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Adultos mayores trabajan y son discriminados en crisis por COVID-19

La pandemia por COVID-19 ha afectado en mayor medida a las personas de la tercera edad en todo el mundo. En Honduras, donde solo el 6 % de la población pertenece a este grupo etario, las políticas públicas no han priorizado la atención a esta población que sufre de abandono, maltrato y discriminación. Y por si eso fuera poco, el Estado está respondiendo a la pandemia reorientando los fondos de pensiones para atender la crisis, en un proceso cuestionable. 

Fondos de las pensiones serán utilizados para la red hospitalaria

Héctor Escoto, presidente del sindicato del Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS), asegura que la Ley de aceleración económica y protección social, es «una medida sin justificación, la cual se aprobó de manera irregular, poniendo de carnada la pandemia». No se puede seguir sacrificando la institución y sacarle fondos, sin que nadie haga o diga nada, agregó. La ley consiste en la inyección de 10 000 millones de lempiras (420 millones de dólares), monto que aseguró el secretario de la presidencia, Ebal Díaz, será destinado para la construcción de la red hospitalaria de 94 centros de atención de salud en todo el país y para 10 000  contrataciones de personal médico. La red será creada con fondos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el fondo de pensiones del IHSS, el cual pondrá este presupuesto en garantía en el fideicomiso. 

El personal médico de la institución también se ha pronunciado. Aseguran que esta ley pone en riesgo el fondo de pensiones del IHSS, específicamente el fondo de vejez y muerte, sin haber hecho la debida socialización, realizando así un nuevo saqueo del seguro social y la tercerización de sus servicios.

Dos mujeres de la tercera edad esperan en la fila su turno para poder abastecerse en el Banasupro del Barrio Guanacaste. Tegucigalpa, 29 de abril de 2020. Foto: Martín Cálix.

Inversión Económica del Estado

Actualmente el presupuesto del Estado destinado para el 2020 en beneficio del adulto mayor asciende aproximadamente a 6 millones de lempiras. Este presupuesto ha sido distribuido a diferentes organizaciones encargadas al cuidado de los hogares de ancianos, según datos recopilados de la plataforma de la Secretaría de Desarrollo e Inclusión Social (SEDIS). A pesar de lo anterior, representantes de los asilos de ancianos aseguran que no han recibido ayuda monetaria, y que por el contrario han sido abastecidos de insumos de bioseguridad. 

De igual manera SEDIS informó que entregaría alimentación para un aproximado de 350 000 adultos mayores con una inversión de aproximadamente 113 millones de lempiras. Aseguran que la ayuda económica se distribuiría mediante transferencias del Gobierno a las municipalidades y otras instituciones que manejan centros de cuidado integral del adulto mayor y personas con discapacidad que existen en Honduras, en sus modalidades de hogar permanente, cuidado diurno y otras. 

Un anciano protege con doble bolsa de plástico su compra semanal en el Barrio Guanacaste. Tegucigalpa, 29 de abril de 2020. Foto: Martín Cálix.

Medidas confusas

Por la pandemia, en Honduras se han tomado medidas de distanciamiento social y restricciones a la circulación, sin embargo las medidas para la población de la tercera edad no han sido claras. Se ha habilitado la circulación según el último dígito de su identificación personal, dando preferencia a las personas de la tercera edad para que visiten bancos, supermercados y farmacias en un horario de 7 a. m. a 10 a. m. El portavoz de la Secretaría de Seguridad, Jair Meza informó que este solo es de manera preferencial y que los adultos mayores pueden visitar estos establecimientos en cualquier hora del día, pero los propietarios de los mismos no les permiten el ingreso después de las 10 a. m.

Ese fue el caso de Rubén Sánchez, un anciano de 71 años, quien se dirigió ayer desde la colonia El Reparto, de Tegucigalpa, para comprar su provisión alimenticia en un supermercado ubicado en el barrio el guanacaste de Tegucigalpa, pero no se le permitió el ingreso ya que el guardia de seguridad le informó que su horario de compra había finalizado hace 20 minutos. «Aunque sé que estas medidas son para evitar que nos enfermemos, deberían de tener más consideración con nosotros. Yo vengo de largo, caminando y ya estoy viejo, tal vez vine muy tarde, pero no podré salir hasta la otra semana. Tendré que ir a comprar comida a otro lado si no me moriré de hambre. A los viejos siempre nos ven como nada, indicó muy molesto don Rubén.

