El hombre que intentó probar su existencia

Por: Omar Cruz

Portada tomada de Pixabay

Míster Ghost era un hombre sencillo, que al parecer, no tenía necesidad económica alguna, ya que había nacido en el seno de una familia acaudalada, aunque poco se sabía de sus orígenes y de sus familiares. Pero el tema de sus ancestros parecía ser irrelevante en su vida, porque según quienes le conocían por toda su riqueza y fortuna, el amor y el cariño de una familia era algo que decía no necesitar. Seguramente habrá quienes dirán que el dinero no lo es todo, que se necesita un poco de amor, pero míster Ghost tenía en lugar de un corazón, un enorme y profundo agujero negro, aunque en realidad esto solo era una fachada que él mismo había creado, ya que de esa forma podía ocultar ante los demás su deseo de un poco de cariño y de alguien que le escuchara y acompañara.

Era un erudito, todos sabían de su talento nato para la ejecución de diversos instrumentos musicales, entre ellos, el piano y el violín, a veces también mostraba su talento con los pinceles y otras veces demostraba su habilidad en la literatura. Escribía poemas en prosa y en verso libre, cuentos de amor y otros grotescos, novelas de fantasía y de terror, pero al parecer aquello no era suficiente, ya que nunca estaba satisfecho con lo que hacía, siempre estaba buscando una manera de justificar que su trabajo era una total porquería.

Sus negocios, por lo general, iban muy bien y cada día organizaba una actividad en beneficio de los más desposeídos de su ciudad, aludiendo a aquello de la solidaridad y la caridad humana. En el pueblo lo conocían por ser casi un amargado, pero también por tener ese noble corazón y poder compartir con los demás aunque no fueran su familia.

Míster Ghost tenía estudios avanzados en leyes, economía, filosofía y también en esoterismo. Esto último casi no lo practicaba, ya que intentaba ser un hombre de fe y valores cristianos. Jamás faltó a una misa e iba a confesarse con el párroco de la iglesia casi todos los días. Era considerado —debido a su alto grado de nobleza—, uno de los pocos hombres que estaban más cerca de Dios, algunos hasta pensaban que incluso mucho más que el sacerdote de la iglesia. En su vida cotidiana disfrutaba del vino, el café y los días de campo, nunca se le vio disfrutando de algo más que eso, según él, tales placeres solo los podía dar la naturaleza y eso no tenía precio, era gratuito, eso era lo mejor.

En varias ocasiones vieron a míster Ghost visitar el cementerio de la ciudad, aunque para los ciudadanos era algo bastante raro, ya que sabían que su familia no había sido enterrada allí. Alguno que otro curioso se había interesado por saber a qué iba, ya que generalmente lo hacía por las mañanas o las tardes, esto levantaba mucha más suspicacia entre sus vecinos que creían que iba a buscar huesos, para realizar algún ritual de esos que los adinerados están dispuestos a practicar, con tal de extender un poco más su vida.

Míster Ghost tenía una enorme debilidad que consistía en sentirse fuertemente atraído por los eclipses lunares, él disfrutaba mucho ver aquellos fenómenos que el creador mandaba a la humanidad como muestra de que estaba ahí, en algún lugar, esperando el momento para volver y recoger a quienes habían cumplido con sus dogmas y demás mandatos al pie de la letra.

Un día veinticuatro de febrero, Míster Ghost, fue informado que el párroco de la iglesia necesitaba de su ayuda, a lo que muy amablemente accedió, se dirigió a la iglesia y habló con el cura. La plática empezó con los típicos saludos, y luego el sacerdote le dió una nota, él la leyó y se quedó en silencio por un largo rato, después le asintió con la cabeza y se retiró. Al parecer en la comunidad se estaban empezando a preocupar, ya que un ser desconocido estaba rondando por la ciudad en horas de la noche y los altos jerarcas de la iglesia sabían que míster Ghost podía ayudarles. Él estaba más que dispuesto a hacerlo, esta era una oportunidad perfecta para encontrar su origen y el de su familia.

