Policía Nacional se rebela y exige se respete el mandato del pueblo

La famosa Core 7, una de las principales postas policiales en el centro de Tegucigalpa, fue abarrotada por los habitantes de los barrios cercanos: La Leona, Buenos Aires y El Bosque. Esta vez no era para buscar a sus familiares desaparecidos o sacar a alguien de un calabozo de tortura, era más bien para reconciliarse, abrazarse con las manos de los policías que por años les lanzaron bombas lacrimógenas en lo que parece una rebelión en medio de la crisis política que atraviesa Honduras.

Niños, niñas, jóvenes y ancianos los felicitaban, mientras ellos en algunos casos gritaban un tímido ¡Fuera JOH! y en otros simplemente esbozaban una escasa sonrisa. Se nota que no están acostumbrados a tanto amor popular. Pero antes que esto se convirtiera en una fiesta, la escena era tensa, violenta. En el batallón de escuadrones Cobra (una fuerza élite que nace en las Fuerzas Armadas para misiones especiales) esta tarde comenzó la manifestación de la Policía quienes se declararon en paro de brazos caídos y se enfrentaron a la represión militar. Ellos insistían que no era una huelga, que no era por dinero, que lo hacían porque sus familias estaban preocupados por ellos, que lo hacían porque no querían seguir reprimiendo al pueblo. La orden era que si los Cobra no querían trabajar, los militares tomarían su lugar, era una ocupación y todos estaban armados.

La Policía Nacional divulgó un comunicado que raya lo incendiario para ser un ente vertical en el ejercicio del poder. «Hacemos de conocimiento público que nuestra cúpula policial se presta para seguir lineamientos políticos, por lo tanto solicitamos a los mandos medios tomar el mando de nuestra institución por la inoperancia de nuestros superiores que ayudan en poco o nada a este problema de Estado», dice en su punto 2. Una sublevación de la Policía Nacional, a la que se sumaría la Dirección Policial de Investigación (DPI), podría cambiar el rumbo de esta crisis política que cada vez huele más a golpe de Estado militar.

El domingo, la movilización de la Alianza fue principio de un coqueteo que ahora terminó con la posición desobediente de la policía que se resiste a reprimir a la gente que protesta, sobre todo en un estado de sitio creado para que las Fuerzas Armadas y de seguridad actúen impunemente. Las flores blancas que la gente llevó a los policías comenzó a crear una conexión que antes no se miraba por culpa de los gases lacrimógenos.

Desde el primer día de manifestaciones, algunos jóvenes intentaban neutralizar a los policías antimotines en las afueras del INFOP, en el conteo de actas del Tribunal Supremo Electoral (TSE). Les llevaban agua, les hablaban: «ustedes son del pueblo también», les decían. Los policías fueron bajando la guardia cuando comenzó el estado de sitio y los militares se tomaron las calles disparando libremente. Pero esto no se da por razones meramente políticas, como todo en esta crisis, es consecuencia de la acumulación de problemas.

Policía Cobra en apoyo a la manifestación. Foto: Martín Cálix.

El abogado Omar Menjívar, quien estaba en la nómina para ser director de la Dirección de Evaluación de la Carrera Policial (DIECP), cuando comenzó el proceso de depuración policial, asegura que esto responde más que a razones políticas a situaciones de vulnerabilidad de los mismos policías.

«Implícitamente uno puede identificar quizá una denuncia acerca de la orden general de reprimir al pueblo y que ya no quieren cumplir, pero me luce más bien como un argumento político con el que buscan justificar su protesta contra la prolongación de sus jornadas sin tener días libres y poder ver a su familia», expresó Menjívar.

El domingo en la movilización, Salvador Nasralla invitó a los bajos mandos de las FFAA a sublevarse en favor del pueblo porque «los altos mandos ya le han fallado antes». Ante esto, el diputado nacionalista Antonio Rivera Callejas dijo en medios de comunicación que Nasralla quiere provocar que lo denuncien por incitar a la rebelión y eso no sucederá porque nadie quiere verlo como víctima. Lo ve como una carta que saca en medio de la desesperación de ver las elecciones perdidas.

