El viaje de Adela: La crónica de un reencuentro que no pudo ser

familia de Adela Quezada muertos muertes en San Antonio Texas familiares mama de contenedor 47 migrantes fallecidos Miguel Andino Caballero y Fernando Redondo Caballero Las Vegas, Santa Bárbara Margie Paz Grajeda de Santa Cruz de Yojoa), Yasmin Nayarith Bueso Núñez de El Progreso, Yoro y Belkis Esmeralda Anariba Cáceres de Victoria, Yoro 2022

Adela Quezada quería reunirse con su madre y hermanas que migraron a Estados Unidos hace dos años. Ella estaba desempleada, embarazada y su familia estaba partida, así que el deseo de reunificación familiar creció rápidamente en ella, pero no lo logró. Adela es una de las seis víctimas hondureñas que han sido identificadas entre los migrantes que murieron en un contenedor en San Antonio, Texas. Otros 47 migrantes fallecidos eran procedentes de México, Guatemala y El Salvador, aún hay 12 sin identificar. 


Texto: Allan Bu
Fotografía: Jorge Cabrera y Bryan Villanueva

Por orden de doña Adela, un fogón tradicional permanece encendido todo el día en la cocina para lo que se ofrezca . Por ella, su nieta Adela, de 28 años de edad, recibió ese nombre. La recuerda tomando sopa los domingos y despidiéndose de rodillas allí mismo, en esa cocina, donde la vio por última vez.

El viernes 26 de mayo, en un viaje planificado «de un día para otro» según sus familiares, Adela salió de su casa en la aldea Cuyamel, Omoa, en el departamento Cortés en el norte de Honduras. A las 4:00 p.m. emprendió el camino hacia «el norte» acompañada de un coyote con quien había pactado el viaje a Estados Unidos por 12,500dólares.

Adela se fue al día siguiente de haber recibido la bendición de su abuela, pese a que la anciana le pidió que no se fuera. «Yo le dije que no se fuera, que aquí no le hacía falta nada», cuenta ella. Pero a Adela sí le hacía falta algo, su madre Gloria Quezada de 47 años y dos de sus hermanas menores, de 17 y 13 años, quienes habían emprendido ese mismo viaje hacía dos años y ahora viven en California. Adela quería reunirse con ellas y quizás quería que su hijo, en temprana etapa de gestación, naciera en los Estados Unidos. «Solo yo sabía que [Adela] estaba embarazada», nos dice su prima Claudia Vallecillo, mientras consuela a la abuela que ahora lleva 9 días esperando que retorne el cadáver de su nieta. 

Adela no trabajaba, pero estaba estudiando el bachillerato. Vivía sola en una casa muy cerca de su abuela. Había tenido pareja unos años atrás, pero se separó. Muy pocas personas sabían de su embarazo. 

Los mismos deseos de Adela, son los que diariamente impulsan a cientos de hondureños a abandonar el país. El Equipo de Reflexión, Investigación y Comunicación (ERIC) presentó el 5 de julio un sondeo de opinión pública sobre corrupción, situación económica y acciones del Gobierno de Xiomara Castro en el cual se evidenció que «los principales problemas identificados por la ciudadanía: la crisis económica, desempleo, inseguridad y corrupción, confirman las razones de peso que están detrás de la decisión de migrar hacia el norte». 

De acuerdo con la investigación realizada por el ERIC, para el 66.1 % de los encuestados la principal causa de la migración es la falta de empleo y para un 24.9 % lo es la situación económica y la inseguridad, mientras que la violencia y la inseguridad representa un 6%. El sondeo también evidenció que un 47% de los encuestados tiene un familiar que ha emigrado, lo que hace que la reunificación familiar en aquel país, sea también una razón de peso sobre todo si no ven en Honduras un buen futuro debido a los problemas antes mencionados. 

Adela tardó un mes en llegar a la frontera entre México y Estados Unidos. El lunes 25 de junio, con la travesía casi concluida, llamó a su prima Claudia Vallecillo, para contarle con alegría que ya se encontraba en el estado de Texas, uno de los más grandes en Estados Unidos y por esta época del año uno de los más calurosos del país. «El viernes ya estaré con mi mamá», le dijo a su prima. Ese día, Adela murió asfixiada en el contenedor en el que se transportaba junto con otras decenas de migrantes.