Rubén Sánchez de 71 años, no pudo abastecerse en el supermercado La Despensa, del Barrio Guanacaste, por haber llegado después de las 9 a. m., hora en la que termina la preferencia de compra para las personas de la tercera edad. Tegucigalpa, 29 de abril de 2020. Foto: Martín Cálix.

Ante esta situación, la Asociación Hondureña al Servicio del Adulto Mayor, ha enfatizado que se asignó un horario preferencial para los ancianos con el fin de protegerlos. De igual manera piden a los encargados de estos establecimientos tener paciencia con este sector, ya que en tres horas es difícil realizar varios trámites cuando ya se tiene una edad avanzada y complicaciones de salud. Los bancos inician la atención para los adultos mayores en un horario de 9 a. m. a 10 a. m., mientras tanto los supermercados y las farmacias de 7 a. m. a 9 a. m. Esta situación no contribuye para nada a que las personas de la tercera edad realicen sus trámites, ya que, si no se cuenta con dinero, es difícil adquirir los insumos.

Tiempo de Jubilación

En Honduras la edad legal para jubilarse depende del sexo, si es hombre a los 65 años, si es mujer a los 60. Los adultos mayores que cumplan los requisitos tendrán el beneficio de jubilación, pensión por incapacidad, beneficios por muerte del participante y beneficio por separación del participante. Según un informe presentado por la  Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), de toda la región centroamericana, Honduras es el país que tiene menor cobertura por jubilaciones, ya que esta representa solo el 7 %. Por delante está Nicaragua, con una cobertura del 17 % y le sigue El Salvador con un 16 %.

Sin embargo, la jubilación es solo un sueño por múltiples razones. La realidad de los adultos mayores es infortuna, un gran porcentaje llega a los 60 años siendo el sustento de sus hogares, viéndose obligados a continuar trabajando, muchas veces con empleos muy pesados y sobre todo mal remunerados. En el mismo informe de la Cepal, al revisar la población económicamente activa (PEA) de este grupo etario, se calcula que de aproximadamente 331 688 personas, el 99.5 % están ocupados y el 0.5 % desocupados. De los ocupados, el 67.5 % son hombres y el 32.5 % son mujeres. Participan en mayores porcentajes, comprendidos en las edades de 60-69 años. 

Un vendedor de helados pasa frente al hogar de ancianos Salvador Aguirre, ubicado en la colonia Villa Olímpica, frente al complejo deportivo José Simón Azcona, uno de los centros designados para ser albergue durante la emergencia del COVID-19. Tegucigalpa, 29 de abril de 2020. Foto: Martín Cálix.

Tal es el ejemplo de Doña Mary una adulta mayor, de 65 años quien labora actualmente en el comercio informal, tiene un pequeño negocio en una acera del barrio El Guanacaste, vende varios tipos de dulces, chucherías, frutas y  ante la crisis sanitaria que se vive en el país, también ha tenido que reinventarse y vender mascarillas. Tuvo tres hijos, que por diferentes circunstancias no pueden sostenerla económicamente, así que ella se las ha ingeniado para poder subsistir en un país tan desigual, donde la ley de protección al Adulto Mayor es prácticamente ignorada. 

Maria Auxiliadora Juárez, a quien sus amigos de cariño le llaman Mary, vive en el barrio Casamata, uno de los más antiguos del casco urbano. Ella asegura que «el saco solidario» que ha prometido el gobierno, ante este confinamiento no llegó hasta su casa, «la ayuda no me llegó  porque no estoy en la lista de los nacionalistas, así que tengo que trabajar para hacer algo para mi comida», continúa relatando y a punto de llorar dice que no tiene otra opción «en mí no existe el miedo a contagiarme porque hay un Dios en los cielos que me protege, así que no puedo seguir la recomendación del gobierno de quedarme en mi casa si nadie me va a llevar comida», agrega doña Mary,  con un nudo en la garganta. 

