Los ejes de mi carreta

Lejos de mi carreta de caballo bodas masivas en SPS San Pedro Sula municipalidad

Fotografía y texto: Amílcar Izaguirre

Carlos Cartagena y Sonia Lidia Trejo dejaron su carreta de caballo por un día, vistieron su mejor ropa y salieron juntos para presentarse ante las autoridades de la Iglesia Evangélica y el alcalde de San Pedro Sula, Roberto Contreras, para ser parte de la ceremonia matrimonial colectiva que la Alcaldía llamó «Las bodas de Canaán». 

En San Pedro Sula, Cortés, el pasado sábado 15 de octubre, 719 parejas se unieron en matrimonio en un evento religioso que se realizó en la Iglesia Ministerio Internacional La Cosecha, organizado por la municipalidad de esta ciudad y la Asociación de Pastores Evangélicos del Valle de Sula.

El alcalde sampedrano, Roberto Contreras, bajó el costo de las bodas civiles a un lempira para así animar a muchas parejas a casarse y alcanzar las 600 bodas que tenían como meta, pero esta incluso se superó. 

«San Pedro Sula pasa a convertirse en una ciudad histórica en Centroamérica porque se alcanzó a casar a 712 parejas en una boda grupal, esto solo Dios lo puede lograr», dijo el alcalde el día que comenzó a casar personas en el marco de esta promoción. 

El pastor evangélico Ángel Alfredo Andrade, presidente de la asociación de Pastores Evangélicos en el Valle de Sula, realizó una prédica en la que dijo: «Le estamos diciendo a San Pedro Sula, a Honduras y al mundo que este es el matrimonio acorde a la voluntad de Dios, conforme al principio de Génesis: varón y hembra los creó Dios, con el propósito de multiplicar, expandir y gobernar y complir el propósito de Dios». El pastor hizo énfasis en esto ya que, el pasado 27 de mayo, colectivos LGBTIQ en el municipio han estado exigiendo la visibilización de sus problemas por parte de la Alcaldía.

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Carlos y Sonia ponen el arnés donde se engancha la carreta al caballo. Este trabajo lo hacen juntos para luego salir a la calle a buscar el flete de algún cliente. Foto CC/Amílcar Izaguirre

A Roberto Contreras, alcalde de San Pedro Sula, de vez en cuando se le ve dirigiendo el tráfico en las calles, bajo el sol, vestido con chaleco naranja y utilizando un silbato. Algunos ven en Contreras a un comunicador efectivo, mostrándose como un político cercano a su pueblo; otros señalan que Contreras está emulando algunas acciones propagandísticas de otros políticos populistas de la región. Por ejemplo, hace algunas semanas, el alcalde sampedrano se dedicó a «rescatar» caballos de carga usados para jalar carretas; caballos como el de Carlos Cartagena y su esposa, Sonia Trejo; uno que les permite sobrevivir en una ciudad hostil y desigual.

Carlos Cartagena y su familia viven en los bordos de la colonia Callejas, en San Pedro Sula. Él perdió su trabajo con la llegada de la pandemia en 2020. Trabajaba como ayudante de un ingeniero de la empresa Aguas de San Pedro. Sin empleo y con cuatro hijos y su esposa que sostener, buscó la manera de seguir adelante y la encontró utilizando la fuerza de su caballo.

Para Carlos, el sustento de su hogar depende de los ejes de su carreta y de «Muñeco», al cual cuida desde potrillo en un corral improvisado frente a su casa.

La vida no ha sido fácil, recuerda Carlos: «Fui a la escuela e hice hasta segundo grado, no pude continuar porque la pobreza no me lo permitía. Yo llevaba los cuadernos a la escuela en una bolsa de plástico y esa era mi mochila. En ese tiempo las cosas eran baratas, pero el trabajo se ganaba muy poco. A mi papá, quien trabajaba en la construcción como albañil, no le alcanzaba el dinero», comenta.

El pasado 20 de agosto, el alcalde Roberto Contreras decomisó una carreta de caballos por el maltrato que su dueño le daba al animal. En un video que se hizo viral en las redes sociales se escucha al alcalde decir: «No seas bárbaro, vos mereces estar preso, te voy a “encaramaresta carreta de caballo para ver cómo salís. No es posible que en pleno siglo 21 se den estas cosas», dijo y después compró el caballo y se lo llevó para cuidarlo.

Sonia y Carlos dicen que cuando escucharon lo que había hecho el alcalde, les preocupó, porque ellos también podrían perder su carreta en un encuentro con el alcalde. Sin embargo, aseguran no estar de acuerdo con las personas que maltratan a los animales. «Mire que cuando no está mi esposo yo me pongo a darle comida al caballo y a los otros animales, a mí no me gusta ni que estén aguantando hambre», dice Sonia.

