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La llama de la antorcha y de la llanta conduce la crisis post electoral

Desde el 26 de noviembre las tomas de carreteras en todo el país han estado a la orden del día, el litoral atlántico y la zona norte han sido el epicentro de la indignación porque a 18 días el Tribunal Supremo Electoral (TSE) sigue sin dar resultados para nombrar un presidente en Honduras. Los resultados más amañados de la historia causan consecuencias directas: nadie le cree al TSE y las calles se han vuelto el único lugar donde la frustración se expresa, donde los votos valen algo.

Junto a los periodistas estaba Carlos, un joven activista de la Alianza, portaba una gorra, un pañuelo con los colores de la Alianza, un cigarro en su boca y su mirada llena de indignación. –Vengo de la toma de El Carrizal, éramos pocos, pero locos. Allá nos enfrentamos con la policía, a mí me vale, a mis compañeros les vale, y si acá no se hace justicia pues la tomaremos con nuestras manos–, les decía a los periodistas que esperaban una conferencia de prensa convocada por Salvador Nasralla y Manuel Zelaya, el pasado martes en la sede de su partido en la colonia Humuya de Tegucigalpa.

Más de algún periodista puso en duda su afirmación, pero todo lo que decía este joven se comprobó este viernes, en la jornada de paro nacional que fue convocada desde el pasado martes por la dirección del Partido Libertad y Refundación (LIBRE)  con el objetivo de defender el voto popular.

Las acciones de protesta arrancaron a las seis de la mañana a nivel nacional, en algunas zonas un poco antes, pero todas iniciaron bajo una dinámica particular: el juego del escondite. Los manifestantes en San Pedro Sula, en Tegucigalpa y El Progreso salían a las carreteras, prendían fuego a llantas y luego se escondían, eso generó movilización de elementos policiales y militares que pretendían neutralizar las tomas, al final no pudieron y en algunas ciudades del país, las balas y las bombas lacrimógenas no funcionaron para desalojar.

En El Carrizal, punto en el que días antes manifestó Carlos haber protestado, se visualizaba una batalla campal. Mientras la Policía Preventiva, Cobras y el ejército, desalojaban con bombas lacrimógenas a la gente. La población respondía con piedras, tomando esa justicia con sus manos, como lo dijo Carlos. Un camión militar fue incendiado con gasolina y fuego y les servía de fogata para seguir encendiendo llantas para cortar la pasada.

–Acá nos están matando, vea, ellos nos disparan. La justicia no funciona en este país. –Dijo exaltada una joven que denunció la represión, pero que también se sintió satisfecha por la destrucción del camión.

En la medida que se acerca la declaratoria oficial del Tribunal Supremo Electoral (TSE) los ánimos se calientan y Honduras está a las puertas de cualquier escenario: desde un triunfo impositivo de Juan Orlando Hernández, una posible intervención militar o una insurrección popular.

El descontento es evidente, la gente que se manifiesta cada vez se indigna por el aumento de violaciones a Derechos Humanos, detenciones y asesinatos. Este día se reportaron 95 tomas de carreteras, varias decenas de heridos y dos muertos en represiones policiales y militares donde volaron bombas, piedras y balas.

Mientras avanzaba la mañana y con ella las tomas en distintas regiones del país, un grupo de jóvenes a cargo de Carlos venían corriendo desde El Carrizal hasta la colonia 21 de febrero, siempre en la salida al norte de Tegucigalpa. –Apúrense, allá vienen los militares. Llenen de piedras el camino hay que bloquear las carreteras, –decía Carlos a sus compañeros, cuando salían despavoridos por el desalojo.

En el fondo la gente gritaba: ¡Fuera JOH! Y los vecinos y vecinas salían a las calles a solidarizarse con el cierre de la carretera. –Venga perrín, mire así se defiende la voluntad popular, nosotros acá vamos a estar hasta que declaren ganador a Nasralla o sino le metemos fuego a esto, –dijo otro joven indignado por lo que veían sus ojos y por los escenarios que emanan de la autoridad, en este caso el TSE.

La composición de la indignación en Honduras es heterogénea, desde población de clase media, baja y alta. Todos lo hacen desde su experiencia y desde sus prácticas más comunes. El pasado domingo salieron a las calles los indignados e indignadas, bajo manifestaciones pacíficas protestaron por las cercanías de Casa Presidencial, otro sector lo hace desde las tomas de carretera, al menos ésa ha sido la dinámica del movimiento territorial, ése que desde hace más de diez años viene luchando en las comunidades contra concesiones mineras e hidroeléctricas.

Los hinchas, que han sido criminalizados por la sociedad también lo hacen en las calles, todos están indignados, prueba de ello fue lo que ocurrió en el Estadio Morazán de San Pedro Sula, donde la afición respondió ante un penal ilegal y fue un claro ejemplo de lo sensible que está nuestra sociedad, a las puertas de cualquier injusticia para expresar su rabia.

Y así se dio la jornada en la capital y otros sectores del país. La gente le tiene cada vez menos miedo a las botas militares, a sus armas y a sus bombas lacrimógenas, y deciden responder a sus ataques.

En el sector de Villanueva, Tegucigalpa, lugar donde murió la primera víctima del toque de queda, Kimberly Fonseca, la gente respondió con piedras a la represión, incluso un Policía Militar resultó con una herida en la ceja. Debido a esa situación, la toma se extendió hasta el mediodía, porque la gente les dijo a los elementos de seguridad que si los desalojaban ellos volverían a la toma, porque su causa es justa.

«Todo el mundo lo sabe, acá somos víctimas de una dictadura y a nosotros lo que nos queda son las calles, ya vimos que no hay justicia, esa solo existe para los que están en el poder, por eso nosotros ahora vamos a las calles hasta que salga ese señor del gobierno», manifestó una persona que protestaba en el sector.

