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De la adversidad a la solidaridad

En 1984 fue decretado en Honduras el “Día de solidaridad con el limitado”, el último viernes de abril, instando al gobierno y sociedad civil a la toma de decisiones concretas que se vieron en esa década en la apertura de centros, ampliación del número de niños atendidos en las aulas recurso e integradoras, fundación de organismos, capacitación de maestros y emisión de leyes de protección a personas con necesidades especiales para facilitar su integración en el trabajo y la sociedad. De lo dicho a lo hecho, hay mucho trecho.  

 

Historias con otros lentes

Escribir desde esta esquina del mundo donde habitamos, nosotros “ese sector” de la población, que convive de cerca con la indiferencia estructural, la clandestinidad, el marginamiento y la exclusión, no es tan fácil.  Sin victimizarnos o querer generar lástima, escribir estas líneas pretende contar que nuestras historias son increíbles, extraordinarias.

Somos personas con discapacidad en un país como Honduras, donde ni siquiera las estadísticas nos cuentan.

Se dice por ahí que solo el cucharón sabe el mal de la olla, por eso busco contar la historia de muchos que, como yo, asumen la vida como un desafío permanente con un par de complicaciones, pero también que construyen vidas interesantes. En esa búsqueda, me topé con Maycoll.

Fue en una competición centroamericana: el X Torneo de Gol Bol en la capital de la república de Guatemala, donde fui parte de la delegación hondureña conformada por diez atletas 4 mujeres, 6 varones un delegado y 3 personas guías, entre ellos el entrenador.

Este grupo de personas, ciegas todas, iba con la responsabilidad y la alegría de representar a un país que ni siquiera lo sabía. En este caso no mucha gente nos ha querido ver o visibilizar.

Maycoll estuvo allí. Un joven de 17 años nacido y residente en la ciudad de Tegucigalpa, ciego de nacimiento al igual que yo. Sin diagnóstico aún. Es miembro de una familia compuesta por 5 hermanos más, 4 varones y su hermana Daniela que también es ciega.

Este joven realizó sus estudios primarios en la Escuela para Ciegos Pilar Salinas, fue ahí donde a sus nueve años tuvo la oportunidad de tener contacto por primera vez con un lector de pantalla, el cual sería después una herramienta importante para lograr uno de sus grandes sueños: ser un tecnólogo.

Su padre murió cuando Maycoll apenas terminaba la primaria, y como sucede en muchos hogares hondureños, el padre era el sustento único de la familia y al morir, Maycoll ya no podía terminar de estudiar. No podía pagar un colegio privado que era donde tenía más posibilidades de ser aceptado ya que el sistema de educación pública le negó la posibilidad de educarse. “No sabemos cómo enseñarle” “Nunca hemos tratado con personas como él” “cómo le vamos a aplicar exámenes”, todas esas frases aun le resuenan a Maycoll, excusas que le negaron el derecho a educarse.

“Desde niño jugaba a ser un ingeniero y a ser alguien que reparaba todo”, me cuenta Maycoll. Sus juguetes eran toma corrientes viejos y teléfonos. Los amigos de su padre lo impulsaban en esos juegos que luego se convirtieron en su sueño.

Un día, unos amigos lo invitaron como oyente a un curso de computación que estaban sacando.

“Al escuchar que mis amigos navegaban por el internet me daba más curiosidad y yo también quería hacerlo y mis amigos también  querían enseñarme, pero me decían que no encontraban la forma de hacerlo y fue ahí donde me puse en contacto con un profesor de la escuela para ciegos, quien fue el que me habló del JAWS un lector de pantalla que hacía que los ciegos pudiéramos usar la compu. Al mostrárselos a mis amigos ellos se alegraron mucho y me fueron enseñando. Después yo ya me quedaba solo en la compu y me llamaba mucho la atención de querer meterme en todas las configuraciones y ellos me decían que tenía que ir pasito a pasito y así iba a aprender”, explica Maycoll.

Dispuesto a perseguir con todo su sueño, este cipote iba por más y no bastándole con manejar aspectos de software, se propuso otro desafío que lo llevó a aprender a usar y manejar herramientas como pistolas de calor, cautín, goma especial, caja de bandeo y alrededor de 25 tipos de desarmadores que son los que utiliza una persona que se dedica a la reparación de celulares.

Maycoll no estaba dispuesto a rendirse. En apenas 3 meses aprendió a manejar todas las herramientas que le permiten ahora ser un reparador de celulares. Me dijo que en un principio fue algo complicado porque al usar pistolas de calor para despegar las pantallas de los teléfonos se quemaba, pero pronto encontró la forma más segura de hacerlo. “Yo uso goma especial no silicón porque eso quema las pantallas”, me explica.