Varias familias de los bordos a orillas de los ríos que cruzan San Pedro Sula cuentan con una carreta de caballo como parte del oficio que les da el sustento ante el desempleo y la pobreza. Algunos de los dueños de estas carretas cometen la imprudencia de ir en contravía por los bulevares, poniendo sus vidas y las de los demás en peligro; otros maltratan a los animales, pero Carlos dice que siempre anda con cuidado con su carreta y que nunca pasa de la línea del tren para que la Policía Municipal no se la decomise.

Él usa la carreta como una herramienta de trabajo, aunque su sueño es un día salir del bordo y comprar un carro. «Me gustaría tener un solarcito y construir una casita de material en otro lugar donde sea legal y digno para mi familia. Además, me gustaría tener un carrito para trabajar haciendo fletes», cuenta Carlos, ahora lleno de ilusiones después de su matrimonio con Sonia en «Las bodas de Canaán».

La pobreza en el país ha orillado a muchas familias de escasos recursos a construir casas en los bordos, donde los servicios públicos son limitados. La mayoría de las casas son construidas con desechos de madera, cartón y láminas viejas; a menudo algunas terminan en cenizas por incendios que provoca la mala calidad de los cableados eléctricos. Sin embargo, cada año muchas personas llegan a los bordos para establecerse en ellos y formar nuevas familias que obtienen la bendición de la Alcaldía para unirse en matrimonio legal y religioso, pero no para tener una vida digna. 

Según un informe actualizado en el 2019 de la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), la población viviendo en los bordos se ha duplicado en la última década. En 2013, la población era de 11,000 familias, y para el 2022 llegaría a 22,000 familias de un promedio de 5 a 6 miembros cada una y que podrían rondar los 120,000 habitantes viviendo en los 20 bordos de San Pedro Sula. 

En San Pedro Sula, alcaldes de diferentes partidos políticos han hablado de reubicar los bordos, pero no se ha concretado. En febrero de este año, el alcalde Roberto Contreras visitó a una joven de 26 años que vive en uno de los bordos, y, haciendo su propio video para las redes sociales, mostró las condiciones en las que vive la joven e hizo un llamado en general para apoyar la reubicación de la gente de los bordos; sin embargo, hasta ahora no hay acciones concretas sobre el tema.

Carlos y Sonia se conocieron durante su juventud en la aldea de San José de Boquerón, en San Pedro Sula, a 10 Kilómetros de los bordos de la Colonia Callejas donde actualmente residen. Él trabajaba cerca del Crematorio Municipal de San Pedro Sula que queda por el Ocotillo. Sonia llegaba a buscar leña con otras amigas por la zona. Ahí comenzó esta historia de amor que lleva más de 20 años y cuatro hijos: José, Yotan, Henry y Julissa.

La familia asiste a una iglesia evangélica donde ser casado es un requisito fundamental para cumplir con los principios cristianos, pero por falta de dinero no habían podido casarse antes. «Estamos muy contentos porque ahora serviremos a Dios en la iglesia cumpliendo este requisito», dice Carlos. 

Carlos y Sonia cuentan que, a pesar de las dificultades, han sobrevivido siempre. Al principio, cuando decidieron formar una familia, la madre de Sonia les regaló un par de vacas, pero fueron robadas durante la pandemia. En la rebusca, ambos se han dedicado a hacer lo que puedan cada día para no pasar hambre junto a sus hijos. 

«Me resigné a la pérdida (de las vacas), y me preocupaba que también me robaran el caballo: mi esperanza de poder continuar trabajando y obtener dinero», comenta don Carlos, mientras fija su mirada en el piso de tierra de la sala de su casa. 

«Muñeco» es un caballo muy terco. La familia cuenta que, a pesar de que han intentado robarlo, él se resiste a dejar a Carlos y Sonia, y los robos han sido fallidos. 

«Usted ve que este animal no tiene ningún golpe ni peladura en el lomo o el hocico, yo le mantengo las herraduras en buen estado –dice orgulloso don Carlos, y finaliza con palabras de agradecimiento hacia “Muñeco”–: Este animal es parte de la familia, mi machete y mi fuente de ingreso, y tengo que cuidarlo».

Sobre
Nació en 1985 en el municipio de Trojes, El Paraíso. Es licenciado en Periodismo egresado de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en el Valle de Sula. Ha trabajado 15 Años como reportero gráfico en distintos temas y medios escritos en Honduras.
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