consultorías que realizaban en otros espacios, mientras Contracorriente avanzaba y crecía como medio de comunicación. Tenían la perspectiva de que esa era la única forma de dar a entender lo que querían y cuidar su proyecto. «En ese momento no sabíamos cuánto nos iba a costar, pero sí queríamos que fuese independiente de todo» dijo Catherine.

Contracorriente tuvo su primera gran cobertura durante las elecciones presidenciales de 2017, cuando Juan Orlando Hernández fue reelecto en contra de lo establecido por la Constitución de la República y se fraguó un fraude electoral que provocó multitudinarias protestas de los seguidores de la Alianza Opositora, cuyo candidato, Salvador Nasralla, aventajó el día de las elecciones por casi cinco puntos porcentuales. Pero en una remontada, de las que se ven solo en los partidos de fútbol, Hernández terminó ganando esas elecciones — plagadas de irregularidades — con una diferencia de 50,446 mil votos. 

Antes de las elecciones, Contracorriente había lanzado un especial en el que retrataban a los principales líderes o caciques de los partidos políticos que denominaron «Jungla Electoral», un concepto que nació en un pequeño restaurante. Las elecciones y el modo cómo se desarrollaron le dieron contenido al nombre y en esa «jungla» andaban reporteando Jennifer Ávila y un equipo que en su mayoría eran voluntarios. «Esa cobertura la hicimos con muy poco dinero, pero con muchas ganas y muchos voluntarios, se sumaron como 10 personas entre periodistas, gente de logística y expertos», contó Catherine. 

Es que entre los objetivos del medio se sigue destacando el ser un espacio para el desarrollo de una nueva generación de periodistas que cuenten Honduras desde sus problemas estructurales. Ahora Contracorriente tiene 20 personas empleadas entre la redacción — que está dividida entre Tegucigalpa y el Valle de Sula — y la administración. «Lo logramos», dijo Catherine. 

Las aulas de las facultades de periodismo suelen estar llenas de soñadores que chocan más adelante con la cruda realidad de sueldos bajos, jornadas extensas y leyes mordaza dentro de los mismos medios. Jennifer se ha resistido a caer en la agenda dirigida de los medios tradicionales; quizás ha cumplido en parte su sueño: «Se podría decir que sí, cuando iniciamos Contracorriente lo hicimos con la idea de transformar las narrativas; teníamos una idea con Catty, sobre que, si el periodismo se hace bien, la ciudadanía se va a empoderar y esa ciudadanía va a exigir democracia», recordó.

Se habían estimulado con el movimiento de los indignados en Honduras y las protestas en Guatemala que habían provocado la renuncia del presidente Otto Pérez Molina, quien estaba señalado de participar en un caso de corrupción denominado «La Línea». Pensaban que la gente actuaría si podían ofrecerle un buen periodismo, si podían revelar corrupción o si auditaban el poder, «era una idea súper romántica», repitió Jennifer. 

Contracorriente ha investigado y revelado la corrupción, pero la otra parte de la visión no se ha cumplido. Ha realizado investigaciones colaborativas con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), Univisión Investiga, Columbia Journalism Investigations (CIJ) y con el Centro Latinomericano de Investigación Periodística (CLIP), que han derivado en reportajes como los Pandora Papers y Transnacionales de la Fe, que en el año 2020 fue reconocido con el prestigioso premio de periodismo Ortega y Gasset. En el 2022, Contracorriente obtuvo una mención honorífica en los prestigiosos premios María Moors Cabot de la Universidad de Columbia en Nueva York.

El trabajo de este medio sigue siendo reconocido, aunque su directora, ahora premiada por la Fundación Gabo, considere que los reconocimientos son siempre una sorpresa. «Los premios que Contracorriente y yo hemos recibido han sido una sorpresa cuando yo reviso quienes han recibido estos premios antes y, pues, son grandes maestros míos o personas que me inspiraron» dijo. 

¿Qué es más gratificante recibir un premio o destapar una trama de corrupción? se le preguntó a Jennifer, a lo que respondió que «uno siempre guarda una pequeña esperanza de que cuando hace una investigación algo va a a pasar, pero ya después de 12 años en esto y ver que no pasa nada, ya es solamente la satisfacción de que hice bien mi trabajo, pero ya no tengo esa gran esperanza de que algo va a suceder o que si conté esta historia habrá justicia o que la gente se va a indignar. La satisfacción es haber hecho un buen trabajo, no es porque al fin vamos a ganar algo como sociedad». 

Jennifer reconoció que le frustra que el buen periodismo se diluya entre el mar de información que da el periodismo más fácil y atractivo «porque jamás vamos a poder competir con los medios masivos de comunicación que tienen millones [de lempiras] para pautar y hacer contenido viral. Pero cuando pasa eso recuerdo que la satisfacción nuestra es que tenemos una comunidad que ha crecido con nosotras y el hecho que ahora vayamos a la universidad para hablar de cómo hacer un periodismo distinto, eso definitivamente es algo que se cultiva lento, no como un clickbait. Hemos aprendido a ver nuestros impactos de forma distinta», dijo. 

