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Los errores de las abuelas

A mi edad, mi abuela materna ya tenía dos hijas, y un tercero en el camino. Era licenciada en educación, e iba por una maestría en el mismo ámbito.

También vivía con un esposo que tenía gusanos en la cabeza, violento y abusador, que muchos años después, su sombra sigue en las reuniones familiares, en la cabeza de todos sus hijos.

Mi abuela paterna, por otro lado, a mi edad ya era enfermera; de vocación, porque no la dejaron estudiar secundaria, sino que su hermano mayor le dijo: «serás enfermera». Y lo fue.

Fue feliz de enfermera, hasta que conoció a mi abuelo y se casaron a los 27, mi abuelo que le dijo «serás ama de casa» y a pesar de llevar diez años en hospitales, con un trabajo e independencia propia, cuando mi abuelo se lo ordenó, lo fue.

Ambas tuvieron historias de querer escapar; más o menos a la misma altura, cuando tuvieron a su primer hijo. Ambas cansadas y frustradas, doloridas y golpeadas, en ese primer año, eran un reflejo de lo que les esperaría. Seguras de haber cometido errores en su vida. Pero cuando sus esposos fueron a buscarlas, ellas regresaron.

Como todas, cometieron errores. Volver con tu esposo. Criar a tus hijos. La diferencia, es que a ellas nunca se les perdonó por ello. Siguieron sufriéndolo, hasta hoy. Atadas a estos hombres, de una manera u otra, y a sus decisiones.

A lo largo de mi vida, he tenido a muchas mujeres que admirar. Mujeres académicas, mujeres artistas, mujeres revolucionarias, mujeres fuertes. Mis abuelas no estaban incluidas en la lista, por lo que yo creía eran sus errores. Su silenciosa resignación.

Ahora, que he entrado a la adultez, que he cometido mis propias equivocaciones, no tropezando con la misma piedra, pero sí con varias en el camino, porque vivir en esta región como mujer no es fácil, y definitivamente no era más fácil hace cincuenta años atrás, pienso en ellas todo el tiempo. La vida no es fácil, no sale como vos querés. Para ellas, definitivamente no lo fue.  Pienso en ellas y cómo aceptaron sus vidas, sus equivocaciones y responsabilidades en silencio. La realidad es que estaban solas, sin ayuda. Y pienso en querer tener la misma fortaleza el día de aceptar mis errores, las consecuencias de ellos, y la realidad que la vida nos golpea constantemente, todo el tiempo. Que a veces nos encontramos solas. Y seguir adelante a pesar de todo, cómo ellas lo hicieron.

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