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El flácido rechazo a una reelección impuesta

La reelección ya es una realidad en Honduras, nada ni nadie la detiene, salvo una catástrofe política o social. El presidente Juan Orlando Hernández logró su objetivo de postularse a un periodo más como mandatario. Hecho que se da por primera vez en el país.

El camino hacia la legitimación de la reelección fue menos complicado de lo que esperó Hernández. Durante el proceso, las únicas amenazas a su proyecto se presentaron a través de procesos legales en la Corte Suprema de Justicia, ente que también está en manos del presidente, por lo tanto las denuncias de ilegalidad no tuvieron valor ni efecto.

Mauricio Oliva dice cada vez que tiene oportunidad que la oposición validó y aceptó la reelección: “ellos están participando y si lo están haciendo es que ya validaron la reelección, ya la aceptaron”.

Oliva ha sido claro: “queremos reglamentar la reelección por un periodo, por eso el presidente Hernández envió esta iniciativa al Congreso Nacional”.

El presidente del Congreso aprovechó para decir que él personalmente se reúne con el coordinador de la Alianza de Oposición, Manuel Zelaya y apostó que Zelaya busca desgastar la figura de Nasralla para postularse como candidato en el próximo proceso electoral.

El camino a la reelección arrancó en 2015 cuando un grupo de diputados presentó una solicitud de modificación a la Constitución de la República, luego en 2016, la Corte Suprema de Justicia validó hablar de reelección, ya en 2017 el Partido Nacional habla de reglamentar la figura en el Congreso Nacional.

“No se puede reglamentar algo ilegal. El procedimiento es totalmente ilegítimo”, dijo en un canal de televisión el exfiscal Edmundo Orellana. Sectores opositores han manifestado públicamente el rechazo a la reelección, pero su discurso de repudio se queda en eso, en palabras.

Cuando se empezó a hablar de reelección en Honduras, los políticos dieron el grito al cielo, los medios de comunicación se inundaron de analistas denunciando que Hernández quería continuar con su plan dictatorial. “Todo fue una cortina de humo, es fácil salir en un canal de televisión y decir que se rechaza algo, luego cuando te toca actuar se hace otra cosa, eso fue lo que pasó con los partidos políticos que supuestamente se oponían, nunca fueron un obstáculo para los intereses de Hernández, a simple vista parece que negociaron algo bajo la mesa”, empezó denunciando el economista y analista político Domingo Godoy.

Godoy, quien formó parte del proceso de estructuración de la Coordinadora Nacional de Resistencia Popular (CNRP) antes del 2009 cuestiona el papel de los partidos políticos y los acusa de ser los principales responsables de que el plan de Juan Orlando se concretara.

“Hay varios elementos a destacar: primero, Hernández tiene en su poder toda la estructura institucional, después hubo una desorganizada oposición legislativa, nunca hubo un acuerdo en común para que se planteara una oposición coherente y consecuente contra la iniciativa en el Congreso, mucho menos en las calles, parece que algunos partidos querían de una u otra forma que la reelección se aprobara. Por otra parte, nunca le apostaron a movilizarse. Históricamente los cambios y las conquistas se dan a través de la movilización organizada y mejor si se conjuga con acciones legales, esa era la vía para detenerla, pero es claro que ellos ni la contemplaron”.

“Yo recuerdo el tiempo de la CNRP, mire en ese momento se impulsaba una candidatura independiente por la presidencia, en ella estaban todos los sectores populares que luchaban por la defensa del agua, territorio e intereses de la gente. Cuando ocurrió el golpe, perfectamente se pudo plantear: vamos a vencer el golpe de estado en las urnas, pero no, la decisión fue otra, salir a las calles y renunciar a las elecciones, no íbamos a participar en algo ilegal. Sabemos que no se pudo derrotar el golpe, pero fue por los errores en la conducción, y en eso tuvo que ver mucho la apuesta electoral, pero ese ya es otro asunto”, siguió contando Godoy.

El analista recordó el papel de la indignación en 2015, cuando el gobierno estuvo en aprietos y se vio obligado a entregar a varios de sus funcionarios a la justicia bajo el lema: “caiga quien caiga” y por último tuvo que acceder a una instancia de vigilancia internacional como la Misión de Apoyo contra la Corrupción e Impunidad (MACCIH). “Esa era la presión que debió continuar en el 2016. Mire si la apuesta hubiese sido la misma, si la fuerza hubiese sido la misma Juan Orlando no hubiera concretado su plan reeleccionista, el mecanismo de la protesta es sumamente fuerte y efectiva cuando se da de forma organizada y fuera de intereses electorales”.

Los partidos políticos que se denominan oposición se desmarcan de toda responsabilidad y son contundentes al decir que el presidente tiene todo controlado, tanto que cualquier acción es estéril para doblegar su poder. Ese dibujo de denuncia es común en los medios de comunicación desde el 2015, y se ha complementado con la valoración siguiente: “si no participamos, dejamos el camino libre para que Juan Orlando se reelija”.

