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No somos uno, no somos cien

 En Guatemala se ha vivido una semana de intensas protestas y graves retrocesos en el Estado de Derecho. Ayer con un paro nacional una parte de la población guatemalteca acarreó tres reivindicaciones clave: que renuncien los 107 diputados que aprobaron las medidas que facilitaban la impunidad de la corrupción, que se investigue al presidente Jimmy Morales y una nueva Ley Electoral y de Partidos Políticos. La movilización llega tras una semana que provocó un efecto dominó de adhesión a la protesta. Las organizaciones sociales, sin embargo, lo ven como un punto y seguido (Tomado de Plaza Pública).

Comencé la mañana con mi abuelo diciéndome que no fuera a las Marchas. Que podría ponerse feo. Viniendo de un hombre que vivió la época del genocidio, de la Revolución de 44 y la Contrarrevolución del 54, no me extrañó que tuviera miedo. Así que le dije que iba a ir a unos mandados. Y me reuní con mis compañeros de la Escuela de Historia, para comenzar el paro. Hacía mucho tiempo, él tuvo su tiempo de hacer revolución, y yo entendía, que ahora es el momento del mío.

Llegué cuando la fila de la Universidad estaba saliendo. Era tanta gente. Tanta gente que estaba saliendo en bloques de las carreras; humanidades, económicas, odontología. Con sus vuvuzelas, sus tambores e instrumentos, y su voz. Al final, estaba Historia. Estaban los de Historia, Antropología e Arqueología, todos con sus respectivos grupos de amigos.

Salimos hacia la Avenida Petapa y me di cuenta de la magnitud de gente que había en la toda la avenida. Era al menos tres kilómetros de gente. Y solamente de la Universidad de San Carlos. Aún nos esperaba mucha más gente en el centro, saliendo de los pueblos, caminando por el Periférico, y la Avenida Aguilar Batres, la Roosevelt, Zona 1 y todas las demás Zonas de la Capital. Cómo hondureña, había estado en marchas anteriormente; la marcha de las antorchas, las del 2009 en contra del golpe de Estado. Pero nunca había estado en una con tanta gente.

Vea la cobertura completa de la crisis guatemalteca en Nómada.

Un amigo decidió correr tres kilómetros hasta el comienzo de la fila de los estudiantes. Estuvo hora y media esperándonos, almorzando.

El sol estaba fuerte. En poco tiempo, después de los dos kilómetros, bebimos toda el agua que teníamos. Pero el carro de la Escuela de Historia nos sorprendió con docenas de bolsas de agua. Luego, caminamos un poco más y había personas en toda la calle que nos regalaban agua. Gente que desde sus casas hacia todo el ruido que podía. Gente que nos regalaba comida, camiones de agua. Gente que pasaba en camiones y en carros y sonaba sus claxon en actitud de alegría, haciendo que nosotros alzáramos las manos. A señoras de edad que pasaban preguntándonos si necesitábamos bloqueador solar. Al vendedor que tenía una montaña de sombreros de metro y medio sobre sus brazos en un equilibrio casi circense, y en la punta una sombrilla, y un cartelito contra el alcalde, a ver si podía vender algo entre tanta gente cansada, y, porque no, protestar también un poco.

Cantamos. Bailamos. Caminamos bajo un sol de mediodía criminal. Pusieron el equipo de sonido, pidieron un cable usb, luego un HDMI, pasaron a varia gente que gritaba ante el micrófono, pero nadie con tanta fuerza como la licenciada de antropología del 9no semestre. Recordaron a los muertos A las niñas. A 50 niñas muertas.

Cuando pasábamos por los lugares que deteníamos el tráfico, pensaba lo fácil que sería para los carros arrancar y arrollarnos. Así como lo hicieron hace unos meses con las niñas de la Escuela de Comercio. Recordé lo fácil que habría sido, y que ellas jamás tendrían la culpa. Pero que ahora, todos tomábamos precauciones. Por eso, para que los autos no pasaran, ponían tablas llenas de clavos, a ver quién se le ocurría arrancar y arruinar sus llantas. Cuidándonos siempre.

Recordé a mi matria, Honduras. A su gente. Vi al pueblo de Guatemala, lo hermoso que era en su solidaridad, su protección, su alegría y sentí que era el mismo. Esencialmente el mismo. El poder, entendí, está en la gente. “No somos uno” gritaban “No somos cien. Pinche Gobierno, cuéntanos bien.”

Esperaba, que algún día, pudiéramos hacer algo de esa magnitud de nuevo. En ambos países que amaba tanto. Y que nos escucharan, de una vez.

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