La industria maquiladora y su nociva indiferencia hacia los y las trabajadoras

Texto: Omar Cruz

Imagen tomada de Pixabay

Ha pasado ya casi un año desde que muchos trabajadores, debido a la COVID-19, se vieron obligados a dejar sus empleos y encerrarse en sus hogares por una cuarentena que con el pasar del tiempo se fue suspendiendo, pero que también fue dejando más preguntas que respuestas en nuestra población. Muchas personas aún siguen desempleadas, otras —con mejor suerte— no han parado desde que inició esta pandemia, pero han tenido que someterse a incalculables e incansables esfuerzos por seguir al pie de la bandera en sus labores. Otras han tenido la oportunidad de regresar a sus trabajos enfrentándose con el temor causado por un posible contagio de coronavirus y todas las consecuencias que esto puede traer a su salud, vida privada y situación laboral.

Últimamente me he encontrado con casos de amistades que se han visto afectadas por esta crisis que atraviesa el país, entre ellos el caso de Gloria, una amiga que reside en la ciudad de La Lima y que trabaja en una maquila ubicada en una de las llamadas «zonas industriales». Ella me comentaba que fue difícil dejar de trabajar por la cuarentena, ya que suponía que iba a recibir una ayuda por parte del Gobierno y de la empresa en la que trabaja para tratar de paliar la situación. El Gobierno no dio respuestas y la empresa cumplió a medias con su compromiso de dar el dinero completo de su salario por los meses en cuarentena. Este y otros atropellos han sufrido muchos de los trabajadores en medio de la pandemia y ahora el problema se agudiza por los estragos de las últimas tormentas en el país.

Sin duda para otras personas la situación ha sido más dura. Gloria me relató la situación que vivió ella y sus compañeros cuando los llamaron a reincorporarse a sus labores en medio de la emergencia sanitaria: «nos avisaron de un día para otro, con un horario de 7 a. m. a 5:30 p. m., pero la empresa estaba desesperada porque el Gobierno les permitiera cambiar a la hora habitual, es decir en el horario que teníamos antes de la crisis sanitaria. Al día de hoy tenemos el horario de 7 a. m. a 6:30 p. m. Como que al sector maquilero no se le ha tomado tanta importancia y por su parte no han tomado las medidas de bioseguridad recomendadas, por ejemplo no nos hicieron pruebas cuando nos reintegraron, solo fuimos directo a una inducción y nos pidieron seguir el protocolo que según ellos es lo suficiente para no contagiarse. Luego ya en el proceso de inducción nos brindaron los lentes y la careta. Lo que no esperaba era encontrarme con la enorme cantidad de despidos, al punto de dejar una planta vacía que consta de veintidós equipos».

En realidad es terrible saber que a pesar de las denuncias, hasta ahora, no han recibido una sola respuesta por parte del Ministerio de Trabajo, ni de ninguna autoridad gubernamental. Gloria me contó que todos los días realizan el protocolo de llegada al momento de bajarse del bus: «para mí no sirve, ya que al bajarnos todos caminamos juntos, sin guardar distancia. La gente come afuera, en el parque, y no niego que ellos lo han querido evitar y han tratado de que la gente no lo haga, pero es algo ilógico porque de igual manera al momento de viajar a casa todos vamos en el mismo bus. Por otro lado, casi nunca desinfectan las máquinas, algunos equipos dejan productos y no se sabe si están desinfectados. Así que el ambiente es incierto y no es muy bueno, uno está tenso, casi todo el tiempo se habla de las inundaciones por Eta e Iota, de los compañeros damnificados, de la COVID-19, de los despidos que vienen. También nos preocupa el descontrol por parte del área de enfermería, ya que no nos hacen pruebas y no nos dan medicamentos». 

Para mi amiga Gloria, esta es una situación difícil, llena de incertidumbre. Se pasa el tiempo pensando en que en cualquier momento puede infectarse del virus y ser suspendida de su trabajo: «muchos de mis compañeros han sido suspendidos por diferentes motivos. Algunos porque han enfermado de COVID-19 y otros porque no han podido llegar al trabajo después de perder todo por Eta e Iota, y se encuentran en albergues sin dinero para transportarse y para comprar su propia comida».

Creo que en situaciones como estas es donde se ve la necesidad profunda de hacerle llegar una atención psicológica integral y de primera mano a los empleados de las diferentes empresas, ya que el pánico se puede aprovechar y hacerles una mala jugada. Sin embargo, al parecer, ofrecer tratamiento psicológico a los empleados es algo que no tiene importancia para muchas empresas, puesto que en países como el nuestro el cuidado de la salud mental es una práctica poco ejercida. 

Hace algunos días, Gloria estuvo con los síntomas de la COVID-19, sin embargo cuando buscó asistencia médica gubernamental no quisieron examinarla y únicamente le ofrecieron una pastilla de acetaminofen. Tampoco en su trabajo le dieron la atención necesaria y ante sus reclamos una de las respuestas que recibió era que habían personas más graves. 

Gloria ya lleva varios meses de estar trabajando y nunca se le ha realizado una prueba, mientras tanto continúa expuesta, ya que en la empresa tampoco hay un mecanismo de supervisión para que se cumplan con las medidas sanitarias. En realidad la situación de los obreros de la maquila es más difícil de lo que podemos imaginar. De alguna manera se están convirtiendo en un foco de contaminación y esto está provocando un aumento de casos en la población.

Sin duda, al trabajador, hoy más que nunca le toca subsistir con lo poco que le quedó en casa y tratar de sobrevivir al virus. Antes de despedirnos Gloria me dijo: «yo agradezco tener trabajo en medio de todo esto, pero también sé que trabajando corro el riesgo de contagiarme y contaminar a mi familia y de que algo mucho más grave nos pueda pasar. La verdad es que trabajar en el sector maquilero ha sido, sin duda, una experiencia decepcionante. Entiendo también que todos estamos sufriendo de igual manera en el trabajo, en casa, en los albergues (mucho más), en los hospitales. Esta es una situación que nos ha hecho sentir un mismo dolor, sin importar el estrato social, la preferencia política…».

Omar Cruz Author
Sobre
Omar Cruz, Villa de San Francisco, Francisco Morazán, Honduras, 1998. En la actualidad reside en El Progreso, Yoro. Es estudiante de la carrera de Periodismo y Antropología. Ha publicado el poemario Hologramas de ayer, hoy y para siempre... (ATEA EDITORIAL, 2019). Es miembro del Colectivo Cultural Atrapados en Azul y de la Fundación Educativa Cultural ApoyArte.

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