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Mujer trans y defensora: doble revelación

Por: Kendra Stefani Jordany

Mi nombre legal no es Kendra Stefani Jordany. Kendra nació 18 años después de haber nacido un niño con la fuerza, aun oculta, para enfrentarse a un país machista, transfóbico, misógino y discriminativo.

Soy KENDRA y mi proceso de transición lo empecé a mis 18 años, cerca de cumplir los 19. No lo decidí en un día, es algo inexplicable. A veces pienso que la esencia de la vida y mi entorno me fueron guiando para encontrarme y saber quién era realmente.

No siempre fui como me conocen hoy en día. Empecé a seguir la normativa “femenina”, ustedes saben: cabello largo, ropa ajustada, maquillaje, y esos fueron mis primeros procesos que poco a poco iban caracterizándome como una mujer. Comencé con el travestismo porque era lo más cerca que tenía para sentirme completamente como una.

La ropa la escondía de mi familia y lo más importante de mi madre. Tenía que recurrir a las casas de mis amigas para poderme arreglar y salir vestida. Tenía de todo: tacones, lencería, blusas, faldas, pelucas todo el concepto que me haría ver como una mujer, todo me lo costeaba porque tenía un trabajo en donde solo debía “comportarme” para que no me echaran. Y lo hacía.

Me di cuenta que era importante tener un nombre y así fue como me bauticé: Kendra Stefani Jordany, el nombre por el que me aman y por el que también me odian. Lo que hacía en clandestinidad algún día saldría a la luz y poco a poco mi familia se fue dando cuenta que existía Kendra por “chambres” en mi colonia. Empecé a tener problemas en mi casa por mi forma de vestir hasta que un día tuve una discusión con mi madre y uno de mis cuatro hermanos y tomé la decisión de irme de casa.

Fue duro para mí la separación con mi mamá, la salida del seno que me vio crecer. Duró poco porque a la semana regresé y le expliqué quién era yo en realidad, porqué era importante para mi encontrarme y reconocerme como una mujer transexual. Aun tengo su amor y es en el hogar donde se da el proceso de transición.

Mi transición fue lenta. El patriarcado se apodera de una, quieres encajar en la heteronormatividad y el sistema se encarga de que no encajes en una sociedad y ve la manera de que te rechacen en todos lados.

Al llegar a mis 21 años empecé con el proceso de hormonización. Fue difícil tener que adaptarse a procesos extraños a mi cuerpo y aguantar los cambios que estos generan. Fue auto medicado porque el sistema de salud pública no lo contempla y al Estado no le importa que muchas compañeras estén adoptando procesos hormonales de diferentes maneras, algunas que ponen en riesgo su vida.

Nos criticarán por hacerlo pero es parte de nuestra construcción como personas trans, tenemos que buscar la manera de moldear nuestros cuerpos y esta es la manera. Las inyecciones las utilizo cada 15 días, ahora con mis 28 años las hormonas se adaptaron a mi cuerpo o mi cuerpo a ellas, no me arrepiento en usarlas y no pienso dejarlas de usar, son parte de mi vida y si no fueran por estos estrógenos mi expresión de género no estaría en su totalidad.

Hoy vivo felizmente con mi familia. He tenido mis parejas sentimentales a pesar de los señalamientos de esta sociedad, vivo mis días como “cualquier mujer” y me veo expuesta  como “cualquier mujer” sufro como “cualquier mujer” pero también me levanto y soy fuerte como “toda una mujer”.

Mis procesos de formación también han sido muy importantes en el crecimiento de empoderamiento de la mujer trans porque parte de mi transición es mi papel de defensora de derechos de cualquier persona que esté en riesgo, luchadora por la igualdad y porque se me reivindiquen mis derechos como mujer transexual.

En la actualidad trabajo en la Asociación Centro de Educación y Prevención en salud, Sexualidad y SIDA (CEPRES) en comunicación social y relaciones públicas, también como promotora en educación y defensora de DDHH. El empoderamiento que he obtenido ha sido gracias a la institución, cuando ninguna mujer transexual había trabajado en ella.

Las denuncias y violaciones a los DDHH de las personas LGTBI me han mostrado que el compromiso es grande. Veo el sufrimientos de compañeros y compañeras que han sido despedidos de sus trabajos por ser gays o lesbianas, he llorado a mis amigas trans asesinadas cuyos casos todavía están en la impunidad. Estudio la carrera de Periodismo en la Unah-vs y desde allí, como estudiante que lucha también visibilizo y promuevo el respeto a las personas LGTBI. Como toda ser humana soy política y mi esfuerzo por la lucha de los Derechos Humanos, las nuevas generaciones obtendrán los resultados de ello. Soy feminista 100% por que la desigualdad en la sociedad nos compete y nos afecta a todas y todos. Seguiré en mis luchas aunque me señalen como loca o revoltosa, aunque sea un obstáculo para el Estado.

 

Nota: Kendra es la primera mujer trans aspirante a una diputación en el Parlamento Centroamericano por Honduras.

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Escrito por:

Defensora de DDHH y activista por los derechos de la población LGTBIQ

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