Decisiones simples en medio del caos cotidiano

Desperté de un sueño triste, no se cómo fue, solo tengo la sensación de tristeza clavada en el pecho. Recordé que debía asistir a un taller de escritura, después de un debate interno entre salir de la cama o quedarme; el olor a café me hizo salir del cuarto a la sala, un tarro de café y las noticias. Mala decisión en un país como el nuestro recibir el día así, pasando de tristeza a tristeza e impotencia. Regresé a la cama y decidí que no quería salir ni cumplir deberes, revisé twitter y demás males de la posmodernidad, puse un tweet sobre Nacho Vegas y descubrí dos fans más de él (me encanta encontrarme gente así). Iniciamos una conversación sobre las ganas de encerrarme con la luz apagada, cigarros y la música de Nacho; era un día que no comenzaría; pero una encomienda me regresó al mundo ya que recibí “Reanudación de las hostilidades”. Llevaba meses esperándolo, tomé la señal de alegría parcial como una necesidad de no rendirme al mundo en la cama y a pesar de la hora tarde asistiría al taller.

Corrí (metafóricamente) a la calle principal para esperar transporte, “por suerte” un rapidito se detuvo al llegar, a las cuadras se subió un joven que quedó viéndome al entrar, se dirigió al asiento detrás del conductor, iba nerviosa y debatiéndome si debía bajarme pero ya era tarde y no quería llegar tan tarde. Casi llegando al centro escuché al joven decirle al conductor que tomara otra ruta porque allá esperaban a dos más; aproveché a bajarme casi de inmediato y el joven se bajó tras de mí, corrí aterrorizada como cualquiera que pasa temiendo a un momento violento en la calle. Me subí al primer bus que vi y no sé en donde me bajé pero fue cercano al centro así que cuando no vi más al joven regresé a mi ruta, bastante tarde ya para el taller pero quería ir. Caminé pensando en lo jodida que es la ciudad, en cómo me gustaría vivir lejos de ella y en mi incapacidad para aventurarme a abandonar todo y largarme sin contemplaciones de ella. Llegué una hora tarde al taller, el fantasma de siempre no me dejó ser puntual. ¿No es curioso cómo el escribir te saca del mundo aunque también escribas sobre lo de estar inmerso en él?

Estando en el taller y escuchando las crónicas de las demás personas me sentí bien por fin;  ni la tristeza/impotencia, nervios de casi asaltos, nada de esas sensaciones. El agendado narrador Gustavo Campos aun no llegaba y eso me dio confianza de no ser la última en llegar. Se hicieron planes para el próximo taller y en eso entró salvándome de la impuntualidad, intuyo que antes de llegar debatió internamente el consejo de Juana sobre las formas de vivir en este país: enamorado o a verga, tengo indicios de creer que al no decidirse optó por ambas.

Hubo monólogos, preguntas, risas, aprendizaje, lecturas, miradas cómplices, bostezos y todo cuanto puede  ocurrir en una mesa llena de gente creativa, (bueno no todo, pero un algo). Cerrado el taller se abre el post taller que es la esquina donde quienes fumamos compartimos humo pero el espacio es tan amplio que hasta las personas que no comparten humo van y compartimos palabras, hablamos del bostezo cómplice de una compañera ante los monólogos, reímos y eso es una bandera ante la realidad. Nos quitan todo pero no pueden robarnos la complicidad en este país gobernado por dinosaurios. ¡Cuántas historias hay en este país! La colocha y yo llevamos la misma ruta al igual que Gustavo que debe ir a buscar a una amiga pero no anda teléfono así que espera que a pesar de estar una hora retrasado ella se encuentre en el lugar indicado (el tiempo siempre anda equivocado, habrá que buscar alternativas a las horas porque ya no nos cuadran, cada persona carga fantasmas que impiden la puntualidad).

Bajo con Gustavo del auto pero su amiga se fue, concluimos que hay un espacio donde puede estar y vamos a Café Paradiso, la encontramos y nos invita a un ron mientras conversamos sobre festivales, la sonrisa de un amigo en común, lo cotidiano del país, el tiempo pasa hasta que me despido al  apagase  mi cigarro y mientras camino al colectivo pienso en la frase de las vidas posibles de Mr. Nobody “Mientras no escojas, todo es una posibilidad”.

Carolina Torres Contributor
Sobre
Estudiante de antropología, escritora en construcción, melómana, parte del Colectivo Habitaciones Propias y de la ANDEH. Ha publicado en antologías nacionales e internacionales y en espacios virtuales.
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