La megafoto que incomodó a dos presidentas

La megafoto que incomodó a dos presidentas

Por Merle Iliná
Portada: cortesía Red Regional de Familiares Migrantes

Desde temprano y con algo de frío, el lunes 27 de enero del 2025, un grupo de personas comenzamos a reunirnos a eso de las ocho de la mañana en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México, la plaza más importante de este país. A la altura de Palacio Nacional, actual casa de gobierno de la presidencia mexicana, entre la multitud empieza a asomarse el rostro de un joven llamado Óscar Antonio López Enamorado, de nacionalidad hondureña, con una mirada profunda que nos observa con serenidad. 

Pero, aunque lo sentimos muy presente, Óscar no puede estar aquí físicamente; él fue desaparecido el 19 de enero del 2010 en el estado de Jalisco, mientras migraba desde Honduras hasta Estados Unidos para perseguir sus sueños, como muchos otros jóvenes centroamericanos. 

La mirada de Óscar viene de una megafotografía de 4 por 6 metros, traída por un grupo de artistas solidarios del colectivo «Huellas de la memoria». Instalaron esta imagen en el espacio público para acompañar el acto de memoria y protesta convocado por su madre Ana Enamorado, cuya lucha para encontrar a su hijo la llevó a migrar a México desde Honduras y fundar su propio colectivo de búsqueda, la Red Regional de Familias Migrantes, con la misión de acompañar otros casos de personas centroamericanas.

Tras poco más de una hora, en la que uniformados y policías vestidos de civiles se acercaban constantemente a amedrentar y cuestionar, la imagen gigante de Óscar Antonio López Enamorado se colocó en el Zócalo, a la vista de las autoridades que despachan en Palacio Nacional y de los transeúntes. En este espacio público se disputa la memoria de las personas desaparecidas. Desde el año pasado, Ana Enamorado y otros familiares sembraron memoriales con fotografías y mensajes para visibilizar a sus seres queridos; lamentablemente, estos fueron injustamente retirados y vueltos a desaparecer por las autoridades, las que hasta la fecha no han querido devolverlos, pese a una orden judicial que obligaba su resguardo.

Acompañada de otras familias buscadoras mexicanas, a 15 años de la desaparición de su hijo Óscar Antonio, Ana Enamorado denunció en un comunicado la omisión, indolencia y negligencia de las autoridades, tanto de Honduras, como de México. A pesar de que hoy en día hay dos mujeres en la presidencia de ambos países, señala que ambas «han quedado mal», pues cuando era jefa de gobierno, la actual presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, se negó a recibir a las familias que conforman la Glorieta de las y los Desaparecidos —un espacio de memoria tomado por las familias en el corazón de la Ciudad de México— y no ha prestado interés al tema en su agenda de gobierno. En el caso de Honduras, Ana Enamorado hizo público que envió a través de la embajada hondureña en México una carta a la presidenta Xiomara Castro, a la cual tampoco ha recibido respuesta. 

Honduras, México, e incluso los Estados Unidos —los cuáles abanderan una política antimigratoria que se ha acentuado con la administración Trump— tienen una deuda muy grande con Ana Enamorado, con Óscar, con las miles de personas que se ven obligadas a salir de sus países y, especialmente, con las familias que esperan el regreso de los suyos, pues migrar es un derecho humano y ningún ser humano es ilegal. La mirada de Óscar interpela a tres países, como un recordatorio de la búsqueda humanitaria que las autoridades no han querido hacer, pues es la responsabilidad del Estado encontrar a las más de 120 mil personas, connacionales y migrantes, desaparecidas en México. 

A la revelación de la megafoto de Óscar y la jornada de conmemoración se sumaron otras actividades lideradas por personas solidarias, como una ceremonia ecuménica para pedir por el regreso de las personas desaparecidas, un número de danza a modo de protesta, con la presencia especial de los huéspedes del albergue Casa Tochan, jóvenes migrantes, quienes también se solidarizaron con Óscar Antonio y su mamá a través del rap. Para cerrar el día con algunas risas, pateamos una piñata con la forma del presidente estadounidense Donald Trump, en señal de desacuerdo con sus políticas racistas y antimigratorias. 

Como en esta conmemoración, las familias de personas desaparecidas migrantes y nacionales han tenido que ocupar espacios públicos como el Zócalo con las fotos, nombres y bordados de sus seres queridos para que no sean olvidados por el gobierno y por la sociedad. Así, una de las mayores batallas en este momento histórico en México, además de la verdad y la justicia, es por la memoria de las personas desaparecidas, ante los embates por retirar de plazas y calles distintas obras como murales, bordados, instalaciones de huellas y otros dispositivos artísticos, con el fin de esconder esta tragedia humanitaria y la responsabilidad que conlleva para los gobiernos de Honduras, México y demás países en la ruta migratoria.

Fotografía: Merle Iliná
Fotografía: Merle Iliná

Así como las calles, el cine también se ha vuelto un espacio de resistencia para historias que no pueden olvidarse; la lucha de Ana Enamorado por encontrar a Óscar se cuenta en el documental Tras la vida, de la cineasta guatemalteca Anaïs Taracena (2023), así como el largometraje Toshkua,  de Ludovic Bonleux (2023) que acompaña a la Caravana de Madres Migrantes Centroamericanas en su paso por México para encontrar pistas sobre sus seres queridos, y fue presentado en Honduras por Contracorriente

Al finalizar el acto de memoria, aproximadamente a las dos de la tarde, las personas asistentes y familias buscadoras nos despedimos con un abrazo solidario, lleno de emociones encontradas. El mismo día, en redes sociales, colectivos y medios denunciaron que la megafotografía de Óscar fue mandada a retirar a los pocos minutos de nuestra partida, hecho que generó indignación, pues confirma que a las autoridades mexicanas les incomoda la memoria de nuestras y nuestros desaparecidos. 

Aunque retiraron la megafoto de Óscar, su rostro, su nombre y su mirada seguirán resurgiendo rebeldes en las calles, en las redes y en nuestros corazones, porque nunca podrán arrancar la raíz de la memoria, que es el amor de las familias y de las madres que, como Ana Enamorado, luchan por el regreso a casa de sus hijas e hijos incansablemente, y sin importar las fronteras. 

Hasta encontrar a Óscar Antonio López Enamorado y a todas las personas migrantes desaparecidas. 

Sobre la autora
Es activista del colectivo #TodxsSomosJorgeyJavier y acompaña a familiares de personas desaparecidas. Como productora de impacto de cine documental de la colectiva mexicana Impacta Cine, ha trabajado con películas como Hasta los dientes (2018), Volverte a ver (2020), A plena luz (2022), Ahora que estamos juntas (2022), Toshkua (2023), entre otros proyectos centrados en verdad, justicia y derechos humanos. Previamente trabajó en el Comité Internacional de la Cruz Roja, organismo internacional humanitario. Lee el tarot con una mirada feminista y cuenta con una maestría en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
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