La capital como la zona norte, el sur y occidente ardían.

El magistrado suplente del TSE, Marco Ramiro Lobo, dijo que entre lunes y martes se hará la declaratoria oficial del nuevo presidente de Honduras, todo parece que ya tomó forma y que la espera es puro procedimiento administrativo, porque la mañana del viernes las autoridades electorales dieron a conocer que no admitieron las impugnaciones a nivel presidencial. Todo es parte de un guión anunciado y la tendencia de manifestaciones también lo es.

En horas de la mañana los medios de comunicación tradicionales también ejecutaban su guión, el que respondía al discurso empresarial. –Honduras se hunde en los daños económicos generados por las tomas, esto solo genera crisis y daño a la misma población, –decía un periodista mientras transmitía en vivo en horas de la mañana para un medio de comunicación radial.

Un día antes del paro nacional, Luis Larach, presidente del Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP),  hizo público un comunicado en el que le pedían a los partidos políticos y a la gente no apoyar los paros porque ponían en riesgo la economía e incluso sus empleos. Los empresarios marcaron su línea y luego los medios la siguieron, ambos intentan inculcar en la gente que la vida sigue y que a pesar de la impunidad lo que queda es continuar y esperar que las cosas cambien por arte de magia.

Un norte agitado

Desde el 26 de noviembre hay una región de Honduras que ha expresado indignación en todas las aristas: tomas, destrucción de peajes y manifestaciones. Esto ha ocurrido en la zona norte de Honduras.

El departamento de Atlántida es el que más ha registrado tomas de carretera en estas tres semanas de crisis política, zonas como Pajuiles en Tela, Sambo Creek en La Ceiba, Jutiapa y San Juan Pueblo se convirtieron en referentes de la lucha nacional.

A la par de Atlántida se encuentra el departamento de Yoro y Cortés en el que municipios como El Progreso, Santa Rita, San Manuel, San Pedro Sula, Choloma y Omoa han dejado tomas de carreteras, destrucción de peajes y manifestaciones permanentes.

En Atlántida, Cortés, Yoro, Colón la gente expresó su indignación en la quema de llantas y cierres de carreteras. La zona norte es la más importante para el tránsito de mercadería, por lo que las tomas de carretera golpean directamente al sector empresarial hondureño.

–Acá estamos en paro, porque queremos presionar a los empresarios, queremos presionar a este gobierno, queremos que salga el dictador, no lo queremos más en esa silla impuesta a los hondureños, –dijo un manifestante a una emisora radial capitalina.

La violencia también se hizo presente, los ataques militares se dieron a través de bombas lacrimógenas y balas, en Villanueva, departamento de Cortés, hubo cinco personas heridas, las que fueron trasladadas al Hospital Mario Catarino Rivas de San Pedro Sula y a varios centros asistenciales de Villanueva.

En la Colonia Jerusalén de La Lima también hubo represión, los policías lanzaron gases contra los manifestantes, lo mismo ocurrió en la Colonia Planeta donde la población se tomó la carretera y los elementos policiales atacaron sin pudor ni diálogo.

En El Progreso, Yoro, se registraron dos tomas: una en la mañana en la colonia Los Castaños, la que fue desalojada a los minutos de instalarse y luego hubo una fuerte represión que incluso dejó personas golpeadas por los militares. La segunda toma en esa ciudad se registró a la altura de la colonia Quebrada Seca, en el que los manifestantes soltaron hasta las 5:30 de la tarde. El norte sigue ardiendo en una indignación que crece en la medida que se acerca la declaratoria del TSE a nivel presidencial.

Un cierre de antorchas

Las dinámicas son distintas: mientras el reloj marcaba las nueve y treinta de la noche en el norte y la gente seguía en tomas y sufriendo represión, en Tegucigalpa a las doce del mediodía las acciones se suspendieron, pero eso no significó el fin de la jornada de protesta.

Los mismos jóvenes que llenaron de palos, llantas y bases de cemento las carreteras, ayudaron a los policías a quitarlas y de esa forma reanudar el paso para los vehículos. –miren chicos, cumplimos, ahora esperemos que se viene para los próximos días, –les decía Carlos, junto a otro grupo de dirigentes populares.

Al marcar las seis de la tarde la población indignada volvió a las calles y recuperó su arma pacífica de protesta: la antorcha.

Desde el bulevar Morazán arrancaron con dirección a la Embajada de Estados Unidos. Mientras el tiempo avanza, y los principales actores internacionales definen sus posturas, la gente cree menos en ellos y los repudia más. Estados Unidos en la actualidad, está tan cerca de ser repudiado, tanto como Juan Orlando Hernández y David Matamoros Batson, magistrado presidente del TSE.

¡Pueblo únete! Gritaba la gente que desfilaba por el bulevar. Las manifestaciones de las antorchas han sido protestas totalmente pacíficas y que se caracterizan por las caminatas que cruzan en algunas ocasiones ciudades o avenidas a nivel nacional.

La jornada de este viernes, tuvo de todo: llamados pacíficos, disparos de militares, piedras lanzadas de manifestantes contra policías, quemas de camiones del ejército y heridos.

–Ustedes perdieron nuestra credibilidad, ustedes están a favor del dictador, por eso nosotros exigimos que se vayan sino van a intervenir a favor del pueblo hondureño, –gritaba Miguel Briceño, un dirigente antorchero, frente a la Embajada de Estados Unidos en Tegucigalpa.

La movilización terminó, tal  y como arrancó: pacíficamente y con la entonación del himno nacional, un himno que ya no solo se canta en los estadios, sino en cada toma de indignación ciudadana.

-¿Ven que nos les mentí?- dijo Carlos a los periodistas -esto va para largo-.

 

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