La noche siguiente el cura, míster Ghost y otros ciudadanos se armaron de valor para salir en búsqueda de aquel extraño ser. Entre sus cosas llevaban agua bendita, cruces, cartas para exorcismos, y míster Ghost guardó algo que no había mostrado a nadie, era su arma final, por si lo convencional no funcionaba. El reloj del cura marcaba las once y treinta y cinco, faltaban exactamente veinticinco minutos para que aquel ser desconocido apareciera ante ellos. Mientras eso sucedía, los hombres que estaban presentes sudaban de nervios, excepto míster Ghost, que comentaba que su sudor era por la adrenalina, sabía que resolver un hecho como este probaría sus orígenes y también lo llevaría a parar su búsqueda de muchos años atrás.

La aguja del reloj de míster Ghost ya había pegado en las doce de la medianoche, los hombres salieron a las afueras del pueblo, ya que era ahí, donde habían reportado el primer avistamiento. Ellos también iban armados con municiones bañadas en agua bendita y bendecidas por el cura, por aquello de disparar si era necesario. No esperaron mucho, ya que luego de un ventarrón que les movió hasta la médula, un ser extraño se posó frente a ellos, casi todos estaban asustados, incluido míster Ghost, porque según sus sospechas estaban frente al temible Belphegor, uno de los comandantes del infierno.

Una carnicería entre ambos bandos estaba por suceder. Como pudo, míster Ghost, sacó su arma secreta, un viejo grimorio color verde oscuro y el cura se preparó junto con los demás hombres con las antorchas y el agua bendita. El ambiente estaba dado para una batalla campal, pero Belphegor vociferó unas palabras en latín que solo el sacerdote y míster Ghost entendieron, y luego aquel ser extraño se rodeó de un aura de fuego y desapareció en un instante. Aquello dejó sorprendidos a los presentes y el cura, desde que escuchó las palabras, no dejaba de observar fijamente a míster Ghost.

A la mañana siguiente los hombres contaron por todo el pueblo lo que habían visto, según lo que decían aquel ser estaba interesado en míster Ghost y el párroco de la iglesia. Por la cabeza de muchos de ellos, pasó la idea de entregarlos, para así salvarse. Por la tarde una noticia impactó a todo el pueblo: míster Ghost había desaparecido, nadie daba una sola señal de él, al parecer se lo había tragado la tierra o se había ido a entregar a Belphegor.

En la noche, los ciudadanos contaron esto al sacerdote y él, les comentó que en realidad no había desaparecido, ni cosa parecida, sino que más bien que míster Ghost había encontrado su tan ansiada respuesta frente a aquel ser. A la mañana siguiente, el padre fue al cementerio y llevó un ritual de agua bendita, hizo oraciones, santificó el  panteón y también dejó encima de una lápida la foto de míster Ghost. Los presentes de aquella ceremonia se sorprendieron, puesto que no sabían que él hubiese muerto, lo que se comentaba en la ciudad era que estaba desaparecido.

El sacerdote luego de varios días supo que lo que había hecho era lo mejor, y envió un informe a sus superiores de la iglesia contando el caso de míster Ghost. El documento detallaba que aquel hombre era un no nacido, y que había logrado estar entre los vivos debido a un ritual que su madre había hecho, ya que antes de parirlo solo tenía una opción, salvar su vida, porque Ghost estaba muerto en su vientre. Sin embargo, no fue así, ella decidió transmitir su energía vital a su pequeño, a través de un ritual esotérico, y con ello también lo condenó a vagar durante treinta y ocho largos años en los que él trató de validar bajo cualquier método sus orígenes.

Nunca jamás se supo de míster Ghost en aquel pueblo, y el paso arrollador del tiempo hizo que la comunidad fuera olvidándose del caso, a excepción del sacerdote, él siempre recordaba las palabras de Belphegor: «míster Ghost, usted ya no pertenece a este mundo, el tiempo se le acabó, debe entregar el grimorio. Su madre lo espera en la puerta, de la tierra sin retorno».

Omar Cruz Author
Sobre
Omar Cruz, Villa de San Francisco, Francisco Morazán, Honduras, 1998. En la actualidad reside en El Progreso, Yoro. Es estudiante de la carrera de Periodismo y Antropología. Ha publicado el poemario Hologramas de ayer, hoy y para siempre... (ATEA EDITORIAL, 2019). Es miembro del Colectivo Cultural Atrapados en Azul y de la Fundación Educativa Cultural ApoyArte.

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