“Para mi es una trampa, y es fácil desenmascarar a los partidos que sostienen ese argumento. Ellos dicen que en las urnas podrán detener a Juan Orlando, pero bajo esa afirmación saben que el oficialismo no tiene intenciones de aprobar reformas electorales, y sin esas modificaciones simplemente habrá fraude, entonces ¿Por qué hacerle creer a la gente que ganarán las votaciones?”.

Estamos a un poco más de dos meses para las elecciones, la Alianza de Oposición dice que si no se aprueban las reformas electorales renunciarán a su participación en las elecciones. “Sin reformas, vamos a las calles, hasta que la bestia (Juan Orlando) las apruebe”, dijo su candidato a la presidencia Salvador Nasralla hace unos días en una concentración política en Cofradía, Cortés.

En las últimas horas, Mauricio Oliva dijo que si la Alianza quiere reformas, que las aprueben cuando Salvador sea presidente, en pocas palabras afirmó que el Partido Nacional no está en la disposición de aprobarlas en el Congreso.

En reacción a sus declaraciones el candidato a la presidencia por la Alianza, Salvador Nasralla convocó para la última semana de septiembre en San Pedro Sula, a una asamblea en la que la base de la Alianza decidirá si participan o no en las elecciones.

“¿Usted cree que algún político renunciará a estas alturas, cuando ya han invertido dinero, hecho compromisos para recibir financiamiento? Lo dudo, pero en Honduras hablar de movilización se convierte en una bandera proselitista y en tiempos electorales todo se vale. Los políticos le temen a la movilización a tal punto que ni siquiera la promueven por temor a que esa vía se salga de sus manos, y que la gente plantee una reestructuración del sistema, una verdadera refundación que se salga de sus intereses, y esa es la simple razón por la que no se movilizan por temor a que el proceso se salga de sus manos y que no puedan controlar a la gente desde un punto demagógico y proselitista”.

Los políticos de oposición, tanto de la Alianza, Partido Liberal, Pac-Pinu mantienen su discurso y han dejado claro que votarán en contra de la reglamentación de la reelección, porque no se puede reglamentar algo ilegal. “Mire, si esto no se reglamenta, quedará abierto y gane o no el presidente Hernández, cualquiera se podrá reelegir por el tiempo que desee”, dijo con tono irónico el diputado nacionalista Oswaldo Ramos Soto.

Mientras el presidente promueve la reglamentación, las antorchas salieron de nuevo a las calles, y es el primer ensayo de protesta luego de tanto tiempo de pasividad. “Salimos a las calles porque estamos hartos de la dictadura, no queremos la reelección y queremos cárcel para los corruptos”, dijo un hondureño indignado durante la manifestación de las antorchas en Tegucigalpa. Por ahora, la cantidad de gente es significativamente menor a la del 2015, pero es un indicio que la gente sigue creyendo en acciones por fuera del ruedo electoral.

Hace unas semanas se conformó la convergencia contra la Dictadura, el que está conformado por varias organizaciones populares y sociales. Manuel Gamero, uno de los integrantes de la estructura dijo que esa plataforma busca revivir la fuerza popular a través de la movilización, todo por fuera de cualquier interés político electoral.

“Mire desde la Convergencia hacemos el llamado para retornar a las calles y a través de ese proceso luchar contra la dictadura y también contra las políticas que afectan a la población en general”, manifestó Gamero.

Este espacio empezó a convocar a movilizaciones de las antorchas todos los viernes y esperan fortalecer un espacio que retome la lucha sistemática de calle.

“La única forma de revertir la reelección es saliendo a las calles a protestar, ya no hay otra alternativa”, expresó el abogado Ramón Barrios, en un medio de comunicación radial de la zona norte.

Para Barrios sí es importante sentar un precedente a través de la institucionalidad, pero lamentablemente todo está concentrado en un solo poder y sin movilización es menos probable obtener resultados.

“Ahora, esperaremos más de lo mismo, se vienen las elecciones, las agresiones serán normales, las falsas promesas también y al final todos los partidos participarán en elecciones y el escenario de fraude es muy probable, es un panorama muy desesperanzador, ojalá que los sectores populares despierten y salgan a luchar, esa puede ser la única vía para cambiar la situación”, puntualizó el analista Domingo Godoy.

“Los errores de todos los que dicen oponerse a la reelección nos están pasando factura, hubo un momento en que pudimos replicar lo del 2015 y salir a las calles a detener el proceso, cada día que pasa se hace más tarde y ahora la realidad es complicada”, culminó Godoy.

Por ahora la oposición está contra la espada y la pared, si aprueban la reglamentación aceptan la reelección y si no lo hacen la dejan abierta indefinidamente, es poco probable que la oposición parlamentaria tenga una salida a esa encrucijada del oficialismo.

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