Tres microcuentos inéditos de Julio César Anariba

Textos: Julio César Anariba 
Ilustración: Ericka Bastías 

Siguiendo con la publicación de cuentos clásicos de la literatura centroamericana, donde ya hemos publicado a Julio Escoto, Maria Eugenia Ramos, Jorge Medina, Argentina Díaz Lozano, Juan Ramón Molina, Roberto Castillo, Eduardo Bähr, Sergio Ramírez y Leticia de Oyuela, entre otros, hoy publicamos tres microcuentos inéditos de Julio César Anariba (1964-2015). 

Antes de fallecer, un 8 de junio de 2015, Anariba dejó al país una singular obra literaria, dividida entre el microcuento y la literatura infantil. «Honduras, sin saberlo, hoy pierde uno de sus mejores narradores», fueron las palabras del poeta Néstor Ulloa aquel 8 de junio. Aunque en vida este autor oriundo del pueblo de Ojos de Agua, Comayagua, pudo ver publicado solo su primer libro de cuentos, Cuentos Chatarringas (2005), en Contracorriente hemos logrado tener acceso a El que se sienta libre de piedras que lance el primer pecado, libro de microcuentos todavía inédito que Julio había preparado. «Anariba es poseedor de un estilo muy particular: es un narrador que parodia, que trastoca, con maestría en la ironía y el humor», dice Emma Matute del Cid, licenciada en Literatura por la UPNFM y máster en Literatura Hispanoamericana por Tulane University, en el prólogo que forma parte de este manuscrito. 

Posterior a su fallecimiento, Editorial Guaymuras publicó Tengo una abuela de cien años y un poco más(2017)y Sieteperezas. La verdadera historia del niño más perezoso del mundo (2017), dos cuentos infantiles que le valieron a Anariba un lugar como uno de los maestros de la literatura infantil nacional. Hoy, junto con una ilustración de Ericka Bastías, artista hondureña, publicamos estos tres cuentos como un homenaje a Julio; sobre todo, para reconocer su obra «para adultos» –si tal clasificación existe– entre lo mejor de la literatura hondureña en general. 


De cómo una pinche cascarita de frijoles
nos delata como novatos en la lectura de Cosmopolitan

El burro aparcado enfrente, motor apagado y la señorita lista para ordenar: «Sírvame una whopper junior, un puré de papas, un pie de manzana y una Coca Light…y aparte, en otro plato, un poco de frijoles parados, un huevo en torta y ocho tortillas», pidió la nueva señorita Cosmopolitan, con su sonrisa Colgate, alterada por una cascarita de frijoles adherida como sanguijuela en su canino superior izquierdo, desde hacía tres días ya. 


De cómo muchas veces la muerte no llega cuando queremos
sino cuando le roncan las ganas 

Frente al pelotón de fusilamiento, el hombre se abrió la camisa, miró fijamente a sus verdugos, y ordenó: «¡Fuego!». 

De inmediato, el camión de bomberos interrumpió la ejecución. 


De cómo cuando abrimos la boca no la podemos cerrar 

Era un profesor tan aburrido como un caracol. Hablaba tan lento que antes de que las palabras llegaran a oídos de los alumnos, ya la idea central había caído al piso. Los alumnos le decían Caracolito. Bueno, pues la única vez que Caracolito abrió la boca en público fue en un seminario de profesores de Español titulado Cien maneras de enseñarle a los niños el ma me mi mo mu sin respirar. A manera de las mejores arengas, dijo Caracolito: «¡Si el Estado finge que nos paga, nosotros finjamos que damos clases, cabrones!».

Sobre

Julio Anariba: Nació en 1964 en Ojos de Agua, Comayagua. Fue profesor de las materias de Literatura y Español en distintos colegios de Honduras. En 2005 publicó su primer libro de cuentos, Cuentos Chatarringas. En 2012 recibió el Premio Europeo Hibueras en la rama de literatura infantil por su relato Mi abuela tiene cien años y un poco más (Guaymuras, 2017). Editorial Guaymuras también publicó su relato Sieteperezas. La verdadera historia del niño más perezoso del mundo (2017). Fue reconocido por críticos como Helen Umaña y Juan Antonio Medina como uno de los más ambiciosos y acertados cultivadores de la ficción breve en Honduras. Falleció el 8 de junio de 2015, dejando inéditos varios relatos infantiles y un libro de microcuentos titulado El que se sienta libre de piedras que lance el primer pecado

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Nació un 15 de mayo de 1996. Su interés por el arte comenzó desde pequeña, pero se desarrolló cuando tenía 15 y entró a un estudio de pintura los sábados. Es graduada de Computer Science en Taiwán. En 2016, comenzó Historias en Miniatura (@historiasenminiatura), un sitio de historias contadas con dibujos en Instagram que cuenta con alrededor de 120,000 seguidores. En 2018 publicó La Vida en Miniatura, libro de ilustraciones que se presentó en Taiwán y Honduras. Actualmente vive en Köln, Alemania, donde estudia y continúa dibujando su contenido de Historias en Miniatura. 

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4 comentarios en “Tres microcuentos inéditos de Julio César Anariba”

  1. YOSMIRA BARCENAS

    Las personas como el Profesor Anariba, nunca mueren solo se transforman para seguir trascendiendo a pesar de Todo y a pesar de nada. Son héroes culturales, de esos que se quedan en el alma de los que tuvimos el privilegio de conocerlo.

    Gracias para toda la vida Mr. Anariba……..

  2. Mi profe Julio.
    Lo tuve como maestro en segundo y tercero de ciclo común. Recuerdo que gracias a él conocí la música de Silvio Rodríguez y que una buena clase no necesita mandar a callar al alumno, ni contenidos extensos para ser substancial.
    Y que la verdad, aunque moleste a muchos, es lo único que vale la pena en este mundo.

    1. Lester Cruz Matamoros

      Un Genio , mí profesor como nos mostró un mundo que en ese entonces desconocido para nosotros , un mundo de imaginación, y de personajes , el mundo de la literatura , del Arte , de la actuación , poder manifestar los sentimientos de una forma diferente al que conocíamos , Genio que sacó nuestro potencial y nos mostró que teníamos la capacidad de hacer realidad nuestros sueños .
      Gracias Maestro

  3. Conocí al profe Julio allá por 1987 cuando fue mi maestro de español en la escuela, tuvimos un taller de poesía (TENWA) uno de actuación con el que participamos en “Que Canten Los Niños” y “Campeonisimos”. Ya mayores nos veíamos así de vez en cuando y siempre era un gusto vernos, se notaba como disfrutábamos reencontrarnos, él veía en mi generación, el fruto de la semilla que el plantó en aquel entonces, muchos de nosotros cultivamos el interés al arte y la literatura, gracias a él. Un abrazo hasta donde estés Julio, un honor haber sido pupilo tuyo.

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