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Esta es la casa donde vive la familia de Adela y donde ella pasaba mucho tiempo. Está ubicada en la aldea Cuyamel en Omoa, Cortés, un pueblo que vive del comercio y la ganadería y donde también se cultivan granos básicos. Foto CC/Brayan Villanueva

La noticia fue aterradora y ocupó la primera plana en muchos países, 53 migrantes indocumentados murieron en el interior del contenedor. Adela y cinco hondureños más perecieron por hacinamiento, calor y falta de agua. Asimismo, fallecieron 27 mexicanos, 7 guatemaltecos y 2 salvadoreños. 

En el mismo contenedor viajaban también los hondureños Miguel Andino Caballero y Fernando Redondo Caballero (ambos originarios de Las Vegas, Santa Bárbara), Margie Paz Grajeda (de Santa Cruz de Yojoa), Yasmin Nayarith Bueso Núñez (de El Progreso, Yoro) y Belkis Esmeralda Anariba Cáceres (de Victoria, Yoro). Todos buscaban un empleo fuera del país para mejorar su situación. Ninguna de las seis víctimas tenía empleo formal en Honduras.

De acuerdo con cifras oficiales brindadas por el Instituto Nacional de Estadística, en el año 2020 la Tasa de Desempleo Abierto alcanzó el 10 %, el subempleo visible (que trabaja menos horas) alcanzó un 27 % y el subempleo invisible (bajos ingresos que perciben los trabajadores) cerró en ese año en un 43 %. Ni en los últimos años del gobierno anterior ni en los cinco meses del actual han ofrecido a esa institución nuevos datos sobre desempleo. 

El analista de migración, Ricardo Puerta, describe un escenario opuesto en la gran economía estadounidense, que cada año necesita nuevos trabajadores. «Mire, Estados Unidos tiene que llevar a su territorio todos los años a un millón de inmigrantes para llenar los puestos de trabajo que ha creado porque la economía estadounidense, por mucha crítica que se le pueda hacer, tiene una productividad y una generación de empleo, muchísimo mayor que los puestos que puede llenar con la gente que ya está adentro».

Agregó que se estima que en Estados Unidos hay actualmente de 12 a 17 millones de migrantes indocumentados que no son ni deportados ni normalizados pues gracias a ellos reducen la presión para definir un salario mínimo, pues ahora este fluctúa desde 8 dólares la hora hasta 50 en algunos lugares como Silicon Valley, que es la meca de la tecnología en el mundo y se encuentra en California, el estado al que se dirigía Adela.

La presidenta de Honduras, Xiomara Castro, condenó en su cuenta de Twitter la tragedia y expresó que se trató de un hecho criminal. «El asesinato de compatriotas, hermanos mexicanos y centroamericanos en San Antonio, Texas, nos conmueve profundamente. He instruido a la Cancillería de la República para que atienda y socorra a familiares y junto a Estados Unidos se investigue y se haga justicia para que estos hechos no se repitan» publicó la presidenta.

Las autoridades estadounidenses detuvieron a cuatro sospechosos, incluido el conductor Homero Zamora quien, según documentos oficiales, se defiende de su responsabilidad en la tragedia al asegurar que él no «sabía que el aire acondicionado había dejado de funcionar»

En Honduras, el flujo migratorio no ha disminuido. Las organizaciones que trabajan en migración estiman que diariamente salen entre 300 y 500 personas del país. De acuerdo con cifras del Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, en el 2021 fueron detenidos 319 000 hondureños en la frontera sur. En los primeros cuatro meses del 2022, fueron detenidos 57 857 hondureños intentando cruzar a Estados Unidos. 

Para el analista Puerta, los gobiernos no han tenido voluntad real para tratar con el fenómeno migratorio, “«a clase política que tiene Honduras no tiene la capacidad ni la información para entender el problema migratorio, y como hasta el otro día tuvimos un narcotraficante al frente del país, lo que sucede es que todavía tenemos esa estructura. O sea, Juan Orlando se habrá ido, pero lo que dejó ahí está funcionando y eso no cambia solo porque tenemos una nueva administración».

