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Los que recuerdan el golpe

Son las once de la mañana del 28 de junio, diez años después del golpe de Estado en Honduras. En la ciudad de Tegucigalpa transcurre con calma la conmemoración de uno de los acontecimientos más importantes de su historia, solo cinco hombres se atreven a interrumpir esa tranquilidad.

Vienen caminando bajo el sol desde una plaza cercana al Aeropuerto Internacional Toncontín donde hace casi diez años fue asesinado Isis Obed Murillo, un manifestante de 19 años asesinado por militares y cuyo nombre le han puesto los miembros de la resistencia a esa plaza. Uno de esos hombres, Julio, lleva una cruz en la espalda con el arreglo floral que debió usarse en un evento que la dirigencia del partido Libertad y Refundación (LIBRE) canceló a causa de la presencia militar en el lugar.

En las últimas semanas Honduras se había sumergido en una ola de protestas por diferentes razones: la lucha por la no privatización de servicios como la salud y la educación, la crisis policial y de transporte, y la reiterada exigencia por la salida del actual presidente, Juan Orlando Hernández. En los días previos a la conmemoración del golpe, se había especulado con un país que ardería ante la indignación, pero mientras el día se disolvía, las acciones de protesta en la capital eran abortadas por el mismo Manuel Zelaya Rosales, presidente derrocado en 2009 y líder de LIBRE.

«La traíamos porque era para conmemorar la muerte de Isis Obed Murillo, pero los militares no nos dejaron poner el ramo de flores, entonces unos compañeros se decidieron a traerlo», dice Julio, mientras descansa de un largo camino y toma un vaso de Coca-Cola en la acera frente al Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH) ubicado en el centro de Tegucigalpa, donde realizan una actividad para conmemorar a los hombres y mujeres que asesinaron en el transcurso de esa crisis.

Julio ya tiene 52 años y aunque cargó la cruz de madera por varios kilómetros, asegura que no tiene la misma fuerza de hace una década cuando escuchó por la radio que habían sacado a Zelaya de la presidencia y se decidió a salir junto a miles de hondureños para exigir su regreso.

Una semana después del golpe de Estado miles de personas esperaban al presidente derrocado que sobrevolaba el Aeropuerto Internacional Toncotín y amenazaba con regresar al poder. Julio no quiso asistir ese día pero vio por televisión cómo los militares empezaron a disparar contra la masa. Una de esas balas impactó en el cráneo de Isis Obed, y así se convirtió en el primer mártir del golpe de Estado. Zelaya no logró aterrizar en esa ocasión y regresó al país tres meses después.

«Me sentí triste porque a pesar de que no es la misma sangre, es hermano porque somos de la misma tierra, de Honduras», dice este hombre, que algunos días de la semana se dedica a vender golosinas en un pequeño puesto en el barrio donde vive, allí hace suficiente dinero. «Para por lo menos no morirse de hambre», continúa.

Para Julio, la fuerza de la juventud se fue junto a la estabilidad económica después del Golpe. Trabajaba como albañil pero después de la crisis no volvió a ser contratado por ningún ingeniero. Para él y la familia de los asesinados en esa crisis, esta no es una fecha de celebración.

A pesar de que este hombre considera que no es una fecha festiva, la dirigencia de LIBRE convocó a un concierto en el Parque Central de Tegucigalpa para conmemorar el golpe de Estado. Un concierto con casi las mismas personas en comparación con otras acciones realizadas por la dirigencia, pero sin el gas lacrimógeno acostumbrado. En Honduras algunos recuerdan el golpe y otros lo celebran.

A esa actividad asistió Manuel Zelaya, quien dejó que los lustrabotas del centro de la capital le limpiaran los zapatos y le regaló algunos billetes a niños y mujeres que se le acercaron. Un día antes había presentado a la prensa del país un libro en el que narra sus recuerdos del 28 de junio de 2009.

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Aunque algunos aseguran que Zelaya debe ser el candidato de la oposición en las próximas elecciones, para Julio no es tiempo de pensar en quién puede llegar a ser el próximo presidente.

«Ahorita lo que queremos es sacar a Juan Orlando y cuando lo saquemos vamos a ver quién es el idóneo para que nos gobierne. Sabemos que nuestro líder es Manuel Zelaya pero no podemos solo enfocarnos en él porque sabemos que en el partido hay otros líderes a los que se puede dar oportunidad», afirma.

En el parque central también hay un espacio para recordar a los mártires del golpe de Estado. Muchos hombres, muchas mujeres, se detienen todos para recordar algunos de los días más oscuros de una crisis que se ha extendido durante diez años en el país.

Después de tomarse algunas fotografías con la gente, le llevan el arreglo floral a Zelaya, el mismo que el grupo de hombres liderados por Julio custodiaron bajo el sol durante varios kilómetros en la mañana. Junto al tumulto de personas que lo rodean se dirige a colocarlo en frente del cartel con los rostros de los mártires, al colocarlo se da la vuelta y empieza posar para las fotografías de los medios nacionales e internacionales. Lo acompaña Patricia Rodas, quien fue Canciller de la República durante su gobierno. Los rostros de Isis, Wendy, Walter, Roger, se pierden entre el tumulto.

—¿Qué debería pasar con los que causaron esas muertes?
—Aquí no va a haber perdón con tanto muerto que hemos tenido, tanto compañero que ha muerto en la lucha por sacar este país adelante, dice Julio en una ciudad atiborrada de militares.

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Periodista
Soy periodista que cuenta historias en un mar de fueguitos. Amante del cine y coleccionista de aventuras sacadas de libros.
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Comentarios

  • Nelson Silva
    REPLY

    Me siento muy satisfecho y contento de saber que en nuestro pais hay una luz de un periodsimo verdadero analítico reflexivo y muy profesional

    15 octubre, 2019

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