Los médicos frente a la pandemia: desafíos ante a un gobierno negligente

Por Larissa Barahona

Me contagié de COVID-19 en julio de 2020, y mientras estuve enferma hubo momentos en los que creí que ese era mi final, pues según los noticieros que veía y las personas que contaban su testimonio de cómo fue su contagio, las complicaciones y las pérdidas eran cada vez mayores. Pasé un mes encerrada en mi habitación y no tuve contacto con mis hijos Jane y Marco Emilio; la angustia se apoderó de nuestro hogar, y a ellos les tocó tomar las riendas de la casa mientras me cuidaban, afortunadamente no llegué a tener síntomas graves. Aun me pregunto cómo fue que me contagié, ya que no salía de casa y tampoco recibía visitas durante el confinamiento, a veces creo que sucedió cuando recogía las compras del supermercado que pedía a domicilio, seguramente en algún descuido de mi parte me llevé las manos a la boca o a los ojos. 

La pandemia no se ha logrado contener a nivel mundial, por eso Alemania y otros países nuevamente han cerrado sus fronteras, pese a ser economías importantes. A pesar de todo este panorama, el gobierno y la empresa privada de Honduras animaron a la población a vacacionar en la Semana Santa mediante una enorme campaña publicitaria. Y claro, después de un largo encierro y con un «dinerito» ganado ¿quién no quiere salir? Muchos hasta se endeudaron con tal de sentir las olas del mar, pero lo grave es que también se olvidaron de los problemas reales: la pandemia y la crisis social y económica del país. Los hospitales se encuentran al 100 % de su capacidad y se habla de un nuevo brote de coronavirus, por lo que algunos han tratado de evadir la responsabilidad ante esta situación y ahora argumentan que salieron días antes del feriado para evitar aglomeraciones, pero eso también significó un riesgo y ahora vemos los nefastos resultados.

Me llamó la atención que solo en el municipio de Omoa 613,320 personas fueron a los balnearios habilitados, según el comandante de la Base Naval de Cortés, el capitán Donny Zaldívar ¿Se imaginan en el resto de los municipios cuántas habrán llegado? Por otro lado, a los efectos del confinamiento se le suman los de los huracanes Eta y Iota, que de acuerdo con un informe realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), ocasionaron pérdidas de 45,676 millones de lempiras y una reducción de -0.8 % en el crecimiento nacional del producto interno bruto en 2020.

En Honduras vivimos en angustia permanente por la pandemia, el sistema de salud está colapsado, sumado a ello la violencia se ha recrudecido contra las mujeres y más del 92 % de los femicidios gozan de total impunidad. El pasado 28 de febrero, el presidente de la Asociación de Funerarias de Honduras, Edwin Lanza, dio datos escalofriantes: se realizan entre 50 y 60 entierros diarios de personas fallecidas por COVID-19 en el país.

Hace unos días pude observar en mis redes sociales que se ha creado un ambiente hostil, muchas personas hablan con desdén sobre las actuaciones del gremio médico que ha estado al frente de la batalla de esta crisis sanitaria, y sin pudor o consideración proliferan expresiones crueles y bajas como «dejen de llorar» o «si tienen miedo busquen otra profesión», entre otras.

Si bien es cierto, cada quien en su libertad elige qué profesión estudiar y a qué dedicarse, también es cierto que no todo el mundo tiene la vocación de servir, no tengo idea de qué motiva a un ser humano a prepararse para ser médico, pero he tenido la oportunidad de conocer a personas del gremio médico que me han enseñado a valorar, apreciar y tenerle cariño y respeto a su oficio al ver su dedicación, paciencia, entrega, amor y desprendimiento en cada acción que ejecuta, y es que he visto sus manos milagrosas transfigurarse como si fueran las manos de Dios. Y agradezco especialmente a quienes conozco y que de una u otra forma estuvieron pendientes cuando enfermé de COVID-19, porque me atendieron incondicionalmente, me escucharon, me dieron consejos y muchas veces fueron como ángeles y su voz se convirtió en alimento espiritual para mi alma.

Recuerdo que mientras estuve enferma hubo un día en que murieron seis personas conocidas. Yo estaba aterrada, pero pensé: «este virus no me va a vencer», a pesar de que en muchos momentos sentía que la muerte se apoderaba de mí porque no podía respirar (era tanto mi ataque de pánico que me había provocado reflujo, lo que me dificultaba la respiración). Ahora contar esto hasta me divierte, pero la moraleja es que ante esta enfermedad lo mejor es tomar las cosas con calma, pues ataca el sistema inmunológico y el estrés, la ansiedad y el pánico no ayudan en nada, al contrario bajan las defensas y ahí es donde este virus ataca. Al final puedo decir que doy gracias a Dios y a los médicos que me cuidaron porque sigo con vida y puedo contar esto que pasé.

Definitivamente ser médico en Honduras es de valientes guerreros, en medio de varias batallas con tres asesinos: la pandemia, la ignorancia y el Gobierno indiferente a un adecuado manejo de nuestra realidad. Los que creemos en Dios oramos permanentemente por nuestros médicos que siguen luchando en primera línea, por los que ya partieron y por sus familias que lloran y aún tienen abierta la herida por sus pérdidas. 

Este 2021 ha sido poco alentador, se decretó estado de emergencia en los hospitales a nivel nacional, y eso que apenas empieza a manifestarse el rebrote de los veraneantes de Semana Santa, los hospitales ya están colapsados y seguimos sin vacunas. Siguen latentes los ruegos del Colegio Médico y muchos de sus miembros que suplicaron porque no se realizara el feriado, advirtieron que los contagios aumentarían y que los triajes no se iban a dar abasto. Todo se ha cumplido porque el Gobierno y la población no los escuchó.

Ayudémonos como pueblo, ¿no creen que ya es bastante el daño que nos hace el Gobierno con su negligencia en el manejo de esta pandemia? Hace unos días nos llamó narco Estado nada menos que un juez de una corte en Estados Unidos, eso también debe preocuparnos porque aquí nos han saqueado hasta el honor. Evitemos aquel verso de nuestro glorioso himno nacional de «serán muchos Honduras tus muertos».

Sobre
Larissa Barahona Fuentes, Tegucigalpa, 15 de noviembre de 1972. Abogada.

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