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San Pedro Sula se debate entre la «reapertura inteligente» y la amenaza del colapso sanitario

La reactivación económica ya culminó la primera fase y, San Pedro Sula, la ciudad epicentro de la pandemia, se va acomodando a una nueva realidad. De acuerdo a cifras de la División Municipal de Estadísticas, esta urbe aporta el 40 % del producto interno bruto (PIB) al país. Como si fuera una paradoja, según cifras del Sistema Nacional de Gestión de Riesgos, el 61 % de los contagios se originaron en esta zona.

Texto: Allan Bu

Fotografías: Deiby Yánes

Calor intenso y aceras vacías. En una calle, otrora concurrida, se escucha el repique de la campana del paletero, y en la populosa avenida Junior, José Izaguirre, ofrece cocos a los transeúntes. Muy cerca, dos talleres mecánicos, una barbería y una venta de repuestos abren sus puertas a los clientes.

La dinámica San Pedro Sula comienza a despertarse «adormitada», luego de tres meses y medio de cuarentena a la que ha sido sometida por la llegada del COVID-19, pero lo hace sin el bullicio habitual. La tercera avenida que ha sido su vena comercial más conocida, ahora apenas cuenta con varias tiendas abiertas y pocos compradores.

De acuerdo a cifras de la División Municipal de Estadísticas de la comuna sampedrana, esta ciudad aporta el 40 % del PIB del país, eso en el año 2019 significó alrededor de 129 mil millones de lempiras. Paradójicamente, esta urbe también ha sido el epicentro de la pandemia en Honduras. Las estadísticas del Sistema Nacional de Riesgos señalan que el 62 % de los contagios se originaron en Cortés y, en consecuencia, el 70 % de las muertes se han registrado en la zona más productiva del país.

La reactivación económica decretada e impulsada por el gobierno de Juan Orlando Hernández, propone la apertura de la mayoría del comercio, pero bajo algunas salvedades y con algunas circunstancias propiciada, en buena parte, por las acciones de los entes gubernamentales. Muchos ciudadanos desconfían de las medidas y actuaciones gubernamentales, que ha sido señalado por instituciones como el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), por sobrevalorar compras en plena emergencia. La información oficial también ha llegado a cuentagotas, esto tampoco ayuda a crear confianza en la gente.

«Está pelado esto» 

En la populosa avenida Junior, junto a una agencia bancaria, se encuentra José Izaguirre, quien ofrece agua de coco a los acalorados cortesanos que se cruzan por el lugar. Está alegre, sostiene que sus ventas han aumentado con la reactivación económica, aunque vendía en el mismo lugar desde hace más de un mes.

«Mire estuve encerrado cincuenta días, pero después me tocó salir porque había que pagar el cuarto y la comida», nos cuenta José, mientras limpia un coco. Humedece un paño en agua clorada como medida de bioseguridad, pero no utiliza mascarilla.

A José, residente de la colonia Felipe Zelaya, le gustaría tener a disposición información más fidedigna sobre la situación: «unos dicen una cosa y otros lo contrario, no se sabe si es cierto lo que dicen los medios» se queja.

En San Pedro Sula hay una nutrida población de vendedores ambulantes que se ubica en varias vías del centro de la ciudad, pero especialmente en las primera y tercera avenida y la segunda calle. Desde hace años, la Municipalidad ha intentado reubicarlos sin éxito. No hay cifra exacta de la cantidad de subempleados en las calles sampedranos, pero podrían pasar los cinco mil. Al llegar la pandemia fueron desalojados por la Policía Municipal y la Policía Militar.

La intersección entre la primera calle y la tercera avenida es el lugar escogido por Javier Castro, para vender accesorios de celulares. Sus ventas no son tan buenas, «está pelado esto compa», comienza diciendo, «solo es para hacer el sostén de cada día».

Agregó que tienen información de que la Alcaldía no les permitirá ocupar los espacios donde estaban anteriormente donde ocupaban prácticamente toda la calle del comercio.

Más adelante se ubican dos pequeñas tiendas de ropa. En ambos lugares solo están los trabajadores. Una de las empleadas, que prefiere conservar el anonimato, contó que en promedio están recibiendo quince clientes diarios y que la mayoría se van sin comprar. «Es que solo estamos atendiendo según la terminación de identidad. Además, hay mucho temor en la gente y es mejor así», se consuela.

Solo unos pasos adelante retumba la voz de Vilma Velázquez, alegre vendedora que intenta convencer a cualquiera que pase por la tienda de ropa, «pásele amor, venga», repite a los potenciales clientes, pero ninguno atiende el llamado, «esto está muerto», se rinde. Conversa con el equipo de Contracorriente y piensa que la gente debe salir, «que se prueben», reta. 