A 8 días de las elecciones, con un Tribunal Supremo Electoral sin credibilidad, la crisis en la policía degrada aún más la situación.

María Luisa Borjas, comisionada de policía en condición de retiro dijo a Contra Corriente que esto se debe denunciar internacionalmente porque podríamos estar ante un enfrentamiento entre estas fuerzas de seguridad. La división entre entes armados es aún más peligrosa.

Mientras tanto el TSE sigue sin dar resultados y cada vez pierde más credibilidad. La Unión Europea y la Organización de Estados Americanos han reconocido que existen irregularidades en el proceso y que se necesita contar todas las actas, incluyendo las más de cinco mil que solicita la Alianza de Oposición contra la Dictadura, posición a la que suma la Policía Nacional en su segundo comunicado.

Entre más pasa el tiempo el fuego se esparce, las explosiones son diversas en todos los espacios mientras Hernández sigue subiendo en posiciones que ya lo colocan como virtual ganador de las elecciones. En el norte del país siguen incendiando los restos del peaje, en El Progreso,Yoro hubo un amotinamiento en el centro penal que dejó 3 muertos más, en una aldea aledaña también se reportan abusos y dos muertos, así como en San Pedro Sula más de 40 detenidos. Pasan muchas cosas en las calles de Honduras pero hoy la protagonista fue la Policía.

Una semana antes de las elecciones visitamos el sector Rivera Hernández en San Pedro Sula, donde un oficial de policía nos advertía que las cosas estarían conflictivas en las elecciones  y que tenía que ver con el mandato del pueblo que no ha sido escuchado por mucho tiempo. En ese sector, uno de los más violentos en la ciudad, la Policía Nacional busca recuperar la imagen de confianza en la gente con apoyo de organizaciones como USAID.

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Esa imagen de que el policía no es aquel que reprime, sino el que previene, es la imagen que han intentado fortalecer de un tiempo hacia acá, ahora, parece tener sentido. Sin embargo, el abogado Menjívar dice que la Policía siempre ha recibido formaciones en Derechos Humanos y no por eso deja de ser letal.

Quienes no recibieron mandato de la población, sino del gobierno actual fueron los miembros del ejército que Juan Orlando Hernández ha sacado a las calles y la Alianza quiere regresar a los batallones. Hernández incluso destituyó magistrados de la Corte Suprema de Justicia en 2012, porque entre otras cosas, no se le permitió la elevación de la Policía Militar del Orden Público a rango constitucional. Los militares denunciados por abusos por parte de la policía.

El general Julián Pacheco Tinoco, ministro de seguridad de Honduras y brazo derecho de Hernández, salió para intentar calmar a las bases de la policía ofreciéndoles aumento de salarios, pago de aguinaldo para los gastos navideños y otros beneficios, como si sus demandas son económicas. Según Menjivar, la Policía está vulnerable a negociar bajo esos términos aunque cada vez hace más claros sus planteamientos, ahora están pidiendo conteo voto por voto y que las Fuerzas Armadas asuman su rol constitucional.

Ya es la tercera noche del toque de queda que se extendió para las 8 pm hasta las 6 am. Cada noche la gente se atreve más a salir y esta noche la policía decidió no salir a las calles para reprimir o guardar a palos a la gente en sus casas. El pueblo les llevó comida, les llevó consignas, les llevó canciones. La policía, de repente, fue invadida por el fervor de la lucha callejera.

En el Core 7 y en la Kennedy en Tegucigalpa la fiesta siguió rompiendo el toque de queda, tanto que hasta caminaron. El pueblo iluminado por el Cristo del Picacho, que se erige en la cima de estas históricas colonias circundantes al centro de la capital, marchó a sabiendas de que el hijo prodigo había regresado.

 

Texto: Fernando Silva, Jennifer Avila y Martín Cálix

Fotografía: Sandra Ruiz

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