Familias transnacionales: Historias de migración

caravana del migrante | 2021 | Honduras | San Pedro Sula

Por Giulliani Alvarenga
Fotografía: Martín Cálix


La profesora Leisy Abrego, directora del Departamento de Estudios Centroamericanos en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), es una mujer salvadoreña que se sumergió en la sociología para investigar las migraciones y las consecuencias que producen en las personas. En su libro Sacrificing Families
 (El sacrificio de las familias) menciona la fuerza y todo lo que muchos de nuestros ancestros y ancestras atravesaron para dar una vida con mejores condiciones a sus descendientes. También relata la realidad actual y todas las circunstancias que continúan arrastrando a las personas hacia el desplazamiento. En dicha investigación no solo incluye a El Salvador, también estudia otros países en Centroamérica como Honduras y Nicaragua. El antropólogo Giulliani Alvarenga conversó con Abrego sobre todos esos sacrificios que por años han atravesado quienes han decidido tomar el camino de la migración.

Giulliani Alvarenga (GA): En su libro Sacrificing Families menciona el término «familia transnacional». ¿Podría compartir con los lectores y lectoras qué significa el término para usted y su investigación?  
Lesly Abrego (LA): Utilizo el término «familia transnacional» para referirme a las unidades familiares en donde los miembros principales, padres e hijos residen separados en dos o más países. Las familias transnacionales existen en todo el mundo, se crean por diferentes razones. Por ejemplo, en el caso de los salvadoreños, las familias transnacionales incluyen a los hijos adultos que migran para proveer a sus familias, apoyar a sus padres ancianos, o padres migrantes que envían remesas para mantener a sus hijos. Mi libro está centrado precisamente en eso último. 

GA: ¿Qué importancia tienen las remesas para la economía de El Salvador? ¿Cuáles son las barreras económicas que enfrentan las mujeres con brechas salariales si las analizamos a través de la perspectiva feminista transnacional?
LA: Desde hace mucho tiempo las remesas han sido una característica central de la economía salvadoreña. Como muestra de amor de padres e hijos mayores por sus familiares y comunidades, es constante, inclusive en momentos difíciles económicamente hablando, por ejemplo, la recesión y la pandemia de COVID-19. Son factores significativos que afectan a nivel nacional, una cuarta parte de la población salvadoreña recibe remesas. De manera que pueden subsistir con los fondos que reciben, bajo los esfuerzos de aquellos que trabajan duro para ganar el dinero. El patriarcado es un sistema global que se presenta en diversas formas, las mujeres migrantes se enfrentan a desafíos únicos, también son miembros de las familias transnacionales.  El mercado laboral tiene género, es decir que las mujeres están limitadas a empleos como los trabajos domésticos, limpieza de hoteles, confección (maquilas), donde pagan notablemente menos que los trabajos disponibles para los hombres, como la construcción, jardinería, tapicería, entre otros. 

GA: El género es un tema predominante en su investigación ¿De qué manera podemos ser conscientes del hecho de que las mujeres migrantes cargan mucha más responsabilidad tanto en su país de origen como en EE. UU.? ¿Cómo pueden las comunidades reconocer dicho fenómeno y apoyar sus luchas? ¿Cómo la masculinidad tóxica salvadoreña es una barrera para todo esto? 
LA: El heteropatriarcado es un sistema global que organiza nuestros entornos sociales. Si nos basamos en la historia colonial, el genocidio, el despojo de tierras, el terror estatal y las profundas desigualdades económicas, no debería sorprendernos el desarrollo de las conductas «tóxicas» de la masculinidad para otorgar a los hombres posibilidades de mantener una dignidad que, por otro lado, no sería accesible. Las expectativas para las mujeres también se agudizaron en ese contexto, además que dentro del círculo familiar emplean dos papeles: el de cuidadoras domésticas y proveedoras, es decir que trabajan fuera del hogar. Dicho contexto no valora a las mujeres, ni el trabajo que realizan, por otro lado, ser una «buena madre» requiere cumplir hazañas casi imposibles. Debemos tener en cuenta que dicha estructura no es sostenible para todos, necesitamos adaptar nuestras expectativas entendiendo y cambiando las estructuras aunado a las circunstancias que las producen. 

GA: La portada de su libro tiene un valor sentimental. ¿Puede compartir por qué?
LA: Me siento increíblemente honrada de que la portada de mi libro sea de una pintura que hizo mi madre. Creció en una familia transnacional, una experiencia que sigue afligiéndola. Entonces le pedí que usara sus talentos artísticos para reflexionar sobre sus propias experiencias cuando era niña y varias piezas que hizo, me habló de cada una de ellas de una manera más poderosa.

GA: Los medios de comunicación han cubierto la migración centroamericana durante estos últimos años, y hemos visto un aumento de personas de esta región en las fronteras. A veces, las madres viajan con sus hijos o esperan reunirse con ellos mientras intentan llegar a EE. UU. ¿Cómo ha impactado esto a su investigación sobre las familias transnacionales?
L. A. En muchos sentidos. Es lamentable. Las condiciones han seguido empeorando en algunas partes de Centroamérica. Los acuerdos de libre comercio que dan la bienvenida a las empresas transnacionales están perjudicando a los trabajadores, explotándolos y pagando salarios mínimos que aumentan la pobreza y al mismo tiempo garantizan que la agricultura local no pueda competir en el mercado. El cambio climático está causando destrucción masiva a través de los ciclos de sequía y los devastadores huracanes; las empresas mineras extranjeras están desplazando a comunidades enteras cuando extraen bienes naturales, contaminan y secan las fuentes de agua.

Para sobrevivir a todo esto, muchas personas se están uniendo al éxodo masivo. Las madres jóvenes salvadoreñas y hondureñas, en particular, ahora tienen más probabilidades de viajar con sus hijos, sabiendo que no es seguro dejarlos atrás. Los niños guatemaltecos, sobre todo los adolescentes, son especialmente propensos a viajar solos para convertirse en proveedores de sus familias. En estos tres países, algunos niños también viajan solos para reunirse con sus padres migrantes. Mi investigación se ha centrado en la representación de este «éxodo masivo». Me interesa comprender el discurso político y público que se deshumanizó completamente a los migrantes centroamericanos y, por lo tanto, justificó la violencia de las políticas de inmigración y asilo de EE. UU. contra estos refugiados.

G. A. Su libro rinde homenaje a las figuras maternas ¿Qué sugerencias puede darnos para evitar cualquier forma de romantizar y defender las nociones de que las mujeres deben ser cuidadoras? ¿Cómo avanzar y hacer cambios en la institución familiar.
L.A. Ciertamente no quiero romantizar la noción de que las «buenas madres» deben sacrificarse todo el tiempo por sus familias. Traté de proporcionar un contexto porque tenemos estas expectativas y porque seguimos defendiendo metas imposibles para las mujeres. Nada de esto, como dije anteriormente, es sostenible, el sistema global tiene que cambiar.

Aparte de eso, las leyes laborales deben proteger a las mujeres. Sabemos que todos los trabajadores son discriminados por factores culturales, necesitamos hacer un mejor trabajo al considerar los contextos estructurales para culpar y cambiar los sistemas que producen sufrimiento, es decir: capitalismo, heteropatriarcado, supremacía blanca, etc. En lugar de internalizar el odio y llevar a cabo la violencia en las personas.

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Sobre
Giuliani Josimar Alvarenga, estudiante de posgrado en antropología y derecho de inmigración en Louisiana State University

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