Luego de 10 años, Mary sigue vendiendo en la calle para poder vivir. Su única entrada de dinero es lo que logre hacer vendiendo fruta, cigarrillos o mascarillas de tela. Tegucigalpa, 29 de abril de 2020. Foto: Martín Cálix.

Desde hace cuatro semanas camina desde ese mismo barrio donde tiene su pequeño negocio hasta el Hospital el Tórax para lograr vender algo. Ella se lleva la mitad de su producto  en una carreta de supermercado, mientras uno de sus hijos se queda cuidando el local. Su situación es tan difícil que asegura que en los últimos días solo ha logrado ganar con sus ventas 60 lempiras diarios, lo cual no le rinde para tres tiempos de comida. El Hospital del Tórax es un hospital asignado para atender pacientes con COVID-19. 

La Ley de protección del adulto mayor estipula que las personas mayores de 60 años deben tener trabajo digno, que les permita mantener una situación económica justa, a ser siempre tratado con el respeto y con la dignidad que merecen por su mera condición de personas, a no ser discriminado y no ser calificado como enfermo por su condición de adulto mayor.

El silencio del Estado

El médico geriatra, José Hernández, asegura que se ha buscado la manera de crear una salud integral en nuestro país, pero ha sido muy difícil ya que son muy pocos los médicos especialistas en esta rama. Sin embargo, por medio de la Secretaría de Inclusión Social (SEDIS) han trabajado para lograr que esta atención sea implementada en todos los centros hospitalarios del país.

«Son tantas deficiencias que tenemos a nivel de país. Esto no se trata solo en el ámbito de los adultos mayores, ya que esto no solo tiene que ver con la parte económica en sí, sino que, en la falta de oportunidades, la falta de empleo y tantas deficiencias sociales que tenemos, la falta de atención a los ancianos y el incremento de ellos en las calles, quedando desprotegidos por sus familias y el estado».

Muchos ancianos son abandonados en las calles de las principales ciudades de Honduras. Ellos deambulan y piden dinero en los semáforos, otros viven en aceras o cerca de los contenedores de basura. Aunque no todos corren con la misma desdicha y son acogidos en asilos de ancianos, los cuales se encargan del cuidado de los adultos mayores, les brinda techo, comida, vestuario y si tienen suerte atención médica. el Hogar de Ancianos Salvador Aguirre, ubicado frente al complejo deportivo Simón Azcona, es una de las instituciones que brinda estos cuidados a 85 ancianos, gracias a la colaboración de instituciones privadas y almas generosas, afirma su directora Rosa Lidia Tabora. 

Personal del asilo de ancianos San Felipe cargan un carro de comida hacia el interior del centro en horas del mediodía. Tegucigalpa, 29 de abril de 2020. Foto: Martín Cálix.

Ante el confinamiento y la propagación del coronavirus, los 9 asilos de ancianos que funcionan en la capital han tomado la decisión de cerrar sus puertas y así evitar el contagio de sus residentes. Por otra parte, el hogar de ancianos del hospital San Felipe amplió el número de camas y habilitó 15 espacios más, para refugiar a personas longevas que vivían en las calles. Pese al abandono que estos hogares de ancianos han sufrido al pasar de los años, en estos momentos sus directoras aseguran que están abastecidos de alimentos, medicamentos y equipos de bioseguridad, este último a sido brindado por SEDIS.

Médicos expertos en el cuidado del adulto mayor, recomiendan tomar varias medidas ante el confinamiento, sobre todo en la atención de nuestros familiares de la tercera edad. Entre estas medidas sugieren realizar un seguimiento de atención emocional, ya sea por medio de internet o llamadas telefónicas —sobre todo si viven solos ya que de ser así podrían presentar cuadros de depresión—, recordarles siempre de manera amorosa que deben de permanecer en confinamiento y así evitar el contagio, de presentar algún tipo de patologías, darles todo el acompañamiento y mantener la calma para darles tranquilidad.

Un informe presentado por Helpage International, organización dedicada al estudio del envejecimiento y de la población mayor en el mundo, asegura que nuestro país es el peor en envejecer. Ocupa el puesto número 82 en la puntuación más baja de América Latina, ya que el 43 % de este grupo poblacional vive en extrema pobreza, sin acceso a vivienda, educación y salud. 

Ana Irías Author
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