Dice que la primera vez que escuchó un lector en un celular fue en un Nokia, teléfono que tenía un sistema en el que se podía instalar un lector llamado Talk.

Muchas son las herramientas que brinda la tecnología para ayudar a las personas ciegas. Sin embargo, no del todo se conocen, mucho menos en países como Honduras donde la brecha digital es profunda, y se profundiza más con personas que tenemos una razón de discriminación y exclusión más, las personas con discapacidad.

Cuando Maycoll tuvo contacto por primera vez con un celular táctil es porque le tocó reparar un teléfono marca Samsung, donde con la ayuda de su primo nuevamente se encontraron en los ajustes del teléfono con algo que se llama Talkback, fue su primo quien le ayudó a configurarle dicho aparato para que él pudiera tener esa experiencia.

Poco a poco sus amigos comenzaron a irse de su barrio, uno conflictivo como muchos en la capital de Honduras. Maycoll se quedó y a sus quince años adquirió un préstamo con una persona conocida con el fin de comprar sus herramientas y así poner su taller para reparar celulares. No fue fácil lograrlo y tuvo que demostrar, haciendo uso de un celular táctil, que estaba buscando era una oportunidad de crecimiento y sustento familiar a través de esta habilidad.

“Quien me prestó el dinero es alguien que vive en Estados Unidos y yo ya en un mes le había pagado su dinero. Siempre me mantengo en contacto con esa persona y le ayudo con algunos problemas con su compu, ya que soy una persona muy agradecida y si no me hubiese prestado el dinero la cosa sería más difícil aún”, cuenta Maycoll.

Entre sus sueños está aportar con sus conocimientos y solidaridad a que otras personas ciegas tengan acceso a estas tecnologías que nos facilitan la comunicación. Así lo conocí yo, en un acto de solidaridad. De inmediato nos brindó ayuda a unos cuantos compañeros y a mí para que pudiéramos utilizar de mejor forma nuestros dispositivos móviles, facilitándonos cambio de voces y lectores sin cobro alguno.

No distante de ese sueño, le gustaría junto a otra persona ciega echar andar una iniciativa de construir un lector de fotografía para personas ciegas. Una voz independiente que describa aspectos más allá del entorno, que pueda explicar cosas como el color de la ropa con que anda vestida la gente que aparece en la fotografía. Por eso se ha organizado con su amigo en una plataforma llamada Android Guaye.

“Al principio los clientes no confiaban en mi trabajo, pero ahora son ellos los que más me visitan”, cuenta Maycoll.

Otro de sus grandes sueños es la música. Pero dice que la tecnología pesa más. La música es un poco menos accesible. Por falta de recursos no ha podido comprar un teclado o guitarra que son los instrumentos que le atraen, además de la cantada. A Maycoll le gusta distinguirse, por eso también ha pensado que otro de sus sueños es ser locutor, que de repente así le dará un mejor sustento a su familia.

Lo cierto es que, aunque hablamos poco del campeonato que nos juntó, Maycoll tiene poco tiempo de haber llegado al Gol bol como disciplina deportiva y ya representa a su país, aunque poca gente lo sepa, se lo toma muy en serio y hace todo en la cancha para que así sea.

Maycoll y yo enfrentamos el mundo en la misma condición, pero lo que quiero evidenciar es que hay una realidad difícil para las personas con discapacidad no distante de lo que la población más empobrecida enfrenta en general. Sin embargo, a pesar de esta realidad mezquina e indiferente, está la mejor fuente de historias, la solidaridad. Y saber que no estamos solos nos da fuerzas para afrontar de mejor manera las irresponsabilidades de un sistema que nos excluye y discrimina por contar con una limitante ya sea física o sensorial.

Las agencias proveedoras de servicios como la telefonía celular debe tener el conocimiento de la experiencia que tiene Maycoll. Es necesario que la gente que trabaja en estos lugares, sepa cómo brindar ayuda a la persona con discapacidad.

También estos conocimientos deben estar en los centros escolares para que nadie se quede fuera de estos procesos de la tecnología.

Conocer a este cipote y gran ser humano, que lejos de desmoronarse sacó lo mejor de sus ganas y entusiasmo aportes excepcionales, fue una gran experiencia para mí. No es por lo que hace, sino porque lo hace en una sociedad que lo único que ha hecho es excluirlo de derechos tan importantes como la educación. Su historia me ratifica que no hay nada más bonito que ver las cosas con los ojos cerrados y seguir soñando con los ojos abiertos.

 

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