El borrado de la bisexualidad

Por Teddy Baca

Tengo 25 años, soy psicólogo, bisexual y tengo algunos años compilando investigaciones sobre el campo de la orientación sexual. En el transcurso de mi vida he visto tanto representación negativa como positiva de gays, lesbianas y heterosexuales.

En un país de la periferia como Honduras, es evidente la carencia de modelos socialmente aceptables, dado el machismo y la homofobia. Ciertamente, con las personas trans el estigma es el doble, sobre todo en el presente y gracias al odio creciente provocado por ultraderechistas y feministas trans excluyentes, esa extrema derecha que propone que no existe tal cosa como derecho sexual, el sistema para ellos debe comportarse en torno a un binomio de hombre y mujer, por lo que las relaciones homosexuales, la visibilidad bisexual o trans son vistas como la «anormalidad» y lo que no debe ser mencionado.

Las feministas trans excluyentes, por otro lado, consideran que el sexo es fijo y único objeto de opresión, por lo que las identidades de género, por lo general, no son válidas para ellas, así como las políticas que tengan como objeto atender las necesidades del sector.

Aún así, en materia de entablar diálogos, al menos para nombrar las cosas como son, creo que para los que conformamos la comunidad bisexual, es todavía más árido mencionarnos, no significa que tengamos peores condiciones sociales que las demás personas LGT, solo que muchas veces ni siquiera nos nombran.

A las mujeres bisexuales las nombran únicamente para hacer referencia al imaginario del fetiche sexual del típico macho que desea dos mujeres amantes, por ejemplo. Los hombres bisexuales son duramente negados en su existencia, tanto así que puedo contar con los dedos de la mano los hombres que conozco que están fuera del clóset. Por ejemplo uno de mis amigos me dijo una vez: «No creo decir nunca que soy bisexual, es una carga enorme, mi novia, mi familia y amigos podrían alejarse». Las personas no binarias bisexuales tenemos el doble reto de que además de que niegan nuestra sexualidad, lo hacen también con nuestra identidad.

Es bastante inusual que la bisexualidad sea tomado como un tema serio, aún cuando estadísticamente no somos precisamente una «minoría». Parece más fácil fingir que no existimos porque eso les da paz a los que tienen conflictos con su orientación sexual, esa falsa dicotomía de lo masculino y femenino se cuestiona al solo mencionarlo.

Ni siquiera es un problema recluido a los sectores conservadores, se reproduce la bifobia en ambientes académicos, artísticos, políticos de cualquier vertiente, incluso en espacios lésbicos y gays.

Parece increíble, pero en varias ocasiones he escuchado a supuestos compañeros de lucha decir que «la bisexualidad es una fase o confusión», estamos hablando de gente que lidera espacios en organizaciones ya establecidas y supuestamente revolucionarias, o ya de plano y de forma irónica, hay quienes la «aceptan», pero solo en mujeres, lo que demuestra el doble estándar cultural.

He sido cuestionado en varias ocasiones. Hace un tiempo tuve un pretendiente que decía que solo era un «gay confundido», una examiga que me fastidiaba por decir que prefería a los hombres (los bisexuales no tienen que ser «cincuenta y cincuenta» con los géneros necesariamente), mi hermano mayor que me presionaba a relacionarme con mujeres (y que agradezco al universo que recapacitara y me respetara al final), entre varios ejemplos.

El problema de omitir o negar algo, es que el reconocimiento jurídico no se hace o se hace a medias, ¿qué pasa con las parejas bisexuales que sufren maltrato? ¿Qué sucede con las personas bisexuales víctimas de crímenes de odio y que no son ni contabilizadas como tales?

De nada sirve una sociedad que incluya solo a un sector, no existe una linealidad fija en cuanto a inclusión, es una contradicción decidir qué existe o qué no, y aunque no hace falta alguna de mencionar, nuestra existencia es un hecho neurocientífico y evolutivo. Referentes como Savin Williams y Meredith Chivers pueden ilustrarnos un poco sobre la existencia mensurable del deseo sexual que no corresponde a extremos, ambos demostraron la existencia de la fluidez sexual y la bisexualidad en participantes hombres y mujeres con el registro del interés sexual a través de aparatos en la zonas genitales. Asimismo tenemos los reportes de Robert Bailey en el 2020 y de Lisa Diamond en el 2002, donde recalcaron la existencia de hombres y mujeres bisexuales, de hecho me dediqué gran parte del 2018 en compilar varias investigaciones del tema para mi libro El Continuum Masculino, el cual se encuentra gratuito en Academia.Edu

Pienso en un futuro donde seamos nosotros mismos, sin que eso represente una amenaza para otros y otras, decenas de amistades desean lo mismo porque tener máscaras para ocultarse puede brindar cierta seguridad externa, pero en el fondo esto representa una traición.

No quiero ser la única persona no binaria y bisexual abierta en discutirlo, quiero ser una voz de las tantas que necesitamos mostrar. Honduras necesita una revolución sexual y de género, que sea incluyente, o no servirá.

Teddy Baca Author
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Sobre
Teddy Baca, nació en Tegucigalpa, el 30 de junio de 1995. A sus 8 años tuvo conciencia de su diversidad, aunque fue hasta los 16 años que la exploró con más valor. Es psicólogx, escritor, tiene experiencia en educación comunitaria y le apasiona investigar sobre diferentes tabúes sociales, así como contribuir en proyectos a favor de la inclusión. Se describe como una persona excéntrica, pero al mismo tiempo honesta con lo que hace. Su mayor sueño es crear un centro de apoyo LGTB+, quizás casarse y adoptar un hijo.

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