No hay justicia ni paz para las mujeres en Honduras

Tres días antes de viajar, Adela le dijo a su prima Claudia que la acompañara a un banco de Cuyamel. Realizó un retiro en lempiras para pagar el equivalente a 7,000 dólares y al llegar a Estados Unidos, cuando ya estuviera rumbo a la casa de su madre en California, pagaría el resto para completar 12,500 dólares. 

Ese día, Adela le prometió a su prima que también se la llevaría a Estados Unidos e incluso hicieron la cotización con el «coyote» quien prometió cobrar 10, 500 dólares por la mujer y sus dos hijos menores de 10 años. 

Claudia también tenía motivos para huir de Honduras porque apenas diez días antes del viaje de Adela, fue agredida con un machete por su expareja, de quien se había separado hacía tres meses. Fue atacada alrededor de la 1:00 am y fue auxiliada por los vecinos, pero para cuando fue rescatada ya había sido herida en las manos y brutalmente golpeada con el lado plano de la herramienta. Este hombre fue denunciado por Claudia, pero desde entonces no se sabe nada de él. 

En la familia tienen pocas esperanzas de que su caso se judicialice. Doña Betulia Machado, madre de Claudia, manifestó que el agresor «está bien tranquilo, es que aquí en Omoa así se quedan las cosas.»

Casos de violencia como el que sufrió Claudia son comunes en Honduras, un país con altos índices de violencia contra las mujeres y niñas. Según las cifras de la Policía Nacional, de enero al 30 de junio del 2022, se registraron 147 homicidios en los que la víctima fue una mujer, sin embargo otras 55 mujeres murieron de forma violenta y quedaron registradas como muertes indeterminadas. En otra estadística, el Observatorio Nacional de la Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (OV-UNAH), asegura que en el 2021, cada 27 horas con 33 minutos, una mujer fue asesinada. Para ese año, entre enero y junio fueron registrados 154 homicidios contra mujeres y 54 muertes indeterminadas en los que la víctima fue una mujer.

La impunidad no solo es algo que está sufriendo la familia de Adela.  Según una investigación de este medio, hasta 2020, solamente 15 casos de femicidio en Honduras han conseguido sentencia condenatoria desde que se tipificó el delito en 2013. 

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Como en buena parte de los hogares hondureños afectados por la migración y la violencia, la abuela de Adela ha tenido que asumir la responsabilidad de la familia. Doña Adela es una matriarca de más de 90 años y se enoja cuando la llama del fogón en su cocina no está encendida. Entre el humo expelido por la leña y las muestras de afecto de vecinos y familiares vive la pena por la muerte de su nieta. Se le ha olvidado el número de nietos que tiene, pero sabe que son muchos. Todos le dicen mamá.

Para doña Adela, despedir a un familiar que ha tomado el camino hacia Estados Unidos no ha sido una cosa extraña. Ella parió 12 hijos, 6 mujeres y seis hombres. Los crió vendiendo comida y después con un negocio de cervezas que aún mantiene. En su casa, nos dijo un vecino, se han criado más de 40 niños, que fueron abandonados por sus familias consanguíneas, pero que fueron recibidos con los brazos abiertos por la abuela Adela.

Nadie de la familia pudo darle a este medio una cifra exacta de cuántos de sus miembros se encuentran en ese país, pero alguien se atrevió a calcular que unos 20. Por eso, en un momento de nuestra conversación, la nonagenaria elevó la voz, hizo ademanes llenos de energía y dijo «A saber qué putas les atrae que se van a ese lugar [Estados Unidos], ese lugar como que tiene oro, que los jala».

Uno de los miembros de la familia nos contó que Gloria decidió irse al norte en el año 2020 porque tenía deudas que no iba a poder pagar trabajando en Honduras, después decidió llevarse a dos de sus hijas, pero al ser estas menores de edad no podían trabajar. Entre los planes de Adela estaba trabajar y ayudar a su madre en el sostenimiento del hogar en California. 