Y en la web y en las redes las dinámicas cambian a menudo, eso puede ser también un enemigo del periodismo, «sí puede ser muy frustrante, el mundo de la redes sociales y la web es super agobiante y cambia muy rápido, los contenidos son más chatarras cada vez y estamos peleando contra eso». 

Entender el poder

Los reconocimientos que ha recibido Contracorriente y su directora no resuelven el reto de la supervivencia y la sostenibilidad, que se vuelven, según Jennifer, «un dolor de cabeza de todos los días» y sostuvo que, en Honduras, el modelo de negocios de los medios corporativos siempre ha sido la corrupción, el tráfico de influencias o el chantaje. La práctica incluso se ha personalizado en los periodistas «en Honduras es súper normal que al final del mes los colegas pidan “machaca” [dádiva que reciben los periodistas de fuentes públicas o privadas]».

Vender publicidad es una complicación en tiempos de crisis para todos los medios a nivel mundial, pero más aún para los independientes porque la empresa privada no querrá anunciarse en un medio que está contándole las costillas al sector privado y a los políticos con los que a veces tienen negocios» mencionó la directora de Contracorriente

«No es que no haya publicidad ética» aclaró Jennifer, pero agregó que es un gran reto y requiere inversión y educación de los pueblos para llegar a un modelo sostenible. «Hay países en los cuales la gente sostiene a los medios independientes ya que eso es la creación de una cultura de democracia, que la ciudadanía sienta que el periodismo es una necesidad por la cual debe pagar — o debería pagar — y eso en nuestros países es muy difícil por los niveles de pobreza, educación y una avalancha de contenidos simples, fáciles y superficiales que son más atractivos». 

En medio de tantos matices, Jennifer considera que es imposible hablar del periodismo hondureño como un todo. Por un lado hay una gran cantidad de medios que están en manos de las élites políticas y económicas, que han instalado un modelo muy tradicional, «no voy a decir si es malo o bueno, lo que sí se puede decir es que esos medios no están interesados en hacer un periodismo independiente, crítico y educativo». 

Pero también están otros periodismos surgidos después del Golpe de Estados en 2009, que tienen una visión más crítica y que tienen activismos muy específicos. «Ahora hay ahora un catálogo diverso de periodismo diferente a lo que hace está gran masa de medios corporativos y eso no se puede entender sin recordar el Golpe de Estado, que fue el rompimiento del cerco mediático» destacó Jennifer, quien también espera que esos intentos de hacer un periodismo independiente no se frustren y caigan en lo que sí funciona para atraer miles de likes. 

La tarea de los periodistas de investigación no es fácil por varias razones, pero quizás las más importantes son que siempre hacen falta fondos y el peso del poder que es amenazado por la verdad y que responde con agresividad, pero el periodismo valiente continúa bregando. Jennifer dijo que «Honduras está llena de historias» y que sigue buscando entender mejor el país ahora con el gran reto de desentrañar cómo funciona el poder local, como las alcaldías, «ahí hay mucha corrupción que está muy normalizada», sentenció.

Jennifer Avila (Derecha) realiza una entrevista en los campos de palma africana en Colón. Foto CC/Jorge Cabrera

El espíritu que la llevó casi todos los días a una estación de televisión en la que solo habían dos cámaras que utilizaban formato VHS, no ha desaparecido. Para Jennifer es vital entender cómo funcionan las mafias en el interior del país y hablar del control de los caciques, más ahora que Honduras sufre una transición en la que se modificó el control político del Partido Nacional y Partido Liberal para dar lugar al tripartidismo con el ascenso al poder del Partido Libertad y Refundación, «seguimos buscando entender el poder». 

Ahora que la Fundación Gabo ha reconocido su trabajo, Jennifer Ávila ve este premio desde perspectivas más allá de las personales, «para mí este [premio] también es un reconocimiento al equipo de Contracorriente, que ha enfrentado este país con todo lo que tiene, que ha decidido hacer un cambio en las narrativas» dijo. 

Jennifer considera también que un reconocimiento de tal magnitud la protege a ella y a su equipo en una época en la que está «de moda poner a la prensa como enemigo público». En El Salvador Nayib Bukele y su gabinete han colocado a los periodistas independientes como enemigos públicos, en Nicaragua hay periodistas exiliados a quienes el régimen de Daniel Ortega les retiró la nacionalidad y en Guatemala se ha criminalizado al director de El Periódico, José Rubén Zamora, y ahora a un grupo de periodistas de ese medio Eso no solo está pasando en los países vecinos sino que también es un riesgo que actualmente corre Honduras por la narrativa de algunos funcionarios del Gobierno actual presidido por Xiomara Castro, que se cierran a la prensa independiente y la señalan como detractora tal como lo hizo el Gobierno anterior.

«Estamos viviendo muy graves retrocesos en la democracia y este reconocimiento nos da fuerza para seguir en todo esto, es un momento de alegría y de sentirnos parte de algo más grande, de un movimiento para que los países sean más democráticos» dijo Jennifer.

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