Estudiar en la «U» pública

Por Kelvin Enamorado


«Vengo de un lugar donde decían que triunfar era imposible», es una frase del rapero español Nach, que hace varios años adopté, y ahora con cada meta que logro alcanzar me repito a mí mismo (para no olvidar) que vengo de una familia pobre, que nací en «El cinco», una comunidad rural en el departamento de Colón, para después vivir muchos años en un lugar marcado por la violencia y falta de oportunidades: el sector Chamelecón de San Pedro Sula.

Cuando era niño pensaba en que ser ayudante de bus, albañil o sastre era lo único a lo que podía aspirar, luego en la adolescencia pensé en «el sueño americano», estudiar una carrera técnica para luego emigrar a los Estados Unidos y probablemente pasar el resto de mi vida allá. Graduarme de la universidad nunca me pasó por la mente. A mis 18 años, mientras estaba estudiando la carrera técnica de refrigeración, descubrí las artes del Hip Hop, y fue hasta mis 20 años que empecé a considerar una carrera universitaria que tuviera alguna relación con el arte, porque recién me había enamorado del Hip Hop y sus disciplinas artísticas.

La universidad pública en Honduras es un lugar lleno de contradicciones, por ejemplo, existe el discurso de que toda persona puede ingresar, pero para lograrlo se debe aprobar la prueba de aptitud académica,  privilegiando a quienes tuvieron la oportunidad de formarse de manera más digna en escuelas y colegios de renombre en la ciudad, sin embargo, esto excluye a gente (como yo), que cursó los estudios primarios, secundarios en instituciones de bajos recursos ubicadas en comunidades del interior del país y  barrios estigmatizados de la ciudad.

Logré ingresar a una universidad pública de la que tengo muchos recuerdos. Comencé con gran entusiasmo y al mismo tiempo con nervios y lleno de dudas. Me preguntaba: «¿Seré capaz de aprobar las clases?, ¿qué pasa si no soy tan inteligente?,  ¡yo no soy muy aplicado en los estudios, quizá no pueda terminar la carrera!». 

Los estigmas sobre el estudio superior generan tantas dudas, haciéndonos creer que no todos somos capaces de llevar esa carga. Muchas personas terminan enfermas de estrés en el afán de ser calificadas como «excelencia académica», que de cualquier manera será más fácil conseguir para quienes tienen una mejor posición económica. Recuerdo que muchos compañeros sacaban mejores notas que yo, pero algunos de ellos no eran capaces de llevar la teoría a la práctica, entonces ¿dónde está el mérito en conseguir una calificación alta?

Siempre creí, y aún lo creo, que el sistema educativo, premia a quienes ya tienen privilegios y sanciona a quienes carecen de oportunidades Para el caso, la carrera de medicina pareciera estar diseñada para que solo gente privilegiada pueda terminarla, incluso la carrera que estudié, Pedagogía, tiene un plan de estudios diseñado para personas que estudian a tiempo completo. Recuerdo que a la mayoría de compañeros y compañeras de la carrera les tocaba salir del trabajo a las 5 p. m., tomar un bus para el centro de la ciudad, luego cambiarse a un microbús que los acercaba a la universidad y que iba con una aglomeración de pasajeros difícil de explicar, un bus que apenas tenía dos ventanillas para refrescar los 38 °C de calor, rogando que no lo asaltaran en el camino mientras memorizaban un folleto de cincuenta páginas para el examen de las 6 p. m. Lo sé porque también era parte de mi rutina diaria.

Además del tiempo, la economía para un estudiante es una enorme dificultad. Recuerdo cuando subieron el pasaje de ocho a diez lempiras. Algunas personas podrían decir que dos lempiras no son nada, pero por una diferencia tan pequeña muchas veces toca ir a la universidad sin tener el pasaje para regresar a la casa, menos para comer. En una ocasión mientras esperaba la hora de la siguiente clase me fui a recostar a una banca de cemento, y cuando estaba medio dormido observé que en el suelo había un billete morado, «me encontré dos lempiras para comprar una bolsa de agua», pensé, pero cuando lo vi de cerca resultó ser de quinientos lempiras. Esa noche pude cenar, pero no siempre tuve tanta suerte.

Por otra parte, las constantes tomas de la universidad causaron muchos retrasos en mi plan de estudios. A causa de las tomas perdí varios períodos académicos junto con todo el esfuerzo y riesgo invertido, pero esas protestas me enseñaron algo que solo allí pude aprender: el valor de alzar la voz cuando se debe.

A pesar de todas las dificultades, ir a la universidad por lo general representaba una alegría para mí por compartir con los compañeros de clases, incluso con muchos de ellos llegué a forjar una amistad más allá de las aulas.

Uno de los logros más importantes fue cuando presenté junto con mi equipo de trabajo, en el VII Congreso de Investigación Científica, el proyecto «Prevención de Violencia a través Del Hip Hop», una oportunidad que aprovechamos para llevar la academia a las comunidades donde se necesita.

También me encontré a excelentes catedráticas como las licenciadas Hércules, Marbella y Jenny, que impartían clases que nadie quería que terminaran porque la pasábamos tan bien mientras aprendíamos, eran docentes que iban más allá del deber y apoyaban de manera legítima a los estudiantes.

Ha sido fundamental contar con el apoyo incondicional de mi pareja Catty y de mi madre que regresó a Honduras después de estar en Estados Unidos por dieciocho años, ella no pudo estar presente en mis graduaciones desde que terminé la primaria, pero ahora después de tanto tiempo y sacrificio ha logrado estar en mi graduación universitaria.  

Hoy repito nuevamente la frase «Yo vengo de un lugar donde decían que triunfar era imposible» para decirle a mis hermanos y hermanas, amigos y amigas, maestros y estudiantes que vale la pena luchar por sus metas, tampoco quiero engañarles diciendo que pueden lograr todo, yo tardé casi nueve años en conseguir el título cuando otros lo hacen en cinco porque para algunas personas las cosas son más difíciles. Esto me motiva a seguir luchando por mis metas y espero que también sirva para motivar a otros jóvenes de las comunidades.

Sobre
Nacido el 18 de agosto de 1990 en departamento de Colón, vive en el sector Chamelecón de San Pedro Sula desde el 2008. Actualmente estudia Pedagogía en la UNAH VS, es gestor cultural y artista multidisciplinario (músico, rapero, graffitero y bailarín de danza Hiphop)

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1 comentario en “Estudiar en la «U» pública”

  1. Muchas felicidades kelvin estoy muy orgullosa de usted que con su esfuerzo y dedicación a logrado llegar adonde está eres un ejemplo a seguir eres admirable

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