Relato de una puta

Por Estela Dubón Suazo


De pie, moviendo su piececillo al ritmo del tictac del reloj. Ochenta y cinco por ciento de sus piernas blancas al descubierto, luce sus pechos tras una camisa de encaje. 

Las horas no pasan mientras hace cuentas y evalúa el tiempo y servicio que dará. Llega a un acuerdo y se pierde en la entrada de un asqueroso motel, el tiempo avanza entre el gemir y el vaivén de sus deliciosas caderas. «Once minutos y estás fuera cariño», piensa. 

No hubo café, no existió el coqueteo, ni siquiera conoce su nombres, no hubo adiós, ni mucho menos llanto, solo trescientos lempiras entre sus tetas. Ella seca su entrepierna con la sábana de la cama y regresa al mismo lugar y mientras espera piensa en las calles aún sin caminar. 

No es necesario que sonría, ni que sea interesante, su ganancia no se basa en esas cosas. Cinco hombres más y se va. 

Sola va arrastrando sus pies, silbidos y miradas por doquier… La puta del barrio ya viene de coger. 

En casa una pequeña la espera dormida, al llegar hace un movimiento leve y se acurruca con ella. La pequeña comienza a llorar. 

—¡Vaya vida de mierda!— dice la niña mientras se quita el maquillaje de ramera, se quita el labial y renuncia a ser llamada por su nombre, al fin y al cabo nunca le gustó, le sabe mejor el comer.

Esthela Dubon Author
Sobre
Esthela Dubón nació en Tegucigalpa un domingo 9 de septiembre de 1990, es contadora por oficio, se autodenomina librepensadora, crítica por costumbre y cuestionadora por placer, su pasión por la lectura la ha llevado a escribir sobre el amor, la decadencia y otras perversidades.

Comparte este artículo

4 comentarios en “Relato de una puta”

  1. Flora Sánchez

    Definitivamente un relato hermoso, orgullosa de tí amiga… algún dia alguien tenía que descubrirte y lo lograste. Tú amor por la lectura es parte de tú vida, y ahora la escritura a otros niveles. ♡ atte. Nisasy tú Flow.

  2. Ver la vida desde este punto de vista resulta perturbador. Vaya vida de mierda la de la mujer, piensas que injusta la vida con ella, quizás nunca pudo aprender a hacer algo distinto, ¿que la llevó a prostituirse? ¿que valores morales se le inculcaron? ¿Existen aún valores morales para la sociedad? ¿O francamente ya son caducos? pero, ¿que piensa del hombre que acude a una sexo servidora y tiene que pagar por placer?… Vivimos en un mundo decadente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

HISTORIAS RELACIONADAS