En la zona del Valle de Sula, los negocios solo pueden operar con 20 % de sus empleados, cifra que irá aumentando en la reactivación gradual de la economía que inició el lunes anterior.

En una chiclera vende agua, confites y otras golosinas don Víctor Álvarez. Tiene sesenta años. Su edad lo hace vulnerable, pero se anima diciendo que «en Honduras, se están muriendo los más jóvenes», aunque no sabe bien de dónde saca esa información. 

Don Víctor, estuvo un mes encerrado en su casa hasta que ya no tenía comida, ahora confía que el comercio mejore poco a poco. «Uno no se puede encerrar en su casa, muchos se están muriendo del temor y no de la enfermedad».

Al continuar caminando encontramos una de las principales tiendas de ropa de la ciudad y de Honduras, sin atención al público. Hay franquicias de comidas rápidas cerradas y uno que otro atiende para llevar. En el parque central, el bullicio de vendedores ambulantes y transeúntes es historia. La Municipalidad mantiene vallas de contención en las calles aledañas, aunque hay acceso a los peatones. 

Sentados bajo la sombra de un frondoso árbol, protegidos de un sol abrasador, se encuentran don Nelson Vásquez y su esposa Mirian. Salieron a realizar sus compras y han encontrado muy poca gente. Piensan que ya hay pánico.

«No quieren salir, es que están diciendo que en los hospitales no hay cupo», analiza Vázquez, aunque también considera que simplemente la gente no tiene dinero.

Desconfianza

El manejo de la emergencia por parte del gobierno actual ha generado desconfianza en la población. Mientras en países como China, España o Italia, que salieron de la cuarentena luego de tres meses, los contagios disminuyeron de forma acelerada, en Honduras aumentan. El miércoles anterior se anunciaron cuatrocientos ochenta y cinco casos nuevos, la mayor cifra desde que se reportó el primer caso en marzo.

Especialistas como el doctor Carlos Umaña, presidente de la Asociación de Médicos del Instituto Honduras de Seguridad Social en Honduras, sostienen que con la cantidad de pruebas que se están realizando es imposible determinar si en el país ya se llegó al pico de la curva de contagios.

Samuel Santos, vicepresidente del Colegio Médico de Honduras (CMH), auguró en declaraciones a Radio América, un panorama sombrío para las próximas dos semanas. Sugirió a sus colegas mucho cuidado: «Hay que extremar cada día más las medidas de bioseguridad y el cuidado de la salud. El panorama que se visualiza para dentro de una o dos semanas más es desolador: cada vez habrá más pacientes, más muertes porque los espacios serán insuficientes».

El exdecano de la facultad de Ciencias Médicas de la UNAH, Marco Tulio Medina, considera que en este momento la curva epidemiológica es ascendente y en el marco de la reapertura económica consideró a Honduras como un bosque con árboles llenos de ramas secas en el cual una chispa podría llevar a un colapso.

Pese a estos vaticinios de los especialistas, el actuar de la cúpula gobernante no genera confianza en algunos hondureños de a pie. «No hay COVID-19, lo inventó el gobierno para robar», sostiene Eder, un barbero que no cree en el coronavirus, aunque utiliza mascarilla.

Don Víctor Álvarez, citado anteriormente, piensa que hay mucha desconfianza y mentiras, «el virus existe, pero no es como lo dicen», refiere, intentando explicar que la pandemia se ha sobredimensionado.

Otra realidad

Esta semana circularon imágenes de un ciudadano que murió afuera de la clínica del Seguro Social en Choloma. Familiares refirieron que buscó atención y no la encontró. Hubo un caso similar en el sector López Arellano de esa ciudad. Se sospecha que ambos murieron de COVID-19.

Esto contrasta con la realidad expresada por los funcionarios públicos, pues mientras lo médicos hablan de un inminente colapso de la red sanitaria, desde los entes gubernamentales se dice otra cosa.

El viceministro de Salud, Roberto Cosenza, dijo a Contracorriente, que una de las apuestas del gobierno es entregar medicamento a los contagiados en las primeras etapas de la enfermedad, pues «si bien es cierto no lo va curar, pero va a evitar que requiera un tratamiento hospitalario porque se reduce la carga viral».

Sin embargo, en el mundo no hay evidencia científica que los medicamentos de los que habla el funcionario sean eficaces. La fórmula MAIZ que está compuesta por microdacyn, azitromicina, ivermectina y zinc se aplica a pacientes en primera fase de la enfermedad y forma parte del protocolo de atención por parte de la Secretaría de Salud. 