Una semana después de que salió, Adela se comunicó a la casa y les dijo que el viaje iba bien, que había comida y estaba durmiendo bien. «A la semana me escribió, no sabía nada y le digo “pucha al fin te reportaste”. Me enseñaba cómo comían y dónde estaban, pero cuando llegaron a Estados Unidos ya no», dijo Claudia.

La comunicación entre Adela y Claudia continuó mientras avanzaba hacia la frontera entre Estados Unidos y México, hasta que se interrumpió por un par de días. El lunes 27 de junio, Adela retomó la comunicación. Avisó que ya estaba en Estados Unidos y que, según sus planes, el viernes 1 de julio ya estaría con su mamá. En esa comunicación le dijo a su prima Claudia que la ayudaría a llegar al norte y le preguntó si no había regresado con su expareja. «Me dijo que me iba ayudar y que iba a mandar un dinero para pagar la renta», recordó Claudia.

La conversación fue el lunes a las 7 de la mañana. Claudia se despidió de su prima. Cuenta que ese día, al terminar la conversación, sintió un vacío en su pecho, al que le llamó corazonada. Días antes soñó que en la casa de la abuela Adela, había un velorio enorme.

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En la foto la última conversación que Adela sostuvo con uno de sus familiares el lunes 27 de junio. Horas después murió. Foto CC/ Bryan Villanueva.

No volvió a saber de su prima hasta el martes por la noche cuando a través de un noticiero de la televisión anunciaban como última hora la muerte de cuatro hondureños en un contenedor abandonado en Texas. En las fotografías aparecía Adela Betulia Machado, aquella alegre muchacha que un mes antes se arrodilló ante su abuela para pedir la bendición. En los días siguientes se confirmaron las muertes de dos hondureñas más. 

En Estados Unidos, Gloria Adelina Quezada, la madre de Adela, recibió la noticia casi de igual forma que su familia en Honduras. Preguntó qué estaba pasando y Claudia le envió una imagen de la pantalla donde aparecía su hija como una de las personas muertas. Al otro lado del teléfono se escucharon gritos. Desde entonces, la familia había hablado poco con Gloria que no sabía aún dónde sepultar a su hija.

En un video que circula en redes sociales, Gloria relata entre lágrimas que ella esperaba con ansiedad a su hija, que ya le había anunciado que iba para allá, pero no sabían que iba en el contenedor. «Ella me dijo que ya venía para aquí. Como toda madre o padre, uno desea lo mejor, sin saber que esto iba a pasar. Yo sé que hay muchos padres que están dolidos por este trago tan amargo»’, dijo la madre. 

«Esa ilusión los lleva a fracasar», repite la abuela Adela. Sostiene que el deseo de mejorar económicamente ha llevado a sus hijos y nietos a emprender el viaje, pero tampoco los justifica, «nada tienen que andar haciendo, si usted es mi hijo y aquí vive bien, ¿qué tienen que andar andando ahí?», se pregunta. 

Pero Honduras se ha convertido en un país expulsor de su gente y ahora esa gente que huyó sostiene económicamente al país. Solamente en el año 2021, los migrantes en Estados Unidos enviaron 7,300 millones de dólares en remesas y para el 2022 las proyecciones aumentan, pues hasta mayo de este año los hondureños en el extranjero ya habían mandado 3,440 millones de dólares, de acuerdo con el Banco Central de Honduras (BCH).

Para el analista Ricardo Puerta no hay programa exitoso orientado a que todos esos recursos sean aprovechados para la inversión y no solamente para el consumo, pues salvan un problema de macroeconomía pero al final no resuelven la situación del ciudadano hondureño. «Aquí no hay ningún programa exitoso que funcione en esa dirección. Si existieran las condiciones propicias de financiamiento y asistencia técnica, hondureños asalariados aquí y en Estados Unidos pueden convertirse en pequeños empresarios», afirmó. 

Mientras, las familias de Adela, los hermanos Caballero, Margie, Yasmin y Belkis lloran la pérdida de sus seres queridos, otros cientos de hondureños toman el camino hacia Estados Unidos, intentarán llegar a ese país que les brinda esperanza, aunque ese futuro está amenazado por muchos peligros, incluido morir ahogado en un contenedor. 

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