Cosenza, no pudo responder cuando fue consultado si hay estadísticas de efectividad del tratamiento en los pacientes a quienes se les ha aplicado, simplemente se limitó a decir que se «les entregó a todas las personas que lo han requerido».

Mientras los médicos anuncian un colapso de la red hospitalaria, el viceministro habla de otra realidad. «No ha ocurrido lo que en otros países. Estamos habilitando camas, según las necesidad en los hospitales», aseguró.

En declaraciones a Televicentro el ministro de la presidencia Ebal Díaz, manifestó que según los reportes que tienen a nivel nacional, en promedio la capacidad hospitalaria en atención al COVID-19, está ocupado en un 50 %, pero esta cifra no aplica para los lugares de gran incidencia como Cortés, principal foco de infección, y Francisco Morazán.

La desconfianza también tiene otros matices. En San Pedro Sula y alrededores, centenares de pobladores se han negado a atender a las brigadas médicas que buscan casa por casa contagiados del COVID-19. Algunos han expresado que, en lugar de ayudar, estos trabajadores de la salud pueden llevarles el virus a sus casas. 

Los entes estatales no ayudan a captar confianza en la población. Contracorriente, contactó a personal de los hospitales de mayor atención a la pandemia en San Pedro Sula: el Mario Catarino Rivas y el Leonardo Martínez, con el interés de conocer cifras fidedignas de contagios, recuperados, muertes y disponibilidad en estos centros, pero no se obtuvo respuesta.

Medidas y seguridad

En el esquema propuesto por el gobierno para la reactivación económica hay medidas que deben ejecutarse y cumplirse. El vocero de la Policía Nacional en San Pedro Sula, subcomisionado Marlon Miranda, manifestó que ellos continúan verificando que las personas que andan en la calles sean las autorizadas mediante el último dígito de su documento de identificación o un salvoconducto.

Miranda, acotó que la Policía Nacional está controlando la circulación de personas a través de un sistema digital que les permite con un teléfono inteligente verificar en el sitio del operativo si el individuo requerido tiene salvoconducto y los horarios y días que con este permiso puede circular. Incluso pueden percatarse si alguien tiene orden de captura o su licencia está vencida.

El portavoz explicó que no tiene una estadística certera, pero que «se han detenido una gran cantidad de personas por no cumplir el toque de queda. Permanecen encerradas hasta por veinticuatro horas. También se detienen personas por portar mascarillas, se llevan a la estación policial más cercano».

San Pedro Sula estuvo en la cima del ranking de las ciudades más violentas del mundo con ciento sesenta y nueve homicidios por cada cien mil habitantes. La violencia medida por la tasa de homicidios muestra una reducción, pero la delincuencia no descansa.

«Con la pandemia hay una reducción total. Ahora en la reapertura inteligente, se ha mantenido ese comportamiento, son pocas las denuncias», sostiene, por su parte, el oficial. Sin embargo, según datos del Observatorio Nacional de la Violencia (ONV), desde que se presentaron las primeras muertes por el COVID-19 al primer día  del mes en curso, habían ocurrido cuatrocientos cuarenta y tres homicidios y nueve homicidios múltiples, con mayor incidencia en los departamentos de Cortés, Francisco Morazán, Atlántida, Comayagua y Olancho.

De acuerdo al reporte policial, los homicidios bajaron en el 15 % en los primeros cuatro meses del año en curso tomando como referencia el mismo período de 2019. Una reducción que no corresponde a las medidas de confinamiento, según el Observatorio.

A pesar de la apertura económica, el aumento de las cifras de contagio llevó a que el jueves anterior, el alcalde la ciudad, Armando Calidonio, declarara estado de emergencia por los próximos tres meses. El jefe de la comuna sampedrana manifestó que no saben «si la curva llegó a tope». Esta declaratoria permite a la municipalidad realizar contratación de servicios y realizar compras directas sin los trámites de licitación. Ya hay trescientos mil lempiras a disposición.

Mientras tanto, San Pedro Sula intenta despertar entre la desconfianza, la desinformación y el ataque voraz de la pandemia.

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12 junio, 2020
De la incertidumbre al miedo: Un mapa de violencia por COVID-19
14 junio, 2020
¿En quiénes y en qué confía la población hondureña en tiempos de pandemia?

Comentarios

  • Javier Raudales
    REPLY

    Demasiado extenso , contenido verás

    13 junio, 2020
  • Francisco Gómez
    REPLY

    Excelente artículo

    13 junio, 2020

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